Elisa Walker (DC) es una de las nuevas consejeras que se unieron al Colegio de Abogados. Desde esa posición, dice, luchará para que la entidad presidida por Arturo Alessandri tenga presencia activa en los temas de debate nacional. “El colegio tiene que sacar una voz”, asegura. A su vez, lamenta que la lista gremialista, que tuvo mayoría, no pusiera a una mujer a la cabeza de la entidad. “Hubiera sido un gesto vanguardista, pero optaron por la continuidad”, señala.
Foto: Verónica Ortíz

  • 18 julio, 2019

No pretendía ser consejera del Colegio de Abogados. “Fue una sorpresa salir elegida”, asegura Elisa Walker (37) desde su oficina en el piso 12 de un edificio en Vitacura, desde donde hace dos años funciona su estudio Sarmiento y Walker Abogados.

En 2016, la jurista de la Universidad de Chile se unió a Libertades Públicas, organización que se creó en 1997 para defender la libertad de expresión frente a la prohibición judicial de la exhibición de La última tentación de Cristo, pero que al poco andar expandió su lucha a todo tipo de promoción de derechos fundamentales.

En 2017 se sumó al directorio, mesa desde donde postuló al consejo del CA. Primero lo hizo sin éxito en 2017, y ahora en la elección reciente salió elegida. Eso sí, asegura, no lo buscó. “Postulé como candidata consejera para apoyar a mi lista, respaldar el trabajo que se había hecho dentro de Libertades Públicas (LP), también motivada por los compañeros que participábamos: Mónica van der Schraft, Matías Insunza, Iván Harasic y Libertad Triviño. Pero, honestamente, mi idea era apoyar a la lista y jamás esperé que iba a salir elegida y menos con la primera mayoría. Eran muy buenos los abogados que estaban en ella, y creí que aportando a sumar votos, ya era un buen rol. Fue una buena sorpresa”, indica.

Su padre, el ex senador DC Ignacio Walker, la acompañó el último día de la votación, el 7 de junio. Estuvo en el recuento de los votos y, emocionado, la felicitó por sus buenos resultados: su lista, Libertades Públicas, fue la segunda más votada después de la gremialista, y ella, con 421 nominaciones, fue la más popular de su grupo.

Lo que ese día sorprendió a todos fue que de los nueve consejeros elegidos, cinco son mujeres y cuatro, hombres. “Hubo sorpresas desde varios sentidos. Hace tiempo que no llamaba tanto la atención en la discusión pública una elección de consejeros en el CA. Fue sorprendente el éxito que tuvieron todas las candidatas de todas las listas porque en la elección pasada hubo solo una. Da cuenta de un cambio cultural. Muchas veces se dice que las cuotas cuestionan los méritos de las mujeres. Esta experiencia sirvió para desmitificar eso”, indica.

El 25 de junio, y en contraste con lo que todos pensaban que ocurriría, Arturo Alessandri, actual presidente del colegio, fue reelegido. “Fue muy desafortunado. La lista gremialista tuvo mayoría y ellos son quienes eligen a los que integran la mesa, su presidente y vicepresidente. Pero creo que era importante leer el momento político e histórico. Lo razonable hubiera sido promover una candidatura de una mujer y que la lista gremial haya respaldado a una mujer. Habría sido un gesto vanguardista, pero lamentablemente optaron por la continuidad”, apunta.

-Tras la nominación de Alessandri se ha acusado a la lista gremialista de machista, de no apoyar a Macarena Letelier porque era muy joven, porque era nueva en el Colegio…

-Yo creo que pesaron varias cosas, pero principalmente la idea de que hay una cierta tradición que tiene que cumplirse. Que el presidente ojalá tiene que ser alguien que haya estado involucrado históricamente con el Colegio, que ya haya sido consejero, y obviamente Macarena no cumplía con ese perfil. Pero nosotros en Libertades Públicas creemos que muchas veces esa tradición congela a la institución. Habría sido bueno optar por otros criterios de representación. Macarena Letelier quería abrir la mesa a otras listas, porque los últimos años los gremialistas han concentrado todo el poder en el Colegio. Y la forma de dirigirlo ha sido poco convocante. Habría sido un muy buen signo de apertura y renovación. Pero lamentablemente no fue así…

-Arturo Alessandri puso el cargo a disposición… 

-Yo creo que habría sido interesante no tener que llegar a la situación en que Alessandri pusiera su cargo a disposición. Lo razonable habría sido una lectura política anticipada de las elecciones y haber evitado este problema porque tampoco le hace bien al Colegio de Abogados. Con las elecciones llamamos mucho la atención por la renovación, pero después se perdió ese capital que se había construido. Ahora se ve forzado pensar que una mujer pueda conducir el Colegio. Los últimos años, el CA se ha visto desconectado de su entorno, entonces tenía mucho sentido tratar de romper esa desconexión.

-Carolina Fuensalida y Carmen Domínguez, de la lista gremialista, escribieron una columna en Capital defendiendo la elección de Alessandri. Dicen: “No somos machistas”. Señalan que votaron por él, y no por otra persona, por sus méritos.

-Fueron muy claras en eso, pero no hay que personalizar esta discusión. Tampoco creo que sea justo para Macarena ser objeto de evaluación de si ella tenía o no las cualidades. Lo que yo creo que sí está claro es que no se leyó bien el contexto social. Había otras, ellas mismas por último, que tal vez con Libertades Públicas habríamos tenido menos afinidad, no sé si hubieran abierto tanto la mesa, pero habría sido muy bueno para el Colegio mostrar que dirige una mujer.

 

“No queremos que el CA sea club de amigos”

-¿Eres crítica de la gestión de Arturo Alessandri?

-Libertades Públicas lleva cerca de 10 años trabajando en el Colegio de Abogados y siempre ha sido crítico en la conducción de este, en la falta de vínculo con discusiones de temas de relevancia pública. No es una organización que se caracteriza por tener una presencia activa en los temas de debate nacional que tienen que ver con el derecho. El Colegio tiene que sacar una voz. Se ha ido marginando de un espacio que le es propio. Y eso en parte ha sido por la conducción que se ha dado. Gran parte de la discusión en la última elección fue “a quién representa el Colegio de Abogados”. Hay un inconsciente que se transmite, que dice que ampara un perfil de abogados que tiene un estudio, que se dedica al ejercicio libre de la profesión, pero hay otras formas de ejercer la abogacía que también podrían estar consideradas dentro de este espacio gremial. Sin embargo, están más bien ausentes.

-Hay quienes lo tildan de un gremio elitista…

-Sí, no queremos que el Colegio de Abogados sea un club de amigos, sino que sea una organización gremial que se vincule con los temas de interés nacional, porque el rol que debe cumplir es importante.

-Ahora que estás dentro, ¿cómo quieres aportar?

-Históricamente, hemos tenido un rol muy importante en la comisión de ética y queremos mantenerlo. Queremos promover un rol de prevención porque hasta ahora el Colegio tiene un rol reactivo: en general, resuelve denuncias una vez que el conflicto se ha gatillado. Para ello, hay que tener coordinación con las facultades de Derecho. Por ejemplo, ver cómo se está estudiando la ética, desde qué perspectiva se hace. También hay que dar respuesta a quienes tienen problemas éticos con abogados que no son parte del Colegio de Abogados, porque el gremio solo puede responder con los que están asociados y muchas veces los problemas éticos tal vez no se responden dentro de la organización.

-¿En qué casos puntuales podría haber más cuidado ético?

-Toda la discusión que ha habido, por ejemplo, en Rancagua. Tenemos que honrar el ejercicio de nuestra profesión, y en ese sentido, la ética tiene un rol muy importante que cumplir. Mal que mal, los abogados trabajamos con las instituciones que construyen justicia, no es banal.

-¿No es difícil empezar a hacer las cosas diferentes de un minuto para otro? Es una cultura que hay que cambiar.

-Sí, pero ahí también me es importante aclarar que esto no es con un espíritu refundacional. No hay ánimo de decir “ahora que llegamos nosotras vamos a hacer las cosas diferentes”, para nada, pero sí de tener la intención de poder ser crítico de cómo se han hecho las cosas, y plantear tal vez formas nuevas. La crítica no es con un espíritu inquisidor.

-¿Qué va a pasar el 29 de julio? Ese día se volverá a votar por el presidente del Colegio.

-No me atrevo a decir qué va a pasar, pero sí, como Libertades Públicas, seguimos manteniendo la idea de que la mesa tiene que ser representativa de lo que pasó y que idealmente debería estar encabezada por una mujer.

Feminista

Tras recibirse del Saint George, Elisa entró a Derecho en la Universidad de Chile. “En mi familia existe una larga vinculación con la carrera, yo estaba media perdida, no sabía qué estudiar, pero sí sabía que si ingresaba a Derecho, quería que fuera en la Chile. Ya con el puntaje en mano se me aclararon los pensamientos”, asegura. En la facultad fue ayudante de Andrés Jana y de Carlos Carmona. Y al egresar en 2007 continuó trabajando con este último, esta vez en la Segpres, durante el primer gobierno de Michelle Bachelet.

-¿Qué piensas de la acusación de abuso sexual que enfrenta Carmona?

-Tuvo esta acusación y se investigó, se sancionó…Fue importante que esto fuera así, pero creo que también todas las personas merecen una segunda oportunidad y yo valoro mucho el trabajo académico de Carlos Carmona. Fue mi formador.

-¿Segunda oportunidad?

-No quiere decir que no esté de acuerdo con que se haya investigado esta acusación de acoso sexual, y que también se haya sancionado, sin embargo, creo que todas las personas merecen una segunda oportunidad. Pero no por eso dejar de enfrentar las situaciones complejas.

-¿Segunda oportunidad en general en los casos de abuso o se refiere a este puntualmente?

-Son todos los casos bien distintos. Yo estoy hablando de este en particular. Cada caso tiene su propia realidad, sus propias características y por eso creo que está bien que se hagan las denuncias y que se investigue.

En 2010 se trasladó al Reino Unido, vivió en Edimburgo y Londres, ciudades en las que hizo dos masters; uno en Filosofía Política y otro en Propiedad Intelectual. Ese era su expertise, hasta que un episodio de su vida personal –aunque es conocida por ello, prefiere omitir este tema– dio un vuelco en su carrera. Dejó de lado la propiedad intelectual y asumió como asesora legal del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género del segundo gobierno de Bachelet, desde donde trabajó en la tramitación del proyecto de ley que despenaliza el aborto en tres causales, que fue aprobado en 2017.

Ese mismo año, su trayectoria profesional dio un segundo giro: debutó en el sector privado creando un estudio junto a Claudia Sarmiento. Juntas ven casos relacionados con el derecho público, género, propiedad intelectual y familia.

“La vida me llevó a meterme en los temas de género”, confiesa desde su oficina en el piso 12 de un edificio de Vitacura.

Junto a Sarmiento comenzará a dictar en el segundo semestre un diplomado sobre diversidad e inclusión en la Universidad Adolfo Ibáñez. “Trata de lo que pasa con las mujeres, la comunidad LGTBI, las personas en situación de discapacidad, migración, adulto mayor. Son varios los factores ahí que confluyen, y pensamos que era interesante e importante acompañar este proceso con un programa de formación”, relata. Así lo plantearon hace dos años a la UAI, y desde entonces diseñan este programa en conjunto con el ex contralor Ramiro Mendoza y Carlota Fritsch.

-¿Te consideras feminista?

-Sí, me considero feminista, pero también me doy cuenta de que hay mucha resistencia a la palabra. Yo creo que feminismo no es sinónimo de “guerra de los sexos”. No es otra cosa que entender que los hombres y las mujeres deben tener igualdad de oportunidades para desarrollarse plenamente a lo largo de sus vidas. Pero no es una revancha histórica de las mujeres hacia los hombres, sino que entender que debe haber una sana convivencia, donde ambos puedan tener las mismas oportunidades. Me llama la atención la resistencia que existe a la palabra. Hay muchas personas que te dicen “sí, yo creo en la igualdad, pero no me considero feminista”.

A pesar de eso, no estoy dispuesta a transar la palabra, porque creo que tiene un significado histórico importante y un propósito fundamental.

-Hay mujeres que creen que la batalla puede terminar jugándonos en contra si la posición se extrema…

-Nos van a terminar mandando a la casa. Van a decir “sabes qué, no sé cómo trabajar con las mujeres, así que mejor contrato puros hombres para no tener problemas con ellas”. Eso es justamente lo que no queremos generar. La idea es promover…

-¿Cómo evitar que eso pase?

-Ahora, que se está tomando en serio, hay que tener el cuidado de no tener una actitud inquisidora. No nos sirven los vagones segregados del metro. Y para no llegar a eso, tenemos que promover la incorporación de nuevas personas en la discusión sobre igualdad de oportunidades y no apuntar con el dedo a quienes reprueban. Se puede sacar la voz y ser respetuoso al mismo tiempo.

-¿Fuiste a las marchas?

-Fui a la del 8 de marzo con mi hijo de cinco años. Fue súper emocionante.

 

Sello Walker

-Vienes de una familia política, con padre político, tus tíos también están dedicados a esto. ¿Te gustaría seguir ese camino de forma más activa?

-Me gusta mucho el servicio público, pero me gusta también ejercer en el ámbito privado. Es súper fácil quedarte en el servicio público, sin embargo, quería conocer este mundo y me gusta la idea de generar puentes entre ambos sectores. Hace mucho tiempo soñaba con tener mi estudio, y en eso estoy. Estamos muy entusiasmadas. Efectivamente hay una vocación social en mi familia, pero que también se puede desarrollar en distintos ámbitos: en educación y ahora en el Colegio de Abogados, por ejemplo. La vocación social no se desarrolla únicamente en el ámbito público.

-¿Por qué quisiste afiliarte en la DC?

-Me interesa la política, creo en la militancia política y en los partidos políticos.

-Al revés de lo que pasa hoy…

-Considero que los partidos son importantes y la política también. Porque la política no puede desarrollarse por motivaciones personales, sino que como proyecto colectivo, y los partidos políticos son la mejor representación de la idea de lo colectivo y por eso creo que la militancia es importante. La DC me identifica por su historia, por su posición actual, me gusta que no esté en los extremos, me siento muy representada con un espacio que tiene posibilidades de diálogo con distintos actores.

-¿Cantas? También vienes de una familia con buenos cantantes, tu mamá (Cecilia Echeñique), tu hermano (Benjamín Walker)…

-No (ríe).

-Heredaste más cosas de tu padre…

-Profesionalmente, sí.

-¿Seguirás sus pasos? ¿Cómo te ves en un par de años más?

-Trabajando en mi estudio, siempre conectada a temas de interés nacional.