La Bolsa Electrónica está rebarajando sus equilibrios internos de poder. El primer capítulo ocurrió en noviembre pasado, con un golpe de timón propinado por Banchile, la corredora del banco de los Luksic, a José Cox, presidente del centro bursátil, a propósito de la puesta en marcha de un comité de autorregulación. La secuela está por […]

  • 9 marzo, 2007

La Bolsa Electrónica está rebarajando sus equilibrios internos de poder. El primer capítulo ocurrió en noviembre pasado, con un golpe de timón propinado por Banchile, la corredora del banco de los Luksic, a José Cox, presidente del centro bursátil, a propósito de la puesta en marcha de un comité de autorregulación. La secuela está por escribirse en estas semanas con la elección del nuevo directorio.

Por Paula Costa y Soledad Pérez.

Si bien concentra solo la quinta parte de las transacciones del mercado accionario, la Bolsa Electrónica (BEC) es un actor relevante en la industria financiera local. De hecho, se ha ido abriendo paso los últimos años, sacando nuevos productos, índices y abarcando nada menos que el 80% de lo que se negocia en el mercado del dólar. No se achica ante los nuevos desafíos y sin mayor inversión de gente ni de recursos logró incluso crear la primera Bolsa de Productos, más conocida como la bolsa agrícola.

Por eso, la disputa que se vive hoy en su cúpula no puede subestimarse ni puede ser vista como una mera pataleta o berrinche de algunos de sus directivos. Nada de eso. Se trata de un choque de fuerzas que indirectamente involucra a los más conspicuos actores del mercado financiero, pues lo que está en juego es el poder de decisión en torno a controversias como la expulsión de un corredor en un mercado donde la credibilidad no tiene precio.

TARJETA ROJA PARA MBI

¿Cuál es el origen del embrollo? ¿Cómo es que se llegó a que el vicepresidente de la bolsa, Francisco Armanet (gerente general de Banchile), sorprendiera en la junta de accionistas del 30 de noviembre con una alternativa para la formación del Comité de Autorregulación diferente de la elaborada por casi todo el directorio que preside José Cox, y que incluso ganara? ¿Cómo se gestó este cuadro de controversia, que algunos han llamado “un pequeño golpe de Estado”? Según se concluye tras conversar con varios directores y personas ligadas al proceso, la historia es la siguiente.

Todo comenzó con la sanción que la Superintendencia de Valores y Seguros le cursó a la corredora MBI en septiembre del año pasado, por manipulación de precios. Segundo mayor actor de la BEC después de Banchile, MBI también debía enfrentar los posibles cargos que vinieran puertas adentro de la bolsa.

-Pero la cosa no fue tan fácil. Algunos, como Banchile, pensaban que había que expulsar a MBI, tomando en cuenta lo que dice la Ley de Valores. El argumento fue que si una conducta así tiene pena de cárcel en la ley, ese corredor no podía continuar en ninguna de las bolsas. Y también estaban los estatutos de la propia BEC, que contemplan la expulsión frente a determinadas infracciones. Otros, sin embargo, se opusieron a la salida de MBI, porque significaba quedarse sin el segundo operador más importante de la BEC y porque también el asunto tenía otros alcances -dice un testigo de esa reunión.

A Banchile, que se sintió instrumentalizado en las objetadas transacciones y que terminó salpicado en este caso con sanciones en su contra, el resultado de la votación le disgustó profundamente. A partir de ese momento, y por los siguientes tres directorios, Francisco Armanet dejó de asistir a las reuniones. Su molestia llegó al extremo incluso de considerar, según cuenta un cercano, la renuncia a su rol de director, idea que finalmente desechó pues podría dar pie a especulaciones de que lo habrían obligado a hacerlo, lo que finalmente solo traería mayor daño a él y a Banchile. Por eso resolvió ausentarse de las sesiones, decisión de la que se habría enterado Cox. A esas alturas, ya no había secretos en el asunto.

EJERCICIO DE ENLACE

Pasaron los meses y en el directorio se aprobó la propuesta del presidente, José Cox, de la conformación de un comité de autorregulación, que sería integrado por cinco personas: el gerente general y el fiscal (solo con derecho a voz), dos directores y un tercero externo. Para su aprobación se citó a junta extraordinaria de accionistas para fines de noviembre.

Parecía que sería un mero trámite, pues la propuesta contaba con un amplio respaldo del directorio, integrado por José Cox, Rodrigo Amézaga, Pedro Salah, José Miguel Alcalde, Cristián Silva, Guillermo Tagle y Eduardo Kirberg. Juntos –a excepción de Armanet– se habían abocado a armar la estructura del comité. Sin embargo, ante la sorpresa y la molestia –dice un director– de muchos, en la junta apareció el gerente general de Banchile, después de meses de ausencia, con una proposición absolutamente distinta: tres integrantes absolutamente independientes. Y con 21 votos –la mayoría simple– consiguió la aprobación de los accionistas.

¿Qué fue lo que pasó? Es ahí donde empiezan a surgir las distintas versiones. Por un lado, están quienes critican la actuación de Armanet, quien elaboró silenciosamente su propuesta y sorpresivamente le quitó el piso a Cox, presidente de la entidad hace ya seis años y quien incluso ya tenía los poderes de votación de diversos accionistas en la mano. Pero están también quienes lo defienden y señalan que Cox sabía que Armanet presentaría otra alternativa, y que por lo demás apoyaban la idea de que la toma de decisiones en torno a una expulsión, suspensión o multa de un corredor estuviera en manos de personas absolutamente independientes. En caso contrario, la decisión de aplicar una multa y no una sanción mayor, como había ocurrido con MBI, podía volver a ocurrir.

Según destaca un director, la obstinación de Armanet y la disposición a incluso enemistarse con el directorio por conformar un comité independiente se entiende si se considera que Banchile, al ser de los operadores más grandes, con 25% de todas las transacciones del mercado, está más expuesto al escrutinio. Con toda una reputación que cuidar, le interesa sobremanera instaurar la mayor cantidad de trabas a posibles episodios cuestionables.

El punto es que Armanet, que algunos piensan que se equivocó en su decisión de abstenerse de asistir a los directorios, no estaba solo en todo esto. Y no nos referimos tan solo al grupo Luksic o al hecho de que Fernando Cañas –presidente del Banco de Chile– y el propio Luksic estuvieran al tanto.

Tan acompañado estaba, que en la polémica junta logró dar vuelta el tablero nada menos que con la mayoría de los votos a su favor. ¿Cómo lo hizo? Simple. Mientras el directorio trabajaba en su propuesta, el vicepresidente de la mesa se hacía asesorar de abogados para elaborar la suya y una vez que la tuvo en sus manos, consiguió los poderes directamente de los banqueros más grandes de la plaza. Se dice que le hizo saber al superintendente de Valores y Seguros, Alberto Etchegaray, el contenido de su propuesta y que personalmente llamó a Mauricio Larraín, presidente de Santander Santiago (entidad que cuenta con tres acciones), a Lionel Olavarría, gerente general del BCI, a los representantes de JP Morgan e incluso a la familia Salah (que tiene tres acciones)… cual político en campaña.

Para entonces, los dados estaban echados. Un detalle nada de insignificante es que a lo largo de todo el año 2006 la mesa directiva de la BEC había sufrido más de un cambio, porque una buena parte de los directores había migrado a casas financieras distintas a las que les dieron los votos para salir elegidos. Algunos ejemplos: Guillermo Tagle, que se fue del Santander al IM Trust; Eduardo Kirberg, que dejó la gerencia general de Banco Penta; Cristián Silva, que se alejó del Scotiabank; y Rodrigo Amézaga, que partió del BCI a emprender proyectos personales.

Es cierto que los directores, por ley, se deben a todos los accionistas. Pero también es verdad que la composición de la mesa también responde a un equilibrio de fuerzas que a los accionistas les interesa mantener. Así, sin algunos de sus hombres de confianza sentados en el directorio de la BEC, no les fue difícil tomar el camino planteado por Banchile, aunque en ese tranco uno de los grandes damnificados haya sido el propio José Cox, que –se dice en círculos de la bolsa– habría estado a punto de renunciar durante enero, decisión que sin embargo no prosperó a petición de la mesa en pleno.

Y APARECIO MARZO

Desde entonces hasta ahora, y en medio de no pocos esfuerzos por dar término a la polémica, el directorio de la Bolsa Electrónica se tomó un buen respiro y sus integrantes recién volvieron a verse las caras el miércoles 28 de febrero, en la sede de la bolsa, en el centro de Santiago. Afortunadamente para todos, la sesión transcurrió en un ambiente agradable, se hablaron los temas del año, se comentó la necesidad de estudiar una posible integración con otras plazas de la región y se fijó la fecha para la próxima junta ordinaria, probablemente el 29 de marzo.

Eso no significa, sin embargo, que esté todo olvidado. Ni tampoco terminado. Aunque no se descarta que en apenas unas semanas el panorama se aclare. ¿La razón? En la siguiente junta de accionistas corresponde la renovación íntegra de la mesa directiva, el momento preciso para rebarajar el naipe y reordenar las fuerzas. Y en todo esto, los Luksic no quieren perder terreno o al menos la opción de seguir con la batuta en las manos. Hasta ahora, lo único que ha trascendido es que por estos días se iniciarán los contactos informales con los principales representantes de la banca local, para dar con una figura de consenso que pueda asumir la presidencia de la BEC por los siguientes dos años.

¿Será Cox el elegido nuevamente? Esa pregunta sigue en la nebulosa. A José Cox se le reconoce el mérito de habérsela jugado por el crecimiento del negocio en los seis años en que ha estado a la cabeza de la institución, en calidad de independiente. Sin embargo, después de lo ocurrido en diciembre, muchos dudan que quiera continuar.

¿Y Armanet? El mismo ha dicho en la prensa que no puede ni debe sentarse en el sillón del presidente, básicamente porque sería impresentable que el mayor operador de la bolsa se quede al mando de la entidad. Cuando le preguntamos, se limitó a responder por correo electrónico que “la elección del directorio es una materia exclusiva de los accionistas y las designaciones de presidente y vicepresidente las realiza el directorio por mayoría de sus miembros”.

Y si no es él ¿quién entonces? No se sabe… por ahora. Sí es un hecho que la búsqueda está recién comenzando, que incluso habría un par de nombres dando vueltas por la cabeza de la corredora de los Luksic. De ahí en adelante, bastará levantar los teléfonos. “Al final del día –dice una fuente consultada– cuando se consigue el acuerdo de Mauricio Larraín, Luis Enrique Yarur, Bernardo Matte, Fernando Cañas y Alvaro Saieh, por nombrar algunos, no hay nada más qué decir”. Un directorio que, por cierto, se encargará de zanjar el asunto de la autorregulación y aquietar las aguas por mucho tiempo más.