Roberto Ampuero lanza internacionalmente El caso Neruda, una novela que recrea los últimos días del poeta en un país que va rumbo al desastre. A propósito de este libro, el escritor revisa en esta entrevista la actualidad con una mirada nunca complaciente y, de paso, critica la labor del gobierno en la cultura, donde observa una influencia desproporcionada del PC: “un escritor no comunista difícilmente ganará el Premio Nacional en Chile”.

  • 3 septiembre, 2008

 

 

“La Concertación no tiene combustible para renovarse"

 

Roberto Ampuero lanza internacionalmente El caso Neruda, una novela que recrea los últimos días del poeta en un país que va rumbo al desastre. A propósito de este libro, el escritor revisa en esta entrevista la actualidad con una mirada nunca complaciente y, de paso, critica la labor del gobierno en la cultura, donde observa una influencia desproporcionada del PC: “un escritor no comunista difícilmente ganará el Premio Nacional en Chile”. Por Marcelo Soto; fotos, Verónica Ortíz

Aunque fue izquierdista en su juventud y es conocido su antipinochetismo, Roberto Ampuero pareciera no ser bienvenido en las altas esferas de la cultura oficial. Ha vendido 200 mil ejemplares sólo en Chile, pero rara vez –o nunca– lo han invitado a participar en las actividades de difusión literaria que organiza el gobierno. Incluso se dice que alguna vez lo han bajado de ciertos eventos.

Quizá la causa de este resistencia sea su público rechazo al castrismo, algo imperdonable en un escritor que fue militante de las JJCC y vivió el exilio en Cuba y en la ex RDA. Ampuero –doctor en Literatura y profesor de escritura creativa en la Universidad de Iowa, EEUU, donde vive– sostiene que “un partido minúsculo como el PC tiene la hegemonía en la cultura chilena”, hecho que se evidencia en los últimos premios nacionales. Ahora el autor chileno seguramente volverá a sacar ronchas en la izquierda con su nueva novela, El caso Neruda (Norma, 330 páginas), en que recrea aspectos poco gratos de poeta; entre ellos, el haber abandonado en 1936 a su hija Malva, gravemente enferma, y a su mujer de entonces, María Antonieta Hagenaar. Incluso, según el libro, el escritor hizo gestiones para evitar que ambas escaparan a Chile cuando los nazis invadieron Holanda, donde residían. Neruda ni siquiera asistió al funeral de Malva, muerta a los pocos años de nacer.

Apoyado en una exhaustiva investigación, Ampuero parte de datos reales para crear una ficción envolvente, probablemente la mejor de sus novelas protagonizadas por el detective Cayetano Brulé. Aquí el lector asiste a los inicios de Cayetano como investigador privado: nada menos que un enfermo Neruda es quien le pide en 1973 que encuentre a una antigua amante de México, que podría haber tenido un hijo suyo. Sin duda, los viudos del poeta rasgarán vestiduras –otra vez– para defender al Nobel chileno.

-¿Qué te parece que el Premio Nacional haya recaído en Efraín Barquero? Antes lo lograron Armando Uribe y Volodia Teitelboim. ¿Crees que el Partido Comunista sigue pesando mucho en el aparato cultural?

-Barquero y Uribe son destacados poetas, y José Miguel Varas, un gran cuentista. Barquero estaba entre los que se lo merecían, sin duda. Otro comunista, piensa uno de inmediato. Sólo los comunistas le pegan en este país a las letras. Y por eso propongo algo muy seriamente: que el Premio Nacional de Literatura se entregue cada dos años, pero en dos versiones. Una, Premio Nacional de Literatura para los escritores militantes o simpatizantes del Partido Comunista (PNL-PC); otra, premio para los escritores independientes de izquierda, centro o derecha (PNL-I). De otra forma, los intelectuales no comunistas difícilmente obtendrán el Nacional. La estafeta marcha muy bien. Uno le pasa el premio al siguiente. Hoy es más fácil para un no comunista ganarse el premio nacional de literatura en Cuba que en Chile, y no bromeo, examinen, por favor, las entregas de los últimos años.

-¿Cuál es el origen de esta influencia, tomando en cuenta la escasa votación que logra el PC?

-La Concertación le entregó los premios al PC como una forma de pago por el apoyo que el PC le da en las segundas vueltas presidenciales. No hay relación entre el 3% del voto comunista y su poderío en la cultura oficial. Y esto porque, para políticos de izquierda y derecha, la cultura es una cantidad negociable. Esto les ha costado caro a extraordinarios artistas nacionales independientes: a Roberto Bolaño, a quien hoy elogia el mundo entero, no le dieron el Premio, y a Isabel Allende la tramitan como si fuese una desconocida. Es un escándalo, una vergüenza. Es la misma mano siniestra que impidió que Gabriela Mistral ganara el Premio Nacional antes que el Nobel. Lo digo seriamente: hay que crear el PNL-I, un premio que tengan posibilidad de ganar escritores independientes de izquierda, centro o derecha. De otra forma, Isabel Allende o Antonio Skármeta tienen dos caminos: celebrar hoy a los Castro o esperar el destino de Roberto Bolaño en relación con el Nacional.


-En el ministerio de Cultura hay mucho funcionario con una visión estatista. ¿Qué opinión te merece la labor de la Concertación en este tema?

-En este ámbito hay que combinar la experiencia estatal de Europa y la privada de Estados Unidos, y sobre todo ver la cultura como una expresión nacional, no partidaria. Me temo que los funcionarios concertacionistas conciben la cultura como una inversión política propia que hacen con recursos estatales, y muchos en la Alianza piensan que es un terreno perdido y más conviene dedicarse a los negocios. Por ello, un partido minúsculo tiene la hegemonía en la cultura y la gente termina alejándose de ella pues no se siente representada ni convocada.

-¿Crees que el maletín literario sirve para algo o es sólo un volador de luces que quedará en nada?

-Un país no se hace culto por un maletín de libros. Dudo que Argentina o Suiza deban su afición a la lectura a maletines de este tipo. Necesitamos una educación de calidad, amplia, masiva, que valore las ciencias y la cultura, el uso de computadoras y la lectura. Hay que bajar el IVA a los libros y ampliar el acceso a los computadores, por ejemplo. Por otra parte, si estos funcionarios valoraran de verdad la libertad individual, habrían entregado bonos y no calcetines a los más pobres para que comprasen donde quisiesen los libros que seleccionaran de una lista de la cultura universal. Estas medidas paternalistas al final buscan el impacto político. Claro, como estamos, es mejor regalar maletines a que esos fondos se vayan en asignaciones a los parlamentarios…

-¿Qué piensas sobre el silencio de muchos intelectuales de izquierda ante Fidel Castro? En Chile, Teitelboim lo defendió hasta el fi nal, Armando Uribe lo sigue haciendo, mientras Germán Marín tiene una posición poco resuelta: no lo defi ende, pero tampoco lo ataca.

-Supongo que a ninguno de ellos le habría gustado vivir medio siglo bajo el hombre del buzo deportivo, que lleva más decenios liderando un país que Kim Il Sung y Pinochet juntos. Pero como son seres inteligentes, imagino que deben tener buenas razones para pensar que no ellos, pero sí los pobres cubanos, merecen seguir pasando más años bajo los Castro.

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-Tú fuiste izquierdista en tu juventud, pero luego optaste por posiciones liberales. ¿Qué hecho fue clave en este giro?

-Castro, Stalin, Ceaucescu, Pol Pot y Jaruszelski son de izquierda, y también Willy Brandt, Olof Palme, Felipe González y Salvador Allende. ¿Sirven aún las etiquetas? ¿Es Obama de izquierda o derecha, y qué son Putin y Chávez y las FARC? Cuando joven milité en la Juventud Comunista porque creí que el socialismo era democrático, justo y económicamente próspero. Cuando en 1974 llegué a Cuba y vi el desastre económico y que de democracia tenía lo que yo tengo de marciano, me dije: ¡esto no lo quiero para mi país! Renuncié a la JJCC en 1976, en La Habana, donde las papas quemaban, y escribí años después Nuestros años verde olivo. El libro sigue teniendo nuevas ediciones, circula clandestinamente en Cuba, el 2009 comienzan a rodar la película, y en unas semanas lo presento en Italia, en una editorial de “izquierda”, que tal vez no lo hubiese publicado años atrás.

 

 

 

 

 

“Chile perdió el rumbo”

-En Chile no son pocos los intelectuales que hablan de crisis nacional. El historiador Sergio Villalobos comparó la decadencia del país a principios del siglo XX con la actual. En ambos casos hubo auge en el valor de las materias primas de exportación –antes salitre, ahora cobre– y un derrumbe en la confianza en el sistema político, acompañado de despilfarro y mal gobierno. ¿Hay razones para ser tan pesimistas?

-Este país se me parece cada día más a Manuel Plaza. Perdió el rumbo, y no creo que nos dé ahora para medalla de bronce. Pero los países “se pierden” y reinventan varias veces en su historia. Ahora es urgente reinventarse. Hasta hace poco, desde La Moneda anunciaban que en el Bicentenario seríamos un país desarrollado. Hoy eso suena a chiste cruel. El desarrollo no es sólo una cuestión de cifras sino de calidad de vida, de derechos individuales, de equidad social, de cultura diversa. Acabo de llegar de Europa y visualmente tengo la impresión de que hace 15 años estábamos más cerca de Portugal que ahora. En algún momento nos estancamos y los países desarrollados pegaron otro estirón. En algún momento perdimos la ruta.

-¿Cómo te defines políticamente hoy? En algún momento se te vio cercano a Lavín…

-No es bueno abanderizarse de por vida con una opción política. Es el sueño de los partidos: tener clientela cautiva. Hoy en Alemania votaría por los socialdemócratas, pero no en Gran Bretaña, donde Tony Blair apoyó la guerra de Irak tanto como Bush y Aznar. En Cuba, disidentes católicos y socialdemócratas están haciendo un buen trabajo. En Colombia, entre Uribe y las FARC, me quedo con Uribe, aunque no es mi candidato ideal. En Estados Unidos apoyo a Obama. ¿Votar en China por el PC significa ser de izquierda? Soy independiente con mayúscula, y voto según las características del candidato, su programa, sus posibilidades de cumplir y el escenario global. Sólo en las dictaduras comunistas y fascistas uno estaba obligado a votar siempre por el mismo partido.

-¿Pero por quién votarías hoy? ¿Por Piñera o Lagos? ¿Por la Alianza o la Concertación?

-Aún no salen todos a la cancha. ¿Irán al final Lagos, Insulza o Alvear por el oficialismo? Y en la oposición, ¿irán Piñera, Longueira o Zaldívar? La centroderecha se haría el autogol del decenio si no escoge a Piñera. Las tiene todas: favorito en las encuestas, hombre de éxito en los negocios y la política, graduado de Harvard, primer presidenciable del sector que votó contra Pinochet, la locomotora que aparentemente necesita el país para salir de su estancamiento. Pero primero tendrá que imponer orden entre los suyos, ganar más espacio al centro y plantear una nueva fase modernizadora para un país al que ya alcanzaron varios vecinos. A mí me gustaría que hablara más de cómo impulsar la cultura. A Lagos, pese a sus aciertos, le pesarían mucho escándalos como el jarrón, EFE o MOP. A Insulza le está haciendo pésimo pendular entre Washington y Santiago. Sugiere justo lo que le carga a la gente de los políticos: que es el salario y no el servicio público lo que los mueve. Y si la DC no llega con su candidato a La Moneda, desaparecerá. Conozco a Insulza y a Piñera. Brillantes, convincentes y capaces. Ya quisieran países europeos candidatos de ese nivel. Uno es pánzer y el otro locomotora. Pero la época de los pánzers ya pasó, y fue Lagos quien nos anunció que tendríamos pronto un tren rápido…

-¿Cuáles crees que han sido los grandes errores del gobierno de Bachelet?

-Tal vez su mayor error fue renunciar a los principios que la llevaron a ganar las elecciones.

 

 

 

 

Neruda y yo

-En tu libro hay una mirada de simpatía hacia Neruda, pese a que son conocidas tus distancias políticas con el poeta. ¿Cómo fue tu relación con Neruda?

-Desde la niñez me “persiguió” Neruda: La Sebastiana queda cerca de lo que fue mi casa paterna en Valparaíso. Al levantarme veía desde mi ventana el legendario Teatro Mauri con La Sebastiana adosada. Sabía que allí vivía un poeta de talla mundial, y por lo mismo como niño y adolescente jamás me atreví a golpear su puerta. Me alegra que lo haya hecho Cayetano Brulé en El caso Neruda. Después, los versos del vate fueron aliados en el pololeo. Su poesía referida al amor, la intimidad y el destino humano me ganó, pero nunca me gustó mucho su forma de recitar ni su poesía más política. Pero lo admiro como poeta, desde luego.


-Jorge Edwards ha dicho que Neruda era bastante menos sectario en la intimidad, que sus opiniones políticas eran más moderadas de lo que aparentaba. ¿Estás de acuerdo?

-De política, Neruda sabía demasiado y se parecía a otro gran intelectual comunista: Bertolt Brecht, quien vivía en Alemania Oriental, pero tenía cuenta bancaria en Suiza, pasaporte austriaco y derecho a salir a Occidente. Neruda, que disfrutaba la vida, prefería París a Moscú, Capri a los balnearios rumanos, la comida francesa al gulash, el parlamento británico a la asamblea popular cubana, y eso lo dice todo. Todos compartimos sus predilecciones burguesas. Quien vivió tan bien –lo que se merecía por su genialidad– no puede ser sectario en la intimidad. Neruda era un comunista inusual, apoyaba la causa, pero no a pie juntillas.

-Hay críticos que dicen que Neruda era un gran poeta pero un pésimo hombre. ¿Qué piensas sobre eso?

-Me gustaría saber qué tipo de techo tienen esos críticos… Hay mucho apasionamiento a favor o en contra cuando escriben sobre él. Para unos es un ser admirable, para otros un demonio. En la novela no me interesa condenar a nadie, sino explorar el mundo interno de Neruda, su ansia de resolver una gran interrogante: ¿engendró un hijo con una amante casada de México, de 1941? Neruda no quiere morir sin aclarar eso, por eso le pide ayuda a Cayetano Brulé. Lo mío no es unabiografía sino una novela. Hay sí un libro sobre Neruda que me impresionó mucho: Las Furias y las Penas, de David Schidlowski, a mi juicio el libro más completo y fundamentado sobre el poeta. Tiene cerca de 1.000 páginas y un enfoque muy crítico.

Una de las cosas que afirmas en tu libro sobre Neruda es su apoyo a Fulgencio Batista en Cuba antes de la revolución. ¿Qué antecedentes posees de ese tema?

-El libro de Schidlowski lo documenta con diarios de la época. Los comunistas cubanos apoyaron a Batista en su primer gobierno. Es natural, la estrategia de frentes amplios la dictaba Stalin. Neruda pronunció en La Habana un discurso en que celebró a Batista, según Schidlowski. El Neruda de mi novela sabe que su tensión con Castro nace de ese apoyo de los cuarenta. Y descubre, después de eso y de Stalin, que simpatizar con caudillos es un pésimo negocio.