El debate generado tras la reciente visita de Michael Porter hacía necesaria una nueva conversación con el profesor de Harvard. Hombre de poco tiempo, agenda recargada y llena de viajes por el mundo, respondió las preguntas de Capital y confirmó sus apreciaciones sobre Chile. Por María Luisa Vicuña; fotos, Verónica Ortíz.

  • 12 junio, 2008

 

El debate generado tras la reciente visita de Michael Porter hacía necesaria una nueva conversación con el profesor de Harvard. Hombre de poco tiempo, agenda recargada y llena de viajes por el mundo, respondió las preguntas de Capital y confirmó sus apreciaciones sobre Chile. Por María Luisa Vicuña; fotos, Verónica Ortíz.

 

No cabe duda, Michael Porter removió el ambiente. Invitado por Capital y la Universidad del Desarrollo, con el auspicio de Deloitte, el profesor de Harvard expuso ante más de mil personas sus apreciaciones sobre la situación chilena y propuso “medidas indispensables” para superar el estancamiento.

Sus ideas no cayeron bien en todos los sectores. Dicen que estaba “desinformado” o mal influenciado. Comentarios que –a juicio de Porter– “ilustran exactamente hasta qué nivel el debate político en Chile no aborda los verdaderos problemas que afronta el país”.

En un nuevo diálogo con Capital, profundiza en su diagnóstico: “Chile está todavía muy atrasado en términos de prosperidad económica, en relación a otros países de ingresos medios y economías avanzadas. Hay muchos países que tienen un PIB per cápita mayor y que, sin embargo, están creciendo mucho más rápido; por ejemplo, los países bálticos, Europa Central y Asia (como Malasia, Corea, Croacia, Polonia, Eslovaquia, Hungría, República Checa, Letonia, Lituania y Estonia). Además, no hay que olvidar que Chile hoy día se beneficia por una fuerte demanda de recursos naturales del resto de los países, lo que implica que debiera estar creciendo mucho más rápido que otras economías que cuentan con menos recursos naturales. Las tasas actuales de crecimiento de Chile dan cuenta de profundos problemas subyacentes en el país, y de la falta de una estrategia para atacarlos. En vez de eso, hay ciertas racionalizaciones, estudios políticos y pequeños pasos, que son más tentativos, que reales”.

 

-La estrategia competitiva de Chile en los 80 consistió en la apertura unilateral. En los 90 se apostó por los TLC. ¿Cuál debiera ser la fórmula ahora?

-La apertura de la economía chilena ya pasó. No se puede estar más abierto de lo que está Chile, y en lo que ahora debiera enfocarse la economía chilena es en construir un sector privado más potente. Las empresas e industrias chilenas no están invirtiendo lo necesario en innovación y, por lo tanto, no están mejorando sus sofisticaciones propias, que son las que las hace competitivas. En este momento, la forma de conducir a la economía chilena a un nivel superior es a través del crecimiento del sector privado y, sin embargo, la productividad de la industria no está creciendo lo rápido que debiera. Ese es el desafío, aumentar la inversión en innovación y sofisticación para aumentar la productividad y competitividad de Chile.

-¿Cómo ve a Chile dentro de Latinoamérica?

-Pienso que Chile debiera enfocarse más en tener estrategias comerciales dentro de la región y no sólo con el resto del mundo. Ya se han preocupado y están sentadas las bases para las negociaciones con Nueva York y Tokio; ahora es el momento de los países vecinos.


-Pero también hemos tenido problemas para negociar con los países vecinos. Hoy vivimos una crisis del gas que compramos a Argentina, por sus problemas políticos. ¿Cómo lograr negocios sustentables frente a esa realidad?

-No creo que Chile tenga que negociar con los otros países. Creo que son las compañías chilenas las que tienen que salir y abrir negocios en los demás países latinoamericanos. Eso ya está pasando, como las empresas que se están estableciendo en Perú, Argentina y Colombia. Es cierto que todavía es difícil la realidad política de ciertos países de Sudamérica, pero eso no debiera afectar las oportunidades a niveles microeconómicos de las empresas. Por ejemplo, hay varios inversionistas chilenos en Perú que están teniendo éxito y eso es independiente de los asuntos políticos que tenga el gobierno peruano con el chileno.

-¿Cuál cree usted que es la fortaleza de Chile frente a los demás países de la región y qué debiera exportar?

-Ya está asentada la economía minera y agrícola de Chile. Ahora el país debe fortalecerse en ofrecer servicios. Debiera ser el principal oferente de consultorías, servicios financieros, servicios profesionales dentro de Latinoamérica. Chile tiene grandes profesionales, que no se están aprovechando.

-¿Qué decisiones debiera tomar el gobierno para aprovechar y exportar estas capacidades profesionales?

-El gobierno chileno tiene que trabajar las principales debilidades del país, tiene que enfocarse en los asuntos más importantes para el desarrollo: educación, energía y flexibilidad laboral. Lo que veo es que hasta ahora están demasiado atentos en lograr pequeños cambios, que en apariencia se ven como avances pero, en la realidad, Chile sigue igual. Es tiempo de pasar a una próxima etapa de la economía chilena, que sea conducida fundamentalmente por el sector privado, no por el gobierno. A veces, cuando escucho a los líderes de este país, me da la idea de que quisieran retroceder y tener un gobierno más controlador, cuando lo que necesita Chile es justamente lo contrario.

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-¿Y cuáles son las principales debilidades de nuestro país?

-Probablemente, la número uno es el sistema de educación pública. El gobierno no ha tenido la voluntad suficiente de evaluar realmente la efectividad de las escuelas, el trabajo y rendimiento de los profesores. Un segundo tema es la flexibilidad laboral. Las leyes chilenas actuales trabajan en contra de la productividad. Pareciera que el gobierno cree que con estas normas laborales protege los intereses de los trabajadores, pero finalmente no es así. Porque en Chile cada vez es mayor la rigidez laboral, lo quedisminuye la productividad. Y eso termina con resultados de menor creación de puestos dentro de la empresa y, por lo tanto, menos oportunidades de trabajo. Comprendo que el gobierno quiera proteger a los trabajadores y proteger también a quienes reciben bajas remuneraciones, pero la forma de hacerlo no es a través de leyes laborales rígidas, que en apariencia son una solución pero no están atacando la cuestión de fondo. La razón de por qué los sueldos son bajos en algunos trabajos de Chile no es por la existencia o no de sindicatos y mucho menos por la protección o no de la legislación. Los sueldos son bajos porque la preparación es de mala calidad, porque las habilidades con que llegan los empleados son bajas, porque finalmente la educación es mala. Finalmente, el gobierno resuelve los problemas de educación con leyes laborales, lo que por un lado perjudica la productividad de las empresas y, por el otro, no soluciona el problema de los bajos niveles educativos.

-Usted habló también de la energía como otro asunto importante. ¿Qué pasos debiera tomar Chile?

-El problema de Chile es que no tiene una verdadera política energética, no hay un plan para construir una adecuada capacidad energética, que permita crecer a la economía y a la comunidad. Está mal que Argentina les cambie las reglas del juego, pero es tiempo entonces de avanzar, no quedarse pegados en los problemas con ellos. Es tiempo de tener un plan, de construir una política que resuelve el problema de la energía, y no veo eso.

-¿Por qué los cambios en la educación, como la extensión de la jornada o la construcción de nuevas escuelas, no dan mayores resultados en términos de calidad?

-No soy experto en educación, pero creo que el desafío es principalmente político. El gobierno no tiene la suficiente voluntad de cambiar el status quo, en orden a definir el rol de los profesores y realmente analizar cómo están haciendo su trabajo, calificar así también el nivel de las escuelas y cómo se están administrando. Esto es un tema político complicado. Escuché que e Chile hay 250 mil profesores y eso representa un número significativo de votos: los políticos no quieren enojar a ese grupo de personas, no quieren perder su apoyo, incluso así fuera por un interés superior. La responsabilidad de quienes dirigen las políticas educacionales es hacer entender que mantener el estado actual, no beneficia a nadie, ni siquiera a los profesores. No puede ser bueno para nadie mantener un sistema que todos saben que no está funcionando. Esto requiere valentía política, porque significa proponer cosas diferentes, ser honesto, tener un nuevo diálogo y, probablemente, perder el apoyo de algunos. Esa intención no veo que exista actualmente en Chile. Como ya dije, en vez de eso, hacen pequeños ajustes, que tienen la apariencia de cambios, pero que no son verdaderos cambios.

-Una de las últimas medidas anunciadas por el gobierno para mejorar la educación fue la creación de un fondo de 6 mil millones de dólares para financiar estudios y pasantías en el extranjero. ¿Qué le parece?

-Chile tiene un problema estructural en su sistema educacional mucho mayor, que incluye una educación primaria y secundaria débil y la ausencia de centros de investigación universitarios que cumplan con los estándares mundiales. Por ejemplo, en el informe de Competitividad Global, en cuanto a la calidad de escuelas públicas, Chile se encuentra en el lugar 63 de 74 países. A conclusiones similares se puede llegar en otros estudios. Si bien la creación de este fondo es un buen paso, sigue implicando el apoyo a un número reducido de estudiantes. Chile necesita una estrategia de reforma educativa, que incluya grandes inversiones, nuevas normas de administración y un nuevo enfoque en relación a los grupos de profesores.

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-¿Y qué responsabilidad tiene el sector privado en esta baja productividad?¿Cree que ha sido lento en reaccionar?

-En Chile, y en Latinoamérica en general, el sector privado tiende a ser pasivo, los empresarios han sido reacios a crear estrategias para el país, han sido reacios en articular las vías para guiar al país en la forma en que ellos creen que debiera ir y lograr así un mayor crecimiento económico. Creo que es tiempo de que el sector privado en Chile mire más allá y que avance aunque el gobierno no esté listo. Hay una tendencia en Latinoamérica a esperar y culpar al gobierno de que las cosas no se hacen, y esperan que el próximo presidente, o cuando salga el presidente que ellos quieren, se resuelvan las cosas. Y precisamente una de las razones por las que Estados Unidos ha tenido éxito económico es porque nunca esperamos al presidente, cada uno resuelve sus cosas. Cada ciudad, cada estado y cada comunidad, trata de resolver sus problemas
y no esperan al gobierno. Creo que tenemos que empezar a crear ese espíritu. He hablado con varios ejecutivos chilenos y espero que venga ese nuevo espíritu a este país.

-¿Cómo puede Latinoamérica superar su atraso en tecnología e investigación, si ya partimos con desventaja?

-Pensemos en Taiwán. Hace 20 años era un país muy pobre y atrasado. Hoy Taiwán presenta uno de los más altos estándares en tecnología y es un líder en innovación. Esos resultados los ha logrado porque tiene un compromiso serio en entrenar ingenieros y científicos e invertir en investigación, tecnología, y en facilitar los medios para que las universidades puedan crear programas tecnológicos. No sé por qué razones Chile no ha tenido la intención de dar estos pasos. Chile no tiene universidades que estén dentro del top 400 del mundo y no puedes tener innovación, tecnología e investigación, hasta que no tengas un sistema universitario que las produzca. La investigación nace en las universidades, no en el mundo corporativo. Es importante
invertir y dar las posibilidades para que las universidades, los alumnos y los científicos tengan ese espacio para innovar y crear nuevas tecnologías.


-El Consejo Nacional de Innovación presentó una propuesta global para dar un salto en cuanto a desarrollo e innovación y que incluye once clusters prioritarios. ¿Conoce esta propuesta? ¿Va
en sentido correcto?

-Nosotros revisamos la estrategia nacional en cuanto a innovación antes de mi visita a Chile. Esta propuesta contiene buenas recomendaciones, con las que estoy de acuerdo. Sin embargo, tengo serias dudas sobre si esta estrategia será suficiente o si será efectivamente implementada. La preocupación de Chile en los últimos años se ha centrado sobre todo en la distribución de la riqueza, no en la creación de riqueza. Como ya dije, las bajas remuneraciones en Chile se deben a lo poco calificados de los empleados, no a las dificultades de negociación. Las políticas laborales, incluida la reciente penalización a la subcontratación, no hacen más que trabajar en contra de la productividad y la competitividad. Chile o está realizando una inversión sostenida
para mejorar la investigación y los centros de enseñanza. El gobierno de Chile todavía funciona con un modelo centralizado, de arriba hacia abajo, en lugar de colaborar con el sector privado y dar mayor responsabilidad a las regiones, a las provincias y a cada municipalidad. Los clusters son una herramienta esencial para estimular la innovación y el desarrollo de nuevos negocios en el sector privado, pero la política de los clusters depende de un buen entorno empresarial y un enfoque distinto del gobierno.

-Para aumentar la inversión privada en innovación y desarrollo (I+D), se creó un crédito tributario a favor de las empresas. ¿Le parece efectivo?

-Apoyo el uso de créditos tributarios para estimular la inversión en I+D por parte del sector privado. No obstante, el crédito en Chile no está bien diseñado y, finalmente, es de muy difícil acceso. Es un ejemplo concreto de una política que va en una dirección correcta, pero que no demuestra un compromiso serio con el cambio que se pretende. Por otra parte, este país necesita dirigir y hacer frente a muchas otras áreas, para lograr un verdadero desarrollo en cuanto ha I+D, si es lo que se pretende con este crédito tributario, tales como la investigación en las universidades y el desarrollo de habilidades.

-Un diario local dio a entender que su visión en cuanto a la competitividad de la estrategia chilena se basó sólo en el punto de vista de un grupo de empresarios y economistas chilenos. ¿Cómo responde a esto?

-Es penoso escuchar y leer ese tipo de comentarios, porque ilustran exactamente a qué nivel el debate político en Chile no aborda los verdaderos problemas que afronta el país. Soy el presidente del Informe de Competitividad Global, que entrega un ranking de competitividad de más de 120 países. Mis conclusiones se basaron en una amplia variedad de fuentes, incluido un estudio ejecutivo en el que participaron más de diez mil gerentes de todo el mundo. En las conclusiones de este estudio, casi no hay desacuerdo con la presentación que yo hice en Chile. Soy un antiguo amigo de este país. Comencé mis visitas en 1978. Pienso que Chile necesita una discusión abierta y honesta sobre las fortalezas y debilidades que enfrenta el país y una clara estrategia para hacerles frente. Chile puede convertirse en un país mucho más próspero y ser un modelo más importante en América latina, pero sólo si los chilenos entienden que el modelo económico que ha llevado al país hasta donde está hoy necesita adecuarse y mejorarse en forma significativa.