La Universidad de Chile y el Laboratorio Recalcine están ad portas de levantar el primer centro de investigación y desarrollo de terapias innovadoras. En términos simples, crearán y pondrán en el mercado nuevos fármacos made in Chile. La iniciativa promete, pues es única en Hispanoamérica y ofrecerá servicios a laboratorios internacionales.

  • 19 octubre, 2007

La Universidad de Chile y el Laboratorio Recalcine están ad portas de levantar el primer centro de investigación y desarrollo de terapias innovadoras. En términos simples, crearán y pondrán en el mercado nuevos fármacos made in Chile. La iniciativa promete, pues es única en Hispanoamérica y ofrecerá servicios a laboratorios internacionales. Por Cristián Rivas; foto, Verónica Ortíz.

 

La nula relación entre los mundos empresarial y académico será cosa del pasado dentro de uno o dos años, cuando comience a funcionar el primer Centro de Investigación y Desarrollo de Terapias Innovadoras (Cidti), que están poniendo en marcha el Laboratorio Recalcine y el Hospital Clínico de la Universidad de Chile.

 

Ambas instituciones darán el primer paso para la creación local de nuevos fármacos, en una alianza inédita en Chile e Hispanoamérica y que, además del aporte científico, generará negocios, ya que se exportará conocimiento y servicios a laboratorios internacionales.

 

Se trata de una idea trabajada desde hace varios meses por Alejandro Weinstein, propietario de Recalcine, y el director de Investigación Clínica del hospital universitario, el doctor Miguel Cuchacovich, y que está a solo semanas de ser visada definitivamente por ambas instituciones.

 

Luego de ello, iniciarán las gestiones para participar en la adjudicación de fondos de Corfo, a través de su programa de desarrollo de consorcios, con quienes ya mantuvieron algunas reuniones previas.

 

La iniciativa contempla la construcción de un edificio de dos pisos, con equipamiento de última generación, detrás del hospital clínico ubicado en la comuna de Recoleta. En el primer piso se instalará una biblioteca on line, laboratorios, oficinas y salas de reuniones para el cuerpo de investigadores, mientras que en el segundo nivel se ubicará la unidad de ensayos clínicos con complejidad de unidad de tratamiento intermedio, la que estará equipada con monitores especiales, redes de oxigeno y dos grupos de seis camas para hombres y mujeres. Todo con un costo inicial cercano a los $ 1.240 millones, considerando que en el futuro puede ser necesario ampliar algunas instalaciones dependiendo de la demanda que enfrenten. “Es un proyecto que requiere de una arquitectura e infraestructura sofisticada. Es decir, necesariamente tenemos que integrar toda la tecnología que permita tener resultados rápidos y, por otro lado, dar seguridad a los pacientes que están siendo tratados con estos productos”, recalca el doctor Cuchacovich.

 

La instalación contará además con un puente aéreo que conectará directamente a la unidad de tratamiento intensivo del hospital, en caso que se produzca un evento adverso frente a la administración de un fármaco en los pacientes que participen de las investigaciones. El directivo advierte, en todo caso, que problemas de este tipo son muy poco probables, porque la universidad ya lleva varios años haciendo investigaciones y sólo ha evidenciado un problema de talla menor.

 

 

 

Frontera del conocimiento

 

 

Weinstein describe la iniciativa como el hito más relevante en materia de asociación entre academia y empresa privada, y –específicamente– entre biotecnología y desarrollo farmacéutico. Se suma también al trabajo que realiza en forma individual la compañía y que la tiene exportando productos a más de 20 países.

 

“La importancia de esto es que es el primer paso de verdad que se está dando en innovación, donde también hay apoyo del Estado con fondos de Corfo que están por resolverse. Ese es el valor de este centro tecnológico que va a trabajar en la frontera del conocimiento”, sostiene.

 

Lo que se hará en este nuevo centro, que vería la luz en 2009, es investigar distintas líneas de fármacos y realizar todos los ensayos clínicos necesarios antes de que sea comercializado por una empresa farmacéutica.

 

Este proceso habitualmente cuenta con cuatro fases de experimentación, según cuenta el doctor Cuchacovich. Los ensayos en fase I consisten en administrar una molécula por primera vez en ensayos con pacientes y/o voluntarios sanos. Están destinados a estudiar eficacia y seguridad del fármaco. La fase 2 corresponde a estudios abiertos, con un número mayor de pacientes. En esta etapa se definen las dosis útiles y la eficacia. En la tercera parte los estudios abarcan a un gran número de pacientes, sobre 200 ó 300 y hasta 1.000, mientras que la última fase corresponde a la búsqueda de nuevas aplicaciones de fármacos que ya tienen una aplicación definida para tal o cual enfermedad.

 

Weinstein explica que en el proceso de desarrollo de un nuevo fármaco los costos más importantes son precisamente las pruebas que deben hacerse en estas cuatro fases.

 

Eso explica, entre otras cosas, la ola de fusiones de laboratorios farmacéuticos a nivel mundial, pues detrás de esas operaciones está justamente la intención de disminuir al máximo sus costos de investigación.

 

Y en ese sentido, hacer investigación en países en vías de desarrollo es mucho más económico. Por eso que ya hay varias compañías estadounidenses interesadas en hacer pruebas en Chile, e incluso en comprar las patentes de las investigaciones propias, lo que hace alentar el florecimiento de un negocio mayor. Lo que harían sería prestar además el servicio de pruebas a laboratorios extranjeros para las fases más avanzadas. “Existe una demanda por ciencia y por profesionales de primer nivel, de menor costo que en los países desarrollados. Creo que estamos entrando en el minuto preciso para poder satisfacer esa demanda con gente de primer nivel en un país donde los costos no son los de los países del primer mundo”, acota.

 

A su juicio el potencial más grande del proyecto es exportar conocimiento. Algo muy distinto a la imagen de país commodity que tiene Chile. Y en eso, la Universidad de Chile tiene camino avanzado, porque están haciendo investigación en al menos cinco líneas de desarrollo distintas.

 

 

 

En la ruta primer mundista

 

 

El paso que se está dando en Chile con la iniciativa es parte de la ruta que ya han seguido varios países de Europa y Estados Unidos. En ellos, todos los hospitales universitarios tienen Centros de Investigación y funcionan con financiamiento de la propia casa de estudio y de empresas privadas.

 

“Es imposible hoy día realizar investigación en biotecnología con aplicación en clínica en seres humanos sin el apoyo de la empresa farmacéutica. Ni siquiera en Estados Unidos o Europa se realizan protocolos masivos de más de mil pacientes que no sean diseñados por la empresa privada. La magnitud de los montos involucrados hace imposible que los gobiernos puedan patrocinar directamente estas iniciativas”, asegura el doctor Cuchacovich.

 

Y lo que se está viendo para el futuro de esta nueva área de desarrollo en Chile es grande. Aunque inicialmente se tendrá un staff menor de profesionales, irá creciendo sostenidamente en base a cómo vayan elevándose los proyectos. La expectativa apunta a incrementar el número de proyectos en 20% en cada período, para alcanzar un peak de 50 proyectos al año en el mediano plazo.

 

Así, de paso, crecerá sostenidamente el número de patentes de invención en Chile. Lo que se está todavía determinando es la propiedad de esas patentes, donde un porcentaje relevante será para el investigador y el resto para la unidad académica de donde surja. El centro tendrá la primera opción de compra de la patente a un valor de mercado y, si no hay interés, se ofertará al mercado internacional.