La compra de la Hacienda Rupanco sorprendió. Es que se trata de la lechería más grande del país y que por años estuvo controlada por las familias Abumohor, Kauak, Díaz y Gutiérrez. Las 15 familias neozelandesas dueñas de la operación en Chile designaron como gerente a Juan Carlos Petersen, quien será el encargado de cambiarle la cara al predio, partiendo por el nombre: hoy es Hacienda Coihueco, en honor a uno de los ríos que la cruzan.

  • 9 julio, 2008

La compra de la Hacienda Rupanco sorprendió. Es que se trata de la lechería más grande del país y que por años estuvo controlada por las familias Abumohor, Kauak, Díaz y Gutiérrez. Las 15 familias neozelandesas dueñas de la operación en Chile designaron como gerente a Juan Carlos Petersen, quien será el encargado de cambiarle la cara al predio, partiendo por el nombre: hoy es Hacienda Coihueco, en honor a uno de los ríos que la cruzan. Por María Eugenia González.

Verde. Así quiere ver Manuka, el grupo de farmers neozelandeses, las 19.500 hectáreas de praderas de la Hacienda Rupanco que compró recientemente. El objetivo se buscará recurriendo al sistema de fertilización utilizado por años en su país, el que les ha permitido situarse entre los más grandes productores mundiales. Y no lo hacen por capricho, sino porque el verde es el color que, según su vasta experiencia, indica que el proceso va por buen camino.

La operación de compra de Rupanco sorprendió a la industria. Es que se trata de la lechería más grande del país, que por años estuvo controlada por las familias Abumohor, Kauak, Díaz y Gutiérrez, que decidieron mantener parte de las 27.000 hectáreas restantes. Se quedaron con toda la ribera del lago Rupanco para desarrollar un proyecto inmobiliario, mientras que los bosques fueron vendidos a Forestal Mininco.

De Manuka –nombre de una flor que existe en Australia y Nueva Zelanda–, se comenzó a escuchar en 2005, cuando arribó a las sureñas tierras de Osorno. Rápido se corrió la voz de que un grupo de neozelandeses estaba dispuesto a comprar tierras, uchas de ellas ubicadas en zonas de baja productividad. A ellos se sumaron otros, como los Chilterra. Resultado: el precio del suelo comenzó a subir.

A su arribo, nombraron a Cristián Durán como gerente general y a Conall Buchanan como gerente de operaciones, arrendaron oficinas en una tradicional casa en la calle Amthauer de Osorno y se integraron a Aproleche. Hoy, el grupo tiene pantalones largos en estas tierras. Está preocupado de integrar las dos sociedades que se crearon en Chile y de echar a andar las mejoras de infraestructura e inversiones que permitan aumentar la producción. Mantiene, eso sí, inversiones en Estados Unidos y Rusia.

 

 

Los farmers

 

Los farmers, quince familias que mantienen sus operaciones en Nueva Zelanda, designaron recientemente como gerente general de la sociedad en Chile al economista Juan Carlos Petersen Widmer, ligado por años a la industria salmonera: ejercía igual cargo en Salmofood, a empresa de alimentos para peces del grupo Invertec y Yadrán. Será el encargado de cambiarle la cara a la Hacienda Rupanco, partiendo por el nombre: hoy es Hacienda Coihueco, término tomado de uno de los dos ríos que la cruzan.

¿Qué lo motivó a cambiar de rubro?, le preguntamos a Petersen: “estaba muy contento en la industria del salmón, que si bien hoy pasa por nubarrones, tiene para rato y un futuro auspicioso. Me costó tomar la decisión, porque Salmofood es una empresa exitosa, armamos un gran equipo, además de contar con un excelentedirectorio y clientes”, detalla.

Hoy, el ejecutivo viaja diariamente entre Puerto Varas, donde reside, hasta la Hacienda, por un hermoso camino que bordea el lago Llanquihue. Reporta a cuatro directores neozelandeses, mientras que dentro del equipo administrativo hay chilenos (osorninos con vasta experiencia en el negocio lechero) y otros tantos de la nación kiwi. De hecho, el grupo será muy heterogéneo. Petersen adelanta que ficharon a una ejecutiva neozelandesa que actualmente trabaja en Pakistán para asumir el cargo de gerente de producción, en agosto próximo.

La infraestructura de la Hacienda debiera sufrir cambios. Hoy, ella representa la tradición del campo sureño, con añosas casas y grandes letreros, tractores y unos 360 empleados. A los que se suman otros 60 que trabajan en Manuka, con sede en Osorno.

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El predio es virtualmente un pequeño pueblo, donde hay nueve escuelas básicas, una comisaría y una iglesia. De hecho, este es uno de los aspectos a los que Petersen le pondrá énfasis: Manuka quiere implementar una política de responsabilidad social que permita integrar a los cerca de 1.200 habitantes. “Por ejemplo, estamos evaluando implementar una escuela de formación técnica, porque hoy los niños emigran. Por eso, estamos trabajando con Codesser (Corporación de Desarrollo Social del Sector Rural), para generar una instancia que permita continuar una educación. Porque, además, requeriremos de mano de obra capacitada y ávida de aprender”.

 

 

Proyectos

 

El desafío es grande, reconoce, “pero aquí también se trata de alimento”, al igual que en Salmofood. La clave de Manuka, explica, “es que se administren sustentablemente los recursos naturales, ocupando la tierra como fuente de nutrientes e invirtiendo en ella, transformando así alimentos en leche. Este es n modelo probado y exitoso. Basta con observar la historia neozelandesa en la industria mundial de la leche”.

Con este sistema, uno de los objetivos es mejorar las cifras de producción. Hoy, la empresa está entre los 35 y 40 millones de litros anuales, los que entrega principalmente a su coterránea neozelandesa Soprole y a otro procesador más chico. Al momento de la adquisición, Manuka tenía 2.600 hectáreas y 12 lecherías, las que en su conjunto producían 20 millones de litros anuales; es decir, a razón de 8.000 litros por hectárea. Rupanco, en tanto, al momento de la compra alcanzaba los 2.000 litros por hectárea, volumen que, por cierto, planifican incrementar. Los planes son ambiciosos. “Queremos multiplicar por seis la producción en los próximos ocho años, para alcanzar de 220 a 250 millones en 2015”. En tanto, para 2009 esperan tener cerca de 20.000 vacas en plena producción.

Junto con lo anterior, se pretende diversificar la venta en al menos tres procesadores más “y aumentar la inversión en valor agregado. El proyecto es desafi ante, porque requiere de cambios importantes y porque se busca un gran desarrollo, entre otros propósitos”, subraya Petersen. La producción para el año 2009 debiera estar entre 70 y 80 millones de litros, volumen que sería generado a través de cerca de 35 lecherías.

Sin duda que su perfil financiero –fue ejecutivo de grandes empresas en el Banco Edwards en Santiago–, da señales de cuáles serán los próximos pasos de Manuka. De hecho, la operación de compra de la Hacienda Rupanco se realizó gracias a una figura financiera que, por primera vez, consideró el largo plazo para el rubro agropecuario.

“El modelo neozelandés contempla una parte importante de recursos vía financiamiento bancario, esquema que ya ha atraído a importantes bancos que operan en Chile a participar en nuestro proyecto y replicarlo con otros actores”, afirma.

“Lo que buscamos es diversificar la venta, ampliándola. No obstante, una opción podría ser vía la integración hacia adelante, entrando en el negocio del procesamiento sin descartar nada; es decir, comprar una planta o construir la propia, pero siempre en la zona sur del país”. De hecho, muy cerca está Lácteos Patagonia, propiedad de un grupo de empresarios osorninos, quienes no han logrado reunir el capital para echar a andar una planta que importaron desde Dinamarca hace un par de años. Y en Chiloé está la cooperativa Chilolac, que saldrá a remate el próximo 1 de agosto. Sin embargo, sobre estas dos alternativas Petersen prefiere no pronunciarse.

 

 

 

Escenario

 

 

La decisión de Manuka al venir a Chile se fundamentó en su deseo de seguir creciendo; entre otras cosas, teniendo en cuenta que “en Nueva Zelanda ya no hay mucho espacio”, anota Juan Carlos Petersen. Además, pusieron en la ecuación que el país “tiene condiciones favorables para desarrollar el negocio, como el clima, la calidad de los suelos, la gente, el entorno político y las condiciones fitosanitarias. De hecho, vieron la posibilidad de invertir en otros países de América latina, pero optaron por Chile”.

El ejecutivo también destaca que “este negocio ha cambiado mucho. Tiene muchos años de operación, pero hoy se está transformando. Han llegado nuevos actores y tecnologías, lo que requiere conocimiento y desarrollo y generará oportunidades a nivel social”.

El escenario internacional también contribuye al potenciamiento de esta actividad. “El precio de los alimentos ha aumentado, debido a la demanda de Chindia (China e India) con 2,4 billones de habitantes y con un crecimiento de sus economías de cerca de 9% anual, lo que presiona a los commodities”.

A lo anterior, advierte Petersen, se suma el incremento del poder adquisitivo, “lo que ha generado un cambio estructural en la dieta de las personas que buscan nutrientes más ricos, como el ganado, las aves, el cerdo y el salmón, los que consumen granos”. Se suma a ello la decisión de algunos países que han aplicado políticas de sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles o uso de energías renovables, lo que ha generado un alza sostenida en el precio de los granos y mayor escasez relativa de la tierra.

“Además, cabe destacar que entre el 80% y el 90% de la leche en el mundo se produce con granos, lo cual presionó los precios de la misma y es difícil prever una caída”, indica. Es un escenario dentro del cual sobresalen excepciones “como Irlanda y Nueva Zelanda; y Chile, que tiene las condiciones para ser más competitivos vía el uso de pasturas”.

La ventaja competitiva en este negocio, consigna Petersen, viene dando evidencias claras: cuando se miran las cifras de exportación de nuestro país, se ve que éstas alcanzaron los 180 millones de dólares el año pasado: un crecimiento del 50% respecto de 2006. “Estas son señales fuertes en cuanto a que Chile tiene una ventaja en el escenario internacional”. Como se ve, parece que habrá Manuka para rato.