Todo se jodió cuando Chile dejó de tener grandes sueños. Cuando se dedicó sólo a comprar y poco a volar… Cuando se celebró el bicentenario con una bandera, mientras que para los 100 años se había levantado el Bellas Artes. Lamarca pide un remezón. A políticos y a empresarios. Por Carla Sánchez M. Fotos: Verónica Ortíz.

  • 20 septiembre, 2011

 

Todo se jodió cuando Chile dejó de tener grandes sueños. Cuando se dedicó sólo a comprar y poco a volar… Cuando se celebró el bicentenario con una bandera, mientras que para los 100 años se había levantado el Bellas Artes. Lamarca pide un remezón. A políticos y a empresarios. Por Carla Sánchez M. Fotos: Verónica Ortíz.

 

 

Está más tranquilo Felipe Lamarca. El ex brazo derecho de Anacleto Angelini ya no se desvela pensando en la próxima junta de accionistas de Copec. Tampoco recorre el país –como lo hizo a los 27 años, en sus tiempos de director de Impuestos Internos– para asegurarse de que todos los contribuyentes pagaran. Ahora disfruta recorriendo a caballo las viñas de su campo en Leyda. Y piensa. Y lee a Darwin.

En el fondo, Lamarca busca en la naturaleza explicaciones al tema de la competitividad. Esa es su última volá. “Lo que me da vueltas en la cabeza es que tú y yo somos producto de la competencia. Somos hijos del espermio que fue capaz de navegar más rápido… (aun así) dentro de la sociedad de hoy me complica la tremenda competitividad; desde las notas del colegio, el deporte, hasta cuántas lucas tengo y cómo me veo”, reflexiona.

Ese tipo de pensamientos se ha intensificado en su cabeza ahora que vive su tiempo suplementario –así le llama–, luego de sobrevivir a una meningitis que lo mantuvo 13 días inconsciente, en 2001. Y aunque su nuevo rol no es el de sociólogo, le gusta mirar con atención las cosas que están pasando en el país. Ya lo había hecho en su libro Las prisas pasan, las cagadas quedan, donde varios de sus diagnósticos calzan como guante a lo que vivimos hoy. “La sociedad chilena está intranquila y descontenta. Aunque todos los indicadores dicen que a Chile le ha ido bien –e incluso muy bien–, la atmósfera que se respira en el país no es de gratitud ni tampoco de satisfacción”, escribió en 2009. Un capítulo que tituló como La república del descontento.

“Una de mis aficiones de siempre ha sido tratar de leer qué está diciendo la sociedad. Me acuerdo que en la Enade 86, cuando recién estaba nombrado presidente de Copec, dije que si recorría la circunvalación de Américo Vespucio, había un país que vivía en colores y otro en blanco y negro”, recuerda. Un tiempo después volvió a la carga: “Chile no va a cambiar mientras las elites no suelten la teta”, dijo, casi provocando un escándalo. Ahora vuelve a disparar. El ex Chicago Boy pide un ajuste tributario porque “llegó la hora de arremangarse las mangas y cambiar el cuento de este país”.

-¿Qué está pasando en Chile?
-La gente está sintiendo agotamiento, es prisionera de la desigualdad y de la deuda. Para tener un cierto nivel, un chileno medio tiene que levantarse a las 6 de la mañana, demorarse dos horas en llegar al trabajo –donde pasa 8 horas– otras dos de vuelta a casa –donde tiene que hacer los menesteres del hogar– y después ponerle candado a toda las ventanas para que no lo asalten. Es un estres vital complicado, con mucha desigualdad. Estamos segregados en todos los aspectos: en educación, salud y vivienda. Cuando yo era chico vivía cerca del Parque Forestal y ahí convivía distinta gente, pero ahora las poblaciones están en Colina, Maipú, lo más lejos posible.

-¿Falló el modelo neoliberal? ¿Fue un error dejarlo todo en manos del mercado?

-El mercado es un buen instrumento, pero no un fin en sí mismo y tampoco puede dictar todas las normas de la sociedad. Fue creado para ciertas cosas que van creando problemas en la sociedad. Debería existir más cooperación. El país no puede ser sólo comprar, tiene que tener sueños. Es cierto, estamos mejor que antes, pero uno se pregunta qué nos pasó. El regalo para el cumpleaños número 200 de Chile fue una bandera chilena grande, en circunstancias que para el centenario se construyeron la Biblioteca Nacional y el Palacio de Bellas Artes, ¡y eso que el país era mucho más pobre!

-O sea, el Estado ha sido ineficiente…
-No, el problema es que a los países hay que meterles emociones y sentimiento. No es sólo lucas y progreso material. Me acuerdo haber estado en Porto (Portugal), una ciudad preciosa, con sus casas en los cerros, muy colorida. Valparaíso está cantado para hacer un waterfront maravilloso desde el muelle Barón hasta el Prat. Pero aquí no se puede, porque no dan los números para nada. Aquí proponen hacer un puente para el canal de Chacao y saltan todos: ¡Nooo, no alcanza! Yo me pregunto: para la Torre Eiffel o el Opera House en Sydney, ¿daban los números?

El último sueño de Chile fue la selección de Bielsa –que tenía tranquilito al país, porque si tuviéramos ahora el Mundial no tendríamos los problemas que estamos teniendo–. ¿En qué terminó eso? En la última elección de la ANFP se pusieron a discutir cómo se repartían las platas del fútbol y los tres grandes dijeron yo quiero la parte grande de la torta, y salieron Mayne-Nicholls y Bielsa. Por unas pocas lucas mataron uno de los grandes sueños de Chile.

-Pero es curioso ver este fenómeno cuando hay más recursos que nunca.

-Por eso, dado que el país está mejor que nunca, la gente dice quiero más igualdad.

-En este escenario, ¿qué responsabilidad les cabe a los empresarios?

-Bueno, muchas cosas, aquí el que tiene más tiene que ayudar al que tiene menos. Y no basta con decir yo pago mis impuestos. Hay muchas empresas que lo hacen y que son loables, pero tenemos que avanzar a que el país realmente tenga sueños, que se hagan cosas bonitas, que las relaciones sean mejores y que la repartición de la cosa económica también sea un poquito más equitativa. Porque aquí hay capital y trabajo, pero anda tú a mirar todas las estadísticas de las utilidades: al final, ¿cuánto se llevó el capital y cuánto el trabajo?

-Basta ver las isapres, que ganaron un 70% más que en 2010…

-Por eso. Lo que tú me estás diciendo es lo que va sintiendo el país y tenemos que preocuparnos de que eso no pase. Ahora, tampoco podemos estar paralizados. Hay una demanda de los jóvenes –que es razonable– y que tiene como titular a la educación, pero detrás de eso hay muchas otras cosas. ¿Cómo vamos a responder a los cambios que nos están pidiendo?

Lamarca sin registrar

-Usted dijo el año 2005 que “Chile no va a cambiar mientras las elites no suelten la teta”. ¿Cree que, hasta ahora, lo han hecho?
-A pesar de que el gobierno no necesita más plata, uno, desde el punto de vista empresarial, debiera decir no puede ser que esta empresa, a la que le va bien, pague un impuesto que hoy está en 20 –pero la tasa normal es 17– y que al pordiosero que está pidiendo para un pan le cobren el 19% de IVA. Los sectores más pudientes, a los que les ha ido bien, que han tenido suerte, que han trabajado mucho, debieran decir este es mi país y quiero que tenga una mejor distribución del ingreso y educación, y estoy dispuesto a entregar parte de mis ingresos.

-Entonces es necesaria una reforma tributaria…
-Creo que es urgente bajar el IVA.Tenemos recursos para arreglar tantos problemas que hay en el país. Pero el gobierno no sé lo que está pensando, porque dice que no se requiere un ajuste tributario. Yo creo que Felipe Larraín es un gran ministro de Hacienda, es una persona realmente muy completa, puede tener sus razones. Es evidente que estamos entrando en un periodo más o menos recesivo en términos mundiales, pero a mí me cuesta dimensionar el tema.

-Cuando habla de ajustes tributarios a las empresas, ¿se refiere a mantener en 20% el alza transitoria que se fijo por el terremoto, o más que eso?
-Es urgente un ajuste tributario. Hay que hacer los cálculos de lo que se requiere, saber cuánto nos van a costar la educación, la salud, etc.

-Si es sólo mantener ese impuesto sería un ajuste más bien simbólico, porque la recaudación adicional es de cerca de 900 millones de dólares anuales, bastante menor que un punto del PIB…
-Claro, lo que tienen que hacer es ver cuánto requieren financiar. Respecto a la media mundial, el impuesto a las empresas está muy bajo: en general, los países tienen entre 20% y 30%. La vía más razonable es subirle un poco el impuesto a las empresas y bajar el IVA, que es un impuesto social muy alto, para que los ciudadanos tengan una mayor equidad.

-¿Ha habido una falla en cómo se han destinado los recursos?
-Hoy en día desconozco los escondrijos de las platas fiscales, pero tenemos una holgura fiscal, nos ha ido bien, y si nosotros queremos cambiar de verdad este país, debemos cambiar la educación preescolar. Está probado por todos los entendidos y científicos del mundo que es entre los 2 y los 4 años cuando los niños chicos más aprenden aptitudes, emociones; es ahí cuando se forman. Pero hasta donde me da la cabeza, los 4 mil millones de dólares que están dispuestos a poner no alcanzan para hacer una buena educación preescolar. Si no empezamos ahí, cualquier sistema de educación superior ya partió cojo. Yo no sé lo que va a proponer el gobierno, ni qué es lo que está pensando, pero yo pondría gran parte ahí.

-Entonces, más urgente se hace la reforma tributaria…
-Yo creo. Es necesario un ajuste tributario razonable para poder financiar cosas que valgan la pena. La educación preescolar sería la mejor inversión que podría hacer el país.

-¿Cree que hay una voluntad del empresariado para hacer una reforma tributaria? ¿Llegó la hora, como dijo Jeannette Schiess en Capital, de que los empresarios se metan la mano al bolsillo?
-Creo que hoy el empresariado no está en contra, sino que aceptaría una reforma tributaria razonable que le subiera un poco los impuestos a ellos y que bajara el IVA.

-Pero nadie lo quiere reconocer, nadie lo quiere decir…
-Lo que siento y husmeo es que sí estarían dispuestos a hacerlo.

-¿Quiénes, por ejemplo?
-No sé quiénes, pero en general mucha gente da por descontado que aquí viene una reforma tributaria, pese a que el gobierno no lo quiere hacer; en parte, porque se nos vienen tiempos difíciles. En eso tienen razón, porque hay que ser cautos y, segundo, porque es como bajar un poco las banderas que eran de otros. Son especulaciones mías, pero yo creo que al final se va a dar.

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-¿Por un tema ético más que por necesidad de recursos?

-Hay que ir a una sociedad un poquito más justa.

-Se podría pensar que usted tiene una especie de tejado de vidrio por criticar a los empresarios pero, por otro lado, ser uno de ellos…

-Me siento con la total libertad de hacerlo. Un jugador de fútbol puede criticar a un compañero o al entrenador. Cada uno en su medio, donde más conoce, puede decir lo que piensa. Por ejemplo cuando dices mira, aquí hay un duopolio político, aunque yo sea de A, B o C, son hechos absolutamente objetivos.

-¿Cree que realmente para los empresarios la desigualdad es un problema, o mientras sigan ganando plata va a estar todo bien?

-Obviamente todos los empresarios son personas bien formadas, educadas, que tienen una visión de Chile y el mundo, que se dan cuenta de los problemas y que aprueban las cosas cuando ven que están bien hechas y cuando se requieren porque son urgentes. Hoy el sector empresarial está mucho más proclive a hacer cambios que van a ir en beneficio del país, de la empresa y de la industria en general.

La raíz del descontento

-¿Cree que casos como el de La Polar tienen que ver también con el clima social?

-Obviamente, al final tú ves todo el tema y es re fácil ir y comprar, pero es difícil reclamar; no tienes muchas alternativas, siempre el consumidor está en desmedro del productor, del que vende; las reglas las imponen ellos. Es disímil la relación entre el gran vendedor y el gran comprador.

-¿Cuál es su opinión sobre Pablo Alcalde?
-No me corresponde juzgar a nadie. Uno no tiene todos los antecedentes, sería aventurado decir algo.

-¿Este escándalo ha cambiado en algo a la industria del retail?

-Todas estas cosas hacen perfeccionar los sistemas, hacerlos más fáciles, más claros, y en ese sentido hay una mejora.

-¿Y qué pasa en Ripley, cuyo directorio usted preside? ¿nunca han tenido problemas con la repactación unilateral de deudas?
-Ripley está pasando por uno de los mejores momentos de su historia. El retail en general, aparte de La Polar, está bastante bien. Nosotros nunca hemos tenido esos problemas. Los papeles están limpios. Obviamente, cuando hay millones de clientes, siempre puede haber un error humano…

-Pero en el escándalo de La Polar hubo más que un error humano…

-Sí, pero eso es harina de otro costal. No por eso vas a disparar contra todos los otros retailers.

-Usted ya no está tan polémico como antes…

-Lo que pasa es que las cosas han cambiado. Si hubiéramos conversado todo esto hace diez años me habrían dicho ¡pero qué polémico! Hoy es otro el ambiente, el medio, y todos los que hemos opinado alguna vez algo hemos hecho para que hayan cambiado las cosas. Hoy el reclamo está sobre la mesa, hemos progresado mucho pero no en felicidad. Estamos medio cansados tanto del sistema político como económico y llegó la hora de arremangarse las mangas y cambiar el cuento de este país: meterle más sueños, emociones, valores y amistad.

“Los gremios empresariales han perdido poder”
“Los gremios empresariales deberían ser casi unos adalides del cambio y decir mire, me doy cuenta que esto está bien o mal”.

-Cuando Juan Claro y usted estaban a la cabeza de los gremios (en la CPC y la Sofofa) roncaban. ¿Cómo ve el actuar de esas agrupaciones hoy?
-Obviamente han cambiado las circunstancias. Cuando el país estaba políticamente más cerrado, las voces que se oían eran las empresariales porque los otros estaban más callados. En la medida que el país tuvo apertura política, ya no son ellos las únicas voces, hay muchas otras más…

-Pero, ¿cree que aún mantienen la influencia que tenían en la época que estaba usted a la cabeza?
-Tanto el estamento político como el económico todavía tienen mucho peso en el país. Los gremios funcionan.

-¿Qué hacen los gremios?
-Como en todas las corporaciones, dependen mucho de quién esté arriba. La batuta del director de orquesta es muy importante.

-Pero en esta discusión de la desigualdad, de la educación, aparecen más reactivos que proactivos…

-No sé; yo no estoy en ningún gremio, no te podría decir qué pasa.

-Pero como ex dirigente me imagino que tendrá una opinión sobre cómo han actuado…
-En general los gremios empresariales, que están formados por gente muy educada, que conoce mucho, deberían ser casi unos adalides del cambio y decir mire, me doy cuenta que esto está bien o mal; eso te da mucha autoridad moral sobre la sociedad.

-Pero eso no pasa hoy en día, ¿o sí?…
-No se ve mucho. Creo que los gremios empresariales han perdido poder incluso frente a otras agrupaciones, como los profesores o los estudiantes.

Las otras que están bastante dormidas son las regiones. Es obvio que el andar del país tiene que ser regionalizado. A ti o a mí, al igual que a la ex ministra de Salud, Soledad Barría, nos habrían echado porque, ¿cómo ibas a saber tú que había unos exámenes de SIDA mal hechos en el hospital de Iquique? Imposible. Tú te das cuenta de que hay un hoyo en la calle porque te tropezaste, o ves que hay algo que no es bonito porque lo miraste… hay que vivir la realidad para saber qué se debe mejorar. Yo soy partidario de descentralizar de verdad. Primero, que los intendentes sean elegidos, porque eso da mucha diversidad. Esta competencia interregional en salud o en educación es buena. Si leyeras que en la IV Región el SIMCE fue fantástico y en la X muy malo, te preguntarías qué pasó, por qué esa región tiene educación tan mala si recibe la misma plata per cápita por niño. Las regiones están muy abandonadas.

 
El espectáculo del binominal
-¿Se siente cómodo con el gobierno de Piñera?
-Sí, yo me siento cómodo con distintos gobiernos. Aquí no es que uno sea de derecha o izquierda, rojo, azul o verde, es preguntarse si estamos haciendo bien las cosas o no… Es muy difícil hablar de un gobierno que no ha llegado todavía ni a la mitad del periodo.

-Pero ya lleva casi la mitad…
-Sí, pero les tocó un cambio de escenario, venían preparados para uno y se enfrentaron a otro con el terremoto, los mineros, el conflicto estudiantil y ahora el accidente de Juan Fernández. No ha sido fácil.

-¿Y eso explica que tenga un apoyo ciudadano tan bajo, o hay algo más detrás de eso?
-El apoyo bajo es porque la gente se siente prisionera de deudas, está agotada, sabe que aquí hay inequidad, se da cuenta de que el tremendo progreso no se traduce en un mejor nivel de vida para ellos.

-¿Por qué no se vio así en los gobiernos de la Concertación?
-Creo que la Concertación hizo muchas cosas sociales manteniendo la línea económica, sobre todo en un gobierno dirigido por una mujer, donde había un plus de cariño distinto. Cuando tienes esa afectividad exiges menos. Pero cuando llega un gobierno, a ojos de la gente, más tecnócrata, tú le exiges más y dices: lo que no hizo la Concertación en materia de educación y salud, hágalo usted.

-¿Puede haber sido un error del gobierno pensar que podía meter la lógica privada en el mundo de lo público?
-Puede ser, y probablemente también es difícil hacer un lavado de cabeza muy fuerte entre lo privado y lo público.

-Porque el país no es una empresa, ¿o sí?
-Pero tampoco son muy distintos. En el mundo de las empresas, también tienes que atender a los sentimientos de las personas que trabajan ahí, hay que compartir los frutos del desarrollo, tener un ambiente interno espectacular. Si uno ve las grandes empresas a nivel mundial te das cuenta de que tienen estatutos súper claros de cómo ascender, qué derechos tienes; cosas que no dependen de la decisión de un patrón, gerente o directorio, sino que están en la institucionalidad empresarial.

-Pero algo pasa entonces en esta “empresa” que parece que no está teniendo muchas “utilidades”…
-Yo creo que llegaron a jugar un partido ante el cual planificaron una estrategia y donde el equipo contendor fue distinto.

-En su libro escribió que era improbable que la educación pública mejorara mientras los políticos siguieran mandando a sus hijos a colegios privados…
-Es una metáfora, para decir que hay que vivir en carne propia los problemas.

-Pero usted jamás habría mandado a sus hijos a uno público, ¿o sí?
-No, porque no se dio así, pero mi madre fue a un colegio público, al Liceo 1, y mi familia para atrás fueron a instituciones públicas que eran bastante buenas. Si yo estuviera en los pantalones del presidente Piñera pondría todos los huevos en el canasto de la educación y salud preescolar, considerando la situación económica del mundo.

-¿Alguna vez ha conversado estas cosas con él?
-No.

-A propósito de nada, ¿cree que es buen momento para cambiar el sistema binominal?
-Pero hace rato. El espectáculo que estamos dando hoy es tremendo: si a un señor lo pasan de diputado a senador designan a otro para llenar el cargo vacío, ¡y todo lo hacen entre un grupito chico! Por último, si nos invitaran a ti o a mí a participar… pero no, aquí se elige a dedo. Y encima proponen hacer primarias, ¿entre quiénes? ¿Entre los mismos de los partidos? Esto tiene que ser abierto, y si tú o yo queremos participar podamos hacerlo si cumplimos los mismos requisitos que el otro. El sistema binominal se armó en las postrimerías del gobierno militar, entre gallos y medianoche, y se les dio ventajas a algunos.

-Pero es difícil que la derecha ceda, ¿o no?
-Da lo mismo derecha o izquierda, el mundo y Chile llevan su tren de desarrollo en lo económico, social y emocional y al final tú tienes que responder a lo que el pueblo quiere, no puedes imponer cosas.

-¿Le dan ganas de meterse en la política?
-No.

-¿Se lo han ofrecido?
-Ha habido acercamientos, pero no. Tampoco me atrae mucho el mundo de la política, porque al final se reduce a dos bloques: los blancos o los negros, y el mundo no es así.