Por: Carla Sánchez M. Fotos: Verónica Ortíz Carlos Gajardo Pinto está aporreado. El fin de semana jugó fútbol en un campeonato del colegio de sus hijos (tiene tres) que lo dejó entero molido. La camiseta del jefe de la Unidad de Delitos de Alta Compejidad de la Fiscalía Oriente tiene en la espalda el número […]

  • 26 mayo, 2016

Por: Carla Sánchez M.
Fotos: Verónica Ortíz

fiscal

Carlos Gajardo Pinto está aporreado. El fin de semana jugó fútbol en un campeonato del colegio de sus hijos (tiene tres) que lo dejó entero molido. La camiseta del jefe de la Unidad de Delitos de Alta Compejidad de la Fiscalía Oriente tiene en la espalda el número 9. Igual que Alexis Sánchez en el Barcelona, Iván Zamorano en la selección chilena o la que lució Ronaldo en el Real Madrid. Y su apodo en la cancha es “Finiquito”, como se le llama a los jugadores que meten goles. Pero esta vez, sólo anotó un tanto.

“La gente que no me quiere dice que es un apodo autoimpuesto”, ríe el fiscal, mientras toma café en un local nuevo muy cerca de su oficina en Ñuñoa. Gajardo tiene claro que sus enemigos no son pocos. Que su estilo confrontacional despierta suspicacias. Pero al fiscal que hoy investiga las estafas piramidales, el lavado de activos que habría realizado el ex presidente de la ANFP, Sergio Jadue, y el escándalo de las acreditaciones universitarias, no le importa. Como anuncia en su Twitter –tiene 6.693 seguidores–, “sólo soy un funcionario público haciendo su pega”.

El cuarto de cinco hermanos que crecieron en Curicó, abogado de la Universidad de Chile –antes estudió un semestre sicología en la UC–, y dedicado toda su vida al servicio público, saltó a la fama hace casi dos años con el caso Penta, que abrió los escándalos del financiamiento irregular de la política. Una vitrina que lo instaló en el radar mediático, en el cual se mueve con soltura y seguridad, afirmando que no les teme a los poderosos. En realidad, dice, a nadie. Sólo a las enfermedades o los accidentes. No le asigna mayor importancia a la bomba que estalló en la esquina de su casa en agosto pasado. No anda con guardaespaldas porque “no lo necesito. Nunca me han amenazado de muerte”, dice.

En la calle la gente lo saluda. Lo felicita, mientras Gajardo camina hacia su auto, que él mismo maneja cada mañana para ir al Centro de Justicia. Prende el motor y la radio se enciende con la canción “Magdalena ya es grande porque perdió un diente”, de Mazapán. La imagen contrasta con la figura de hombre duro de Gajardo, quien además confiesa que las últimas películas que ha visto en el cine son infantiles. “Me encantó Zootapia, que trata de una coneja policía que investiga la corrupción instalada en el poder de su ciudad mamífera”. Mientras avanza –cambia el disco de Mazapán por uno de Andrés Calamaro–, cuenta su próxima misión del día: la defensa de Carlos Bombal pidió el sobreseimiento definitivo de su causa en el caso Penta. Algo frente a lo que él y su compañero –el fiscal Pablo Norambuena– se oponen tajantemente. “Si el tribunal lo permite y cambiara la jurisprudencia, muchos imputados que están en la misma situación seguirían ese camino”, reflexiona.

-¿Teme defraudar a sus seguidores?

-(Risas). Nooo, no tengo seguidores. Probablemente hay gente que ve con esperanza el trabajo que hemos hecho desde la fiscalía. El mayor temor que tengo siempre es defraudarme a mí mismo.

-¿No le gritan insultos en la calle?

-Nunca he escuchado un comentario mala onda. La gente en general es bastante respetuosa y amable.

-Pero hay varios que si pudieran hacerlo no lo dudarían…

-En cualquier actividad es imposible caerle bien a todo el mundo. Siendo fiscal, es más improbable aún. Uno persigue responsabilidades y eso provoca rechazo en el perseguido. A un juez le escuché una frase buena para graficar esto: “Si no te gusta el calor, sal de la cocina”. Yo no tengo problemas con el calor.

-¿Y con su ego?

-No creo tener problemas particulares con el ego, uno tiene que dejarlo bastante guardado porque, de lo contrario, la vida cotidiana se hace invivible.

-¿Por qué cree que se ha convertido en un fiscal tan popular?

-Lo mediático son las causas. Si uno observa lo que ha pasado en Brasil, Argentina o España, los fiscales que han llevado casos de alta connotación pública han adquirido notoriedad, pero eso es natural y no le veo mayor relevancia.

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-¿Ha estado en el lugar correcto en el momento preciso?

-No lo sé, pero yo no busqué ni quise tener estas investigaciones.

-Pero no puede negar que el caso Penta lo buscó usted…

-Sí. Me llegó una denuncia anónima el 30 de junio de 2014 y empezamos a investigar.
Pero no lo busqué ni lo quise, me tocó estar en ese lugar.

 

La profecía autocumplida

“¿Almorzaste?”, le pregunta Teresa Muñoz Becker al fiscal en el ascensor del Centro de Justicia. “No, tengo audiencia ahora”, le contesta Gajardo a su señora, también fiscal, a quien conoció trabajando en la fiscalía local de Curicó en 2002.

Con seis minutos de retraso, el juez del Octavo Juzgado de Garantía, Marcelo Rojas, da inicio a la audiencia donde el abogado Jorge Bofill solicita el sobreseimiento definitivo de Carlos Bombal, formalizado por la facilitación de boletas ideológicamente falsas. Gajardo y Norambuena, esta vez, llegaron a las 13.30 en punto.

-¿No está usted excesivamente recargado de trabajo? El 9 de mayo usted llegó 40 minutos atrasado a una audiencia del caso Penta, y el tribunal dispuso que se oficiara al fiscal nacional para que adoptara medidas…

-No, ese tema fue resaltado injustamente. Las audiencias en general comienzan con retraso. Por ejemplo, en el caso Chang ha habido audiencias que han partido con una hora y media de retraso, y esta empezó con 26 minutos tarde, de acuerdo a lo que está señalado en acta. Además, era una audiencia en la cual la fiscalía no tenía intervención, era una discusión entre dos de los imputados. Por supuesto, que no es una buena cosa que hayamos llegado atrasados…

-¿Por qué llegó tarde?

-Coincidió con otras labores que estábamos realizando. Los tres fiscales de la Unidad de Delitos de Alta Complejidad estábamos en un juicio oral por el caso Fragata… coincidieron las dos audiencias y ahí hubo un atraso.

-¿No es que se las haya dado de divo?

-No, en ningún caso, incluso llamamos a la jueza para explicarle la situación.

-¿Qué tan cómodo se siente trabajando en el Ministerio Público? Usted ha amenazado con renunciar…

-No es un secreto que cuando me quitaron la causa SQM –porque se filtró el correo electrónico– presenté mi renuncia a la fiscalía, pero luego esas decisiones se revirtieron [cuando el ex fiscal nacional Sabas Chahuán asumió el caso y lo ratificó en el equipo investigador].

-En el caso Penta se señaló por la defensa que usted no respetó el acuerdo de colaboración eficaz, es decir, que a pesar de que la defensa cooperó en la investigación, usted –sin respetar el acuerdo– actuó con máxima drasticidad…

-En su momento hubo conversaciones con la defensa y nosotros estimamos que el compromiso que se había expresado no había sido respetado por ellos, en cuanto a que después de sus declaraciones se continuaron conociendo cosas que no habían sido parte de lo que habían declarado…

-¿Se arrepiente de algo en el caso Penta?

-No, para nada. Si algo me hubiera gustado hacer mejor es haber construido una relación de mayor confianza con el fiscal Chahuán en su momento, lo que hubiera sido mejor para ambos y para la causa.

-¿Por qué? ¿Tuvieron rivalidades?

-No, y de hecho, ahora nos ha tocado interrelacionarnos y ha sido bastante grato. Lo recibimos en nuestras oficinas como un querellante más en las causas que está tramitando (AC Inversions). Estuvimos el sábado pasado juntos en la corte esperando un alegato.

-¿Cómo es su relación con el fiscal Jorge Abott?

-A partir de su nombramiento como fiscal nacional no hemos tenido casi ningún contacto. Me relaciono más con el fiscal regional, Manuel Guerra.

-¿Y cómo se lleva con él?

-Afortunadamente, hemos construido una relación bastante profesional y que a mí me tiene cómodo… Él nos ha manifestado su disposición de llevar adelante las investigaciones hasta agotarlas.

-Porque en el pasado fueron rivales en la carrera por la Fiscalía Regional…

-Nos tocó competir para ser fiscales regionales. Él obtuvo una altísima votación y encabezó la terna, yo lamentablemente no estuve en ella.

-¿Siente que no haber estado en esa terna fue una especie de castigo?

-Por supuesto que me habría gustado estar en la terna. Me faltó un voto, pero si no estuve fue porque los ministros estimaron que había mejores candidatos, no hay una lectura distinta a ésa. Creo que fue una profecía autocumplida, obviamente habría tenido mejores oportunidades si no hubiera tenido el caso Penta. Eso lo supe desde el día uno, cuando tomé el caso supe que iba a significar un perjuicio en mis posibilidades de ascenso dentro de la institución.

-¿Por qué lo tomó entonces?

-Porque uno no tiene elección. Podría haber dicho que no, pensando en mis posibilidades laborales del futuro, pero para eso tendría que haber sido otra persona.

 

“Nunca he filtrado información”

Después de escuchar los alegatos de las partes, el juez de la audiencia decreta un receso de una hora. “Vamos a almorzar a Donde Alfonso”, le sugiere Gajardo a Norambuena. El restaurante, ubicado en avenida Viel frente al Centro de Justicia, es el preferido de los jueces y abogados.

Gajardo pide arroz con pollo y Coca-Cola normal. No soporta las bebidas light. Cada cierto rato se para a saludar a alguien. “Donde Alfonso” parece una sala de audiencias más chascona. Mientras almuerza, habla de uno de los temas que lo tiene hoy soterradamente en el banquillo de los acusados: las filtraciones.

-Ha habido quejas constantes por las filtraciones de las investigaciones que usted dirige, y llama la atención el nulo resultado que han tenido las investigaciones que se han solicitado al respecto. ¿Se toma el Ministerio Público realmente en serio esas denuncias?

-Lo que aquí hubo fue instalar el tema de las filtraciones con el objeto de debilitar la figura de los fiscales que llevábamos esas causas. Las filtraciones entendidas como el conocimiento público de los antecedentes de una investigación han ocurrido desde siempre. Por ejemplo, en casos de drogas se han mostrado hasta los allanamientos que se hacen al interior de los domicilios y nunca nadie reclamó. El tema se instala comunicacionalmente como un problema cuando las investigaciones empiezan a afectar a determinados grupos de interés, a políticos o empresarios…

-Como el caso Penta…

-Sería ingenuo pensar que lo que aquí había era una preocupación por las filtraciones. Lo que hubo fue una maniobra exitosa destinada a sacarnos, al fiscal Pablo Norambuena y a mí, de los casos Corpesca y SQM, que nosotros iniciamos.

-¿Son necesarias las filtraciones para el éxito de la investigación?

-No digo que sean necesarias. Todo lo contrario: son perjudiciales, pero inevitables. No hay caso, no sólo en Chile, en el mundo, en las investigaciones donde existe un interés comprometido finalmente el contenido de ellas se termina conociendo.

-¿Ud. ha filtrado información de la carpeta de investigación para lograr ciertos objetivos?

-No.

-¿Nunca?

-No. No tiene sentido. Lo que yo digo es que es inevitable que la información que está contenida en una carpeta reservada se conozca cuando es de interés público, y eso está demostrado en todas las investigaciones que te he mencionado.

-¿Por eso cree que no llegó a puerto la investigación de las filtraciones?

-Ignoro en queé estarán esas investigaciones. Me encantaría que tuvieran buen resultado.

-¿Considera prudente que usted asistiera al lanzamiento del libro La máquina de defraudar, de María Olivia Monckeberg, sobre los casos Penta y SQM? ¿No le parece que su presencia en la presentación de un libro que tomó el título de uno de sus alegatos pone en tela de juicio su objetividad?

-Asistí a ese lanzamiento como uno más del público.

-Usted aparece mencionado en la dedicatoria del libro…

-Tengo muchísimo respeto profesional por una serie de periodistas en Chile, que hacen un trabajo encomiable para un mejor funcionamiento de las instituciones. Por lo tanto, asistir al lanzamiento de un libro que me parece es un aporte, no le veo ningún inconveniente.

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-¿Y no cree que son inconvenientes sus opiniones en Twitter? El artículo 64 de la Ley Orgánica Constitucional del Ministerio Público señala que “los fiscales deberán abstenerse de emitir opiniones acerca de los casos que tuvieren a su cargo”…

-Soy muy cuidadoso de no opinar de los casos que tengo a cargo y las opiniones que doy las hago a la salida de audiencias respecto de temas que se han vertido en ellas. Eso no significa que uno no tenga opinión: los fiscales no somos eunucos, somos personas que estamos insertas en una sociedad y que tenemos opinión definida respecto a un montón de temas. Frente a la corrupción, los fiscales no somos neutros, nos parece una mala cosa, la falta de transparencia, también.

-A la luz de los casos que le ha tocado investigar, ¿cree que Chile es un país corrupto?

-Hay estudios que hablan de que Chile estaría bastante bien parado en el contexto latinoamericano, que junto a Uruguay sería el país menos corrupto dentro de América Latina. Yo miro esas cifras, pero lo que me ha correspondido es investigar demasiadas actividades relevantes del país donde hay situaciones opacas y corrupción, como las Fuerzas Armadas, las acreditaciones universitarias, la Junaeb. No son pocos casos, y como sociedad creo que debiéramos prestar más atención a la corrupción. Lamentablemente, las penas para estos delitos son extraordinariamente bajas y en eso hay un consenso de todos los actores: debieran endurecerse. Lo otro que digo es que la corrupción no tiene color político, porque se genera por personas que quieren obtener un beneficio indebido en la posición que están, y eso sucede con personas de derecha, izquierda, de centro y apolíticas.

-Pero en las causas de financiamiento de la política, comparando el número de formalizados, da la sensación de que han sido más duros con la derecha…

-No tengo opinión ahí porque la investigación que está a nuestro cargo es la del caso Penta y en ella hemos hecho todo para avanzar.

 

La “tela de araña” de la justicia

Las cámaras de televisión están prendidas esperando las declaraciones. El juez Marcelo Rojas rechazó la solicitud de sobreseimiento de Carlos Bombal, argumentando que sí existen antecedentes que evidenciarían que habría facilitado boletas por servicios que no se habrían prestado. Gajardo y Norambuena se miran satisfechos.

-¿Qué hubiera pasado si hubiera perdido?

-Hubiéramos apelado. No es que hayamos estado confiados, sino que ya no tenemos esa ansiedad por el resultado. Cuando era más joven, uno se picaba más, pero hoy tengo más serenidad frente a los resultados.

-¿Por qué cree que los casos más polémicos en Chile hoy tienen nombre de empresas?

-(Silencio). Creo que tiene que ver con que ha habido un desarrollo de las investigaciones en Chile que ha llevado a que no haya temas vedados o tabú. Y eso ha implicado que muchas cosas que estaban sucediendo hace muchísimos años comiencen a ser reveladas: el tema de las colusiones, el financiamiento irregular de la política, la evasión de impuestos, todo lo cual me parece una buena cosa y genera resultados positivos. En el caso de las evasiones tributarias es bien significativo: después del caso Penta, la recaudación ha subido notoriamente, y es evidente que eso es una consecuencia directa de las investigaciones.

-¿Siente que la investigación presionó al SII para aumentar los controles?

-El SII ha tenido un rol muy importante también en estas investigaciones. Si no se hubiera querellado, si el ex director, Michel Jorrat, o el ex subdirector jurídico, Cristián Vargas, no hubieran presentado las denuncias en los casos Penta o SQM, nada de esto se hubiera podido hacer.

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-Hay quienes plantean que la justicia en Chile no es pareja. Que el pobre cuando delinque no zafa, en cambio el rico sí puede hacerlo. ¿Qué opina?

-Esa mirada no es nueva, desde los tiempos de Solón en la Grecia antigua, se decía que la justicia era como una tela de araña que atrapa al insecto pequeño porque el grande puede destruirla. Hay permanentes esfuerzos –reales o no– por modificar esa sensación. Siento que en los últimos años en Chile hemos dado pasos importantes para hacer más efectivo el principio de la igualdad ante la ley, y creo que estas investigaciones así lo demuestran.

-¿Cree que el rol de los fiscales es un poco emparejar la cancha?

-El rol de los fiscales y jueces es hacer efectivo el principio de igualdad ante la ley.

-¿Dado que el rico tiene más posibilidades de defenderse, el fiscal tiene que ser más duro?

-No, yo no creo que tengamos que ser más duros, sino igualmente duros.

-¿Le frustra como persecutor la señal que envía el Poder Judicial con la liberalización de los presos?

-Más que hablar sobre el punto específico de las libertades condicionales, faltan miradas más globales al tema del manejo del número de presos en Chile. Desde el 90 hasta ahora, ha aumentado de 30 mil a 50 mil. Hoy, el resultado es que, per cápita, después de Estados Unidos, Chile tiene el número más alto de personas presas por número de habitante en los países OCDE. La pregunta que hay que hacerse es si el encarcelamiento de delincuentes está siendo efectivo para reducir la delincuencia o no. Esta discusión llevó a que las normas respecto a la libertad condicional se hicieran más laxas, lo que ha permitido que muchas personas condenadas hayan salido de prisión antes del cumplimiento efectivo de su condena. Eso me parece que es incoherente con que ahora estemos discutiendo agendas cortas para nuevamente aumentar el número de presos. Hace falta una mirada más global y técnica.

-Luego de la aprobación en el Congreso de la agenda corta antidelincuencia, usted tuiteó que “urge subir las penas para el cohecho”. Respecto a los temas anticompetencia, como la colusión, ¿pondría sanciones penales?

-Son temas que tiene que decidir el Parlamento. La pregunta que uno tiene que hacerse es si eso nos repugna como sociedad y si, siendo tan graves, merecen sanción penal. Personalmente, me parece que sí. •••

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La Quintrala, su caso más difícil

El triple asesinato de su ex marido, Francisco Zamorano; de la pareja de éste, Héctor Arévalo, y del pololo de su sobrina, Diego Schmidt-Hebbel, que Pilar Pérez encargó al sicario José Ruz, en 2008, es, según Gajardo, el caso más complejo que le ha tocado investigar. Con su estilo de involucrarse personalmente en las causas, evitando delegar, tomó declaraciones a las víctimas y los imputados. Fue así como consiguió la confesión de Ruz.

“Esa investigación tuvimos la suerte de resolverla muy rápidamente. El homicidio de Diego Schmidt-Hebbel fue a las 8 de la mañana, la causa se me asignó a las 13 horas, la policía ubicó al sospechoso a las 8 de la noche y a las 2 de la mañana lo interrogamos”, cuenta.

-¿Cómo logró que Ruz confesara?

-Él estaba arrepentido y quería contar lo que había pasado. Creo que confió en nosotros y le hicimos las preguntas correctas. Me acuerdo que le dije “Mire, tengo claro que usted fue el autor, lo único que me interesa saber es si esto es un homicidio puro y simple o aquí hay algo más”. A partir de eso comienza a contarnos lo que había pasado y que tenía encargo de Pilar Pérez de matar a toda la familia.

-¿Cuáles son sus límites éticos? ¿Defendería a un asesino o a un violador?

-Es que ni siquiera he pensado en ejercer liberalmente. Si algún día lo hiciera, intentaría tomar causas en las que me sintiera cómodo en la defensa.

-¿No se sentiría cómodo defendiendo a un asesino?

-Probablemente no.

-¿Independiente del derecho a la legítima defensa?

-Todas las personas tiene el derecho a ser defendidas, pero no todas las defensas las tiene que tomar uno.