Los europeos se preparan para una nueva etapa de austeridad, con sus gobiernos obligados a tomar medidas para corregir déficit fiscales insostenibles y a reducir –a pesar de las protestas ciudadanas– los servicios de unos cada vez más insostenibles Estados benefactores. Por Marcela Corvalán.

  • 16 diciembre, 2010

 

Los europeos se preparan para una nueva etapa de austeridad, con sus gobiernos obligados a tomar medidas para corregir déficit fiscales insostenibles y a reducir –a pesar de las protestas ciudadanas– los servicios de unos cada vez más insostenibles Estados benefactores. Por Marcela Corvalán.

 

Irlanda ha anunciado dos paquetes de medidas de austeridad en 18 meses y los mercados siguen sin creer que pagará sus deudas. Cameron sorprende al mundo con fuertes recortes al aparato público británico. Sarkozy enfrenta la ira de estudiantes temerosos de perder beneficios fiscales. Grecia acusa el golpe, mientras España y Portugal hacen lo suyo para despejar la incertidumbre. Es el sello de los tiempos que corren en Europa: los del ajuste de cinturones y el trastabille del Estado benefactor.

La tarea es dura. La recesión que llegó tras la crisis ha diezmado los ingresos fiscales. Los planes de estímulo y los rescates al sector financiero salieron caros. La carga sobre las finanzas públicas que imponen los beneficios sociales y el envejecimiento de la población se hace intolerable. Los inversionistas lo saben y por eso han comenzado a cobrar más por prestar a los tesoros europeos.

Berlín dice que recortará 80 mil millones de euros entre 2011 y 2014. Atenas congeló los sueldos del sector público y las pensiones y elevó la edad de jubilación para achicar su déficit presupuestario de 13,4% del PIB en 2009 a 2,6% en 2014. En Londres, la administración conservadora quiere reducir el gasto gubernamental en 25% en los próximos cinco años.

La tarea no está exenta de riesgos, en particular el de una reacción ciudadana que termine con turbulencia y agitación social en las calles. Bien lo saben en España, donde tuvieron que recurrir a los militares para enfrentar el desastre aéreo que significó la huelga de controladores. Los expertos dicen que aunque el público puede admitir la necesidad de tomar medidas y aceptarlas durante una crisis, la paciencia se agota. Un economista del instituto alemán Ifo advirtió en una conferencia en Italia hace algunas semanas que la “fatiga política” asociada a los programas de austeridad suele sentirse en el segundo año y que no se puede descartar la posibilidad de que la turbulencia lleve a Grecia al default o, peor, a una guerra civil. Un resultado menos dramático y muy probable es que haga más difícil para los líderes en España y Francia conseguir la reelección. Y en el mediano y largo plazo, es posible que la austeridad cristalice un sentimiento anticapitalista que complique la adopción de las reformas liberalizadoras necesarias para acelerar el anémico crecimiento económico de Europa.

¿Cómo se componen los paquetes de recortes? Una mezcla de menores costos, cambios en la edad de jubilación y alza de impuestos; todo, en grado variable según la posición de cada país. Fuera de la eurozona, tal vez los planes más duros sean los implementados en los países bálticos y en Inglaterra. En 2008 y 2009, Letonia aplicó recortes de gastos y alzas tributarias equivalentes al 11% del PIB. Su meta era mantener el déficit presupuestario de este año en 8,5% del PIB y bajarlo a 6% en 2011, tras un rescate por 7.500 millones de euros del FMI y la Unión Europea. Entre las primeras medidas se incluyó una reducción en los salarios públicos de hasta 50% y una rebaja en los montos de las pensiones, aunque posteriormente la Corte Suprema declaró ilegal el recorte en las pensiones.

Su vecina Lituania adoptó medidas de consolidación presupuestarias en 2009 y 2010 equivalentes a 10% del PIB. El gobierno asegura que redujo los salarios del sector público en promedio 12%, con un máximo de 30%. El IVA subió de 18% a 21% en 2009 y se eliminó el grueso de las exenciones tributarias. Sus objetivos son reducir el déficit presupuestario a 5,8% del PIB en 2001 y 3% en 2012, junto con estabilizar la deuda del sector público en torno a 40% del PIB para permitir a Lituania incorporarse al euro en 2014.

En Inglaterra, donde el ministro de Hacienda George Osborne prometió bajar el déficit presupuestario de 11% del PIB a 1% en cinco años, el IVA subirá de 17,5% a 20% a partir de enero y habrá nuevos impuestos sobre los bancos. Además, el gobierno ha estado cerrando programas y echando pie atrás en compromisos de financiamiento que ahora considera que no puede permitirse. El ajuste es necesario, pero los analistas creen que tendrá un impacto negativo en el crecimiento y que la economía podría volver a caer en recesión. El PIB inglés se contrajo 5% en 2009 y la recuperación ha sido muy modesta, en gran medida por la incertidumbre causada por la gran importancia para su economía de un sector financiero sobredimensionado.

En Rumania, el segundo Estado miembro más pobre de la UE, el gobierno centrista ordenó reducciones de 25% en los sueldos del sector público y recortes de gasto que, según el FMI, podrían significar la pérdida de 250 mil empleos en el sector estatal en el mediano plazo. La rebaja de las pensiones fue declarada ilegal, así que en cambio se subió el IVA en cinco puntos, a 24%.

En la República Checa, el presupuesto 2011 persigue reducir el déficit del sector público a 4,6% del PIB, desde el 5,3% estimado para 2010. Ello, mediante un recorte de 10% en el gasto operacional, incluyendo la suma destinada al pago de sueldos estatales, con la excepción de los profesores. Además, se disminuyen los beneficios sociales, se reduce el postnatal pagado y se endurecen los subsidios por cesantía.

Dentro del bloque

Sigamos con la revisión, pero ahora dentro del bloque de las euro economías. Irlanda anunció un plan a cuatro años para recortar gastos por 15 mil millones de euros como condición para recibir el rescate de 85 mil millones de euros del FMI y la Unión Europea. De esos 85 mil millones, Irlanda financia 17 mil millones, para lo que echará mano a los fondos de pensiones. Así y todo, el déficit presupuestario este año será de un increíble 32% del PIB, al incluir el costo del rescate de la banca. Si se excluye este item, el déficit se estima en 11,7% del PIB. La meta es reducirlo a 9,1% del PIB en 2011 para llegar en 2014 a un déficit de 2,8%.

En Francia, el tribunal constitucional aprobó la ley de reforma de las pensiones del presidente Nicolas Sarkozy, autorizando subir la edad de jubilación a 62 años en 2018, como una manera de moderar el déficit en las pensiones. Aunque la reforma de las pensiones ha sido la medida más ruidosa, Francia también se ajustó el cinturón: la meta en el presupuesto es recortar el déficit público a 6% del PIB en 2011, desde un estimado de 7,7% en 2010, como primer paso para llegar en 2013 al límite de 3% exigido por la UE y a 2% en 2014. Para ello, elevará de 40% a 41% la tasa más alta para el impuesto a la renta, elevará el gravamen sobre las ganancias de capital y terminará con algunas exenciones tributarias a las empresas.

Portugal anunció recortes de 5% en los sueldos de los empleados públicos y mayores impuestos para ahorrar 5.100 millones de euros el próximo año, incluyendo un alza de 2 puntos en el IVA.

Incluso Alemania presentó un presupuesto restrictivo: la canciller Angela Merkel dijo que su gobierno espera ahorrar unos 80 mil millones de euros entre 2011 y 2014, poniendo el déficit presupuestario dentro de los límites de la UE hacia 2013. Para el presupuesto 2011 se estima que habrá una reducción del gasto cercana al 3,8% en relación con 2010.

Irlanda: 6 factores tras el derrumbe del modelo
1. Los años de dominio inglés dejaron cicatrices en Irlanda: existe un deseo arraigado de ser propietarios, lo que infló una burbuja inmobiliaria en cuanto se dieron las condiciones financieras. Tras la expansión real de los 90, ya en 2000-01 pueden verse las primeras señales de recalentamiento.

2. Al incorporarse a la eurozona, Irlanda cedió la gestión de la política monetaria al Banco Central Europeo, que mantenía una tasa de interés más adecuada para Alemania o Francia que para países emergentes como Irlanda o España. Esto incentivó el boom del consumo y un sobreendeudamiento del sector privado en general.

3. El acceso a fondos en abundancia permitió que los bancos se lanzaran en una competencia desenfrenada por prestar y ganar clientes, bajando en el camino los estándares de crédito. Esto se vio agravado por la falta de supervisión bancaria. Al final, los bancos resultaron ser demasiado grandes para caer y al mismo tiempo, demasiado grandes para rescatar: arrastraron al Estado en su caída.

4. La adopción de políticas fiscales procíclicas. El fuerte gasto del gobierno redujo de modo sensible la competitividad: el ágil tigre celta engordó y se puso remolón.

5. La apertura económica irlandesa atrajo capital extranjero, tanto para fábricas de alta tecnología como para su industria de servicios. Pero también atrajo capitales especulativos de corto plazo, lo que aumentó su vulnerabilidad a los choques externos.

6. En 2008, cuando la crisis amenazaba por echar por tierra el sistema financiero global, los países salieron en defensa de sus bancos. Irlanda fue uno de los más atrevidos: aseguró el pago no sólo de la totalidad de los depósitos, sino también de la totalidad de las deudas de sus bancos –miles de millones de euros usados para especular en bienes raíces. A medida que ha pasado el tiempo, el costo para Irlanda de recapitalizar a sus bancos se estima

EEUU: Un buen plan que no fue
Cuando Barack Obama anunció el congelamiento de los salarios públicos en noviembre, muchos pensaron que por fin se tomaría en serio la reducción del déficit estadounidense. Claro, congelar los sueldos es una medida bastante moderada mirada ante el espejo europeo, donde la tónica es reducirlos, en algunos casos, hasta en 25%.

Debilitado tras las elecciones legislativas, es poco más lo que Obama puede hacer para abordar un problema que en algún minuto podría escapársele de las manos. El déficit presupuestario de EEUU en el año fiscal que terminó el 30 de septiembre fue 1,3 billones de dólares, un 9% del PIB, el segundo mayor desde la segunda guerra mundial (el mayor fue el del año fiscal 2009). Esos números revelan el impacto de la recesión y de los programas de estímulo y anticipan la hercúlea tarea que viene. Según datos de la Oicina Presupuestaria del Congreso (CBO, su sigla en inglés), si no hay cambios en las políticas actuales, la deuda federal, ahora de 62% del PIB, alcanzará el 87% hacia 2020. Al sumar los pasivos estatales y locales, el total se acerca al 110%.

Un panel convocado por Obama, encabezado por Alan Simpson, ex senador republicano por Wyoming, y Erskine Bowles, ex asesor del gobierno de Bill Clinton, propuso medidas que recortarían 4 billones de dólares de programas políticamente populares como defensa, Seguridad Social y Medicare. La suma de recortes y una reforma tributaria amplia reducirían el déficit a 2,2% del PIB para 2015.

La edad de jubilación para la seguridad social, hoy en 66 años, subiría a 68 en 2050 y 69 en 2075. El plan bajaría las tasas del impuesto a la renta personal y de las empresas, pero al mismo tiempo eliminaría o modificaría beneficios tributarios como la devolución de parte de lo pagado por intereses en créditos hipotecarios. Además, reduciría el gasto en defensa en 100 mil millones de dólares para 2015, otros 100 mil millones en proyectos “mascota” de los congresistas y recortaría en 10% la fuerza de trabajo federal, además de congelar los sueldos en las agencias de gobierno por tres años.

Las propuestas no consiguieron los 14 votos de los 18 necesarios para convertirse en una recomendación presidencial que obligara a una acción del Congreso (hay quien dice que los estadounidenses simplemente no tienen sentido de la austeridad), así que el plan quedó en suspenso.

Pero al final, si los mercados se vuelven contra Estados Unidos con la misma fuerza con que atacaron a Grecia e Irlanda, puede que Obama no tenga más opción que hacerlo suyo e intentar modelar su presupuesto para el próximo año en esa línea.