Entendido en estas materias, Guzmán no titubea cuando dice que ceder podría costarle muy caro al país, dado lo estrecha que está la situación energética. Es más, dice que la estrategia de ahorro de energía que se postula debiera reforzarse con una potente señal: que las transmisiones televisivas lleguen sólo hasta las 11 de la noche.

  • 12 marzo, 2008

 

Entendido en estas materias, Guzmán no titubea cuando dice que ceder podría costarle muy caro al país, dado lo estrecha que está la situación energética. Es más, dice que la estrategia de ahorro de energía que se postula debiera reforzarse con una potente señal: que las transmisiones televisivas lleguen sólo hasta las 11 de la noche. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Gabriel Pérez.

Juan Antonio Guzmán o el entusiasmo… Esa podría ser la síntesis de su retrato. Y es que, a sus 59 años, este ingeniero y empresario irradia unas ganas contagiosas de hacer y saber, cualidades que combina a la perfección con el sano escepticismo de los hombres inteligentes. Quienes lo conocen destacan su lucidez y amplia cultura –es un lector infatigable–, su lealtad y generosidad –muchas veces puesta a prueba– y su gran sentido del humor.

 

Trabajólico, Guzmán se levanta todos los días a las 6 de la mañana y, pese a ello, siempre queda con tareas pendientes. Ex ministro de Educación a fines de los 80 y posteriormente gerente general de Gener, es la persona indicada para abordar los dos grandes temas que coparán la agenda pública a partir de marzo: energía y educación, a los cuales rápidamente llegamos tras preguntarle:

 

¿En que están hoy los empresarios?

-Trabajando como siempre –responde si tardar un segundo–. Hay algunas turbulencias, pero el sistema económico está construido sobre bases sólidas, por lo que creo que superaremos bien las dificultades. Lo importante es no perder el rumbo.

 

-¿Lo estamos perdiendo en el ámbito energético?

-Sin duda estamos viviendo una situación crítica, producto de la confluencia de tres factores. A la sequía del 2007 es muy probable que sumemos la de este año pues “La Niña” se ha puesto difícil. A ello hay que agregar el retraso de inversiones en el área y el problema del gas con Argentina.

 

 

-Muchos se preguntan por qué no se previó esta situación. ¿Hay culpables?
-Difícil echarle la culpa a San Isidro por la falta de lluvias. Hay situaciones inmanejables. Por otra parte, en materia de diseño del parque de generación eléctrica, de oferta de electricidad, siempre se trabaja con estados probables, nunca con estados ciertos. Si quisieras asegurar en términos absolutos el suministro, el costo de la energía habría que multiplicarlo por diez. Es la misma razón de por qué el Estadio Nacional tiene 80.000 asientos y no 800.000 para recibir, por una sola vez, a las personas que habrían querido ver al Papa. Dicho esto, pienso que en el campo de la planificación energética se tomaron algunas decisiones tardías. Está claro que no se reaccionó con rapidez frente al problema del suministro de gas desde Argentina y que también hubo retraso en la entrega de incentivos a la inversión.

-¿Hasta que punto fue un buen “negocio” confiar en el gas argentino?

-En esto hay muchas opiniones. Fui partícipe y promotor de la llegada del gas argentino, porque creo en la racionalidad económica. Entre 1997 y 2003, el abastecimiento fue normal y el país ahorró varios miles de millones de dólares, ahorro que llegó directamente al bolsillo del consumidor y, de pasada, tuvo un importante efecto de limpieza del medio ambiente en Santiago. Las dificultades comenzaron como consecuencia secundaria de una decisión de política económica interna de Argentina, como fue mantener el precio del gas artificialmente bajo, a un tercio menos de su valor real. Eso detuvo la inversión y la producción disminuyó al mismo tiempo que el consumo aumentaba de manera desproporcionada. El gas se convirtió así en un bien escaso para la propia Argentina… Ahora, después de la batalla, todos son generales, pero el problema fue y es económico y no de carácter políticoestratégico, como algunos piensan.

-¿Por qué se retrasaron las inversiones acá en Chile?

-Al menos, por dos motivos. Como el gas se recibía desde Argentina a un precio muy conveniente, disfrutamos unos años de vacas gordas… o precios flacos, si se prefiere. Eso hizo poco atractivas las inversiones y los proyectos se postergaron. Lo segundo viene de más atrás. El precio de la energía está regulado y a fines de los 90 se tomaron ciertas decisiones técnicas que “movieron la perilla” a la baja. Esa fue una señal negativa que desincentivó a los inversionistas. Es cierto que posteriormente el gobierno reaccionó, y bajo el ministerio de Rodríguez Grossi tomó un conjunto de medidas correctivas más flexibles y cercanas al mercado, pero el desfase ya se había producido. Es por eso que la crisis nos pilla con proyectos en ejecución que, al no estar operativos, agravan la situación. Las señales políticas que tienen incidencia en las decisiones económicas no sólo deben ser acertadas, sino también creíbles. No se puede cambiar las reglas del juego a cada rato; sobre todo, tratándose de inversiones a largo plazo.

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-Y la presión de los ambientalistas, ¿no ha entorpecido también la inversión?

-Claro que sí. Imagínate que un conflicto con dos personas retrasó la construcción de la central Ralco y ahora estamos viendo todo tipo de movilizaciones para evitar que se construya HidroAysén. Ceder a esas presiones sería un error garrafal y podría costarle muy caro al país en su conjunto. Pero hay que advertir que este no es un problema exclusivamente de Chile. Hay un movimiento mundial en esta línea. Hace poco fui a Brasil y, en materia de legislación ambiental, la situación es todavía más compleja.

-¿Eres partidario de impulsar el uso de la energía nuclear?

-Evidentemente, tiene que desarrollarse, porque es barata, segura y no contamina. En cuanto al riesgo, todo tiene riesgo. Pero de aquí a que se implemente debemos intensifi car la construcción de centrales hidroeléctricas y térmicas, aprovechando el carbón de Magallanes. Ahora, creo que nadie está en contra de utilizar energías renovables y ambientalmente amigables, provenientes del sol, el mar y el viento. El potencial es enorme: piensa que la Tierra recibe del sol diez mil veces más energía que la que consume la humanidad, pero el problema es que convertirla en energía útil tiene un costo altísimo, lo que la hace no competitiva.

-¿Algunas recomendaciones para lo que se nos vendrá encima en marzo?

-Las autoridades saben lo que hay que hacer en esta emergencia: ahorrar. En esto no existen dos opiniones. Es necesario disminuir el consumo y dar el ejemplo. Al menos, ya se ordenó que los edificios públicos no se mantengan iluminados durante la noche. A las medidas previstas yo agregaría una que no va a ser popular: cortar la televisión a las 11 de la noche. No sólo bajaría elconsumo de electricidad, sino que la gente tomaría conciencia de la gravedad de la crisis.

-Más allá de tus actividades empresariales, hoy en día presides la Corporación de Capacitación y Empleo de la Sofofa, la cual, entiendo, está desarrollando una importante labor en materia educacional. ¿Cómo fue que surgió esta idea?

-Mira, además de cumplir con su responsabilidad social frente a la comunidad, el empresariado está cada vez más consciente de que una parte importante del éxito de su empresa depende de la preparación y calificación de los recursos humanos que emplea. A ello se agrega que cuando Bruno Philippi –un apasionado del tema educacional– asumió la presidencia de la Sofofa, quiso que su gestión tuviera un sello especial en esta área, por lo que se comprometió activamente con Sergio Bitar, en ese tiempo ministro de Educación, para impulsar y desarrollar la agenda Pro-Crecimiento en el capítulo relativo a educación-empresa. Fue entonces que me pidieron que cooperara en la ejecución de los proyectos de la Corporación y bueno… ahí estamos, muy contentos, trabajando, con cerca de 20 proyectos específicos.

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-¿Cuáles destacarías?

-Todos son importantes, pero el que nos tiene más entusiasmados es el proyecto de educación dual, que consiste en que los alumnos de los colegios técnicos profesionales complementan la formación que reciben en el liceo con actividades prácticas que efectúan en las empresas. Hoy tenemos 10 mil empresas incorporadas en este programa, las que reciben a cerca de 20 mil alumnos en esta modalidad. Nuestro desafío es duplicar esta cobertura,porque su impacto social es relevante: el alumno aprende de verdad su oficio y la empresa –que suele contratarlo– gana una persona mejor capacitada y comprometida. Aún nos queda mucho por hacer porque las rigideces de la normativa laboral nos impiden avanzar en el aspecto remunerativo. Por otra parte, como una manera de difundir y promover esta interacción escuela-empresa, estamos incentivando la formación de Consejos Asesores Empresariales, especies de directorios, que ayuden a la jefatura de los liceos a mejorar su administración, conseguir nuevos recursos y a provechar mejor los programas de apoyo, como el de educación dual y otros. A nuestro juicio, esto es vital, ya que la educación hoy en día sigue desvinculada del mundo real, del mundo laboral de la empresa. La idea ha sido muy bien recibida por los directores y esperamos seguir ampliándola.

-Y ¿qué proyecto pretenden implementar este año?

-Te voy a dar una primicia. Viajamos con Bruno hace un par de meses a Alemania porque allá implementaron un programa que queremos replicar en Chile. Se trata de que los jóvenes egresados de la enseñanza media y provenientes de los sectores más modestos y vulnerables –donde la cesantía bordea el 20%– tengan la opción de integrarse libremente, a través de concursos, a un programa de educación dual intensivo que combine enseñanza con práctica con, al menos, tres días a la semana en la empresa. La idea surgió en Alemania como respuesta a la cesantía que se produjo entre los jóvenes de Alemania Oriental que, por vivir en un régimen socialista –en el que todos son empleados del Estado–, no tenían la cultura laboral del mundo occidental. A los tres años de aplicación, el 80% de ellos estaba contratado en la empresa que los había formado. Queremos empezar pronto y tenemos mucha confianza en el éxito de la iniciativa. Claro que es fundamental la colaboración del gobierno; sobre todo, porque su aplicación necesita una flexibilidad laboral que hoy no tenemos. Creemos que la cesantía juvenil está ligada a la falta de oportunidades y este es un buen camino para ampliar sus posibilidades de empleo.

-¿Están pensando en algo a nivel de profesores?

-A mi juicio, el nudo del problema educacional chileno sólo podrá desatarse cuando mejore la calidad de los profesores, gran parte de los cuales no tiene la preparación ni cuenta con los medios para cumplir satisfactoriamente con los desafíos que plantea el mundo. Algo estamos haciendo. Por ejemplo, llamamos a licitación y estamos financiando en partes iguales con el Ministerio de Educación la capacitación de los profesores del ramo de educación tecnológica. El programa del curso, obligatorio en todos los colegios del país, está bien concebido, pero no existe el personal preparado para impartirlo. Son dos horas a la semana que están pensadas para incentivar la innovación y el emprendimiento, no sólo en el ámbito de los negocios, sino que como actitud vital que estimule las artes, el deporte, la participación social, cultural etc. En los cinco colegios técnicos profesionales que administra la Sofofa, estamos entregando a cada profesor un computador portátil y la capacitación respectiva, lo que hará más interactiva y ágil la enseñanza que se imparte.

-¿Por qué una actividad tan importante tiene tan bajo perfil?

-Lo mismo nos hemos preguntado nosotros. En estas actividades participan muchos empresarios, gerentes generales y altos ejecutivos que destinan una parte importante de su tiempo y esfuerzo. Ellos están más interesados en los resultados que en salir en los diarios. Simplemente no les gusta la figuración, pero estamos conscientes que comunicar es tan importante como producir.

-Sacándote de tus temas, una última pregunta relativa a la situación política actual…

-Pienso que el sistema político está muy escasamente conectado con el mundo real y, me atrevería a decir, del mundo empresarial. Los políticos dan la impresión de estar como encapsulados, ajenos a las cuestiones relevantes y que le importan a la gente. Y esto lo digo en forma genérica, tanto para los que militan en la Alianza como en la Concertación. Entrampado en el pasado, el Congreso se parece más a la Asamblea de los tiempos de la Revolución Francesa que a un verdadero parlamento preocupado de los desafíos del siglo XXI. A mí siempre me gustó una frase de Jefferson, que creo que viene a cuento: “las naciones progresan no cuando discuten sobre su pasado sino cuando sueñan su futuro”.