Brutal en su análisis, Evelyn Matthei no titubea en afirmar que “Chile se jodió” y que a su juicio ya no hay nada que hacer. Cree que estamos condenados a vivir en la mediocridad, que el odio está instalado en el país y que las elites son responsables de lo que ha pasado. Culpa también a Michelle Bachelet, por el bajo crecimiento que hubo en su segundo gobierno, y, de paso, lamenta el rol de José Miguel Insulza en la acusación constitucional contra Andrés Chadwick.
Fotos: Verónica Ortíz

  • 19 diciembre, 2019

Descorazonada. Así se declara Evelyn Matthei. No se refiere solo a la crisis económica que muchos avisaron después del estallido social del 18 de octubre. Su pesimismo es más general. Cree que hay un tema cultural, un manera de ser de los chilenos que, a su juicio, nos va a destinar a vivir en una larga etapa de mediocridad.

Antes de las preguntas, previo al momento de su reflexión, la actual alcaldesa de Providencia habla con desazón del escenario económico que ya muestra sus primeros signos. “Nos farreamos esta posibilidad”, señala al referirse a estas últimas décadas de crecimiento y de ir avanzando hacia el desarrollo.

Matthei es parte de una generación política que hizo su estreno en plena transición a la democracia. Ha sido diputada, senadora, ministra, candidata presidencial y ahora alcaldesa de Providencia. Pero dice que, si mira hacia atrás, mejor hubiese sido “dedicarme al piano”. Lo afirma con una mezcla de ironía y desesperanza.

-¿Cómo está observando y viviendo este momento? Algunos dicen que es como que se levantó una ola gigante y está por verse si se retiró del todo…

-Es una ola que arrasó con muchas cosas, pero lo peor es que no se retiró del todo. A lo mejor en este momento no tiene el poder destructor inicial, pero quedó un fango que va ahogando y matando todo.

-¿A qué le llama el “fango”?

-El fango tiene muchas formas, pero lo que más me llama la atención es que veo odio por todas partes. Odio de unos a otros y de otros a uno. Y eso es lo más grave porque no veo cómo se puede recomponer. Además, este fango muestra desconfianzas, un populismo desatado, una ignorancia que campea. Finalmente, es la destrucción completa de una ilusión que Chile tenía y que era haber llegado a ser un país desarrollado.

-¿Destrucción completa?

-Sí. A mi juicio, tuvimos una oportunidad y la farreamos. No veo quién va a invertir en Chile. No solo por los saqueos. No solo por la reducción de horas de trabajo, sino porque estamos en una coyuntura en que tú no sabes qué es lo que va a pasar con el derecho de propiedad, por ejemplo. Probablemente, vamos a estar discutiendo durante dos años una nueva Constitución, que va a ser muy disputada. Entonces, la verdad, es que yo creo que Chile fregó.

-¿Tan pesimista está?

-Muy, pero muy pesimista. Lo más triste es que hay encuestas que dicen que la mayoría de la gente está optimista y cree que vamos a salir mejor de esta crisis. En cambio, la gente que más sabe y que es la que toma las decisiones, en un 61% se declara pesimista. O sea, hay un choque entre lo que la gente espera y lo que efectivamente va a suceder a partir de esto. Todo el mundo está desatado. Encuentran que el aumento de pensiones es poco, que el aumento en los salarios es bajo. ¡Todo es poco! Y vamos gastando. Ya tenemos advertencias del Banco Central y del Consejo Fiscal Autónomo respecto a que estamos aumentando a niveles preocupantes el endeudamiento del país. Y eso significa que cuando venga cualquier shock internacional, no vamos a tener plata con qué reaccionar. Por eso te digo: yo siento que Chile se jodió.

-Cuando usted dice que Chile se fregó, ¿quién lo fregó? ¿La gente, la elite, todos?

-Todos, pero sin duda que las elites son las que tienen más responsabilidad. Se dedicaron a arreglarse los bigotes ellos y sus familias. Anda a ver al Poder Judicial y mira cuántos notarios y conservadores son parientes. Y eso pasa en todo. El compadrazgo, el robo para las campañas, las coimas…

-En ese diagnóstico, ¿esto no se arregla con los cambios que pide la calle?

-Esto no se arregla. Está podrido. Es un tema de honestidad también. Mira, hay un episodio que me marcó de por vida. Yo estaba en 5to básico, debo haber tenido unos 11 años y a mi padre lo mandaron por un año a la Universidad del Aire en Alabama, Estados Unidos. Llegó el primer día de clases. Yo no hablaba una palabra de inglés, pero la prueba era de matemáticas y eso sí que lo entendía. Estábamos respondiendo la prueba y de repente veo con espanto que la profesora sale de la clase. Nadie le copió al compañero. Nadie hizo pillería. Bueno, el drama es que en Chile estamos fregados por nuestra cultura. Por eso estoy tan descorazonada.

-¿Cómo es esa cultura?

-Es la pillería, el hacerse la pasada, el robar un poco si tienes la ocasión. El problema de nuestra educación parte de la base de que ser vivo es una choreza. Si ves los países nórdicos -generalmente protestantes; no católicos-, la gente tienen un set de valores. En Chile no los tenemos. Aquí hablamos muchísimo de los valores, pero son siempre referido a lo sexual. El matrimonio gay, la píldora del día después; cosas que son como horrorosas para algunos, pero ¿qué se dice de la importancia de hacer bien las cosas?

Una crisis imposible de manejar

-¿Cómo cree que ha reaccionado el gobierno frente a la crisis? ¿La logró manejar?

-Nadie la puede manejar. Ni este gobierno ni ningún otro. Son tantas y tan desorbitadas las peticiones, que es imposible. El otro día escuchaba a Juan Gabriel Valdés decir que ha sido poca la respuesta del gobierno. Perdón, ¿con qué plata quiere más respuesta? O sea, si alguien como él, que uno pensaría que tiene un poquito más de educación para entender las cosas, habla ese nivel de estupideces, entonces, sabes qué más, no queda nadie.

-¿De verdad nadie ha estado a la altura para usted?

-Te diría que salvo Mario Marcel y el ministro Ignacio Briones, no veo a nadie que esté hablando de una manera sensata. Y lo peor es que si miras la frivolidad, la irresponsabilidad, la avaricia, el nivel de robo, la falta de fiscalización o la justicia, uno se pregunta: ¿con quiénes salimos adelante? No hay nadie que haya dado el ancho.

-¿Y la política?

-¡Aquí no queda mono con pie. No queda nadie! Los políticos están llenos de problemas de plata, se fueron subiendo los sueldos, se dedicaron a viajar… mucha irresponsabilidad. Veían que había corrupción y nunca la enfrentaron de verdad. Para qué hablar de los empresarios. Muchos de ellos están muy preocupados de la moral sexual, todos muy católicos, pero la moral en los negocios no existe. O los sindicatos, que lo único que hacen es pedir más y más, pero que nunca se han preocupado de aumentar la productividad, de manera que eso que pedían fuese sostenible. Los generales de Carabineros y Fuerzas Armadas con problemas de fraude, y nunca se fiscalizó. O una justicia que solo persigue a la derecha y a los militares, pero que cuando empiezan a aparecer los otros, miran para el lado. Entonces, discúlpame, por eso te digo que se jodió el país. Y lo más triste de todo es que nos farreamos la oportunidad de llegar al desarrollo.

-En ese camino hacia el desarrollo, ¿era necesario avanzar hacia mayores niveles de equidad, o no?

-El crecimiento sin niveles razonables de equidad no es posible. Lo vengo diciendo hace mucho tiempo. No soy de las que se está subiendo recién ahora a ese carro. Para tener una sociedad cohesionada, requieres ciertos niveles de equidad, pero también tiene que haber corrección.

-¿Qué tipo de corrección?

-O sea, los líderes tienen que darse cuenta de que ser diputado no es para pasarlo bien y ganar un tremendo sueldo. Es una responsabilidad. Un general tiene que entender que estar en ese cargo no es para vivir bien con su familia. Es una tremenda irresponsabilidad. Eso significa que cuando llegas a la Corte de Apelaciones o a la Suprema, tienes que preocuparte de ser el mejor juez. Y que si eres el director de Impuestos Internos, tienes que ser equitativo y perseguir a Penta, pero no decidir que no vas a perseguir más cuando aparece SQM. Y significa también que si de verdad crees en el modelo de economía social de mercado, el mercado tiene que funcionar y no puede coludirse.

-Éramos vistos como un país modelo. ¿Tan frágil era todo?

-Se venía resquebrajando desde hace tiempo. Te diría que después del primer gobierno de Michelle Bachelet, el crecimiento fue a la baja. Sebastián Piñera logró levantarlo en su primer gobierno, pero después de Bachelet dos, empezó la caída.

-¿Fue el bajo crecimiento lo que incubó la crisis?

-Hay dos temas que se entrecruzan. Uno es cómo me veo. ¿Estoy progresando o no? Y hay otra esfera, que es cómo estoy respecto a los demás. Entonces, muchas familias que habían conocido la pobreza, habían logrado tener su casa propia, su auto. Sentían que estaban progresando, pero al mismo tiempo sentían que las diferencias con otros eran brutales.

“Entre paréntesis: es gente que optó a una casa propia que muchas veces estaban mal construidas, que se llovían. Recordemos las casas Copeva. Por eso digo que esto se viene gestando desde hace mucho tiempo, por la sinvergüenzura de mucha gente. Entonces, si bien había una inequidad muy grande, muchos estaban dispuestos a sobrellevarla porque había una ilusión de estar bien. Pero eso duró hasta el segundo gobierno de Bachelet.

-¿Porque se frenó la máquina del crecimiento? ¿O por la desigualdad?

-Porque se frenó la máquina. Muchos empezaron a sufrir el desempleo, a ver la deuda de sus hijos para estudiar, los salarios. Se empezó a hacer más evidente la rabia y, además, entró un millón de personas que están dispuestas a trabajar por menos salario. Los chilenos comenzaron a sentir que se los estaban fregando por todos lados. Yo creo que eso es lo que desata la crisis.

-¿La variable inmigrante?

-Es la variable inmigrante junto con el cero crecimiento en el país. ¿Cuánto crecimos durante la época de Bachelet? Al final, un crecimiento rápido te genera más ingresos que cualquier reforma tributaria.

-Varios analistas dicen que el diagnóstico de Bachelet de buscar mayor igualdad era una lectura correcta de la sociedad…

-Perdón. Eso yo también lo vi y lo vieron muchos. Además, si Bachelet lo hubiese hecho bien, no tendríamos el estallido que tenemos ahora.

-¿Responsabiliza a Bachelet de la crisis social?

-Obviamente. La reforma tributaria catastrófica que hizo nos llevó a crecer menos que nunca en Chile y eso trabó la máquina, además de tener un millón de personas entrando al país. Era el cóctel perfecto.

-Pero después llegó Piñera, ¿por qué no pudo cambiar las cosas?

-¿Y cómo lo podría haber hecho con la reforma tributaria que ella dejó, o con la mismas leyes laborales? ¿Qué ha podido cambiar Piñera?

-¿Dice que Piñera quedó atado de manos?

-Obvio.

-¿No hubo falta de destreza política para sortear el estallido?

-Primero, estaba atadísimo de manos. Segundo, Estados Unidos y China no ayudaron. Tercero: ya estaba con los inmigrantes adentro. Cuarto: tenía al frente un Congreso absolutamente obstruccionista. Y quinto: sí…, siempre es posible hacerlo mejor. El ministro Briones tiene mucha más destreza política que la que tenía Felipe Larraín, pero sinceramente, ¿quién podría haber tenido más destreza política para enfrentar esto?

Chadwick/Insulza

-Habla del odio como un factor de esta crisis. ¿Qué lo gatilló?

-Te hablo de un odio por lado y lado. Es un odio a todo el que piensa distinto de ti. Se acabó la amistad cívica, se acabó el respeto. El otro día leí la entrevista de José Miguel Insulza en El Mercurio. ¡Qué pena que no se quedó callado! Era un hombre con una trayectoria que yo respeto, pero su explicación por haber votado a favor de la acusación constitucional contra Andrés Chadwick fue tan penosa. Entonces, uno se pregunta: ¿a esto estamos reducidos? Además, la acción de ellos generó odio también.

-¿La acusación contra Andrés Chadwick fue un golpe demasiado duro para la derecha?

-Mira, es cierto que en la vida te puede tocar la mala fortuna o la buena suerte de estar en un momento o en un lugar apropiado o inapropiado. Y muchas veces tienes que asumir responsabilidades sencillamente porque estabas ahí. Bueno, pero Chadwick se fue del ministerio. La responsabilidad política es tan clara que salió. ¿Por qué lo tenían que condenar? ¿Para que condenen a uno y no al otro?

-¿Y quién es el otro?

-Piñera.

-¿Quiere decir que se ocupó como moneda de cambio?

-¿Quién podría tener alguna duda al respecto? Esto te demuestra que se trataba solamente de hacer un ejercicio funerario; como los actos de sacrificios de los mayas. Eso fue. Porque no había argumentos sólidos para acusar a ninguno de los dos. Entonces, que ese acto lo trate de justificar Insulza, me dio asco. Y, además, eso azuza el odio.

-¿Lo azuza por lo emblemático que es la figura de Chadwick para el gobierno?

-No, no es por eso. Es porque si había una persona que en la derecha era acusada de ser demasiado respetuosa y dialogante con la izquierda, ese era Andrés Chadwick. Si hubiese sido José Antonio Kast, yo lo entendería. ¿Pero que hayan hecho eso con Chadwick? A veces siento que en estos años no se aprendió nada. Y lo que hemos tenido es gente que solo se ha dedicado sembrar odio.

-¿Y cuál es el odio que impera hoy?

-Hoy es el odio de clases, es odio por el que tiene más. Es odio entre gente que piensa distinto políticamente. Es odio porque eres rubia. Porque hoy es como un pecado ser rubio. Es cosa de ver cómo funan a la gente.

-Aún quedan dos años de gobierno, ¿cómo debiera navegar el presidente en estas aguas?

-Yo creo que a estas alturas cualquier gobierno que asuma no tiene más que tratar de ver cómo administra la mediocridad.

-¿Lo dice por la crisis económica?

-No solo la economía, pero evidentemente ya van cien mil empleos menos en noviembre y esto va a seguir. No va a haber inversión. Las pymes ya están quebrando.

-¿Pero cómo se sale?

-No se sale. Ya fregamos.

-¿Pero cómo no se va a poder salir de la crisis?

-Depende de qué se entiende por salir. Esto que estamos viviendo va a pasar a ser la normalidad. Por eso estoy tan pesimista. Porque todos estos demagogos como Cote Ossandón, su hermana, entre varios otros, y toda la izquierda que pide más y más…  Supongamos que se les da más. En algún minuto la deuda nos va a ahogar. Entonces, cuando yo me refiero a volver a ser una economía que generaba empleos, eso lo veo difícil. Nos vamos a tener que acostumbrar a la mediocridad.

-¿Y eso qué le provoca: pena, desazón, impotencia?

-Yo ya hice la pérdida. La ilusión de que realmente podíamos llegar a ser una sociedad desarrollada, con más equidad, con buenos niveles de bienestar, de educación, eso ya no lo veo.

-¿Por esa pérdida de la ilusión es que, entre otras cosas, no quiso ser ministra del Interior?

-Hace rato que algunos me venían diciendo que me presentara como candidata presidencial y yo decía que no valía la pena. Un presidente en Chile ya no puede hacer nada.

-Según su mirada, ¿estamos como al borde del precipicio?

-No estamos al borde. Ya estamos en plena caída y no hay de qué sujetarse. Insisto: ¡estamos fregados!