El abogado, peronista y ex excanciller de Néstor Kirchner fue designado como embajador de Argentina en Chile hace seis meses pero pisó suelo chileno recién el 3 de julio. La encomienda del presidente Fernández a Bielsa incluyó, desde el principio, darle prioridad a la persona, las funciones y los intereses del presidente Sebastián Piñera. En sus tiempos libres no perdona perderse los partidos del Leeds, el equipo que dirige su hermano Marcelo.

  • 21 julio, 2020

Además del sobrenombre “Loco” -por el carácter- y el lazo sanguíneo, Rafael Bielsa Caldera (66) coincide con su hermano, el ex DT de la selección chilena, en una de sus grandes pasiones: el fútbol. El embajador argentino en Chile es ferviente hincha de Ñuls-Club Atlético Newell’s Old Boy, el equipo de la ciudad de Rosario donde el DT del Leeds debutó en 1976 como jugador y en 1990 como entrenador, y cuyo estadio se llama Marcelo Bielsa. El diplomático reconoce que trata de no perderse los partidos del equipo inglés que dirige su hermano, más aún cuando el fin de semana pasado logró el ascenso a la Premier League tras 16 años en segunda división.

El abogado fue designado para la misión diplomática en Santiago hace seis meses, pero recién piso suelo chileno el 3 de julio para instalarse en la sede ubicada en calle Miraflores. Se esperaba que llegara a mediados de mayo, pero el Presidente Alberto Fernández decidió retrasar su partida por asuntos de política interna. No tuvo que ver con la pandemia como se dijo en la prensa argentina, aclara Bielsa, “de hecho, estuve a punto de viajar en auto, y lo hubiese hecho en avión a los cuatro días si no hubiera sido porque el Presidente me retuvo. Desde entonces no hubo más vuelos. En el primero que estuvo disponible, me embarqué”.

Gestionó de manera remota sus labores diplomáticas y al aterrizar en Santiago tuvo que cumplir una exigente cuarentena de 14 días antes de reunirse con sus pares. Quienes lo conocen cuentan que su nuevo rol lo tiene muy entusiasmado y que es un gran admirador –y lector– de la literatura chilena. “Lo que más me gusta de Chile es su cultura, su historia, su entereza y su discreción”, comenta.

El excanciller de Néstor Kirchner entre 2003 y 2005 tiene la misión en Chile de seguir trabajando en la relación bilateral de ambas naciones. Las polémicas que han surgido a raíz del manejo de la crisis sanitaria de ambos países y de los últimos acontecimientos tras la muerte del exsecretario de Cristina Kirchner, Fabián Gutiérrez, uno de los «arrepentidos» en una de las causas por supuestos actos de corrupción en la obra pública durante las administraciones kirchneristas entre 2003 y 2015 podrían ser temas de los cuales eventualmente podría tener que referirse.

El 30 de abril, el abogado argentino terminó las labores de política doméstica encomendadas por el presidente Alberto Fernández y recibió la instrucción de comenzar con los trámites administrativos en Cancillería. La encomienda de Fernández a Bielsa incluyó, desde el principio, darle prioridad a la persona, las funciones y los intereses del presidente Sebastián Piñera.

Usted señaló que “El Presidente Fernández tiene el deseo y la voluntad de mantener una relación armónica y dinámica con la administración Piñera”. ¿Cómo concretará ese objetivo?

La palabra “concretar” es desmesurada; trataré de intentarlo. Haciendo lo que debe hacer un diplomático. Aquello de lo que ya hablaron, en el Congreso de Viena de 1815, el príncipe austríaco von Metternich, y el vizconde británico de Castlereagh: fortalecer el equilibrio entre nuestras naciones, con mecanismos transparentes de información y de control recíproco, lo que conforma los cimientos de un sistema bilateral e internacional de relacionamiento pacífico y duradero.

Hasta este momento, no ha tenido contacto personal con el presidente Piñera, además de pedirle fecha para su entrega de Cartas Credenciales, que es lo que, según está establecido en los protocolos de Cancillería, marcan los usos y costumbres.

La vara de Marcelo

Para el diplomático, Chile es constantemente un tema de conversación entre sus cercanos. Varios han comentado que Bielsa admira la voluntad de los chilenos y la manera en que se ha construido la historia moderna del país.

– ¿Cree que ser “Bielsa” le da un punto a favor en Chile?

No lo veo así. No son actividades comparables la política internacional y el entrenamiento de equipos de fútbol. No se hace feliz a las personas en parecida proporción y, cuando se las hace, el trabajo de un embajador otorga menos felicidad a menos gente. Un entrenador de fútbol maneja otras magnitudes. Por lo tanto, siendo embajador, es razonable esperar menores exteriorizaciones de afecto y reconocimiento por parte de los demás. Eventualmente, y por lo que veo, leo y oigo, para el apellido “Bielsa”, Marcelo dejó la vara a una altura inalcanzable.

– ¿Cómo está su hermano? ¿Cómo es la relación con él? ¿Qué le dice él de Chile?

Está como lo cuentan los periódicos (este fin de semana logró tras 16 años el ascenso del equipo británico Leeds a la Premier Legue). Lo que me dijo en repetidas ocasiones es que tiene un afecto muy especial por Chile. Respeta al país y a una serie de conductas extendidas socialmente, como la voluntad, el amor por su tierra, la tenacidad, la resiliencia. La relación es fraterna. Hablamos con menor frecuencia de los solíamos hacerlo y de lo que yo quisiera.

En Chile Rafael Bielsa tiene lazos de amistad profundos, entre los que están el senador José Miguel Insulza y el abogado José Antonio Vieragallo. Con el primero trabajó en 2006 y 2007 cuando le tocó presidir la misión de observación electoral de la OEA -liderada por el Pánzer- para las elecciones presidenciales en Perú y luego en Ecuador. Sobre su relación con ellos asegura: “La reserva y el respeto por el ámbito privado es una de las condiciones teologales de la conservación de la amistad”.

El manejo del Covid-19

“Rafa”, como lo conocen sus amigos, es padre de cuatro hijos, divorciado y casado nuevamente la abogada Andrea De Arza. De momento se instaló en la residencia de la embajada argentina ubicada en Vicuña Mackenna. Es conocido por su autoexigencia y disciplina en el trabajo, característica que viene de su madre, Lidia Caldera. Lo definen como un “erudito” y cuentan que viene de una clásica familia rosarina ilustrada. Es el primogénito del clan Bielsa, que componen además el entrenador que llevó a la Roja al Mundial de Sudáfrica en 2010, y la arquitecta y actual ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat de la nación argentina, María Eugenia.

-A su juicio, ¿cómo ha manejado Argentina esta crisis? Las cifras de contagios han aumentado estas semanas…

Como mejor podemos y sabemos. No es novedad que no hay manuales para enfrentar lo imprevisto.

– ¿Cuál es su evaluación del impasse sobre la filtración de la minuta “Coronavirus: Chile versus Argentina” donde se comparaba el manejo de la crisis de su país con la del gobierno chileno? ¿Se abrió un flanco de discusión que no estaba considerado?

Yo no lo llamaría ni “impasse” ni “flanco”. Como le dije antes, todos los países estamos buscando las mejores alternativas para superar esta crisis, que no tiene precedentes.

– ¿Qué es lo primero que hará o visitará una vez que entremos a la etapa de desconfinamiento?

Conocer cara a cara a personas que desempeñan cargos que tienen relieve en la relación bilateral. Viajar a los consulados que mi país dispuso de norte a sur. Conocer algunos lugares de los que supe por un libro maravilloso que acabo de terminar de leer, “Todo Santiago”, escrito por Roberto Merino como, por ejemplo, el Cementerio General, donde está la tumba del presidente Balmaceda o la imagen dolorosa que está en la Iglesia de los Agustinos y remite al terremoto de mayo de 1647, de cuya historia supe por Jorge Baradit.

Las polémicas

A Rafael Bielsa se le ha visto inmerso en polémicas en redes sociales, de las cuales no rehuye ni desmiente. Le preocupa la precisión en el uso de las palabras y constantemente comparte sus opiniones.

-Cuando publicamos un reportaje sobre su historia, el periodista Diego Cabot dijo que usted “tiene como virtud ser un tipo súper leído, lo que a su vez lo convierte en su principal trampa. Es como que tiene una cosa de enorme superioridad sobre el resto, que la trata de expresar cada vez que puede. Ha construido un ego muy importante”. Usted le respondió por Twitter y se armó una larga discusión entre los dos. ¿A qué se debe?

Son lo que Lawrence Durrell llamaba “las discordias no electivas”. En ocasiones, la gente a uno no lo quiere, sin que uno acierte a saber por qué. ¿Usted se siente bajo el peso de una «enorme superioridad» oyendo estas palabras?

-Cabot escribió luego: “Usted sabe que cuenta una parte de nuestra relación, accidentada desde hace años. Por suerte hay muchos testigos de aquellos días en los que nos conocimos. No a todos se les puede exigir la verdad”.

Lo leí y recuerdo la frase vagamente. Para emplear la memoria, prefiero la intertextualidad de Lautréamont, antes que a Gabot. Sólo puedo añadir que ignoro la razón por la cual ese periodista pone en duda la veracidad los testigos de aquellos días. Por mi parte, doy fe de que son personas que no suelen mentir. Cosas de crédulo, me dirá usted. Le atribuyo nulo interés al episodio para las relaciones entre Chile y la Argentina.

Peronista y férreo opositor de la política exterior del expresidente Mauricio Macri, evidentemente abraza la forma en que el Alberto Fernández mira hacia afuera. Para Bielsa, el cómo debe organizarse la comunidad argentina y proyectarse al mundo difieren sustancialmente de aquéllas que sostiene la coalición política que gobernó entre 2015 y 2019. “Más allá de las diferencias, hay una continuidad que todos los gobiernos desde 1983 a esta parte y sin excepción, han sostenido: atribuir un carácter estratégico al relacionamiento con Chile y trabajar para profundizarlo”, señala.

-¿Qué le pareció el seminario que dictó Macri por streaming el 8 de julio pasado a través de La Otra Mirada? ¿Lo pudo ver?

Justo estaba mirando “Gritos y susurros” de Bergman y no me quedó otro remedio que optar por Bergman. ¿No hubiera hecho lo mismo que hice?

Sobre la Argentina

Sus cargos como síndico general de Argentina durante el gobierno de Fernando de la Rúa; diputado por la ciudad de Buenos Aires; secretario de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfic; y ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto entre 2003 y 2005 del gabinete de Néstor Kirchner lo hacen poseedor de un bagaje lo suficientemente amplio para conocer y opinar sobre la política de su país natal. Además, en paralelo con sus actividades políticas, el rosarino se mantuvo publicando activamente libros, ensayos y poemas, además de escribir para distintos medios de comunicación.

-En la prensa argentina se señala que con el Presidente Fernández tienen gran afinidad y que “están hechos del mismo material”, no así con el marido de Cristina Kirchner, con quien tenía una relación más compleja mientras fue su Canciller. ¿Es así?

Ambos teníamos caracteres temperamentales: Néstor, a quien quiero entrañablemente, ya no está entre nosotros.

– ¿Cómo describe el rol que cumple hoy Cristina Kirchner en Argentina?

Lo describe la Constitución Nacional mejor que yo: vicepresidente de los argentinos, primera en la línea sucesora, presidente del Honorable Senado de la Nación. Además de lo que todos saben: un referente ineludible y gravitante de la política nacional, desde hace mucho tiempo.