Reconozcámoslo, al lujo se le acabó el garbo hace rato. Pero, ¿le importa a alguien que su carterita Hermès o su reloj Cartier esté disponible por miles y en cada esquina del planeta? A nadie. Bienvenidos al mundo del lujo en cuotas.

  • 21 septiembre, 2007

 

 

Lujo: Descenso y expansión

El Club de los Jovenes Billonarios

Más que lujo, elegancia

Antártica: Un sueño menos inalcanzable

“El lujo es más fuerte hoy que nunca antes en Chile”

Ha llegado marca

Juguetes sofisticados

 

 

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Lujo: Descenso y expansión

 

Reconozcámoslo, al lujo se le acabó el garbo hace rato. Pero, ¿le importa a alguien que su carterita Hermès o su reloj Cartier esté disponible por miles y en cada esquina del planeta? A nadie. Bienvenidos al mundo del lujo en cuotas.Por Federico Willoughby Olivos.

 

 

Las cosas no siempre fueron como hoy. Antes, hasta los años 50, la gente solo podía soñar con llegar a tener alguna prenda o algún solitario artefacto de lujo, como un reloj Cartier, una exclusiva chaqueta Burberry (la prenda favorita de la realeza británica a la hora de pescar) o un Coco Chanel de dos piezas. Eran marcas que, por su exclusividad, podían adquirirse solo con mucho dinero y en contados lugares como la Vía della Spiga en Milan o Tiffany’s de Nueva York.

 

Fueron los años del lujo auténtico. Un imperio con origen en el reinado de los Borbon y los Bonaparte. Epoca fundacional para Louis Vuitton, Hermès y Cartier, que surgieron de los mismos artesanos que por generaciones habían diseñado los más delicados productos para la realeza francesa y los que tras la caída de la monarquía, tuvieron que encontrar nuevos clientes en la aristocracia europea y en la clase alta surgida a finales del XIX en Estados Unidos (los Vanderbilt, los Astor, los Rockefeller y el resto de los hijos pródigos de la revolución industrial).

 

Para ellos, el lujo no era simplemente un producto. Denotaba una tradición, una calidad superior y una indulgente experiencia de compra. Era un elemento natural y común en el estilo de vida de las clases más altas. Más importante que eso: era algo siempre producido en pequeñas cantidades, ojalá por encargo y para una exclusiva clientela.

 

Así, durante décadas. Específicamente, hasta el “verano del amor” de 1967 (la consolidación del movimiento contracultural de los hippies) que asestó al lujo su primer gran golpe en una década de asonadas. La esencia de este nuevo movimiento –la igualdad– puso al lujo en serios aprietos al señalarlo públicamente como algo pasado de moda (se le acusaba, y con razón, de ser uno de los promotores de la separación entre ricos y pobres).

 

Pasaron más de diez años para que el lujo volviera a ser tendencia. De acuerdo a Dana Thomas, autora del libro How luxury lost his lust, hubo que esperar el surgimiento de una nueva variable demográfica: la mujer ejecutiva soltera. “La meritocracia americana estaba en pleno apogeo. Cualquiera podía subir la escala social y económica y optar a los favores que el lujo ofrecía a quien pudiera pagarlo”. El ingreso per cápita había crecido de manera significativa en los últimos 30 años y tanto hombres como mujeres empezaron a dejar el matrimonio para más adelante y a concentrarse en gastar más en sí mismos.

 

Fue el principio del fin. Los grandes conglomerados vieron la oportunidad y no perdonaron. Compraron una a una las empresas dedicadas al lujo, administradas por añejados fundadores o incompetentes herederos. Los nuevos dueños convirtieron los talleres en marcas y se dedicaron a homogeneizar todo: las tiendas, los uniformes, los productos. Ya no buscaban vender poco de lo bueno, ahora querían vender bien y harto. Cambió el modelo de negocios. Las marcas de lujo centraron su target en un público mucho más amplio que los millonarios: la clase media emergente. El modelo económico de Reagan no pudo capitalizar el mundo, pero sí logró democratizar el lujo.

 

“Los nuevos dueños de estas marcas partieron popularizándolas, sin el más mínimo respeto por la tradición que contenían. Le refregaron al mundo entero el legado histórico y la tradición que simbolizaban cada una de ellas. Todo para darles un aire de producto de lujo legítimo a cualquier nueva prenda que decidieran comercializar. Fomentaron también a sus diseñadores para que hicieran shows de moda extravagantes y provocativos, eventos de millones de dólares destinados exclusivamente a generar la suficiente controversia para que terminaran como titulares de alguna sección de espectáculos” enumera la Thomas en su libro. “Gastaron también miles de millones de dólares en chocantes campañas de publicidad e hicieron sus marcas tan reconocidas y comunes como las zapatillas Nike o los autos Ford. Vistieron celebridades a cambio de que en cada gala donde hubiera un periodista le dijeran la marca que llevaban puesta. Empezaron a auspiciar eventos de alto perfil: Louis Vuitton, la Copa América de yates y Chopard, el Festival de Cannes. El mensaje era claro: compra nuestra marca y tú también vivirás una vida llena de lujo”.

 

Los productos de lujo se hicieron cada vez más masivos y disponibles. Los exclusivos ateliers se transformaron en tiendas replicadas por igual en cada punto del globo. El lujo llegó a los outlets, al duty free y a nuestro Alonso de Córdova. Adiós a la exclusividad, bienvenidos los millones. Muchos cientos de miles de millones. Los últimos cómputos hablan de un negocio que mueve 157 mil millones de dólares al año y va creciendo. Una torta, de la que Louis Vuitton, Gucci, Prada, Giorgio Armani, Hermès y Chanel recogen, individualmente, ganancias anuales que sobrepasan los mil millones. Bien por ellos.

 

Pero ojo: aunque nadie parece notarlo o admitirlo, el lujo hace rato que ya no tiene nada de exclusivo. Esa delgada frontera que alguna vez Coco Chanel trazó poniendo el lujo como “el comienzo del lugar donde terminan las necesidades” se levantó. Eso sí, por muchos millones y siempre en cómodas cuotas.

 

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El Club de los Jovenes Billonarios

 

Los nuevos ricos están cambiando, billete a billete, los protocolos del dinero. Trabajadores, de gustos caros y con bolsillos que no parecen tener fondo. A continuación, una radiografía de la nueva clase.Por Federico Willoughby Olivos

 

Por primera vez en la historia, Estados Unidos tiene más millonarios que Europa. Si en 1985 solo había 13 tipos con cuentas sobre los mil millones de dólares ahora son más de mil individuos. Tan solo durante el 2005, 227 magnates se integraron al club. Si sumamos sus bienes nos darían una cifra muy superior al producto geográfico de muchos países del mundo. Y no de los países subdesarrollados o pequeños. No se engañe: superior a economías muy grandes.

 

El ruso Roman Abramovich y su yate Eclipse. En los últimos años ningún país ha producido tantos magnates como Rusia.
 

Son una nueva raza, tipos que viajan por el mundo en jets privados y submarinos personales; que hacen concursos entre ellos para ver quien llega primero al espacio; que, en vez de terapia de pareja, van a grupos de apoyo para que los ayuden con el terrible problema que significa tener mucho dinero; no se apellidan ni Gates, ni Trump, son cientos de desconocidos que se hicieron ricos de un momento a otro, que probablemente nunca se lo esperaron, y que por lo mismo, están cambiando los protocolos sobre cómo ser millonarios.

 

“Hay que pensar que la mitad de la riqueza que existe en Estados Unidos fue creada en los últimos diez años. Los mil millones de dólares que amasó John D. Rockefeller en el negocio del petróleo, valdrían actualmente 14 mil millones. Es decir, la fortuna más impresionante de toda una generación ahora valdría menos de lo que vale el patrimonio de cualquiera de los cinco hijos del fundador de Wal- Mart, Sam Walton” señala Robert Frank, periodista del Wall Street Journal, en su libro Richistan.

 

Los nuevos ricos de Estados Unidos son diferentes a sus antecesores. Los de ahora son gente de esfuerzo, acostumbrada a trabajar 18 horas diarias, tipos que tuvieron una buena idea, se rompieron el lomo levantando su empresa, tuvieron éxito y, finalmente, vendieron por más dinero del que podrían gastar en sus vidas. Y no estamos hablando exclusivamente de las puntocom. En el club de los jóvenes billonarios hay de todo, desde los inmigrantes iraníes Paul y David Merage que inventaron Hot Pockets, una línea de sandwiches congelados que vendieron a Nestlé por 2 mil 600 millones de dólares; Sydel Miller un administrador de salones de Cleveland que creó una colección de shampoos que vendió en mil millones de dólares; James Leprino, un tipo que se obsesionó por crear el queso mozarella perfecto, lo logró, se transformó en el proveedor de las grandes firmas de comida rápida y que acaba de entrar en la cada vez menos exclusiva lista de multimillonarios de Forbes.

 

Representan una nueva generación. Tipos que sí, trabajaron duro para conseguir lo que tienen, pero que también se han preocupado por gastar. Y de una manera que jamás nos hubiéramos imaginado. Hasta hace algunos años, un yate de 40 metros de largo era algo imponente y apropiado. Ahora no. Actualmente, el largo que corresponde a un yate –para que pueda ser considerado de lujo– es de 60 metros y existe tal demanda por ellos, que si usted quisiera comprar uno tendría que esperar dos años. Y tampoco sería buen negocio. De aquí a que se cumpla ese tiempo van a estar en boga yates mucho más grandes. No por nada el jeque Mohammed Bin Rashid al Maktoum, príncipe heredero de Dubai, va estar, el próximo año, navegando el Dubai (en construcción y con más de 150 metros de largo), en tanto que el 2009 es la fecha en la cual zarpará el Eclipse, nombre clave de un yate que se mandó a construir Roman Abramovich, el empresario ruso que tiene como hobby comprar el mundo occidental. Su largo exacto es un misterio ya que su dueño quiere asegurarse a toda costa que sea el más largo del mundo.

 

Otra tendencia en cuanto a transporte VIP son los submarinos personales. Se estima que actualmente hay más de cien submarinos privados dando vueltas por los océanos.

 

 
El príncipe heredero Mohammed Bin Rashid al Maktoum y su yate Dubai.

En cuanto a los viajes más largos, los jet privados siguen siendo la mejor opción. En 2005, la venta de jets privados alcanzó los 13 mil millones de dólares (en 1995 “apenas” llegaba a los 3.300 millones) y si hace diez años el jet más caro era un G4 de 27 millones de dólares, hoy en día el G550 llega a los 47 millones. Eso sí, la lista de espera para hacerse de uno de ellos es tal (sobrepasa los dos años) que algunos ricachones, fieles a su veta de negociantes, están vendiendo su lugar en la fila por al menos un millón de dólares.

 

Los autos también continúan siendo un tema. Bob Austin, portavoz de Rolls Royce, dice sin complejos que antiguas marcas asociadas al lujo (BMW, Mercedes y Jaguar) han tenido serios problemas para mantenerse en este mercado. “Se han vuelto demasiado comunes” comenta en el libro de Robert Frank. Claro, este particular club prefiere comprar marcas como Maybach (antigua marca alemana que la Mercedes rescató especialmente para estos señores). Su modelo estrella, el 62, mide más de 6 metros de largo, puede alcanzar una velocidad de 250 kilómetros por hora y su precio es de 358 mil dólares. Es más, no se “venden” sino que son “presentados” y no por un simple vendedor sino que por un “ejecutivo en relaciones”. Por su parte, Rolls, tiene el Phantom, que no es otra cosa que una reingeniería del Silver Cloud, un auto que en los 60 sufrió el desprecio de los hippies y del movimiento contra el lujo. Pesa 2,5 toneladas, mide más de 5 metros y cuesta 320 mil dólares. El último de estos ejercicios de resucitación automotriz viene por parte de la Bentley, que tomó los diseños de los autos de los años 20 para desarrollar su Continental GT. Con un precio un poco más modesto (150 mil dólares) apenas se las arregla para cumplir con la demanda, aun cuando hay una orden corporativa de no promocionarlos (algo así como “el que sabe, sabe”). El arte es otro de los mercados favorecidos por el “club de jóvenes billonarios”.

 

Es un simple ejercicio de oferta y demanda. Las casas de esta gente son cada vez más grandes (por ende existen infinitas paredes que llenar), sus bolsillos son más profundos y el buen arte es algo que siempre escasea. El año pasado Ron Lauder (hijo de Estée) compró un cuadro de Klimt en frívolos 135 millones de dólares y a principios de este, un desconocido miembro del “club”, David Martínez Guzmán, desembolsó 140 millones de dólares por Número 5 de Jackson Pollock. ¿Los valía? “Cuando uno ve un Picasso de la etapa que corresponde a fines de los 60 salir por 15 millones, te das cuenta que esta gente está loca. Es, por lejos, Picasso en su etapa más débil. Esta gente tiene mucho más dinero que cerebro. Los galeristas están vendiendo estas obras como si fueran grandes piezas a compradores que obviamente no saben nada” comenta Barney Ebsworth, un coleccionista en arte especializado en el período de la postguerra. El total de sus cuadros está avaluado entre 200 y 300 millones de dólares pero hace tiempo que no compra algo. Este repentino interés por el arte ha catapultado los precios a niveles que ningún verdadero coleccionista pagaría.

 

Obvio, los nuevos ricos compran con los oídos, no con los ojos. Mientras más nombres reconocibles existan en sus livings, mientras más ceros pronuncien cuando hablen de sus autos y más metros midan sus yates, mucho mejor.

 

 

El negocio de ser diferente

 

El gran trauma de cualquiera que valga más de 10 millones de dólares (cifra mínima para entrar al club) es que en el fondo, dólares más, dólares menos, su vida no es tan distinta a la del vecino que tiene una buena situación. El jet propio y el auto grande son cómodos pero no inalcanzables. Por eso, está cada vez más de moda el “lifestyle managment”. Empresas que por un fijo anual, se encargan de hacer sentir a los millonarios como lo que son: gente diferente con acceso a los mejores privilegios.

Una de ellas es Mint Lifestyle, dedicada a crear “experiencias” para los ricos. Por 20 mil dólares al año, logran que uno vea el lanzamiento de un transbordador desde la primera fila del centro de control de Cabo Cañaveral; asistir a un safari en Sudáfrica que termina con una reunión con el propio Nelson Mandela; un tour privado por la torre de Londres o bien probar prototipos de autos BMW que probablemente nunca salgan a la luz. Son solo parte de los privilegios a los cuales acceden los miembros de estas agencias. ¿La idea? Dejar claro a los clientes que no son gente normal y que si se paga suficiente, el cielo es el límite.

 


 

 

Pobres niños ricos
En 1988 y con 51 años, Michael Sonnenfeld se retiró de su empresa de bienes raíces. Tenía su futuro asegurado, había vendido su parte del negocio en 10 millones de dólares, que se sumaban a otros tantos millones que había conseguido de otras actividades. Estaba listo para ser feliz… salvo que una vez que firmó la venta de su empresa se sintió vacío. Su negocio, el que había sido el centro de su vida por años, ya no estaba. Desesperado, se contactó con otros “colegas” que si bien habían vendido sus compañías por muchos dólares, también se sentían a la deriva. Con ellos formó el grupo Tiger 21, un punto de encuentro y apoyo abierto a cualquiera que pudiera pagar 25 mil dólares al año. La idea era conversar sobre posibilidades de nuevos negocios y, de alguna manera, generar oportunidades tan atractivas como las que habían tenido antes de vender sus compañías. Pero no fue lo que sucedió. En las reuniones, los ricos empezaron a conversar de los problemas que les había significado tanta riqueza. Esposas frías, hijos ausentes, familias destruidas por la ambición fueron solo una pequeña parte de los problemas que se escucharon en las reuniones. Sin quererlo, los millonarios habían encontrado su mejor terapia: hablar con otros millonarios que los entendieran. Y ha sido tal el éxito que Tiger 21, a pesar de ser la terapia más cara del planeta, está por abrir oficinas en Europa y Asia. ¿Quién dijo que los ricos no lloran?


 

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Más que lujo, elegancia

 

El gerente general de Interdesign está decidido a sacarle a la palabra lujo todas sus connotaciones anticuarias y versallescas.Por Rodrigo Guendelman.

 

En los años 80, un letrero que decía Interlübke colgaba de una tienda de decoración que quedaba en Isidora Goyenechea. Eran los tiempos del club Regine’s, ubicado donde hoy está el Friday’s, y de una calle y un barrio que, aparte de estas dos excepciones, solo conocía residencias familiares. Ha pasado casi un cuarto de siglo, las cosas han cambiado demasiado, pero la gigantesca tienda de dos mil metros cuadrados sigue ahí. Se llama y siempre se llamó Interdesign, “pero fue ese gran cartel en la calle que decía Interlübke el que confundía a la gente”, explica Sebastián Núñez (34), su gerente general desde 2005.

 

Agrónomo de la UC, Sebastián trabajó cinco años administrando campos destinados a la fruta. Hasta que se casó y a las dos semanas se fue con su señora a Australia a hacer un MBA de la Universidad de Queensland. “La idea era hacer un cambio de giro, aunque nunca me imaginé que iba a ser tan rotundo. Pero, de una u otra forma, mi familia tiene que haber influido porque mi papá es arquitecto, mi mamá es profesora de arte, tengo dos hermanos arquitectos y una hermana diseñadora”, cuenta. Su mujer, también diseñadora, es la hija de Eduardo Godoy, un adelantado del diseño y fundador de Interdesign, ahora completamente dedicado a su proyecto Ocho al Cubo en Marbella. “Mi suegro nos asesora y ayuda en proyectos de iluminación, pero con mi señora creamos una sociedad nueva que es la que administra Interdesign y le pagamos un arriendo a él”, señala Sebastián. Y agrega que, “por el tamaño de la propiedad donde funciona la tienda, cualquier otro negocio sería más rentable. Incluso se podría construir un edificio de ocho pisos. Pero la gracia es mantener el sueño de Eduardo, que partió con esto. Se trata de vender buen gusto, arte, un poco de magia e ilusión. Entonces, es bueno que permanezca”. Con un 95% de proveedores italianos, marcas como Alessi, Cassina, Driade, Zanotta y Artemide; y productos que pueden costar varios millones de pesos, Sebatián Núñez tiene como objetivo cambiar la percepción de su empresa. “Por años, Interdesign era sinónimo de ser una de las tiendas más caras de Chile. Yo quiero hacer ver a la gente que eso no es así. Obviamente hay productos muy caros, pero porque son objetos limitados y de una manufactura especial. Ahora, la idea es abrir el mercado a gente joven a la que le interesa el diseño y masificar esto en las nuevas generaciones”, dice y añade que “trato de que el gusto por el diseño sea algo más cercano a la gente, de no ponerme en la categoría de lujo que lo hace tan exclusivo que reduce mi público. Hemos traído productos para gente joven, como objetos de decoración de Alessi, sillas y plásticos de Magis, muebles y objetos de Driade y lámparas de Artemide. Por eso contamos cada vez más con público joven que viene habitualmente a la tienda. Ese es un público que antes no teníamos”.

 

Le preocupan los conceptos a este joven gerente. Lo que puedan trasmitir, sobre todo si se trata de una idea incorrecta. “En algunas personas, la palabra lujo causa rechazo y puede generar distancia. Cuando yo pienso en lujo me imagino una casa con muebles Luis XV, todo de mármol y con candelabros de cristal. Esto, en cambio, es diseño contemporáneo, uno mucho más cercano a la gente joven”, aclara.

 

No obstante, la cabeza de Interdesign cree que la entrada en este último tiempo de varias tiendas de lujo de áreas tan diversas como ropa, joyería, zapatos, perfumes o los mismos objetos de decoración, “lo que hacen es masificar este mercado y eso es bueno para nosotros”. Pero vuelve a aclarar los conceptos. “Cuando uno ve marcas como Ferragamo, Ermenegildo Zegna u otras tiendas que traen muebles italianos, es porque hay un mercado creciente. No sé si llamarlo lujo, son cosas de buen gusto. Lujo solo por el precio”.

 

Al igual que en otros rubros destinados a clientes de alto poder adquisitivo, Sebastián Núñez también siente que hay un deseo de exclusividad cada vez más grande en Chile. “Hay gente que dice tráeme esto y no lo traigas más o fui a Paris y vi una lámpara que me gustó, ¿me puedes ayudar a encontrarla? Trabajamos mucho con pedidos especiales para clientes.

 

De hecho, hace unos días vendimos una lámpara de doce millones de pesos. La gente siempre ha añorado lo exclusivo. Incluso hay personas que vienen a ver los catálogos porque no quieren comprar lo que está acá. O sea, les gustan los muebles, pero quieren tener en su living o en su casa algo especial, que sorprenda. Este apetito por las cosas exclusivas se da más en los clientes que viajan mucho”.

 

Contento con esta nueva vida llena de objetos bonitos, y convertido ahora en un amante del diseño, hay un tema que Núñez considera la gran deuda de su actual cargo y que no deja de pesarle. “En Interdesign las únicas cosas chilenas que hay son los muebles de Cristián Valdés, porque se trata de los únicos iconos de diseño de este país reconocidos a nivel mundial. Ojalá hubiera muchos más, pero es la realidad. Una pena. Una gran pena”.

 

 

Cifras del mercado chileno

 

• El negocio del lujo mueve en el mundo 200 mil millones de dólares. De esos, 6 mil millones corresponden a América latina, incluido México.• En Chile, menos del 1% de la sociedad consume artículos de lujo, estimando un total anual de ventas en el sector del orden de los 800 millones de dólares.• Actualmente, el crecimiento estimado del mercado del lujo en Chile es de 6,5 %, anual. Sin embargo, de acuerdo a las condiciones económicas éste podría alcanzar entre el 15 y 16% anual.


• Estudios internacionales muestran que cuando una persona pasa la brecha de un salario mensual de 3 mil dólares empieza a consumir productos y servicios de lujo. En Chile, un 10% de los hogares tiene un ingreso superior a esta cifra.
• El número de familias chilenas con más de 100 mil dólares en activos líquidos invertibles pasó de 50 mil en 2004 a 70 mil en 2006, es decir, aumentó en un 40%. La mitad de estas familias posee fortunas por sobre los 5 millones de dólares.


• En Chile existe un Comité del Lujo que integran 23 marcas de diversos orígenes: seis italianas, cinco francesas, tres locales, dos alemanas, dos estadounidenses, una belga, una austríaca, una de Gales, una de Dinamarca, una de Escocia, una de Japón y una de España.


• En ese comité están presentes la moda, joyería y relojería, mobiliario y decoración, cosmética y perfumes, vinos, aguas minerales, hotelería, tecnología, cruceros, aeronáutica y licores. Algunas de las marcas que forman el grupo son Atilio Andreoli, Cartier, Prada, Lancome, Mercedes- Benz, Gianfranco Ferré, The Ritz- Carlton Santiago, Val Saint Lambert, el vodka Grey Goose, los vinos Altair y Casa Lapostolle, Christofl e y Ferragamo, entre otras.


Fuente: Comité del Lujo A.G. y www.negociodellujo.cl


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Antártica: Un sueño menos inalcanzable

 

¿Un lujo? Depende por dónde se mire. Ir al continente helado es una experiencia radical y distinta, cualitativamente incomparable con los que suelen llamarse viajes de placer.

 

Poco más de tres millones de pesos. 5.990 dólares para ser exactos. Eso cuesta la habitación más económica, por persona y en cabina doble, de la motonave Antarctic Dream, el primer crucero de capitales chilenos que llega a la Antártica. ¿Caro? Depende. Es mucho más barato que ir a la luna y, sin duda alguna, se trata de uno de los destinos más remotos, inexplorados, lejanos y deseados por el hombre.

 

Si uno vuelve a pensar en la cifra y considera factores como la posibilidad de bajar del barco y caminar por el continente antártico (algo que muchas embarcaciones no pueden hacer por su tamaño, pero éste sí); que el viaje dura diez noches y once días, que la pieza tiene baño privado y circuito cerrado de televisión; que todas las comidas están incluidas y son de primera categoría, que el barco tiene bar, biblioteca y sala de proyección; que a uno le enseñan historia, geografía, ornitología y geología de todas las zonas que se recorren. Entonces dan ganas de vender el auto, endeudarse o usar parte de los ahorros y comprarse un pasaje.

 

Doce millones de dólares invirtió la empresa que integran Mario Kreutzberger, Peter Hiller, Christopher Schiess y el norteamericano Richard Huber, entre otros accionistas, en remodelar el Piloto Pardo, barco de la Armada que hizo más de treinta viajes a la Antártica y que fue completamente intervenido por Asmar. Hoy se llama Antarctic Dream, tiene 39 cabinas dobles de distintas categorías, cuatro suites y 16 cabinas superiores, todas ellas con vista externa.

 

El recorrido parte en el puerto de Ushuaia, Argentina. Se navega por el Paso Drake, las Islas Shetland del Sur y la Isla Rey Jorge, puerta de entrada a la Antártica. Luego se cruzan los Estrechos de Bransfi eld y de Gerlache hasta la Caleta Neko.

Tras el Canal Lemaire, se llega a la Isla Petermann, donde está la colonia más austral de pingüinos Papúa. En todos estos lugares, la motonave ofrece expediciones diarias para hacer recorridos a pie. El viaje de regreso hasta Ushuaia se inicia pasando por las islas Cuverville y Decepción; finalmente, se desembarca en Caleta Balleneros y Caleta Péndulo, donde uno puede bañarse en aguas que superan los cero grados.

 

La expedición se puede tomar entre noviembre y marzo de cada año. Más información en www.antarctic.cl o en el teléfono (02) 481 6910. (R.G.)

 

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“El lujo es más fuerte hoy que nunca antes en Chile”

 

Pablo Pries, el hombre que está detrás de la Expolujo y que este verano tendrá su cuarta edición, se concentra en este nicho de mercado. Exclusivamente, como corresponde.

 

Imagine la siguiente situación: un helicóptero que sobrevuela el volcán Villarrica se detiene justo sobre su cráter. Un tipo afirmado a una cuerda elástica salta. Nadie muere. Nadie saborea la lava volcánica. Simplemente se trata de hacer benji en una situación absolutamente original. “Para eso está la Expolujo”, explica su fundador y director Pablo Pries, “para que tengas la oportunidad de subirte a un helicóptero de varios millones de dólares, dar una vuelta gratis por los alrededores y, si te atreves, tirarte en benji con vista al interior del volcán”. Para eso y también para observar de cerca los nuevos modelos de relojes Rolex, autos Mercedes Benz, vodkas de 200 dólares, joyas, caviar de huevos de esturión y otros productos y marcas que ya han confirmado su presencia en esta cuarta edición del evento que se dedica 100% al lujo.

 

Esos días serán el 9 y 10 de febrero. Y el lugar elegido es el Hotel Villarrica Park Lake. “Solo se podrá asistir con invitación, habrá unos 25 expositores y esperamos unas 2 mil personas. Pero más que la cantidad de gente, lo importante es que llegue público con gusto y poder adquisitivo”, comenta Pries.

 

Y aprovecha de hacer una reflexión respecto del rubro que bien conoce. “El lujo es más fuerte hoy que nunca antes en Chile. Todo está upscale, hacia arriba. La gente está cada vez más exigente, quiere mejorar lo que tiene, y la competitividad hace que todos nos movamos por objetivos. Cada cual quiere tener más. La gente que tiene dinero y que puede comprar cosas de calidad superior es realmente exigente con el dinero que va a gastar. Hace valer su dinero. Por ejemplo, el pasajero de turista quiere viajar en business, el que compra un auto caro quiere mantención gratis, el que tiene un Audi de cuatro cilindros quiere el de seis y después el de ocho”.

 

Para este empresario argentino, la mejor demostración del boom del lujo se da en nuestras propias narices. “Santiago ha escalado a un nivel sin precedentes, solo comparable con Ciudad de México”, dice. Basta recorrer un par de cuadras en Alonso de Córdova y Nueva Costanera, ver las tiendas de Ferragamo, Ermenegildo Zegna, Hermés y la construcción de la primera tienda de Emporio Armani para creer cada palabra que sale de la boca de Pablo Pries.

 

Como el tema le gusta y entiende bien el nicho al que se dedica, el hombre está a punto de debutar con otro emprendimiento relacionado con su especialidad.

 

“Voy a lanzar un catálogo de compras de lujo para clientes de salones VIP de todos los aeropuertos de Chile. Porque salvo el aeropuerto de Santiago, ningún otro tiene duty free. El catálogo se llama VIP World y permitirá acceder a productos de lujo por teléfono o vía web. Imagínate que si hoy quieres comprar una corbata Monferrato en Calama, no tienes ninguna opción. Esta será la manera”. Por donde se lo mire, un negocio de lujo.

 

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Ha llegado marca

 

Hay solo 25 tiendas Bogner en el mundo. Y en Santiago acaba de abrir sus puertas la más reciente. Es la aristocracia en materia de ropa para los deportes invernales y la trajo al país un profesor de esquí argentino que tiene fuertes conexiones con el Beau Monde. Por Rodrigo Guendelman

 

Willy Bogner fue campeón alemán de esquí y medallista olímpico en slalom gigante. El argentino Chino Martínez salió segundo en el Mundial de Esquí Sincronizado de 2002, en la ciudad de Vail. Bogner fue doble de Roger Moore en la película La espía que me amó (1977), parte de la saga 007. Martínez lleva más de tres años dando clases personalizadas de esquí al actor español Antonio Banderas y a su mujer, Melanie Griffith. Willy filmó, él mismo, las tomas de esquí en movimiento en las películas de 007 Al servicio de su majestad (1969), Solo para tus ojos (1981) y En la mira de los asesinos (1985). El Chino entrena en la nieve al príncipe Bandar de Arabia Saudí, el mismo que aparece en Fahrenheit 9/11, la película de Michael Moore. Willy Bogner es el dueño de la exclusivísima marca alemana Bogner, especialistas en ropa de esquí y golf. El Chino Martínez tiene la única representación de Bogner en América latina. Willy y el Chino son amigos. Se conocieron esquiando en Aspen, Colorado, Estados Unidos.

 

Deseada por los esquiadores de todo el mundo. Tan elegante como Prada, pero más técnica. Con la calidad puesta en los detalles, hasta el punto de que los brillantes de sus poleras son todos de Swarovski y la pluma de sus parkas es solo del pecho del ganso, a Bogner –en tanto marca– le dicen la “Christian Dior del esquí”. Y la historia lo avala: Fue en los años 30 que los padres de Willy empezaron con este negocio enfocado en la ropa de montaña. Posicionada en el segmento más alto desde sus inicios, Bogner es lo que usan los reyes de España, Claudia Schiffer o Boris Becker cuando suben a esquiar. Su exclusividad, eso sí, no se limita a los precios y a sus clientes, pues resulta difícil encontrar una tienda Bogner. Hay apenas 25 en todo el mundo, divididas entre Europa, Japón, China, Rusia y, ahora, Chile.

 

“No es que de un día para otro Bogner se vino a Chile”, explica el Chino Martínez quien es socio en esta empresa junto a su señora, Javiera, y su suegro Guillermo Munizaga. “Hace dos o tres años que estamos hablando con ellos. Vinieron a conocer Chile, estuvimos en Valle Nevado, Portillo, Santiago. Cuando vieron la montaña al lado de una ciudad de cinco millones de habitantes, algo que no pasa en ninguna otra parte del mundo, no lo podían creer. Pero lo otro, y siempre hablo de esto, es la amistad que se da entre esquiadores. Todo ayudó a que finalmente dijeran vamos”.

 

Martínez conoció a Bogner en Aspen, cuando el alemán fue a hacer un test de los esquís Bogner y él era profesor en ese lujoso centro de esquí. “Hace once años que doy clases de esquí en Aspen. Partí mi carrera en Bariloche y uno de los directores de la Escuela de Ski era austríaco. Gracias a él, hace 17 años empecé a viajar a Europa a dar clases y a competir. Estuve dos años en Austria, luego me fui al este de Estados Unidos: a Nueva York, Vermont, New Hampshire. Fueron seis años en que la mitad del año la pasaba en Estados Unidos y la otra mitad en Argentina. Luego empecé a hacer clases en Aspen y, al poco tiempo, intercalaba semestralmente con Portillo.

 

En Portillo llevo ocho años y en Aspen once” cuenta este argentino.

 

Y ese es otro punto de encuentro con Willy Bogner, pues el hombre que lleva el apellido de su empresa vino al mundial de esquí de 1966 en Portillo, donde ganó la carrera de slalom gigante. Se suponía que la inauguración de la primera tienda Bogner en América latina traería de vuelta a Willy a nuestro país, pero problemas de salud le impidieron estar aquí el 17 de agosto, el día que abrió la puerta el elegante espacio de Alonso de Córdova 2791. Unos de los pocos lugares donde se encuentra la colección completa de la marca, es decir Bogner esquí –que incluye unos increíbles esquís de bambú hechos a mano, fijaciones, bastones y un bolso, todo por 3 millones seiscientos mil pesos–, Bogner Golf, Sonia Bogner, Fire and Ice, Bogner hombre, Bogner mujer, Bogner Watch, Jeans, Gloves, Eyes y Accesorios.

 

Chino Martínez sabe que podría seguir haciendo clases el resto de su vida: “Si vas a Portillo, hay una profesora que se llama Heidi Knaus y que es toda una institución. En Aspen hay un profesor que es leyenda, tiene cerca de 80 y no para”.

 

Pero descartó ese horizonte al decidir jugársela por esta empresa que rápidamente está mostrando frutos. “Hay gente que ya nos está pidiendo importaciones exclusivas”, dice con la seguridad de un tipo que sabe de negocios no obstante que hasta ahora lo único que ha hecho toda su vida es esquiar. Mal que mal, conversando en los andariveles con alumnos como Tim Forbes, uno de los dueños de la revista Forbes, se puede aprender más que en tres MBA.

 

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Juguetes sofisticados

 

 

No es televisión, es B & O


 

Este increíble televisor de los daneses Bang & Olufsen, el BeoVision 9 –cuya pantalla mide 50 pulgadas– cuenta con una nueva tecnología de sensores que miden la luz y aumentan la sensibilidad y la precisión del control de imagen automático. El BeoVision 9 dispone también de Beo- Media 1, lo que permite utilizar todo tipo de soportes digitales (fotografías, música, radio por internet) sin necesidad de tener un computador. Lo más atractivo es su capacidad de almacenamiento de 250 GB, que permite guardar hasta cien mil fotos y miles de canciones o video clips. Además, se puede grabar, reproducir, realizar una pausa y reanudar la reproducción de programas.

 

Acerca de su precioso diseño, qué mejor que un pequeño gran detalle para mostrar las cuidadas terminaciones: el marco de aluminio se corta con diamante para lograr una precisión absoluta. Y si se trata de colores, uno puede elegir entre gris, negro, gris oscuro, rojo y azul. Otro detalle notable: el BeoVision 9 lleva un soporte de pie motorizado que gira hacia la posición de visión favorita al encenderlo, y vuelve a su posición de descanso al apagarlo.

 

Con respecto a los parlantes que uno puede usar con este televisor, es importante dejar claro que todos los parlantes BeoLab son compatibles con el BeoVision 9 y se pueden conectar a éste para crear una experiencia de sonido surround completa. Ahora, en el caso específico de esta fotografía, se ven los BeoLab 9. Estos parlantes esconden un secreto espectacular que se llama Acoustic Lens Technology. Es una innovación de Bang & Olufsen que permite que el parlante sepa, a través de un lente, dónde está la persona que escucha y, por lo tanto, el sonido se adapte a esa ubicación.

 

El televisor Beovision 9 cuesta poco más de $13 millones. Y el par de parlantes BeoLab 9, $6.307.000. Bang & Olufsen, Alonso de Córdova 2850. Teléfono: 953 5055.

 

 

Sueño con hélices


 

El helicóptero Bell 430 tiene una capacidad máxima de diez pasajeros, aunque su confi guración corporativa ha sido pensada para ocho personas. Posee dos turbinas Rolls Royce de 701hp cada una, está habilitado para volar por instrumentos, posee una tremenda capacidad interior para ir muy cómodo y un amplio espacio para equipaje. Viene en dos versiones: con tren de aterrizaje rígido y con la alternativa de ruedas retráctiles. Su valor varía entre seis y ocho millones de dólares, dependiendo la confi guración que se elija.

 

Eagle Copters South America S.A., representante de Bell Helicopters para Chile. Av. Vitacura 5093 Of. 1102. Teléfono: 228 0500.

 

 

Unico, grande y, ojalá, nuestro


 

Entre los parlantes más deseados del mundo, este modelo de la marca italiana Sonus Faber destaca con mayúsculas. Se llama Stradivari Homage y, como su nombre lo adelanta, es un homenaje al violín. Dicen los que lo han escuchado en acción que es lo más cercano al sonido perfecto. Que si uno tiene la oportunidad de probarlo, la emoción brota en forma inmediata, apenas se siente la primera nota.

 

La frecuencia de respuesta va de 22 Hz a 40.000 Hz. La potencia se mueve entre 30w y 300. Sus medidas son 1370 x 655 x 500 mm y el par pesa 150 kilos. Precio: $22.400.000.

 

Sound Advisors, LaPastora 121 Local 101, Las Condes, teléfono: 234 5576 y Mall Los Trapenses, Local 211. Teléfono: 216 0950.

 

 

Scotch de colección


 

La mezcla The John Walker 1805 Pack fue creada especialmente como homenaje al padre de la marca. Es una mezcla de whiskies extremadamente selectivos y raros, muchos de ellos de destilerías ahora difuntas.

 

Todas tienen entre 45 y 70 años. Solamente se produjeron 200 botellas, cada una de las cuales tiene un precio de 20 mil dólares.