Convertida este año en el segundo destino de las inversiones chilenas en el exterior, Colombia –la grande, atractiva y por tantos años atribulada- atrae las miradas de grandes, medianos y hasta pequeños empresarios. Casi 46 millones de habitantes, un ingreso per cápita en crecimiento y una promesa de estabilidad política, económica y social, llevan a la banca internacional a recomendar “poner el ojo” en la nación cafetera. Problemas por resolver: desempleo, informalidad laboral, déficit en infraestructura y un complejo sistema tributario. Cristian Rivas N. Enviado especial a Bogotá.

  • 16 noviembre, 2010

 

Convertida este año en el segundo destino de las inversiones chilenas en el exterior, Colombia –la grande, atractiva y por tantos años atribulada- atrae las miradas de grandes, medianos y hasta pequeños empresarios. Casi 46 millones de habitantes, un ingreso per cápita en crecimiento y una promesa de estabilidad política, económica y social, llevan a la banca internacional a recomendar “poner el ojo” en la nación cafetera. Problemas por resolver: desempleo, informalidad laboral, déficit en infraestructura y un complejo sistema tributario. Cristian Rivas N. Enviado especial a Bogotá.

Caminar por las calles de Bogotá es como hacerlo por cualquiera de las grandes ciudades latinoamericanas. Casi no hay diferencias perceptibles, salvo tal vez el acento de quienes pasan por tu lado mientras avanzas por las largas avenidas que unen toda la ciudad en dirección norte-sur. La capital colombiana se mueve como cualquier otra. Con muchos vehículos en las calles –particularmente taxis, que acá son de color amarillo y bastante pequeños– y tacos kilométricos (trancones, en jerga local) que pueden hacerle perder a uno más tiempo del que se imaginaba.

Si se recorre la ciudad de un extremo a otro es posible ver de todo. Riqueza, pobreza, muchos edificios en construcción como prueba del auge que experimenta el país, variados centros comerciales, bancos por doquier y gente caminando en todas direcciones. Algo que quizá pasa desapercibido para los transeúntes locales, pero no para el extranjero, es el alto énfasis puesto en la seguridad pública y privada. Hay policías en casi todas las esquinas, militares en torno a las reparticiones públicas y guardias con perros en los más de los edifi cios empresariales.

El emblema patrio colombiano flamea a media asta en el edificio del Congreso, en señal de respeto por la muerte del ex presidente argentino Néstor Kirchner.

Ese tal vez sea uno de los pocos puntos de diferenciación con Santiago, pero es comprensible si pensamos que hace una década Colombia estaba sumergida en graves problemas de funcionamiento interno por la guerrilla y el narcotráfico, flagelos que fueron intensamente atacados por el gobierno del presidente Alvaro Uribe y cuya línea continúa su sucesor, Juan Manuel Santos. De hecho, la pelea contra las FARC ha quedado circunscrita a espacios muy restringidos, particularmente en la selva, “liberando” a las ciudades de cualquier foco de conflicto y, de paso, también a los campos y suelos agrícolas.

Los resultados son admirables. Mientras en 2002 el número de secuestros rondaba los 3 mil por año, en 2009 la cifra se redujo drásticamente a 214, un 90% menos. Otro dato: los actos de terrorismo, situados en 1.645 casos en 2002, cayeron a 486 el año pasado; es decir, 70% menos.

Por eso, la mejor palabra para describir a Colombia hoy día es libertad. Todos se refieren a ella en buenos términos: desde el taxista que te recoge en la calle, hasta el más top de los empresarios. Libertad que hacía falta luego de varias décadas de temor y angustia. Algunos comparan la situación actual del país al proceso de crecimiento de una flor: el capullo acaba de abrir sus pétalos y el polen está atrayendo la mirada de todas las abejas. Por eso se explica que en el mundo, y particularmente en Chile, muchas empresas estén viendo cómo aprovechar las oportunidades de negocios que se abren.

De momento, hidrocarburos y minería están a la cabeza de las principales inversiones que llegan desde el exterior. En conjunto, estos sectores están atrayendo el 55% de todos los capitales foráneos, calculados en 10 mil millones de dólares para este año. Esto tiene una razón de ser. La Cordillera de los Andes, dividida en tres cadenas montañosas en este país, guarda una riqueza considerable de recursos mineros de todo tipo. Hasta ahora las mayores explotaciones son de carbón y minerales preciosos, pero se sabe de la existencia de cobre y otros no metálicos. De hecho, el grupo Luksic está interesado en desarrollar proyectos en este país y –recientemente– algunos de sus ejecutivos, liderados por Jean Paul Luksic, se reunieron con autoridades del gobierno de Santos para analizar estas opciones.

Claro que los últimos hallazgos de petróleo son la guinda de la torta de la pujante economía colombiana. El país produce hoy unos 800 mil barriles diarios del hidrocarburo, sobre un requerimiento propio de no más de 400 mil barriles, y esperan que la producción total, gracias a los nuevos descubrimientos en la selva amazónica, les sirvan para llegar en los próximos cinco años a unos 1,2 millón de barriles diarios de producción, transformándose en una actor mundial relevante. Dicho sea de paso, al tratarse de una zona de explotación muy cercana a la frontera con Venezuela, la nación cafetera está captando los recursos foráneos que se aburrieron del regimen chavista.

 

Pujante clase media

Pongamos sobre la mesa algunos datos sobre el atractivo del país. Lo primero es señalar que se trata de la cuarta economía de América latina en términos de tamaño. Eso ya es power. Sus 430 mil millones de dólares de Producto Interno Bruto (ajustado por poder de paridad de compra) lo sitúan sólo detrás de Brasil, México y Argentina. Sumado a esto, un hecho importante es que se trata de la tercera nación en importancia en cuanto a número de habitantes, con casi 46 millones de personas, distribuidas homogéneamente en varias grandes ciudades con más de 1 millón de habitantes, entre las que destacan, además de Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga.

Lo más atrayente es que, precisamente, el buen desempeño económico de los últimos años (con un crecimiento promedio en torno al 4,5% en la última década) ha elevado el ingreso per cápita –hoy situado en unos 9.500 dólares por persona– y con ello se ha ido forjando una creciente clase media, con cada vez mayor poder adquisitivo.

Luis Carlos Villegas, presidente de la ANDI, la principal asociación de empresarios, símil de la CPC en Chile, dice que en la próxima década el país sobrepasará los 50 millones de habitantes y, con ello, se sumarán a las redes de consumo unas 15 millones de personas, casi la población entera de Chile. “Eso quiere decir que Colombia será atractiva para todos los sectores empresariales”, concluye.

Esto explica que casi todos hablen de la Nueva Colombia. Aquella que todavía tiene que enfrentar muchos problemas internos –alto desempleo, mucha informalidad, pobreza y baja infraestructura, entre otros–, pero que en definitiva cuenta con la base de las oportunidades para crecer sostenidamente por mucho tiempo. Más, si se tiene a la vista que tras años de mantener como socios principales a Estados Unidos, Venezuela y México, hoy está impulsando férreamente sus lazos con Asia, el epicentro del crecimiento mundial.

Para hacerse una idea del momento que vive la nación, varios expertos lo sitúan en una posición similar al Chile de fines de los 80 o comienzos de los 90, justo el momento en que nuestro país comenzaba a poner en marcha una parte importante de su desarrollo económico.

El gobierno también tiene una visión optimista de lo que viene en el mediano plazo. Hace pocas semanas, el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, sostuvo frente a la Asamblea del Fondo Monetario Internacional (FMI) que está convencido de que el decenio que recién se inicia será “la década de Colombia”, porque gracias al crecimiento esperado, en torno al 5% anual, el país será capaz de enfrentar de mejor forma todos sus problemas de pobreza e infraestructura y desarrollará una pujante clase media, junto con diversificar al máximo sus exportaciones hacia otras zonas relevantes en el mundo, particularmente en Asia, donde está buscando desarrollar acuerdos de libre comercio.

Reformas urgentes: tributaria y laboral

La ciudad cafetera de Pereira, en la región centro-occidente del país, ostenta un desempleo superior al 20%. Algo así como un mal endémico, dicen los más pesimistas. Pero ello no impide que dos grandes cadenas de ventas por departamentos, la local Almacenes Flamingo y la chilena Falabella, anuncien la apertura ahí de sendas tiendas. “La facilidad de créditos que ofrece Flamingo muchas veces se acomoda a las personas que no tienen empleos formales. Llegamos a familias logran un ingreso, así sea informal”, dijo a la prensa su gerente general, José Alejandro Restrepo.

Asesoría del ex ministro Velasco
Colombia está muy interesada en imitar varios de los avances que ha desplegado Chile en su proceso de modernización. El embajador chileno en ese país, Gustavo Ayares, explica que entre los aspectos que el país cafetero desea profundizar están los esquemas de políticas públicas, en cuanto a gestión, buen gobierno y transparencia. En ese sentido, afirma que la embajada ha trabajado en asesorías sobre el ingreso de Chile a la OCDE -Colombia ha comprometido su ingreso también-, sobre el modelo de concesiones de obras públicas y, próximamente, en diciembre convocarán a un taller sobre el mercado laboral, capacitación y otros temas de esa área.

Cercanos al gobierno colombiano cuentan que el ex ministro de Hacienda chileno Andrés Velasco estuvo hace poco asesorando al actual titular de esa cartera, Juan Carlos Echeverry, en materias relacionadas con cómo manejar los superávits en época de vacas gordas, porque el país está interesado en replicar modelos macroeconómicos como el fondo de estabilización de precios del cobre chileno.

Por otro lado, la cercana relación entre Colombia y Chile se reflejó, por ejemplo, en la visita que hizo el presidente Santos a nuestro país antes de asumir el mando en agosto pasado, relación que se profundizará con la visita prometida por Sebastián Piñera para fines de este mes.

Es una opción: adaptarse a las condiciones socioeconómicas del país. Pero ello no resta mérito a los esfuerzos que desarrollan las autoridades para generar empleo y formalidad (después de todo, el representante de Cepal calificó a Colombia como el “campeón de la informalidad”).

Ese empeño ha permitido bajar el índice de cesantía a menos del 12% desde el 20% que llegó a tener en sus peores tiempos. Claro que para seguir este proceso se podría necesitar una reforma general al sistema laboral, según describe el director ejecutivo de Fedesarrollo, Roberto Steiner.

La institución que dirige, similar al Instituto Libertad y Desarrollo en Chile, plantea que dada la alta informalidad de los trabajadores (casi el 60% de los empleados trabaja de manera informal) es necesario que el país reestudie su sistema de cargas impositivas –además de previsión y salud, existen descuentos para varias otras organizaciones de tipo social–, las que en su globalidad suman incluso cerca del 50% de un salario. Además, es un convencido de que el salario mínimo en torno a los 300 dólares es muy alto en comparación al PIB per cápita del país y es restrictivo para muchas empresas, por lo que propone reducirlo.

Otro consenso es que se requieren cambios urgentes sobre el actual sistema tributario, que en términos sencillos tiene implementados nueve tipos distintos de IVA y un impuesto a la renta de 33%, uno de los más altos en América latina. O sea, impuestos altos, pero muchos y enredosos sistemas de exenciones.

De hecho, Daniel Piccioto, empresario y presidente de una de las principales empresas productoras e importadoras de licores (de la misma familia que en Chile es dueña de la Viña Undurraga), plantea mejorar la aplicación de las leyes sin necesidad de recurrir a interpretaciones, que es lo que ha hecho en definitiva que Colombia tenga una alta tasa de evasión y elusión.

Otros hablan también de aunar los criterios e instaurar una tasa de IVA uniforme para todas las transacciones. O reducir el impuesto a la renta, porque hoy además conviven con un régimen especial de exención a ciertas zonas libres de impuesto, donde pocos tienen claridad de quién puede y quien no puede acogerse a ese beneficio.

Juan Pablo Cordoba, presidente Bolsa de Valores de Colombia:
“La integracion de las bolsas impulsara las economias”
-¿Cómo y por qué surgió la idea de integrar las bolsas de Colombia, Perú y Chile?

-Surge ante la necesidad de las bolsas latinoamericanas de generar una mayor dinámica para nuestros mercados de valores y de conseguir un papel más preponderante en el escenario internacional de inversión.

-¿Qué beneficios traerá concretamente esta integración?

-Más opciones de inversión para los clientes de cada país, más formas de conseguir recursos para las empresas y más oportunidades de crecimiento para los intermediarios de los tres países. Esto hace parte de un círculo virtuoso que impulsará aún más las economías de las naciones.

-¿En qué consiste? ¿Se mantiene el individualismo de cada una?

-Sí, las bolsas mantienen su autonomía y lo único que hacen es integrar sus plataformas de negociación de acciones.

-¿Hacia dónde debiese avanzar este tema en el futuro? ¿Integrar otras bolsas, por ejemplo?

-No se descarta esa opción, pero por ahora estamos muy concentrados en el paso inicial que es integrar los mercados de Chile, Colombia y Perú solamente.

-¿La idea es que empresas de los distintos países se listen en alguno de estos países, también? ¿O al revés… que personas de los distintos países puedan acceder a títulos en estas bolsas sin restricciones?

-Las empresas no necesitarán inscribirse en más de una bolsa del mercado integrado, porque todos los inversionistas van a poder invertir en sus acciones a través de las comisionistas locales. Todos los inversionistas van a poder comprar y vender las acciones de las empresas de los tres países sin restricción. Obviamente, respetando la regulación y pagando las tarifas que cada intermediario tenga.

-¿Qué opinión tienen de la bolsa chilena y del mercado de capitales en general?

-Es una plaza bursátil muy importante para nosotros, sobre todo por su tamaño y porque es complementaria en varios aspectos. Uno de ellos es precisamente que tiene inscritas empresas de servicios muy importantes y de gran tamaño, lo que podría ser interesante para nuestros inversionistas cuando la integración empiece a operar.

Gustavo Ayares, embajador chileno:
“Colombia ofrece posibilidades en toda la actividad economica”
-¿Cuál es la visión que proyecta Colombia al mundo?

-El país ha hecho un esfuerzo titánico por recobrar su normalidad. Aunque aún hay actividad de grupos insurgentes, está circunscrita a áreas muy determinadas en las cuales el gobierno ha comprometido sus mejores esfuerzos militares para reducir esos focos. El país vive una tranquilidad que se palpa y que alienta a apostar por Colombia en toda su magnitud. Hoy se habla de prosperidad democrática en vez de seguridad democrática, para garantizar las inversiones, y la afluencia de millonarias inversiones en el ámbito de la industria de hidrocarburos es un ejemplo notable.

-El gobierno colombiano, ¿está interesado en replicar algunos lineamientos aplicados en Chile? ¿Ha hecho usted de intermediario en algunas áreas en específico?

-Gestión pública es la llave maestra. Colombia está interesada en nuestras políticas públicas, por lo que ha comprometido un vasto esquema de cooperación ya iniciado y que esperamos profundizar en 2011. No venimos a enseñar nada, sino a exponer nuestras experiencias y a aprender de Colombia. Esta sinergia, estoy cierto, produce un valor agregado: en la medida que Colombia progrese, naturalmente nuestros empresarios se verán favorecidos.

-¿Cuál es el interés que ha visto de las empresas chilenas para invertir en Colombia?

-Creciente y sostenido. Hemos logrado dotar a la relación bilateral de herramientas de última generación para que los sectores privados de ambos países desarrollen su actividad económica en una atmósfera que promueve intercambio comercial y la inversión. Aquello, por ejemplo, mediante un TL C de última generación y un acuerdo para evitar la doble tributación.

-¿En qué áreas hay oportunidades para los empresarios chilenos?

-Colombia ofrece posibilidades en toda la actividad económica. Dado su fuerte crecimiento y las mayores bondades para recibir al inversionista extranjero, sin duda es un mercado muy atractivo. Como dice el presidente Santos, Colombia quiere ser un país predecible, en donde no haya sorpresas para el inversionista extranjero, donde haya plena certeza jurídica y económica que invite a indagar nuevos proyectos. En lo concreto, creemos que en el sector minero, forestal, energía y nuevas tecnologías hay grandes posibilidades.

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¿Dónde están las oportunidades?

El presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo Chilena, José Palma, dice que la primera de todas las oportunidades está en infraestructura. No es para menos. En Colombia hay 14,6 kilómetros de vías pavimentadas por cada 1.000 kilómetros cuadrados de extensión. En América latina el promedio es de 36 kilómetros y en los países de ingreso medio es de 82 kilómetros. Distancias que pesan, sobre todo para el sector empresarial, que debe enfrentar altos costos para el transporte terrestre de sus productos. Cuestión que ya han comprobado firmas chilenas del retail, como Falabella o La Polar. Cuentan que para llegar desde un puerto del Pacífico a Bogotá hay que cruzar tres veces la cordillera y un viaje que por aire tarda 30 minutos, por tierra se desarrolla en 20 horas.

Pero todo problema, al menos en Colombia, es una oportunidad. Lo decía hace algunos días su presidente: “tenemos una infraestructura muy atrasada frente a países con el mismo nivel de desarrollo. Tenemos una calidad de educación que nos debe avergonzar. La productividad de nuestra economía es muy baja y quizás tenemos los aranceles más altos de América latina. También problemas serios en impunidad y funcionamiento de justicia, y un reto fiscal importante”, declaró Santos, aunque luego recordó las recomendaciones de prestigiosos bancos internacionales, que señalan a Colombia como uno de los países “en los que hay que poner el ojo” porque “jalonará” la economía en el futuro.

Por lo mismo, Palma prosigue, confiado, con la descripción de oportunidades. Como la cadena de distribución, las tecnologías de información y los servicios en general. También avizora espacios en el mundo forestal –donde ya están instaladas CMPC y Arauco– dado que el país tiene alrededor de 45 millones de hectáreas aptas para el cultivo, pero apenas unas 400 mil plantadas.

Palma dice que hay al menos unas 60 empresas chilenas instaladas en suelo cafetero, lo que da muestras del buen momento que hay en la relación comercial de ambos países. Las cifras de inversión entre enero y junio muestran que ese país se convirtió en el segundo receptor de capitales chilenos después de Perú, con unos 410 millones de dólares acumulados a ese mes y un crecimiento de 175% respecto al semestre anterior. Destacan entre los últimos negocios la llegada de La Polar, las recientes inversiones de CMPC en nuevas unidades productivas, las adquisiciones de Terpel por parte de Copec y la aerolínea Aires, que está siendo adquirida por LAN.

Sin duda, este tipo de negocios ratifica que Colombia está en la mira de los chilenos. Más, si tenemos en cuenta lo que ha sucedido en las últimas dos décadas. Las cifras consolidadas hablan de una inversión cercana a los 7.000 millones de dólares entre 1990 y junio de este año, consolidando al país cafetero como el cuarto destino de las inversiones de capitales chilenos en el mundo. Definitivamente, las empresas chilenas están empeñadas en aprender a bailar cumbia.

Jose Palma, presidente ejecutivo Camara de Comercio Colombo Chilena:
“La seguridad y la guerrilla ya no son tema”
-¿Cuáles son las principales inquietudes que reciben de empresarios chilenos?

-Colombia tiene un problema migratorio. El hecho de que un extranjero viva y trabaje en Colombia no es fácil, requiere una red de ayuda y servicios que nosotros proveemos y ese es uno de los principales aspectos de consulta.

-¿Por qué no es fácil?

-Porque los reglamentos de migración para un extranjero son bastante exigentes y demandantes en requisitos. Por ejemplo, si tiene un título de ingeniero civil y quiere trabajar acá, no puede solamente homologarlo como un título profesional emitido en una universidad extranjera, sino que tiene que completar los requisitos de aprobación de materias y estudios. Eso es más que nada en el ejercicio profesional independiente, pero igual sigue siendo un obstáculo.

-¿Qué otros obstáculos observan?

-Primero, hay un poco de sobre regulación. Hay ciertas industrias que están muy sobre reguladas, como la automotriz, que tiene también tarifas tributarias muy altas. Entonces, hay cierto proteccionismo y entrar a Colombia en áreas como esa es prácticamente imposible. Es más fácil hacerlo a través de socios locales. También hay ciertos sectores que son protegidos por el Estado, y eso hace que la competencia no sea tan fácil. Pero uno de los temas que más preocupa es el de los costos en el empleo, conocidos acá como los parafiscales, que son cargas que se aplican sobre el salario de las personas y que superan incluso el 50% de su salario. Están relacionados con pagos a cajas de compensación, institutos de bienestar social y otra serie de organismos sociales. Eso hace que pese a que los salarios sean más bajos -un profesional colombiano gana 20% o 30% menos que uno chileno-, las cargas parafiscales exceden con creces lo que se paga en Chile, que no es más que la pensión y salud.

-¿Para los chilenos son importantes temas como la seguridad o la guerrilla?

-Por lo que he visto, ya no es tema. La gente no tiene una prevención sobre el tema de la seguridad o la violencia. Hoy los conflictos de la guerrilla están sólo en la zona fronteriza o en el sur… incluso, creo que Santiago ha tenido más atentados con bomba de los que ha habido en Bogotá. No hay una preocupación respecto a eso.

Luis Carlos Villegas, presidente Asociacion Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI):
“La situacion general nos hace ser muy optimistas”
-¿Cómo ve el empresariado la situación global del país en términos políticos, económicos y sociales?

-Colombia ha sufrido cambios económicos sorprendentes en los últimos diez años. Pasamos de ser un país fallido en 1995, a ser la cuarta economía de América latina. Al ritmo en que se está desarrollando nuestro crecimiento y diversificación podríamos en diez años ser la tercera economía de la región. Nuestro crecimiento se ha visto reflejado en un mayor ingreso per cápita, mejorías en los niveles de pobreza y salud, pese a que mantenemos altos niveles de desempleo. La situación general nos hace ser muy optimistas y confiados en el rumbo que ha tomado Colombia y estamos dispuestos a invertir.

-¿Cómo se debería fomentar más la inversión extranjera?

-La inversión pasó de ser 12% del producto a 27% en el último año. Eso nos augura buenos niveles de crecimiento en el futuro. La inversión extranjera directa, que era de 2.000 millones de dólares hace diez años, será cercana a 10.000 millones este año, y de eso alrededor de un 65% irá a minería e hidrocarburos. Pese a que el énfasis está puesto en esos sectores, el resto está recibiendo casi el doble de todo lo que se recibía en inversión extranjera hace diez años.

-¿En qué área es donde hace falta más trabajo?

-Infraestructura. Aquí hay un rezago de muchas décadas. Eso genera sobrecostos para el funcionamiento empresarial que son bastante altos.

-¿Cómo ven ustedes el problema de la seguridad?

-Tenemos una encuesta sobre ese tema desde 1994 y este año, por quinto mes consecutivo a agosto, los empresarios reportan cero incidentes en materia de seguridad. Eso es señal de que hemos mejorado notoriamente. Hoy la discusión sobre seguridad es la misma que puede haber en Nueva York, Buenos Aires o Madrid, de cómo mejorar la seguridad urbana y no más que eso. Por supuesto, hay regiones que todavía tienen problemas de narcotráfico, crimen organizado y guerrilla, pero en ningún caso ponen en peligro al Estado, ni la economía, y hay que seguir trabajando en eso.

-¿Es seguro invertir en Colombia?

-En la medida en que la inseguridad en 1999 estuvo en su máximo, no crecimos como economía. En la medida que bajó llegamos a crecer 8% en el 2004. La seguridad ha sido motor del crecimiento. Hay que mantenerla y agregarle ahora el resto de la agenda económica.