El ministro del Trabajo está en desacuerdo con la “costosa inflexibilidad” planteada por Sebastián Edwards en la anterior edición de Capital. Aquí defiende los espacios que otorga nuestra ley laboral. Por Osvaldo Andrade

  • 19 octubre, 2007

 

El ministro del Trabajo está en desacuerdo con la “costosa inflexibilidad” planteada por Sebastián Edwards en la anterior edición de Capital. Aquí defiende los espacios que otorga nuestra ley laboral. Por Osvaldo Andrade

 

 

El debate sobre la flexibilidad discurre a veces más cerca del ámbito de los mitos que de las realidades objetivas. Así, se ha argumentado en estas páginas que Chile sería presa de una costosa inflexibilidad, que estaría condenándonos a las penas del infierno. Los hechos parecen ser significativamente más matizados: primero, porque nuestra economía muestra un dinamismo bastante sano y una capacidad de creación de empleo, y en particular de empleo asalariado, como no se veía desde antes de la crisis asiática.

 

Hay un recurso retórico bastante antiguo, que radica en sustentarse en cifras emitidas por personas e instituciones de prestigio, para asentar un argumento de autoridad. Así lo hace el señor Edwards y no pretendo cuestionar sus cifras. Lo que sí quisiera precisar, es que, así como la percepción es selectiva, la ideología también lo es, y el individuo empapado de su propia ideología suele elegir las cifras que mejor se acomodan a sus tesis.

 

Ahora bien, a las cifras que exhibe el señor Edwards podemos ofrecer como contraste los datos del reciente informe 2007 de la Fundación Heritage, de raigambre conservadora –es decir, lejana a los fantasmas socialdemócratas que le quitan el sueño a muchos–. ¿Qué señala ese informe? Que el mercado del trabajo chileno es uno de los más flexibles del mundo, pues se ubica en el puesto número doce en una muestra compuesta por 161 países. Además, ubica a nuestro país como el líder en libertad laboral en América latina.

 

Por otro lado, en la última medición comparada con que contamos, Chile aparece por debajo de la media OCDE en materia de rigidez laboral (2,2 para la OCDE en su escala de 0 a 6, y 1,8 para Chile, representando 0 la máxima fl exibilidad y 6 la máxima rigidez).

 

Pero, en cualquier caso, considero que, más productivo que enredarse en cualquier guerrilla de cifras, es analizar lo que sucede en la realidad del mercado laboral, donde los empresarios encuentran un sinfín de alternativas de flexibilidad proporcionadas por la regulación vigente. Destacaré algunas de las más importantes.

 

El Código del Trabajo permite la existencia de jornadas parciales (Artículo 40 bis) y jornadas flexibles (Artículo 40 bis C). Permite también la existencia de contratos temporales (Artículo 159) y de remuneraciones por productividad (Artículo 44), además de la posibilidad de establecer salario mínimo proporcional y diferenciado.

 

De hecho, los jóvenes menores de 18 años y sujetos a contrato de aprendizaje, así como los mayores de 65 años pueden ser remunerados solo con un 75% del SM. Por otro lado, el Artículo 10 N° 3 del Código hace posible la polifuncionalidad.

 

¿No son acaso estos, por lejos, indicadores representativos de flexibilidad en cualquier economía? Pues los que persiguen mitos por todo el planeta, ¿por qué no son capaces de verlos?

A propósito de esta ceguera en torno a la flexibilidad real que existe en nuestro ordenamiento laboral, me permito citar al secretario del Consejo Asesor Presidencial para el Trabajo y la Equidad, Oscar Landerretche: “Hay un conjunto de palabras que se usan en el ámbito de la gresca del día a día que, cuando las miras en detalle, no tienen contenido.

 

Muchos políticos están con la historia de que para flexibilizar el mercado laboral necesitamos hacer dos cosas: que existan contratos a tiempo parcial y que el salario mínimo sea por hora. Y resulta que ya es por hora. Los contratos a tiempo parcial existen, pero la gente no los usa”. Ahora bien, quienes reproducen los mitos sobre la ausencia de flexibilidad suelen concentrarse en una sola dimensión del debate, cual es el de las indemnizaciones por años de servicio. Si el punto específico es el de las indemnizaciones, estamos dispuestos a sumarnos a ese debate, pero desde la perspectiva de lo que las indemnizaciones son: un derecho de los trabajadores.

 

En este debate acotado, que se presta para todo tipo de exageraciones, cabe hacer notar que el derecho a indemnización por despido solo tiene lugar excepcionalmente. Según cifras de la DT, solo el 10% de los términos de contrato da lugar a indemnización (Artículo 161). Por otro lado, un macizo 85% de los términos de contrato se producen por el Artículo 159, que no da derecho a IAS.

 

El gobierno ha reiterado que en materia laboral no hay temas tabú. Si se genera un consenso respecto a que las IAS deben discutirse, que ese debate se produzca. El criterio más fecundo, a nuestro juicio, y por el que se han inclinado varios actores, parece ser el pasar de beneficios nominales a beneficios reales para un universo más amplio. También es necesario entender que, en los países más avanzados, la negociación colectiva es un ámbito privilegiado para concretar pactos de adaptabilidad de mutuo beneficio. Otra arista de la flexibilidad que debemos incorporar al debate.

 

Finalmente, quiero subrayar que admiro a los hombres renacentistas que conjugan múltiples talentos. Lo único que les pido es que no confundan la realidad con los mitos.

 

 

El autor es ministro del Trabajo y Previsión Social