El líder nacionalista dice que no es anti-chileno, pero que están mirando con cuidado las distintas aristas de la relación binacional

  • 17 marzo, 2009

 

…Pero eso no implica que estemos frete a un Ollanta Humala más moderado ni menos convencido de su ideal nacionalista. Por el contrario, este candidato presidencial sigue de cerca la presencia empresarial chilena en Perú, la presentación de su país ante la Corte de la Haya y todo lo que tenga que ver con unas relaciones bilaterales que, a su juicio, están marcadas por la desconfianza mutua. Por Patricia Arancibia Clavel, desde Lima.

Nacido en junio de 1962, Ollanta Humala Tasso tiene 47 años y fue oficial del ejército del Perú hasta hace cuatro. Comandaba un grupo de artillería en el Fuerte Arica, ubicado en Locumba, al sur del país, cuando se levantó contra el gobierno de Fujimori. Dado de baja por medida disciplinaria, luego fue amnistiado y volvió al servicio activo, desempeñándose como agregado militar en Francia y en Corea del Sur. Al dejar definitivamente el ejército, se introdujo de lleno en la arena política, postuló a la presidencia de la República y, a punta de frases fuertes y muchas veces amenazantes, su fama traspasó fronteras y se transformó en un personaje de constante seguimiento para los intereses chilenos.

Recibe a Capital en la sede central del Partido Nacionalista Peruano, desde el cual encabeza una firme oposición al gobierno de Alan García. Es una casa de dos pisos ubicada al costado del Parque de los Olivos, un barrio residencial tranquilo y acogedor, parecido a lo que en Santiago fue Providencia hasta fines de los 70. Todo luce pulcro y ordenado, amoblado con sencillez. Son las diez de la mañana y hay bastante movimiento. El comandante, como le llaman quienes le rodean, conduce desde este, su cuartel de mando, la estrategia destinada a instalarle en la presidencia de la República. Para lograrlo, deberá superar el “todos contra Ollanta” que frustró sus aspiraciones el año 2006, cuando descolocó al establishment obteniendo el 47,37% de los votos. No contaba entonces con mayor visibilidad política ni aparato partidista que le sustentaran. Ahora, en cambio, su nombre es popular y la fuerza política que lidera tiene presencia en todo el territorio. Si tiene suerte en su nueva aventura presidencial, no sería aventurado afirmar que le correspondería decidir la actitud del Perú cuando la Corte Internacional de Justicia de La Haya resuelva la contienda con Chile sobre el límite marítimo.

Luego de las presentaciones de rigor, le pregunto cuánto tiempo puede dedicarle a esta entrevista y me contesta que sólo veinte minutos. Sin embargo, en el curso de la conversación no miró nunca el reloj y nos despedimos luego de un diálogo llano y abierto que se prolongó por más de una hora. Acogedor, franco y directo para expresar sus ideas, Ollanta es católico, tradicional en materias valóricas, aunque respetuoso de la libertad individual. No conoce Chile y si bien no está en sus planes venir a nuestro país, no descarta la posibilidad de hacerlo en algún momento.

-Se ha armado todo un mito en torno a tu figura, por eso quiero partir preguntándote, ¿quien es en verdad Ollanta Humala?

-Una persona, creo que normal, que viene de una raíz militar y que, por circunstancias del destino, arriba a la política.

-¿Cuáles fueron esas circunstancias?

-Era comandante de un grupo de artillería en la zona de frontera con Chile y, en medio de una situación excepcional, se produjo la ruptura del sistema político en el país, lo que derivó en una seria convulsión social. Entonces la sociedad presionó para que el ejército interviniera recomponiendo el orden constitucional. Mi posición fue un poco sui generis porque, a diferencia de lo que ha sido frecuente en Latinoamérica, mi motivación no era interrumpir un proceso democrático, sino defender el orden constitucional que estaba siendo violentado por Fujimori. En ningún momento aspiré a marchar sobre el palacio de gobierno, imponer una junta
militar y declararme presidente. Pude hacerlo, o al menos intentarlo, pero esa posibilidad no se me cruzó por la cabeza. Cumplí la tarea con la idea de retomar mi carrera militar una vez superada la crisis, pero las circunstancias no lo permitieron.

-Pero regresaste a las filas…

-Después de que Fujimori escapa y asume el nuevo presidente Valentín Paniagua, yo me presento a la justicia militar, reconozco la autoridad del nuevo presidente y me internan en un penal militar. El Congreso de la República dio luego una ley de amnistía y me reincorporó nuevamente al ejército. Pero allí tuve serios problemas con el cuerpo de generales. Primero, porque en aquella acción tuve que llevarme prisionero al comandante general del Fuerte Arica. Segundo, porque denuncié a los generales que habían firmado el acta de sujeción al régimen de Fujimori. Esa acta era en realidad un pacto conspirativo contra el sistema democrático… Como yo les resultaba incómodo, el mando prefirió sacarme del país y fui destinado a Francia y después a Corea del Sur. Entre paréntesis, allí tuve la suerte de conocer al general Cheyre. Tomamos desayuno juntos, pero yo sólo era el chaperón del comandante general nuestro. Bueno, de ahí me invitan al retiro y entonces entro a la actividad política.

 

 

Mirando Chile

-¿Es cierto o parte del mito que tú seas antichileno?

-No, no es cierto. En realidad se está confundiendo el antichilenismo con el ser bien peruano; son cosas distintas. Me tildan de antichileno, pero lo que yo hago es sostener hechos. Por ejemplo, es un hecho concreto que el 60% ó 70% de los capitales que actualmente administran el sistema portuario del Perú son chilenos. Como se trata de una actividad estratégica, nosotros, en bien del país, proponemos que haya una presencia más fuerte del Estado y que haya un equilibrio entre las inversiones extranjeras –incluyendo particularmente a la chilena, que es la más fuerte–, con las inversiones nacionales. Más aún en estos momentos, porque el Perú no tiene marina mercante.

-¿Quién hace el cabotaje?

-Principalmente, los particulares foráneos que se interesan en el negocio. No hay una política de Estado que propenda a fortalecer a la marina mercante ni a crear una marina de bandera nacional. Es más, si tú tienes un barco peruano y entras a echar combustible a un puerto, pagas el impuesto general a las ventas, un 17% del precio; mientras que si tienes un barco de bandera extranjera, no pagas. Es una política antinacional que debe ser corregida. Ya ves lo que pasa con Lan…

-¿Qué pasa con Lan?

-El propietario de Lan es un candidato a la presidencia en tu país y tiene prácticamente el monopolio del transporte aéreo en el Perú. ¿Yo qué he dicho? He dicho que nosotros, en un gobierno nacionalista, lo que vamos a hacer es promocionar la creación de una industria nacional en este rubro, sea de capital totalmente nacional privado, sea de capital nacional mixto, privado y público. Yo convocaría a los empresarios, al capital nacional, a crear esta empresa ¿Para qué? Para competir con Lan, y esto beneficiaría la rebaja en los precios de pasajes y ampliaría la cobertura del transporte aéreo comercial. O sea, romper el monopolio de una empresa, sea ella chilena, australiana o de donde fuere. Este predicamento no es antichileno, no hay una agresión a la inversión chilena. Definitivamente, respecto a Chile, lo que nosotros queremos es buscar un equilibrio entre el capital chileno afincado en Perú, que supera los 6.000 millones de dólares, y el capital peruano invertido enChile, que no pasa de los 500 millones de dólares. Eso es un desequilibrio evidente que hay que corregir. Pero son cosas concretas, no una actitud general. Yo no soy antichileno ni me opongo a la inversión extranjera. Lo que pretendo es fortalecer el Estado nacional en el Perú.

-Vivimos en un mundo globalizado e integrado, ¿no te suena algo arcaico y peligroso un discurso nacionalista?

-Primero tenemos que entender el significado del término. Estados Unidos es un país nacionalista y nadie lo critica por eso. ¿Por qué entonces tendría que ser malo el nacionalismo del Perú o de Chile? Lo que pasa es que el nacionalismo del primer mundo es distinto al de los países tercermundistas. El nacionalismo de los países ya formados, con un Estado nacional constituido, lo que busca es una hegemonía sobre los otros, mientras que los nacionalismos tercermundistas lo que buscan es terminar de construir el Estado nacional. Nosotros partimos de la idea de que el Estado nacional peruano no está terminado y por eso planteamos, en un proceso que llamamos “la gran transformación”, la refundación del Estado, la composición de la nación y la integración latinoamericana, porque Chile tiene muchos problemas comunes a los del Perú, como por ejemplo el de la pobreza…

-¿Entonces…?

-Tenemos que hablar de un proceso de integración latinoamericana que no colisione con el fortalecimiento de los Estados. Porque la globalización, a mi juicio, tiene hoy un perfil ideológico y busca la hegemonía política. Pero como realidad sustantiva este fenómeno siempre existió. Hace más de mil años el Perú ya estaba globalizado. La región latinoamericana estaba globalizada por los imperios inca, azteca y maya…

-¿Qué hace diferente a la globalización actual?

-Que el desarrollo de la ciencia y la técnica hicieron posible la existencia de imperios que no tienen linderos geográficos. Antes había un límite, una barrera, como lo fue el río Maule para los incas. Una consecuencia de esto es que hoy, a través de las facilidades que les brindan la posesión exclusiva de los medios tecnológicos más avanzados, las grandes potencias están perforando las soberanías. Nosotros, los nacionalistas, no queremos eso: nosotros queremos mantener nuestra soberanía, es un atributo que nos identifica frente al resto del mundo. Tú no puedes pretender uniformizar a todos los seres humanos, ese ha sido el error de las ideologías totalitarias.

 

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-¿Cual es tu posición frente a los tratados de libre comercio?

-Nosotros creemos que debe haber, más que libre comercio, un comercio justo. Por eso estamos en contra del TLC con Estados Unidos y Chile. Una cosa es construir un Estado nacional y otra cosa es que pretendamos una política autárquica en pleno siglo XXI.

Chávez inconcluso

-Cuando le pregunté por ti al taxista que me trajo desde el aeropuerto, me dijo: “es el Chávez peruano”.

-Eso es producto de la propaganda. Se ha buscado crear miedo para mantener el status quo. Lo que se está jugando aquí es si mantenemos las cosas como están o cambiamos. Nosotros queremos cambiar y pienso que la mayor parte de la población quiere cambios. Si no fuera así, no tendríamos el arraigo que tenemos. Uno de los ejes de la contra campaña, de la guerra sucia, ha sido Chávez…

-¿Que relación tienes con él?

-De amistad, una amistad que se genera en la política.

-¿Lo admiras?

-A ver, mira, ¿te gusta la pintura? Hay cuadros que tú admiras, pero para admirarlos tienes que verlos acabados, no creo que se pueda admirar un cuadro que no se ha terminado. Yo creo que Chávez está liderando un proyecto de cambio que aún no concluye. Entonces, no cabe la palabra admiración. Lo que cabe es la palabra atención, reconocer cómo va la mano del artista…

-En este caso, ya sabemos cómo va la mano de ese artista…

-Pero es que se trata de un proceso histórico que se está dando, es una lucha por el poder y, en ella, Chávez obviamente no tiene todas las de ganar. Ha perdido gobernaciones importantes y nadie puede decir
que en Venezuela ha habido fraude, como sí se ha dicho que ha habido en Perú…

-En cuánto a Chile, si llegas a ser elegido presidente del Perú, ¿estás dispuesto a aceptar la sentencia del Tribunal de La Haya si es adversa a la aspiración peruana?

-Sí, la vamos a aceptar. Estamos entrando a un proceso jurídico y somos personas responsables, países serios. Pero la pregunta no es si nosotros la vamos a aceptar, la pregunta es si el gobierno de Chile la va a aceptar o no, porque nosotros estamos seguros de ganar y el problema va a ser para el gobierno de Chile. ¿Van a acatar? No sólo aceptar…

-Siempre lo hemos hecho…

-Me refiero a nivel gobierno. Yo me siento muy hermanado con el pueblo chileno, sé que el pueblo chileno lo va aceptar. El problema reside en la clase política. ¿Lo van a acatar y lo van a aceptar? Ese es el problema que tienen.

-Me parece que nos conoces poco…

-Bueno, si es así tal vez deba apresurar un viaje a Chile. Pero, mira, en nuestro caso sólo habían dos caminos: la guerra o la batalla jurídica. Qué más garantía quieres, si nosotros estamos apostando a la batalla jurídica y no a la guerra. Mi performance militar me llevaba a optar por la guerra, pero yo soy político ahora, no soy militar en actividad. Soy político y por lo tanto con una responsabilidad de estar, o tratar de estar, a la altura de la nación. Y qué digo: vamos a la batalla política. Hemos analizado los antecedentes, he conversado con el ex canciller de la República, he conversado con el actual canciller de la República, he conversado con el presidente de la República y yo creo que los argumentos son sólidos y debemos ganar.

Todo apunta a que ganaremos

-Una guerra sería lo peor que nos podría pasar. Entonces la pregunta es: con tu carisma, ¿estás dispuesto a luchar por la paz, como se supone que lo hace un militar?

-Coincido contigo en que lo peor que nos puede pasar es la guerra. Sin embargo, acá en el Perú los militares nos preparamos para la guerra, no para la paz. Partimos de la premisa de que si quieres la paz, prepárate para la guerra. En todo caso, creo que la mejor guerra es la que se gana sin pelear. Nosotros estamos apostando al camino jurídico y estamos dispuestos –sea el escenario adverso o positivo– a aceptar ese veredicto. Si bien no podemos decir que es imposible perder, nosotros estamos yendo allí convencidos de que vamos a ganar, y todo apunta a que ganaremos.

-Lo pregunto porque hace 30 años tuvimos una mala experiencia con Argentina. Conocido el laudo arbitral en torno al Beagle que no le favorecía, lo declaró insanablemente nulo y estuvimos a horas de una guerra…

-Créeme, soy un peruano cabal, un hombre de honor. Yo tengo experiencia de guerra, estuve en las tres zonas de emergencia durante la guerra interna y también en la frontera con Ecuador. Sé lo que es la guerra y por eso mi discurso siempre ha sido que no quiero más violencia. Yo he visto cerritos de cadáveres en las zonas de emergencia y soldados sin piernas porque han pisado una mina. Yo ya estoy harto de la violencia, ya cumplí mi nivel de hastío de la violencia. Quiero ser un propulsor de la paz y por eso opto por el camino jurídico. Muchos camaradas de armas me dicen que me estoy pasando para el otro lado, que mejor me meta a cura, y yo les digo que no, que no se trata de ser cura, sino que creo verdaderamente que llegar a la guerra sería lo peor que nos puede pasar. Yo lo tengo claro, mi preocupación es si lo tienen claro al otro lado de la frontera. Tenemos un problema de confianza…

-A ver…

-Claro, ¿qué puedo pensar yo si veo que las fuerzas armadas chilenas se van armando paulatinamente y tienen un enorme presupuesto? Chile tiene solucionado su problema fronterizo con Argentina y no creo que tenga problemas con el polo sur… Lo único que queda es Bolivia y el Perú… y aquella historia no se puede repetir. No podemos descuidarnos, el tema de la desconfianza parte del hecho de que se están armando…

-Pero las confianzas se ganan. ¿Qué ha hecho el Perú a nivel educacional para formar a las nuevas generaciones sin odiosidad hacia Chile?

-Hay un tema de voluntad política, pero ponte un minuto en mis zapatos: ¿qué puedes decirle a un niño si, en pleno conflicto con el Ecuador, descubres que uno de los países garantes, en este caso fue Chile, le está vendiendo armas de contrabando al otro país, a Ecuador? ¿Qué puedes hacer? Hay un tema de confianza que no se ha solucionado. Chile, como gobierno, ha cometido errores y ha aumentado las desconfianzas con Perú y eso tiene que solucionarlo…

-¿Has conversado de esto con gente del gobierno chileno?

-Durante la campaña electoral recibí a algunas personas que traían mensajes de la presidencia de Chile y planteé este tema, y también el de Bolivia. Hemos conversado muchas cosas y siempre he asegurado a tu gobierno que no soy antichileno ni voy a buscar un conflicto en donde no lo hay. Hoy vemos, por ejemplo, que hay una invasión económica, aunque eso no es por culpa de ustedes. Yo no critico a Chile, no critico a los países que vienen acá y ponen su plata; yo critico a mi gobierno que no controla estas cosas y que más bien crea un régimen de informalidad en el tratamiento de ellas.

-El tema entonces no es el rechazo a la inversión chilena…

-Pensar que la inversión extranjera es negativa sería tener un discurso chovinista. Nosotros sabemos el valor de las inversiones extranjeras y nacionales. Estamos en pleno siglo XXI, en una era de globalización capitalista. No es ese el problema. El problema es saber cómo controlas, porque queremos inversiones sanas, responsables. Yo me opongo a que el Perú se convierta en un paraíso fiscal donde las principales inversiones las ponga el cartel de Tijuana.

-Nadie puede querer eso…

-No te creas. En el Perú, por muchas décadas, hemos tenido dos grandes tendencias: gobiernos antinacionales y gobiernos nacionalistas. La mayoría fue antinacional. El gobierno de Alan García es un gobierno antinacional y podríamos hablar duro sobre ese tema. También hubo gobiernos nacionalistas, como el del general Juan Velasco Alvarado; aunque fue una dictadura y yo no estoy a favor de las dictaduras. Es más, ya te expliqué que pude haber enrumbado hacia el palacio de gobierno y no lo hice. Muchos me decían, ¡vamos, comandante! Las empresas de transportes, sus dueños, me ofrecieron vehículos para mover la tropa… Pero no era la forma ni era necesario.

-¿Y cómo debiera proceder hoy un gobierno nacional?

-Respecto a lo que estamos hablando, poniendo enérgico fin a una mala práctica que nos está corroyendo el alma. No puede ser, no puede seguir siendo, que las inversiones extranjeras hagan la primera escala en el palacio de gobierno. Ahí se inicia la cadena de la corrupción. Eso es lo que yo critico. Pero el presidente de la República anda con el gorro de vendedor y envía cartas a los empresarios de Chile y de todo el mundo. Obviamente si envía cartas y no dice por dónde tienen que canalizarse las inversiones, ellas entran por el remitente de la carta… El problema fundamental en el Perú es la bancarrota moral. Este es un gobierno que está en bancarrota moral.

-Eso es muy grave…

-Gravísimo. Si yo tuviera 20 millones de dólares para invertir y decidiera ponerlos en Chile, ¿te parecería apropiado que pidiera una cena con la presidenta de tu país? Aquí, lejos de generar confianza, estamos atentando contra ella y contra nuestra estabilidad jurídica. Los temas de estabilidad jurídica y de confianza no son un invento neoliberal, sino una condición necesaria para atraer capitales e inversiones. Te insisto: los nacionalistas no es que estemos en contra de las inversiones, para nada. Sostener lo contrario es una difamación, o al menos una deformación de nuestro discurso. Nosotros estamos a favor de ellas, pero estamos en contra del tratamiento que actualmente le da el gobierno a éstas, pues al final evaden impuestos, las malcrían y éstas se malogran. Y de paso se pervierte a gente que viene con buenas intenciones y se corrompe a los empresarios nacionales.