Hay nota roja para la gestión del Gobierno en distintas áreas según la encuesta CEP. La mejor evaluada es Transporte Público con un 3,7 de aprobación. Recordamos esta nota de febrero en revista Capital, sobre la gestión de la ministra Gloria Hutt.

  • 14 febrero, 2019

Por Antonieta de la Fuente y María José Gutiérrez

Ilustración: Ignacio Schiefelbein

Cuando asumió como ministra de Transportes, tan solo un 29% del país sabía quién era. Hoy, un 55% reconoce a Gloria Hutt, quien además alcanzó una aprobación de 65%, inédita para su cartera. Mientras ya se habla de ella como futura presidenciable, en su partido, Evópoli, Felipe Kast responde: “Ya lo conversaremos. Pero la gracia de nuestro partido es que es colectivo y las decisiones se toman con generosidad”.

No fue al azar. Tras el cónclave de fin de año realizado por el gobierno en Quillota, el presidente Sebastián Piñera dio una conferencia de prensa. A su lado, la ministra de Transportes, Gloria Hutt Hesse, miraba a las cámaras y sonreía. Algunas horas antes, el analista político y gerente de Asuntos Públicos de Cadem, Roberto Izikson, invitado al encuentro para exponer sobre el posicionamiento del gobierno en las encuestas de opinión pública, había puesto de ejemplo de buena comunicación política el ascenso de la secretaria de Estado en las encuestas y su manejo de la agenda desde una de las carteras más técnicas y menos populares. Todo el gabinete la aplaudió.

Ese mes, la Cadem ubicó a Hutt con su nivel más alto de aprobación en lo que va de gobierno: 65%, superada solo por la ministra de la Mujer, Isabel Plá. Hoy, se ubica en 64%. Mientras, su conocimiento también subió. Partió en marzo de 2018 con 29% y ahora tiene un 55%.

La inauguración de la línea 3 del metro terminó por catapultarla y desde entonces los medios no han dejado de hablar de ella. “Es una especie de mezcla perfecta entre Bachelet y Piñera”, se dice entre los analistas políticos que destacan su capacidad de trabajo, su claridad a la hora de plantear cifras y presentar temas, a la vez de su carácter afable, simpático y sentido del humor.

La palabra presidenciable empezó a sonar cada vez más fuerte. Incluso, la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, dijo hace algunas semanas que si Gloria Hutt fuera candidata, ella sería su jefa de campaña. “Nos reímos mucho con la ministra cuando salió eso”, cuenta el subsecretario de Transportes, José Luis Domínguez. Cuando en el Whatsapp de su equipo bromean con que va a ser presidenta, ella acude al emoji del monito tapándose la cara. Y cuando se lo dicen más en serio, responde que su tarea hoy es el ministerio y repite: “Pensar en el futuro en política hace tomar malas decisiones”.

En Evópoli también la siguen de cerca. Hutt y Blumel son los únicos dos ministros del partido que aspira a ser la continuidad del gobierno de Sebastián Piñera y aunque el senador Felipe Kast, que ya fue candidato, es la carta más segura, varios ya miran a la ministra con interés. Desde Chile Vamos, reconocen el potencial de la ministra, pero dicen que todavía es muy pronto para pensar en candidatos.

Ministerio social

“Gloria, tienes que aparecer más, comunicar más”, le dijo la vocera de gobierno, Cecilia Pérez a Gloria Hutt en una de las reuniones del gabinete al inicio del gobierno. Bajo perfil y muy técnica, en un principio a la ministra le fue difícil acostumbrarse a la exposición de estar en primera línea de la política. “En las conferencias de prensa iniciales se ponía nerviosa y en una pequeña oficina del edificio del ministerio en Amunátegui 139, tuvo que ensayar bastante cómo anunciar que se declararía desierta la primera licitación del Transantiago a fines de marzo de 2018”, cuenta un colaborador. “Le gusta mucho la pega técnica y se mete mucho en eso. Cuando se rechazó el proyecto del Tranvía de Las Condes, ella misma se dedicó a analizar cada uno de los argumentos”, comentan desde el ministerio. Por lo mismo, agregan, le costó caer en cuenta que su cargo debía ser más público. 

Poco a poco fue agarrando vuelo. Por ejemplo, estuvo de acuerdo con contar su historia de maternidad –tiene dos hijos adoptivos– en revista Paula. “Lo hizo porque sintió que con su testimonio podía motivar a otras parejas a adoptar”, explica un colaborador, quien agrega que ahora incluso disfruta sus apariciones en prensa, ella misma propone pautas y nunca dice que no si tiene que ir a matinales o dar conferencias los fines de semana. 

Su estrategia ha dado resultado: según Conecta, es la segunda ministra con más vocerías en noticieros centrales en 2018, solo superada por el ministro del Interior, Andrés Chadwick. 

“Ella ha logrado sacarle brillo a los temas de transporte, lo que otros políticos en su cargo nunca lograron. La Ley de Convivencia Vial que reguló el uso de bicicletas, los buses eléctricos del Transantiago, la inauguración de la línea 3 del metro son temas con los cuales ella ha ido construyendo una agenda propia del ministerio”, dice Roberto Izikson.

“Ha transformado un ministerio técnico en uno con carátula social, esa es una de las virtudes de su trabajo”, dice el subsecretario Domínguez. Y agrega: “El transporte público moviliza a cinco millones de personas en Santiago y si yo le digo que estamos trabajando en un índice de frecuencia y regularidad, no les estoy diciendo nada. Ella habla de su preocupación por que el bus que las personas esperan en el paradero llegue, y llegue a la hora, y eso se llama empatía. Entender cuáles son las preocupaciones de las personas”.

Queen Gloria

“Hoy tenemos una invitada estelar, única, grande y nuestra. Nuestra querida ministra estrella, además guapísima, distinguida y un ícono de moda en Chile”. Así presentó Felipe Kast a Gloria Hutt en Facebook Live el 27 de enero, en un espacio llamado La cocina de Felipe, que realiza vía streaming desde su casa. “¡Lo logré!”, responde Hutt con una flor en su pelo y un vestido de palmeras. “Tenía que pasar por un partido político para esto”, agrega riendo. 

En Evópoli la llaman Queen Gloria. Llegó al partido en 2015 invitada por Pedro Pablo Errázuriz, con quien coincidió en Transportes en el primer gobierno de Sebastián Piñera, en el que fue subsecretaria. Una vez fuera, juntos formaron la consultora Quiz, junto a Cecilia Godoy, mientras veían cómo seguir en el servicio público.

“A Gloria le interesaba ver cómo hacer mejores predicciones para elaborar políticas públicas y para eso conversó con varios think tanks y universidades. Se dio cuenta de que para hacerlo no solo sirven los ingenieros y matemáticos, sino los sicólogos, artistas, incluso astrólogos te ayudan a pintar posibles escenarios futuros”, relata Errázuriz. “Necesitaba una diversidad, y eso en el sector político que la identificaba, se lo daba Evópoli”, agrega.

El actual presidente de EFE la llevó a una reunión al entonces movimiento. Al principio fueron encuentros mensuales, luego semanales, hasta que Felipe Kast le encargó una misión: estructurar Evópoli como un partido político y liderar el proceso de recolección de firmas. “Se necesitaba un cerebro que pusiera orden”, relata Errázuriz.

En ese grupo participó también Jorge Saint-Jean, Carolina Fernández, Hernán Larraín, Kast y Errázuriz. Poco después se sumó Luz Poblete. Para poder dedicarle más tiempo al partido, Hutt redujo a medio día su trabajo en Quiz.

Luego vino la campaña presidencial. La ingeniera asumió como cabeza del grupo Chile sobre rieles, encargado del programa de transportes y telecomunicaciones, donde también estaba Luis De Grange, José Luis Domínguez, Carlos Ríos, Juan Carlos González y Pedro Pablo Errázuriz. Como líder del equipo era ella la encargada de hacer las presentaciones al candidato y de zanjar cuando había distintos puntos de vista.

Una vez electo Piñera, su nombre fue presentado por Evópoli, al igual que el de la subsecretaria Pamela Gidi, quien en esa fecha aún no militaba. El 11 de marzo asumió como ministra en una de las carteras con menor aprobación histórica. Entonces se puso una meta: no bajar del 35%. Y la superó con creces.

Entre sus más cercanos hoy están Pedro Pablo Errázuriz; el subsecretario Domínguez; Pamela Gidi, a quien no conocía de antes, pero con quien ha hecho buenas migas; la jefa de asesores del ministerio, Carolina Simonetti y el recién asumido gerente general de EFE, Patricio Pérez. Con estos dos últimos la ministra tiene una relación de larga data: trabajaron juntos en la consultora británica Steer Davies, en la que Hutt se desempeñó por casi trece años y donde llegó a ser directora para América Latina.

El factor Kast

“No me sorprende su éxito porque siempre ha tenido un encanto y estilo muy especiales”, dice Felipe Kast sobre Hutt. “Estamos muy contentos porque ha logrado comunicar toda su empatía”, agrega.

En la tienda que preside Hernán Larraín Matte dicen que es muy temprano para pensar en las presidenciales, y que el único afán de la ministra es “hacer bien su trabajo en Transportes”. En diciembre pasado, la escogieron para soplar las velas de la torta durante la celebración del sexto aniversario de la fundación del partido.

Hutt, por su parte, cada vez que puede hace un guiño a Evópoli en sus discursos y tuits con los conceptos de “ciudad justa” y de “los niños primero”. Y públicamente ha dicho en más de una ocasión que Kast fue su inspirador para que entrara en política. Sus cercanos aseguran que esto le gustó tanto o más que lo técnico y que estaría interesada en continuar ahí su carrera. “No tengo dudas de que Evópoli la va a perseguir para que sea candidata, ya sea de gobernadora, alcalde, senadora, diputada, y el día de mañana a presidenta también. Ella debe tener aquilatado eso. Pero la ministra no se marea y hace su pega”, dice el subsecretario de Transportes.

“Tiene mucho sentido del deber, y eso la haría competir por la Presidencia, si es que fuera la candidata que Evópoli quiere”, asegura una fuente cercana. Sin embargo, no estaría en sus intereses. “Tiene absoluta lealtad hacia Felipe Kast”, agrega una amiga.

“Yo creo que el ego de cualquiera en una decisión tan predominante hace difícil aceptar competencia. Pero si Felipe creyera que no es el candidato, con el dolor que corresponde, daría un paso al lado”, asegura Pedro Pablo Errázuriz. “Una de las cosas de Evópoli es su sentido de comunidad, a veces hay que ser líder, otras ser segundo. Pero no es la discusión hoy”, agrega.

Kast, en tanto, responde: “Todavía nos queda un buen rato, ya lo conversaremos. Pero la gracia de nuestro partido es que es colectivo y las decisiones se toman con generosidad”.

Vitrina viviente

El 31 de enero, Gloria Hutt cumplió 64 años. Su equipo del ministerio llegó con una torta y un libro de David Bowie de regalo –de quien se declara fan– a cantarle a su oficina. “Es raro que me celebren, nunca nadie me ha cantado”, les dijo. 

Hija de militar, Hutt cada tres años se cambiaba de casa y ciudad. Eso hizo, por un lado, que se adaptara fácilmente a cualquier cambio, por drástico que fuera. Pero por otro, que estableciera pocas amistades duraderas. “No es de abrazos, ni cariño físico. Pero tiene gestos como preguntarte si estás abrigado o de traerte algo para comer”, cuenta alguien que trabaja con ella.

Su día parte a las 5:45 de la mañana, cuando se levanta para sacar a pasear a su perro. Antes de partir se come un huevo a la copa. Tres veces a la semana se traslada al centro con un chofer y las otras dos llega en micro. Todos los días se toma un café en el Astor de la calle Moneda, y generalmente almuerza un pan con jamón de la panadería Castaño.

Sus colaboradores la describen “muy alemana” de carácter: práctica, ejecutiva, ordenada y matea. De trato suave e ideas claras, conciliadora pero dura en sus convicciones. “Aprieta los dientes”, les dice, cuando reciben críticas que consideran injustas en los medios. “Tu trabajo va a hablar por ti”.

“Es súper trabajadora. Es difícil seguirle el ritmo, duerme poco, es como el presidente Piñera en ese sentido. También tiene muy buen sentido del humor, es espontánea y eso hace que la gente la perciba más cercana, se le acercan en la calle, en la micro, en el metro y ella es bien transversal en su trato”, cuenta el presidente de Metro, Louis de Grange.

Hutt regresa a su casa entre las 10 y 11 de la noche, donde sigue mandando mails y Whatsapp a su equipo. Antes de irse a la cama se obliga a diseñar algo para “sacarse el cargo de encima”. Para eso tiene una app donde va probando distintas tenidas.

Por su abuela aprendió a coser a los cinco años. En su casa tiene una pieza convertida en taller donde tiene cientos de libros de estilo, padronaje, tendencias; además de cajas con telas y todo lo que necesite para fabricarse su propia ropa. Cuando tiene que comprar, opta por diseñadores nacionales como Sebastián del Real y Chantal Bernsau. Dice que le gusta la figura de Di Mondo.

“Ahora que soy una vitrina viviente me demoro el doble en vestirme”, dijo luego de que su look para la inauguración de la nueva línea de metro fuera elogiado en las redes sociales, incluso por la diputada Pamela Jiles. “Estupenda sastrería a la medida, zapatos de cabritilla inspiración postguerra, tocado de perlas de fantasía, un accesorio en desuso que ella recuperó con audacia y buen resultado estético”, posteó la congresista.

Pero también le gusta la astronomía –hizo un curso con su hijo menor–, la cocina, la danza y ahora está obsesionada con la gurú del orden Marie Kondo. 

“No se quiebra”

Hutt llevaba poco más de tres meses en el gobierno cuando supo la noticia. El cáncer de su marido, Felipe Cossio, estaba de vuelta, esta vez en el páncreas. A mediados de los 70, recién casados y con su primera hija Bernardita de solo meses, los Cossio Hutt tuvieron que enfrentar la misma enfermedad. En esa ocasión fue un cáncer testicular que decidieron tratar en Washington, Estados Unidos. Vivieron en esa ciudad durante un año y al volver a Chile, Hutt se dedicó a criar a su hija, cuidar a su marido, al mismo tiempo que trabajaba en la UC y terminaba su carrera de Ingeniería Civil en esa universidad.

“Lo ha pasado mal en la vida, sabe lo que es enfrentar situaciones complejas”, dice una persona que trabaja con ella. Y aunque los últimos meses le ha tocado lidiar con escenarios difíciles, sus cercanos dicen que “no se quiebra”. Desde mediados de año acompaña a su marido a las quimioterapias y en las últimas semanas partieron juntos a un crucero en Skorpios, el primer viaje que hacen desde que él inició su tratamiento.

Quienes trabajan con ella dicen que es transparente para hablar sobre lo que sucede en su familia y que pese a que ha sido duro, jamás se ha planteado dejar su trabajo de ministra de lado. “Aporto más trabajando que estando en la casa todo el día”, ha dicho a sus cercanos. Lo que sí tuvo que hacer fue cerrar su tienda de ropa La Canasta, en la calle Alonso de Córdova.

“Toda mi energía está en esto. Mi marido me reclama, pero tengo un compromiso familiar grande respaldándome”, dijo en el Facebook Live, donde también contó que a fines de febrero llega su nieta de 14 años desde Estados Unidos a vivir con ella.

Ha pasado rabias también. “Lo que más le frustra en su trabajo es que se intente ensuciar su imagen con mentiras. Le provoca mucho asombro la bajeza”, explica una colaboradora de su equipo. Le sucedió, por ejemplo, cuando surgió en los medios su vinculación con Cema Chile, la entidad creada por Lucía Hiriart de Pinochet, y la donación de 12 mil pesos que entregó a uno de los presos en Punta Peuco para comprar medicamentos. “Ella participaba en Cema Chile en San Antonio como todas las señoras de militares y lo de la donación, era para un amigo de su familia, no sé por qué lo hacen ver como un escándalo”, explica la misma persona.

Otro episodio difícil fue a raíz de la ley Uber, que la enfrentó directamente al gremio de los taxistas. “Es muy duro cuando te descalifican en las redes, o cuando mienten sobre ti, tu familia, publican la dirección de tu casa, etc.”, aseguró. La amenaza fue tal, que debió estar bajo protección policial durante algunos días.

Hutt es activa en Twitter, pero su política es solo contestar cuando la critican desde una perspectiva técnica. No entra en la descalificación personal, cuando eso ocurre lo deja pasar. “Yo le digo que se cuide del fuego amigo… Todavía no lo tiene, pero mientras más sobresalga, más de eso va a haber. Afortunadamente eso no ha sucedido”, dice el subsecretario Domínguez.

Bachelet 2000

“Ahora todos quieren andar conmigo”, bromea Hutt, consciente de su capital político que no duda en usar cuando hay que tomar decisiones difíciles o impopulares. El ejemplo más concreto fue para el anuncio del alza de tarifas del Transantiago. La estrategia comunicacional del gobierno pretendía dejar a la ministra a cargo del anuncio de las buenas noticias de su cartera y que las malas fueran comunicadas por los subsecretarios. “Si tengo popularidad es para dar la cara”, les dijo la ministra, y convocó a un punto de prensa. Muchos cuestionaron que el alza fuese producto de la inauguración de la nueva línea –anunciada tres días antes–, algo que tuvo que salir a explicar Hutt con peras y manzanas en la prensa y a través de un hilo en Twitter.

Algo similar ocurrió durante el paro portuario. A pesar de que el conflicto se relacionaba directamente con la cartera de Trabajo, Hutt se ofreció para negociar entre la empresa y los trabajadores. “Estuvo día y noche hablando con Von Appen y los empleados que hasta entonces no querían conversar”, relata una persona que participó en el proceso. Sin embargo, cercanos a Von Appen consideran que fue laxa en las señales hacia la violencia. 

La ministra tiene una relación estrecha con Sebastián Piñera, con quien tiene reuniones bilaterales casi todas las semanas a las que llega con presentaciones muy “estéticas”. “Le gusta que las cosas sean cuidadas no solo en su fondo, sino también en su forma; que sean lindas”, dice un colaborador.

Para Izikson, el perfil amable de Hutt se asimila al de Bachelet, pero en 2000, cuando comenzaba a hacer su carrera política como ministra de Salud de Ricardo Lagos. “Podría tener algo de esa Bachelet que fue creciendo en su conocimiento potenciando sus atributos blandos”, dice. Sin embargo, agrega, “le falta para llegar a ser presidenciable. Necesita tener un conocimiento superior a 85% para eso. Yo no me aventuraría a pensar que ella esté analizando una carrera presidencial, pero sí es un activo que el gobierno debiera potenciar”.