Autor –junto a un grupo de historiadores– de una elogiada Historia de la vida privada en Chile, el investigador desmenuza en esta entrevista cómo ha cambiado el país desde los tiempos de la Colonia a nuestros días. Ni tan diferentes ni tan iguales. Por Marcelo Soto; fotos, Verónica Ortíz.

  • 2 abril, 2008

 

Autor –junto a un grupo de historiadores– de una elogiada Historia de la vida privada en Chile, el investigador desmenuza en esta entrevista cómo ha cambiado el país desde los tiempos de la Colonia a nuestros días. Ni tan diferentes ni tan iguales. Por Marcelo Soto; fotos, Verónica Ortíz.

En su última novela, Ian McEwan, el popular y aclamado autor británico, retrata a una pareja de jóvenes en su noche de bodas. Es el año 1962 y los muchachos, vencidos por los nervios, terminan estropeándolo todo. Este tipo de cosas, que pasan en la intimidad, son las que el historiador Cristián Gazmuri rescata en sus libros. En vez de hablar de elecciones y del precio de la divisa, Gazmuri apunta a esas pequeñas anécdotas que marcan la existencia de la gente común y corriente.

Académico de la Universidad Católica, doctorado por la Sorbonne, acaba de publicar –junto a Rafael Sagredo– el tercer tomo de su Historia de la vida privada en Chile y lo ha hecho con un éxito impresionante. Suma ya varias ediciones, algo impensable para un texto de tales características. Gazmuri es un tipo deslenguado, que escapa al perfil clásico de un profesor universitario. Viste jeans y camisa de una forma que recuerda a un antiguo hippie. Su conversación va de un lado a otro, al punto que es difícil seguirlo. Cuando dice “el año 62” puede estar refiriéndose al siglo XVII.

Muchas veces, durante la charla, habla con tal rapidez –y elevando el tono casi como el de un niño– que el significado de sus palabras termina enredándose y se pierde en la grabadora. Gazmuri tiende a ir más veloz que el común de los mortales y no es raro que haya sido un adolescente problemático. Fue pésimo alumno y sólo por casualidad acabó entendiendo que lo suyo era la Historia.

Así lo recuerda: “era tal la persecución de mi padre por las notas que empecé a odiar las clases y resulta que yo no era mal alumno, pero comencé a capear, a no ir al colegio. Y luego me puse a estudiar Leyes y fui un tipo mediocre. Hasta que cambiaron el currículo de rígido a flexible, y se me ocurrió tomar un par de cursos de Historia y dije esto es mucho más entretenido, esto es lo que me gusta. Mi papá estaba hecho una furia, te vas a morir de hambre, me dijo. Y no me he muerto de hambre. No te diría que soy rico, pero sí tengo bastante buen pasar. Pero eso es vida privada”.

 

1 Un paseo por Francia

 

Aparte de su Historia de la vida privada de Chile, escrita en colaboración con una veintena de historiadores, como Patricia Arancibia y José del Pozo, Gazmuri es autor de una aplaudida “historia de la historia”, es decir, un repaso por los principales historiadores chilenos, desde 1842 a 1970, cuyo segundo tomo será publicado en los próximos meses.

 

En su oficina del Campus San Joaquín –muy pequeña, la verdad sea dicha, en medio de una arquitectura grandilocuente–, Gazmuri habla sin pelos en la lengua de sus colegas. Después, antes de apagar la grabadora, me pide que evite poner nombres y apellidos. No vaya a ser cosa que lo demanden.

 

-¿Por qué decidió escribir sobre la vida privada en vez de los procesos, o la historia de la elite, de la cultura o de las masas?

 

-Mira, esto empezó en Francia, hace 30 años. Hubo una historia de la vida privada que salió en diez tomos, escrita por Georges Duby y Philippe Aries. Y después han salido historias privadas en Argentina, muy mala, y en Uruguay, que es interesante. En 1992 me encontré con la historia francesa, la compré y llegué con la novedad a Chile. Había artículos muy interesantes, que se preocupaban de todas esas cosas que son importantísimas para las personas pero no fi guran para nada en los libros, ni en la vida pública ni en los diarios: nadie escribe sobre ellos. Y me hice la pregunta: ¿Qué afecta más a una persona? ¿Vivir una revolución o, por ejemplo, roncar fuerte en las noches? Sin duda que lo segundo.

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-Sin embargo, la historia no se escribe de acuerdo a los ronquidos…

 

-Claro. Pero te doy un ejemplo: la sociabilidad. Hace uno o dos siglos era vital la caminata alrededor de la plaza, donde se iniciaban las amistades, los noviazgos. ¡Cuántos casamientos no se formaron allí! Eso ya no existe. Ahora las parejas se conocen en discotecas, por chat… Y una relación que nace de un amor romántico, de pasearse en la plaza y cruzarse y mirarse un poquito es muy distinto al de una niña que ya a la tercera vez se entregó en una disco. Quizá ahí esté la causa de la declinación del matrimonio.

 

-¿Cuánto pueden influir los rasgos personales en la definición de una época?

 

-Hay casos muy extremos. Se han descubierto piojos en la peluca de Luis XIV, por mencionar un caso, que picaban al viejo en la cabeza. No tomaba nunca agua, porque en esa época estaba muy infectada, con virus y bacilos. ¿Sabes cuántos litros de vino tomaba al día? Cuatro. De más está decir que todo eso influyó en su manera de reinar. Otro punto es la higiene: Luis XIV se bañaría tres veces al año. ¿Cómo habrá sido el sexo que tenía Luis XIV? Probablemente, insatisfactorio. Estos problemas de la vida privada pueden influir mucho y son más importantes a la larga que haber vivido una revolución.

 

-Algunos plantean incluso que ciertas formas de socializar, como el surgimiento de los cafés y los restaurantes, fomentaron las ideas revolucionarias.

 

-Absolutamente. Casi no se explica la Revolución Francesa sin los cafés, porque iban todos los hombres en la tarde después del trabajo, a las 5, y ahí se fue creando la historia de que María Antonieta era una suelta, que le ponía los cuernos a Luis XVI todos los días. Aquello no era tan cierto. María Antonieta tuvo un amante y el problema era que se pudiese introducir sangre que no era real en la sucesión de la monarquía. Y ahí empezó la semilla de la rebelión. Gran parte del odio que se ganó María Antonieta y del desprecio hacia Luis XVI nació de los cafés y de los salones. Pero hay un detalle íntimo que no debe subestimarse: Luis XVI no pudo consumar su matrimonio hasta siete años después de casado. No es raro que María Antonieta haya tenido el comportamiento frívolo que tuvo, que se arrancara a la ópera, que despertara envidias. Resulta que la Revolución Francesa se explica en parte por eso. Y pertenece a la vida privada.

 

2 De vuelta a Chile

 

De vuelta a Chile Todas las profesiones tienen su lado miserable y una de las cosas que llaman la atención entre los historiadores es lo mal que hablan los unos de los otros. “Eso pasa en todas partes, pero es peor entre los escritores y artistas”, se excusa Gazmuri, quien se cansó de ser director de la carrera en la UC debido a las constantes peleas y disputas políticas.

 

-Al estudiar la vida privada de los chilenos desde la Colonia hasta nuestros días, ¿qué fue lo que más lo sorprendió?

 

-La gente de la Colonia en algunas cosas era muy parecida a nosotros. De partida, la religión era lo más importante en la vida. Si alguien tenía un problema, hasta un dolor de cabeza, se agarraba al rosario. ¿Cuánta gente reza el rosario hoy? Nadie. Prenden la televisión o toman la píldora.

 

-Pero todavía hay familias muy religiosas.

 

-En los campos y en las ciudades chicas queda algo y en Santiago en algunos grupos, en la elite conservadora. El gran sector social de Chile, que es la clase media, ha perdido su religiosidad. Todavía se bautizan, pero se casan por la Iglesia menos de la mitad de las parejas, el 40% se casa por la Iglesia, y de hecho como el 35% convive no más y no se casa ni por la Iglesia ni por el civil. Entonces, te das cuenta de que la beatería es una cualidad propia del siglo XVIII. La gente en el siglo XVII era muy suelta, incluso en lo sexual. Pero después hubo una época, en los siglos XVIII y XIX, nuestra era victoriana, en la cual si alguien mostraba un tobillo era un espanto. Tenían que cuidarse mucho en cómo se vestían, en qué circunstancias se vestían.

 

-¿Cómo han cambiado las formas de sociabilizar?

 

-Mucho. En el siglo XIX, la amistad formal se daba entre los hombres en los clubes; entre las mujeres, en los salones y en algunas ceremonias religiosas, pero sobre todo a la salida de misa. El hombre era de club, como el Club de la Unión, que partió en 1864 siendo un club político y terminó siendo absolutamente social. En este aspecto, tienen un signifi cado especial los bomberos: es una sociabilidad tan típicamente chilena, porque son voluntarios, cosa que no encuentras en el mundo, en todas partes son contratados. Ser bombero es un tipo de sociabilidad muy chilena. Sobre todo en la ciudades medias o pequeñas el ser bombero te permite contactarte con otras redes, y en especial entretenerte durante las tardes, porque no es sólo apagar incendios, sino apagar el incendio interior. Tienes algo que hacer, algo que conversar. Normalmente, el tipo que era bombero era masón y radical. Ahora no.

 

-Estamos muy cerca de celebrar el Bicentenario. ¿De qué manera la independencia influyó en la vida cotidiana de los chilenos?

 

-La independencia no cambió nada la vida privada de la gente. Cambió mucho más por los procesos que se vivieron a lo largo del siglo XX. Porque la clase media reemplazó a la alta como la clase política que gobierna el país. Actualmente, quedan algunos aristócratas en la clase dirigente, pero la inmensa mayoría es de clase media. Si ves el Senado, los diputados, los ministros, el 70% es de clase media. Y el ser de clase media importa una serie de comportamientos, muy distintos a los que tenían los grandes señores y terratenientes que gobernaron Chile hasta 1920. Entonces llega al poder Arturo Alessandri Palma, que sin embargo no es el aristócrata que se cree: Alessandri es nieto de un inmigrante italiano que ingresó a Valparaíso como titiritero, o sea poco más que un payaso. El abuelo era muy trabajador, ascendió socialmente, su hijo se compró un fundo, en Linares. Y los nietos, como Arturo, estudian en los Padres Franceses, con lo cual se mezclan con la aristocracia, que todavía gobierna Chile.

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-¿Cuándo la clase alta comienza a perder presencia en el sistema político?

 

-Nunca hubo un presidente en Chile antes de 1920 que no fuera aristócrata, quizá Manuel Montt, que tenía una hacienda en Petorca. Sin embargo, después de 1920, si revisas te das cuenta de que todos son hijos de inmigrantes, o gente de clase media. Como Ricardo Lagos, como Pedro Aguirre Cerda, que era de Pocuro, un pueblito que está de Los Andes a la cordillera. Frei Montalva era hijo de un alemán que había entrado a Chile con un pasaporte falso o, por lo menos, dudoso.

 

-Desde el punto de vista de un historiador, ¿cuál es el origen de esta obsesión por la vida íntima del otro, convertida en farándula?

 

-Siempre la gente se ha preocupado mucho de la vida privada de la gente famosa, lo que pasa es que ahora hay muchos medios de comunicación que permiten acceder muy fácil a eso, empezando por la TV. Antes era la gente de clase alta la que se preocupaba de cómo vivían los demás, cómo se divertía fulano, cuál era su coche, cuánta plata tenía, etc. En cambio, la clase media era muy pobre, muy apagada, no tenía tiempo ni ganas para estar preocupada de esas cosas.

 

-¿La farándula ha democratizado de alguna forma el acceso a la vida privada de los demás?

 

-Sí, claro que la ha democratizado. Cualquiera tiene acceso a ella. Incluso en el campo, los inquilinos pobres tienen no uno sino dos televisores. Tienen computadoras con Internet y todo eso va cambiando la sociedad en que vivimos. Hay acceso a la farándula por las revistas. Ahora, las revistas de farándula están al alcance de los bolsillos de cualquiera. La farándula ha existido siempre, lo que pasa es que antes llegaba solamente a la clase alta. Hasta hace poco era un pasatiempo exclusivo de los ricos, que se daba en los clubes y pasillos del poder.

 

3 La vida privada de los presidentes

 

Cristián Gazmuri ha sido atacado por algunos colegas por tratar temas que se consideran frívolos o sin importancia. “¿Quién dice qué importa y qué no?”, contraataca. Y agrega: “el historiador tiene derecho a inmiscuirse en el pasado como globalidad. No solamente si hubo elecciones y eligieron a tal senador o tal presidente, sino realmente cómo fue el pasado, cómo eran las costumbres, qué hacía la gente al levantarse, cómo se bañaban y vestían. La historia es más que los nombres de los senadores y los presidentes. El pasado es todo”.

 

-¿La política se ha hecho farándula?

 

-Sí, por supuesto. Con estas denuncias de corrupción, cuando las sospechas recaen sobre las familias, el tema se ha frivolizado. Importa más la denuncia que el argumento. Sucede que Chile es el país menos corrupto de América latina y por un margen amplio. Hay corrupción, por supuesto, pero no son los centenares de millones de dólares que suelen haber en otros países. Pero la farándula agranda el impacto de la denuncia hasta llegar a ser una cosa espantosa. No obstante, estamos lejos de los niveles de corrupción de Argentina, México o Venezuela.

 

-¿En qué momento de la historia surge la corrupción como tema de la agenda pública?

 

-Antes era muy poco lo que se hablaba de corrupción. De hecho, la clase alta era muy poco corrupta en Chile, excepto en la época del salitre, en que había demasiada plata. Ahí hubo corrupción desde el año 1893 hasta el 1920. Pero no era un tema de la agenda como es ahora. De partida, porque la tabla política la manejaba la clase dirigente que era la misma benefi ciada por la corrupción. El tema de la corrupción surge como problema de alcance social en los gobiernos radicales; ahí empieza a hablarse, pero de manera bastante frívola. Por ejemplo a Gabriel González Videla le decían el loco sambero, y era porque se iba a cualquier restaurante y se ponía a bailar samba. ¡Y era el presidente de la República!

 

-¿De qué manera influye el carácter de los presidentes en el curso de la historia? Por ejemplo, se dice que Allende era frívolo, que le gustaban las mujeres y el whisky.

 

-Una cosa es la historia, lo que pasó, y otra la historiografía, lo que escribo sobre ella. De que Allende era mujeriego no hay duda. Pero no es el único presidente mujeriego que hemos tenido. Federico Errázuriz Echaurren iba a una casa que todavía existe al lado del lago Llanquihue, y armaba fiestas de tres semanas. Hay otros presidentes que han sido unos monjes, Eduardo Frei Montalva, por ejemplo. Eduardo Frei Ruiz Tagle también.

 

Alessandri Palma murió en Lira con Alameda, frente a la Universidad Católica, en los brazos de su amante. Eso dicen, que murió en los brazos de una niña y que lo llevaron por la escalera y lo dejaron en la esquina de Lira con Alameda. ¡Un ex presidente de Chile, botado en la calle, para que veas!

 

-¿Pero alguna vez ha influido un rasgo de la personalidad del presidente de Chile en hechos políticos de importancia?

 

-No, yo te diría que en general los presidentes chilenos han sido bastante sobrios. Los que te nombré son excepciones. En general, los presidentes chilenos se han comportado de manera sobria. El que tuvo muchas amantes fue Portales, pero no fue presidente.

 

-De Pinochet poco se ha investigado.

 

-De él no se puede decir nada. Pero alguna vez saldrán cosas que hoy no se saben. Así es la Historia.