Es probable que Eugenio Tironi haya estado ilusionado con los días que se le venían en agosto. Para el 9, estaba previsto el estreno de la película NO, donde él –además de actuar en la cinta-, vuelve a ser recordado como una de las cabezas de ese épico momento. Pero nada. Con el polémico aumento […]

  • 24 agosto, 2012

Es probable que Eugenio Tironi haya estado ilusionado con los días que se le venían en agosto. Para el 9, estaba previsto el estreno de la película NO, donde él –además de actuar en la cinta-, vuelve a ser recordado como una de las cabezas de ese épico momento.
Pero nada. Con el polémico aumento de capital que anunció Enersis –empresa de la cual es director- se le aguó la fiesta. Y el jueves 9, en vez de estar pensando en la película, Tironi estaba sentado en una tensa reunión de directorio del holding eléctrico, en la que se decidió seguir adelante con la operación –por 8.020 millones de dólares-, pero acatando el oficio de la SVS para que ésta se lleve adelante como una transacción entre partes relacionadas.

En eso ha estado estos días Tironi. Defendiéndose en cuanto medio de comunicación existe y devolviendo los golpes a quienes lo han puesto en el paredón.

-¿Se planteó un mea culpa en el último directorio, se dijo en algún minuto “aprendamos de este error”?
-Yo creo que los que más tienen que aprender de este error son los accionistas, no el directorio. Los directores no somos dueños de las compañías.

-Pero imagino que si ustedes hubieran podido prever la gran oposición que había en el mercado, lo habrían hecho de una manera diferente…
-Esto tiene que ver con muchos factores. Nosotros como directores no controlamos la evaluación del perito (Eduardo Walker), que es una persona intachable, de enorme prestigio, que está arriesgando no sólo su imagen, sino también su patrimonio. Gran parte del escándalo se arma por el monto, por eso la pregunta es qué hubiera pasado si el perito hubiera puesto un monto distinto.

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-No es el único cuestionamiento. Lo otro se relaciona con que, a juicio de muchos accionistas era una operación entre empresas relacionadas y no un aumento de capital, lo que finalmente la Superintendencia ratificó…
-Nos pareció que el camino correcto era el que adoptamos, que es el que se había adoptado siempre. Es el que adoptó Enersis en el año 2003, cuando costaba 800 millones de dólares. Nosotros dábamos por hecho que aquí nadie se iba a guiar por lo que digan los peritos o los evaluadores independientes, se iba a guiar por lo que diga su propia valoración de los activos que se entreguen. Nunca nos imaginamos que el número que entregara el perito iba a ser tomado como una suerte de verdad sagrada, inamovible, intocable. Nos parecía que era un número y punto. Un punto de partida para una negociación, que eso es lo que hacen los mercados. Pero no. Esto fue la llama que desató una hoguera y que permitió a las AFP chilenas agitar una inquietud de la ciudadanía y de la opinión pública muy  fuerte.

-¿Cree que hubo una sobrereacción de parte de las AFP?
-Mira, hay algo que le escuché a Dominique Barton de McKenzie, que vino hace un tiempo atrás a Chile. Él habla del capitalismo de corto plazo. Hoy gran parte de las inversiones en el mundo, 35%, son hechas por los Fondos de Pensiones. Él dice que el problema que tiene el mundo hoy es la mirada a corto plazo, porque los inversionistas institucionales exigen resultados inmediatos, porque sus ejecutivos están recompensados en sus bonos, en sus premios y sus compensaciones, ligados al cuarto de año y no al próximo cuarto de siglo, como debería ser.

-¿Habría, entonces, un incentivo perverso entre los ejecutivos que manejan los fondos de pensiones?
-Los ejecutivos que manejan los fondos de pensiones presionan a las compañías y a sus ejecutivos a tener resultados a corto plazo, y esto lleva a un capitalismo de corto plazo. Como dice Barton, el problema está en que el capital está desalineado del capitalismo, entonces no hay  ninguna visión de inversiones a 3, 5,7 o 10 años. Una cuestión como la que aquí se propone, en el caso de Enersis, es juzgada toda, entera, en función de que cayó la bolsa un día o dos, y eso simplemente condena la operación.

-Pero detrás de eso hay mucho más. El tema aquí es la lectura que hizo el mercado de la operación: que no era algo positivo, ni a corto, ni a largo plazo…
-De acuerdo, pero ¿tú sabes cuánto cayó la acción de Apple cuando se lanzó el iPod? 25%. O sea, si Steve Jobs se hubiese guiado por el desempeño de la acción, no haría sacado el iPod o habría sido desbancado a los dos días después de un escándalo en Silicon Valley. Habría sido crucificado en la plaza pública.

-Algunos inversionistas no solo critican la operación, sino también la manera como se dio a conocer, la poca información y la poca flexibilidad…
-No estoy tan seguro. Lo que se dijo es que nosotros participamos de un asalto, que esto fue una expropiación, que esto está totalmente ajeno a la ley. He visto a gerentes generales de las AFP ir al Parlamento a buscar apoyo de los parlamentarios. Hubo una presión bastante fuerte a la SVS por la vía de advertir que si su oficio no iba en la línea con lo que querían las AFP, esto iba a significar una demanda. Porque, yo lo entiendo, la AFP es una industria competitiva. ¿Cuál es la competencia entre sí de las AFP? Es por tener más afiliados. ¿Y qué es lo que define qué una AFP tenga más afiliados? La que mejor defiende los intereses de los pensionados.

-Y la que tiene mejores rentabilidad también…
-Aquí hay una guerra. Una especie de batalla interna de quién se presentaba más duro, no pensando en el largo plazo, sino que pensando en el número de afiliados que va a reunir en el próximo reporte. Entonces, si tenemos que aprender de esto, todos estamos pagando costos muy altos, por lo menos en mi caso personal. Y yo invito a que estos temas los conversemos.

-¿Pero cree que los fondos actuaron motivados por intereses ajenos a la protección de los afiliados?
-No. Yo no tengo problema ninguno de que el país entero, si es necesario, reaccione,  vibre, critique, se indigne, acuse, condene a los que son responsables de cosas que dañen a los fondos de pensiones en los cuales todos tenemos alguna participación. Por lo tanto, yo aplaudo que en este caso los administradores hayan sido celosos, me gustaría que lo sean también a futuro, y me habría encantado que hubieran sido así en los casos anteriores.

 

“No me quiero lavar las manos”

-Ud. dijo el otro día en la radio que Endesa lo hizo súper mal. ¿Sigues sosteniendo lo mismo?
-Mira, lo que yo opino es que, dada la envergadura de esta propuesta que nos hizo el controlador y que estábamos obligados a tramitar, todas nuestras precauciones fueron “vamos a poner la mesa y vamos a crear un clima lo más adecuado posible para que se sienten en la mesa a conversar, negocien y lleguen a una solución que sea favorable para todos y para Enersis”. Pero para mi sorpresa, para mi más absoluta sorpresa -subrayo-, una parte de los accionistas, más que sentarse, comenzó a tirar los platos a los anfitriones, en este caso a los directores. Por otra parte, hubo declaraciones del controlado que fueron equívocas en su primer momento y que después fueron claramente rectificadas.

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-¿Le dijeron algo en el directorio por esas declaraciones suyas?
-No puedo hablar sobre los accionistas ni de un lado ni de otro, me debo a todos ellos. Pero, como digo, es importante que las AFP tengan una mirada de largo plazo en sus decisiones, creo que es importante que un accionista como Endesa España tenga la sensibilidad necesaria para entender cómo se mueve el mercado de los capitales chilenos, que es bastante sui géneris por el peso que tienen las AFP. Nuestras AFP, en general, no son como en otros países del mundo que son bastante invisibles. Acá hay mucha gente que tiene pasado político, grupos económicos que las controlan, hay familias y empresas que son actores muy importantes en el mercado y eso le da a nuestro sistema de administración de fondos de pensiones un peso en la sociedad chilena muy superior al que tendría en otro país.

-Pero se supone que esa sensibilidad de lo que pasa en Chile es la razón por la cual personas como usted están en ese directorio, para leer y anticiparse a estos hechos. Y ése es uno de los temas en los que más se le ha criticado…
-Yo no me quiero lavar las manos ni mucho menos. Pero, nada… Estas son compañías que, como Endesa, han vivido muchas transformaciones, que han cambiado mucho su plana ejecutiva, que han entrado nuevos controladores. En las grandes compañías a veces el conocimiento que se va adquiriendo no se acumula, se va, se dispersa con la salida de sus ejecutivos. Y el hombre tiene esta condición que no sabe aprender sino a partir de su experiencia y a partir de este tipo de desbordes, de estas situaciones que se salen de control, que se salen de todas las previsiones.

-Entonces está aprendiendo de esto…
-Yo cito mucho a Kahneman, este Premio Nobel de Economía del 2002, que dice que las cosas simplemente ocurren y que es imposible preverlas y lo importante es aprender de esto. Creo que Endesa está aprendiendo de eso, creo que las AFP están aprendiendo y nosotros como directores por supuesto que hemos aprendido duramente muchas lecciones.

-¿Cómo le ha afectado en lo personal?
-Fíjate que no soy “cuero de chancho”, como se dice, ni mucho menos. Pero pocas veces me he sentido tan sereno para enfrentar una crisis de este tipo, porque no solamente siento haber actuado correctamente de acuerdo a lo que, creo, era mejor a toda la compañía, sino que me siento muy respaldado por los informes que hemos tenido, o más bien, por las asesorías que hemos tenido para hacer lo que hicimos. Pero de las cosas más dolorosas, ha sido que digan que nosotros somos simples buzones, que actuamos digitados desde España, que esto es un tema al que no le prestamos mayor atención.

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-Las críticas hacia usted han venido incluso desde la Concertación…
-Sí, tengo críticas desde sectores que me han cuestionando qué hago yo, una persona de izquierda, en un directorio de una empresa como ésta, que es el riñón del capitalismo. Por otra parte, me dicen desde el otro lado lo mismo, “qué tiene que hacer una persona de izquierda en el riñón del capitalismo”. Yo quiero decir que el capitalismo no tiene dueño. Yo no admito que el dueño del capitalismo sea la derecha, ni el mundo conservador, ni que haya que tener pedigree, ni que haya que pertenecer a alguna familia o a ciertos clubes para poder ser parte y actor del capitalismo. Tampoco estoy dispuesto, y nunca he estado, a someterme a los códigos que cierta oligarquía capitalista quiere imponerme. No me visto como ellos y no uso los mismos criterios para tomar las decisiones. Si estoy donde estoy, es a partir de lo que yo soy. Y me repugna la gente de la Concertación que, para hacerse un hueco ahí, trata de adaptarse de tal modo de ser admitido en el club. Estoy dispuesto a dar testimonio de ser un negrito de Harvard, pero no un Michael Jackson que trata de parecer blanco.