La aparición del brote de virus ISA en Chiloé remeció a las empresas salmoneras en los últimos meses. Lo primero que hicieron fue tratar de mantener acotados los focos, que ya suman 7 centros, pero el tema tendrá que ser seguido de cerca dado lo sucedido en otros países que ya enfrentaron la enfermedad y que registraron cuantiosas pérdidas. Lo que está en juego es el marco sanitario en que opera el sector.

  • 14 diciembre, 2007

La aparición del brote de virus ISA en Chiloé remeció a las empresas salmoneras en los últimos meses. Lo primero que hicieron fue tratar de mantener acotados los focos, que ya suman 7 centros, pero el tema tendrá que ser seguido de cerca dado lo sucedido en otros países que ya enfrentaron la enfermedad y que registraron cuantiosas pérdidas. Lo que está en juego es el marco sanitario en que opera el sector. Por Cristián Rivas N.

 

La historia partió a mediados de año. En junio comenzó a diseminarse entre las productoras de salmón la noticia, extraoficial aún, de la aparición del virus ISA en Chile. Una enfermedad que en décadas previas había causado pérdidas millonarias en productores noruegos, canadienses y estadounidenses, por el aumento de la mortandad de peces. Chile se había mantenido libre del problema y por eso, el ambiente se llenó de especulaciones, comentarios de pasillo y hasta temor.

 

La confirmación vino el 25 de julio, cuando el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) recibió de la principal productora de salmones del mundo, Marine Harvest, la noticia de que en uno de sus centros de Lemuy, en la isla de Chiloé, el análisis de muestras había dado positivo. En ese momento se encendieron las luces de alerta. La autoridad dio aviso formal al resto de la industria e hizo la notificación al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que a su vez la envió a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE). Comenzó también el diseño de un plan de manejo con múltiples medidas para mantener acotada la propagación del virus en un radio de cinco kilómetros.

Todo esto se produjo casi un mes después de que Marine Harvest comenzara a notar un inesperado aumento en la mortandad de sus peces e iniciara distintos análisis y pruebas en laboratorios chilenos y extranjeros para dar con la causa.

Por eso, entre que se hicieron los estudios y se entregó la notificación al resto de la industria hubo margen para que el virus se expandiera por la isla grande. Y así lo hizo. Aunque las medidas del Sernapesca han mantenido acotado el virus, los focos al 23 de noviembre ya suman siete (cinco corresponden a Marine Harvest, uno a Aguas Claras, filial de AquaChile, y otro a Mainstream). Y hay otros seis con sospecha (todos de Marine Harvest), otros cuatro (dos de Marine Harvest, uno de Aqua- Chile y otro de Invertec) han dado positivo en algunas muestras, mientras varias docenas de centros están en observación.

Ante esto, SalmonChile –la asociación que reúne a casi todas las empresas salmoneras– ha dicho que la propagación del virus está acotada y que las pérdidas hasta ahora son mínimas. Aun así, al interior de dos de las principales compañías el diagnóstico es un poco distinto.

En Marine Harvest y AquaChile se cree que la presencia del virus, que provoca la enfermedad conocida como Anemia Infecciosa del Salmón (ISA) que mata a los peces antes de ser cosechados, continuará expandiéndose en los próximos cuatro o cinco meses. Incluso, no descartan que pase de Chiloé al resto de la X Región y de ahí a la XI. “El ISA está para quedarse”, sentencia el principal ejecutivo de una salmonera de capitales chilenos.

Si bien el virus no tiene efectos sobre la salud humana, y por ende no debiera afectar la imagen del país como productor de salmones, en varias empresas dicen que su presencia sí tiene efectos importantes sobre sus resultados económicos, justo en momentos en que el precio del producto a nivel mundial está en baja –aunque todavía es alto– y los insumos como la energía y el alimento están en carrera alcista. En eso las bolsas ya han acusado recibo, pues la acción de varias compañías abiertas al mercado ha caído en los últimos meses. Es una señal de alerta para un sector con exportaciones que han crecido a tasas del 20% año a año y que en 2006 sumaron nada menos que US$2.200 millones.

En un espectro aún más amplio, el ISA pone a las empresas en la agenda de organizaciones ambientales, al abrir el debate sobre la sanidad con que opera el sector, recordando episodios como el verde malaquita, que dicho sea de paso, podría reflotar debido a la aparición de un embarque con este producto en Taiwán (ver recuadro).

 

 

Suspicacias por el brote

 

La sensación ambiente en la industria tiene múltiples caras. Marine Harvest es vista con ojos de desconfianza entre las otras salmoneras, porque es la que tiene el mayor número de centros contaminados. Algunos incluso la responsabilizan de la llegada del virus. Pero como también se dice que pudo haber llegado a través de ovas importadas, esto tiene a las empresas que se dedican a este negocio sumergidas en el más absoluto silencio. En el entorno también hay acusaciones recíprocas de empresas que dicen que la otra no ha tomado las medidas necesarias para evitar el contagio. Otros dardos apuntan al gobierno, por la falta de recursos para fiscalizar adecuadamente. Y varios actores también acusan descoordinación y lisa y llanamente de desorden

Pero más allá de todo este ruido, hay una hipótesis que está aunando las posiciones empresariales y del gobierno. El ISA fue descubierto en Chile en el 2001, pero sólo en una muestra aislada en un salmón del tipo Coho (o también conocido como Pacífico). Por eso, lo que se cree es que su aparición ahora en la variedad Atlántico, que es la más producida en Chile, puede ser una mutación que aprovechó algunos factores externos para atacar las jaulas. Claro que en ello también habrían incidido algunos errores de las propias empresas.

Lo anterior tendría que ver con el modo con que se ha atacado el caligus, un parásito que también se conoce con el nombre de piojo de mar. Hay quienes creen que algunas empresas pueden haber aplicado medicamentos baratos para atacar este parásito, el que finalmente logró hacerse resistente. El caligus se aloja en la piel de los peces y produce heridas, estrés, disminución del apetito y mayor susceptibilidad a adquirir enfermedades secundarias, creando un ambiente ideal para que el ISA brotara.

 

 

El efecto económico

 

Las cifras de lo que puede llegar a representar el virus están emergiendo. El primer informe que se envió a la OIE a comienzos de agosto hablaba de un solo foco con una tasa de morbilidad (peces enfermos) de 30%, una mortalidad de 11%, con casi 2 millones de peces susceptibles y varios miles de peces sacrificados. Tres meses después, a mediados de noviembre, se informó de 5 focos con distinto grado de morbilidad y mortalidad (con tasas significativamente dispares entre uno y otro foco) y unos 3 millones de peces susceptibles a contraer la enfermedad. A la fecha el número de focos aumentó a 7 y se espera que suban por las condiciones estivales, que elevan las temperaturas facilitando la permanencia del virus en el agua, según sostiene el gerente técnico de Marine Harvest, Adolfo Alvial.

Considerando que la industria chilena es muy similar en tamaño a la de Noruega, las comparaciones son inevitables. Allá las pérdidas anuales promedio alcanzaron un peak de 170 millones de dólares en su peor momento. En otros países como Canadá el efecto fue menor, con pérdidas en torno a los 10 millones de dólares anuales. A favor juega que esos países han podido adaptarse y es algo que puede imitar Chile. Aunque el trabajo debe ser hecho con disciplina dado que los más de 500 centros de cultivo que hay en la Décima y Undécima Región están muy pegados unos de otros, lo que facilita el contagio.

 

{mospagebreak}

En el sector privado se defienden señalando que el ISA no es lo peor que han enfrentado y que se han exacerbado sus consecuencias. “Para hacerse una idea, en la salmonicultura del salmón atlántico –que es el más típico– del 100% de mortalidad el 25% se debe a lobos marinos. El 21% se debe a enfermedades, dentro de las cuales la más importante sigue siendo la Rickettsia o SRS (El SRS sigue siendo la enfermedad con mayor presencia, no el virus ISA, por el cual las pérdidas son mínimas).

 

Además, ya sea porque los peces son deformes, muy maduros, o por daños mecánicos tendríamos otro 25% de mortalidad. La enfermedad más importante, lejos, sigue siendo la Rickettsia”, recalca el presidente de SalmonChile, César Barros.

 

El ex gerente general de Marine Harvest y ahora consultor, Andrés Johnson, calcula que la industria registra pérdidas entre 550 y 600 millones de dólares anuales por mortalidades y mayores costos de producción. Sus mediciones apuntan a que Chile deja de producir unas 96.000 toneladas de salmón al año, con una capacidad instalada casi tres veces superior a la de Noruega, principal productor mundial.

 

 

 

Las medidas

 

La visión en el gobierno es más bien positiva, porque a juicio de la jefe de la unidad de acuicultura de Sernapesca, Alicia Gallardo, se ha logrado mantener a raya la propagación del virus con una serie de medidas que apuntan al actuar diario de las empresas, como desinfecciones en sus procesos productivos, en la ropa y las embarcaciones, mecanismos de desecho para los peces muertos, entre varias otras. Además, recalca que en el marco de la mayor fiscalización se fortaleció el equipo de médicos veterinarios en Castro y Puerto Montt e instauraron un programa de inspecciones. En los últimos días el ministro de Economía, Alejandro Ferreiro, además comprometió mayores recursos para esta fiscalización.

 

A la fecha se han realizado más de 300 inspecciones a centros de cultivo, lo que ha derivado en 8 multas por incumplimientos al reglamento sanitario. Y lo que buscan ahora es introducir un nuevo programa en los próximos meses, que busca implementar medidas de manejo como el descanso de algunos centros de cultivo para fortalecer el estatus sanitario general ante otras enfermedades.

 

Sobre el marco sanitario, varias empresas han opinado en los últimos días. El presidente de Mainstream América, Francisco Ariztía, dijo recientemente que los problemas por el ISA y el caligus dejaron en evidencia una dificultad sanitaria real. “En el fondo este virus es uno de los mensajeros, pero no el origen del problema. Y por lo tanto focalizar en él toda la discusión nos puede llevar a diagnósticos equivocados”, precisó.

 

En eso están trabajando en la industria. Justo unos meses antes de la aparición del ISA las seis principales productoras se habían agrupado, bajo el acrónimo “G6” para tomar el toro por las astas y desarrollar un programa de manejo sanitario en los centros marinos. Ese trabajo es coordinado por el médico veterinario Oscar Gárate y las empresas participantes son AquaChile, Camanchaca, Pesquera Los Fiordos, Mainstream, Marine Harvest y Multiexport.

 

Lo primero que hicieron fue justamente tratar de ingresar al país nuevos fármacos para luchar contra el caligus. Según ejecutivos de estas empresas, se encontraron con el problema de que el SAG, que es quien debe autorizar los medicamentos para animales, no les hizo la tarea fácil y fue el Sernapesca quien autorizó temporalmente el ingreso de los remedios.

 

La crítica de varias de estas empresas es que en otros países los gobiernos han sido más proactivos, por ejemplo al dictar normativas. Creen que falta tomarse más en serio este sector, y hacer más trabajo en conjunto. “Hay muy poca gente interesada en acuicultura en el gobierno”, dice un destacado ejecutivo.

 

Como sea, en la industria advierten que las tres empresas que ya operan en Magallanes están haciendo gestiones ante las autoridades regionales para establecer una barrera sanitaria que las mantenga blindadas.

 

 

Lo que se debe saber del ISA

• La Anemia Infecciosa del Salmón (ISA) es una enfermedad producida por un virus, que afecta al salmón del Atlántico, principalmente a peces cultivados en agua de mar.

• Sus efectos son en la producción del salmón, porque provoca importantes mortalidades.

• La enfermedad no afecta la salud humana.

• Fue reportada por primera vez en Noruega en los años 80. También se ha diagnosticado en Canadá, Escocia, Islas Faroe y Estados Unidos.

• En Chile el virus ISA fue aislado en 2001 en salmón coho (Pacífico), sin que hasta la fecha haya producido las patologías asociadas a la enfermedad en los peces.

• A partir de julio de este año, la enfermedad se manifestó en el salmón atlántico, causando mortalidades en la zona de Lemuy, Chiloé.

• No existe claridad de cómo llegó el virus al país. Las hipótesis son múltiples: desde que pudo haber llegado a través de la importación de ovas, hasta que se trata de la mutación del virus que antes fue aislado en el salmón coho.

 

 

El fantasma del verde malaquita
Uno de los temas que más ha causado problemas en la imagen sanitaria de la industria salmonera chilena fue el episodio de uso excesivo de verde malaquita descubierto en Europa hace unos cuatro años. Allí se detectó embarques que tenían una cuota de este producto por sobre la normativa europea. Tras varios años de normalidad, una nueva acusación de este tipo llegó a las autoridades chilenas recientemente, pero desde Taiwán, donde habrían encontrado exceso de ese químico en unos 500 kilos de salmón en septiembre. Luego de solicitar informes a Chile, Sernapesca señaló a Capital que están investigando los casos. Hasta ahora no se han hecho públicos los nombres de las empresas involucradas.