El 31 de diciembre, Oliver Flögel dejó la gerencia general de Telefónica Chile. Sin duda, una gran sorpresa para los empleados de la firma de telecomunicaciones y para quienes fueron testigos de su sobresaliente carrera ejecutiva. Por eso, cuando se anunció su salida no titubeamos: lo llamamos y pedimos que nos contara sus motivaciones. Por Sandra Burgos y Antonieta de la Fuente; fotos, Verónica Ortiz.

 

 

  • 25 enero, 2011

 

El 31 de diciembre, Oliver Flögel dejó la gerencia general de Telefónica Chile. Sin duda, una gran sorpresa para los empleados de la firma de telecomunicaciones y para quienes fueron testigos de su sobresaliente carrera ejecutiva. Por eso, cuando se anunció su salida no titubeamos: lo llamamos y pedimos que nos contara sus motivaciones. Por Sandra Burgos y Antonieta de la Fuente; fotos, Verónica Ortiz.

A los 31 años, Oliver Flögel se convirtió en el gerente general más joven del grupo Telefónica, al asumir como máximo ejecutivo de las operaciones móviles en Chile. Desde ahí, su carrera fue en ascenso. Lideró la fusión con Bellsouth, creando una cultura organizacional que llevó a la filial a instalarse entre los top ten del Great Place to Work, algo hasta ese momento impensado para una compañía que arrastraba una historia de conflictos laborales.

Hace dos años fue nombrado gerente general de la operación fija de Telefónica y tuvo a su cargo la titánica tarea de integrar sus operaciones con la móvil y de cambiar el nombre de Telefónica a Movistar. Todo ello con gran éxito.

En eso estaba, ocho años después de su aterrizaje en Chile y cuando todo pintaba para seguir escalando posiciones dentro de la corporación, cuando Flögel decidió dejarlo todo y –como él mismo comenta– desembarcarse de un trasatlántico de lujo, para tomar una balsa; una en la cual, eso sí, puede navegar en el río que le apetezca. ¿Qué pasó por su cabeza para dejar lo que se veía como una promisoria carrera ejecutiva? Muchas cosas. Si bien no quiere atribuirlo a la crisis de los 40, algo de ello debe haber influido, ya que, después de todo, un cambio de folio conlleva un autoanálisis y una revisión de lo que se ha hecho y se quiere hacer en la vida.

Pero él asegura que en su decisión no hubo crisis existenciales ni problemas con el grupo y que lo que pesó fue un tema de proyección de carrera y vida y la urgente necesidad de echar raíces en esta tierra, tras más de una década expatriado.

Un paso al lado

Con la inquietud de conocer sus motivaciones para dejar Telefónica, así como los planes que tiene en mente, nos reunimos a conversar con Oliver Flögel en dos oportunidades, cuando sólo llevaba días de “ilustre cesante”. El primer encuentro fue en el café del Museo de Artes Visuales en la Plaza Mulato Gil; el segundo, compartiendo una banca en la plaza Padre Letelier, en Providencia. Ambas se han convertido en las zonas en las cuales le gustaría establecer su centro de operaciones una vez que regrese de sus vacaciones y comience a echar a andar algunos de los proyectos que tiene en mente. “Me niego a irme a Isidora o a Nueva Las Condes, aunque capaz que termine allí”, nos confiesa.

Y es que este alemán de cuna, criado en Marbella, que estudió en Bélgica y que se siente latinoamericano, tiene claro es que no quiere sumergirse en la vorágine ejecutiva. Lo que quiere es crear un mundo propio, más abierto y alejado de los estereotipos tradicionales; algo muy consecuente con su decisión de abandonar la cabeza ejecutiva de la principal compañía de telecomunicaciones del país.

-¿Por qué tomas la decisión de dejar un cargo tan importante? Mal que mal, Telefónica es un gigante de las telecomunicaciones; y en Chile, un actor con bastante figuración.

-Empecé a analizar seriamente la posibilidad de salir de Telefónica hará poco más de un año. Llevaba en el grupo 16 años, en los cuales he tenido la suerte tremenda de poder hacer de todo. Los primeros ocho años estuve dedicado más que nada a temas de finanzas y de fusiones y adquisiciones. Estuve basado en Argentina, en Brasil y en Madrid. Hicimos desde salidas a bolsa a emisiones de bonos. Compramos empresas en Brasil y en México y la verdad es que fue una época tremendamente bonita y súper activa en el mundo de las finanzas. Y en 2003 fue cuando por primera vez el grupo me ofrece hacerme cargo de un negocio, es decir, trabajar de gerente general de una operación, de Telefónica Móvil en Chile. Llegué así a una compañía de tecnología TDMA, que vendía cuatro teléfonos, que tenía de hecho dos marcas –una para el prepago y una para el contrato–, un millón y medio de clientes y pérdidas.

-Un desafío enorme, para la edad que tenías.

-Sí, tenía 31 años, era el gerente general más joven del grupo Telefónica. No fue fácil, pero sí muy gratificante, ver que en pocos años esa compañía TDMA de cuatro teléfonos, de un millón y medio de clientes, la pudimos convertir en una que tiene más de 10 millones de clientes. Y si le sumas la banda ancha y la televisión son casi 12 millones de accesos. Además tiene una única marca consolidada y es líder en el mercado, lleva cinco años en el Great Place to Work, de los cuales tres ha sido top ten. Tiene un proyecto de reinvención del mundo fijo totalmente diseñado, con un plan de inversiones aprobado y con 2.500 millones de dólares de inversión en fibra. La transformación ha sido brutal. Hicimos la integración de lo que era Telefónica Móvil con Bellsouth, que fue tremendamente exigente y exitosa. Creo que funcionó muy bien y que de verdad logramos juntar dos culturas que, siendo muy distintas, se complementaron. Yo siempre decía que éramos dos piezas de un puzzle que encajaban perfectamente y que, si no nos destruíamos en el camino los unos a los otros, íbamos a tener mucha potencia… y funcionó bien.

-Después lideras el proceso de integración de la fija y la móvil…

-Y también el cambio de marca a Movistar. La integración, el empezar a tener un canal comercial y un canal de postventa, también fue un desafío tremendo, porque probablemente las culturas del mundo fijo y del mundo móvil son más distintas que las culturas de la ex Bellsouth y la ex Telefónica Móvil. Por lo tanto, han sido ocho años tremendamente gratificantes, en que he aprendido muchísimo y creo que le he aportado también al grupo.

-Y si todo ha sido tan gratificante, ¿por qué decides dejarlo?

-La verdad es que después de ocho años alcanzamos un nivel de madurez. Si bien aún nos queda mucho que hacer en términos de clientes, con una cultura organizativa única, con un equipo comprometido, con una visión de negocios clara, uno empieza a reflexionar y se pregunta ahora qué… cuál es el siguiente paso. Y ahí la verdad es que se plantean varias alternativas. La más natural y, tal vez, la que hubiese esperado el mercado, por decirlo de alguna manera, habría sido tomar una operación mayor en otro país. Hablé con el grupo muchas veces y la posibilidad que se me planteó fue ir a otros países a Europa o de Latinoamérica.

-Alguna vez se rumoreó que incluso te habían ofrecido irte a Alemania, tu país de origen.

-Se rumoreó de Alemania, de México, de Brasil. Nunca se sabrá cuántos de esos rumores eran ciertos o no. Pero el paso natural dentro de una carrera corporativa era ir a otro país. En octubre de 2009, después de unificar la marca Movistar, me dije: bueno, ¿el siguiente paso entonces es otro país? Sería el quinto. Y la verdad, no es que no me gustase la idea, pero tengo una esposa argentina, una hija de 14 años que nació en Argentina, otra de 11 años que nació en Brasil y ambas han pasado la mitad de sus vidas en Chile, en el colegio, con sus amigos. Pensé que cualquier proyecto de transformación de compañías dura entre tres y cinco años para llegar, entender y pensar cuál debería ser la forma de la empresa. Y me dije, ¿qué hago con una niña de 18 años en un país equis? El riesgo de disgregación familiar era muy alto. Y, por otro lado, mi mujer lleva 16 años detrás de mí tirándome los víveres, como suelo decir, mientras yo batallaba desde un lugar a otro del mundo. Entonces, lo que se generó fue un proceso de reflexión sobre qué modelo de vida seguir.

-Entonces, en definitiva, fue la familia lo que te llevó a tomar esta decisión.

-Uno suele decir que la vida laboral, que la vida familiar, etcétera. Pero la verdad es que la vida no tiene compartimentos, es una y tiene que haber coherencia las 24 horas del día… y consideré que era hora de devolverle a la familia lo que sacrificó por mí. Que no era justo para mis hijas trasplantarlas a otro país.

-¿Esa reflexión fue la que te hizo tomar la decisión de dejar tu cargo?

-Eso me llevó a reflexionar que seguir creciendo corporativamente implicaba irme de Chile, y no tengo intención de hacerlo, porque me encanta este país y necesito darle estabilidad a la familia.

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-Pero me imagino que también estaba la alternativa de seguir en el puesto.

-Ahí vino la siguiente reflexión: ¿vamos a seguir haciendo lo mismo año tras año? Y la verdad es que creo que una gerencia general de ocho años es un período más que razonable para llegar y aportar valor. Después puedes seguir administrando y haciendo cosas y, la verdad es que hay un proyecto maravilloso por delante. Pero creo que para la empresa tiene mucho valor darle una mirada distinta. Creo que no es justo para nadie seguir repitiendo las mismas cosas una y otra vez de la misma manera.

-¿Ahí tomas la decisión de irte del grupo?

-Empecé a hablar con todo el equipo humano de Telefónica, con José María (Alvarez- Pallete, el presidente de Telefónica Latinoamérica) y otros. Y les expliqué que era el momento de pensar en otros proyectos y que esos proyectos de alguna manera implicaban Chile, implicaban familia y que no iban a ser compatibles con proyectos del grupo Telefónica en otros países.

Y llegamos al acuerdo de que dejase la compañía el 31 de diciembre; y eso es lo que hice.

Salida amistosa

La salida de Oliver Flögel de Telefónica fue definitiva. No le liga ninguna relación contractual con el grupo, salvo asesorarlo en la conformación de un fondo de capital de riesgo para proyectos tecnológicos.

En estos días gran parte de su tiempo lo ocupa en reuniones con eventuales socios que podrían conformar este fondo, que será patrocinado por Telefónica.

-Pese a tu salida, sigues ligado al grupo.

-Cuando tomé la decisión de irme, comenzamos a pensar cuál era la mejor manera de salir de la compañía y ver si había alguna posibilidad de que continuase colaborando de alguna manera. Y la verdad es que Telefónica lleva tiempo viendo la necesidad de repensar integralmente su modelo de negocio. O sea, no puede como compañía, seguir vendiendo tráfico sin ningún valor agregado. Y de alguna manera lo que tiene que hacer es transformarse en una empresa que a través de su canal de distribución y de su marca le dé a sus 10 millones de clientes en Chile y 260 millones de clientes en el mundo, los productos y servicios que ellos necesitan. Todo lo más usado hoy por sus clientes no ha sido fabricado por Telefónica. Por lo tanto, se da cuenta de que necesita reinventar el modelo de negocio para ser un distribuidor de las aplicaciones y servicios, independiente de la plataforma. De lo otro que se da cuenta es que si hay un polo de crecimiento en los próximos años, es justamente Latinoamérica. Y ahí lo que Telefónica quiere hacer es patrocinar una serie de fondos de inversión para apoyar lo que es el desarrollo de tecnología en la región. Y uno de ellos lo está patrocinando en Chile.

-¿Cómo será ese fondo?

-Telefónica participa en este fondo, lo patrocina, pero está activamente buscando socios para que el fondo tenga un gobierno corporativo de excelencia y que no sea el brazo de Telefónica para hacer productos y servicios. La idea es que sea una mezcla muy fuerte entre experiencia en tecnología e industria, conocimiento científico y conocimiento de industria financiera. Que tenga un buen equilibrio para intentar tener un expertise distinto que nos permita invertir en empresas.

-¿Cuál es tu rol ahí?

-Lo que me pide el grupo es que les ayude a coordinar la constitución y la vida de ese fondo. Ahora estamos en el proceso de búsqueda de un ejecutivo que administre el fondo, porque yo no me haré cargo de él, yo hoy he salido del grupo porque quiero tomarme este año con más calma.

-¿Cuándo va a estar listo para operar?

-Depende de lo rápido que otros inversionistas participen en el fondo. Lo claro es que a fines de enero va a quedar constituido.

-¿De qué tamaño será?

-Estamos hablando de unos 150 millones de dólares, con cinco socios –incluida Telefónica- que aporten unos 30 millones de dólares cada uno.

-Ya que el tema de la innovación te mueve, ¿no te gustaría hacer un aporte desde el mundo público?

-Yo tengo una gran admiración y un gran respeto por las personas que se dedican al servicio público. Incluso me parece interesante, pero creo que puedo aportar más desde el mundo privado. Pero con una visión de cómo desarrollar una cultura del emprendimiento, tenemos que ver cómo desde el mundo privado podemos hacer que Chile crezca; pero no de cualquier manera, sino que incluyendo a todo y a todos, incluyendo el medio ambiente, a las comunidades minoritarias, al final todo lo que es el mundo de la innovación y el emprendimiento calza muy bien ahí. Ojalá el próximo Google, el próximo Facebook, salgan de Chile. Por eso es tan importante el rol privado en cuanto a aportar los fondos, el conocimiento y la experiencia para hacer que éstos surjan.

-¿Lo ves posible?

-Por eso te hablo con tanto entusiasmo del fondo, porque creo que el sector privado puede tener un rol súper relevante a la hora de generar un desarrollo que sea totalmente inclusivo. Si miras el Chile de los últimos años, de las últimas décadas, ha sido un país que ha crecido en base a commodities e incrementos de productividad, lo cual es súper bueno, pero no es un crecimiento para todos. Creo que el desafío de transformación que tiene hoy el país es salir de una economía de commodities a una economía del conocimiento. Soy un convencido de que con innovación y emprendimiento se puede lograr.

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“Quiero tener una nueva Pyme”

Por estos días, el tema de la conformación del fondo, cafés con amigos (para explicarles las razones de su salida) y reu-niones por algunas propuestas de trabajo, lo han mantenido lo suficientemente ocupado; aunque su idea es tomarse las cosas con calma para hacer lo que realmente le inspire, aunque no descarta volver a emplearse.

-¿Tu idea es tomarte este año como una especie de sabático?

-Pongámoslo así.

-¿Qué es lo que quieres hacer?

-Sé que quiero dedicar más tiempo a mi familia, a mis emprendimientos, pero no puedo ser tajante y decir que me voy a tomar un año sabático, te mentiría. Y si me preguntas qué voy a hacer, tampoco te lo puedo decir, porque todavía no hay nada. Pero sí he tenido más reuniones en estos tres días, que en el último mes en Telefónica. Pero tiene que ver con que mi salida ha sido una noticia y la gente quiere entender.

-¿Cómo ve la gente esta decisión?

-Les he explicado y les ha parecido muy bien. Siempre lo digo de una manera romántica, pero quiero devolverle a Chile parte de lo que me dio en estos años y que ha sido mucho.

Flögel recalca la importancia de generar una cultura de emprendimiento:"Ojala el próximo Google, el próximo facebook salga de Chile".

-Este año cumples 40, ¿te vino la crisis de los 40?

-(Risas) En broma he dicho que esto es parte de la crisis de los 40, pero creo que ha sido una confluencia de cosas. No atribuiría esto a algo en concreto y tampoco creo que sea la crisis de los 40. En todo caso, quiero disfrutar de mis 40.

-Te lo pregunto porque este tipo de decisiones de dejar un alto cargo gerencial generalmente aquí se da a los 50.

-A lo mejor es la década de las gerencias a los 30 y de dejarlas a los 40. Ahora, evidentemente, soy una persona joven y lo que voy a tratar de hacer en mantenerme activo y apoyar en Telefónica y pretendo hacer mil cosas… cuáles, no sé.

-Acabas de decir que quieres devolver a Chile lo que te ha dado, ¿eso significa que decidiste quedarte aquí?

-Como dice un amigo, somos hidropónicos, porque tenemos las raíces en el aire. Soy alemán, crecí en España, viví en Argentina, en Brasil, estudié en Bélgica. Mi mujer es argentina, creció en Miami, después se fue a España. Y vinimos a echar raíces aquí. La verdad es que estoy muy a gusto y mi familia está muy a gusto. Cuando empiecen las universidades y esas cosas, veremos. Pero afirmar categóricamente que me voy a quedar en Chile… no lo sé. De momento, espero quedarme por muchos años.

-Antes de esta entrevista nos comentaste que no descartas volver a emplearte. ¿Tienes claro en qué no?, ¿Puedes volver a las telecomunicaciones?

-Eso es siempre apasionante, pero las cláusulas de salida me lo impiden. Por lo menos, durante un largo tiempo. Lo que tengo claro es que esta es una decisión tomada ad portas de los 40. Por lo tanto, no es el momento para dedicarme a director profesional, ni para jugar golf todas las mañanas. Es el momento de aprovechar mi juventud, mi energía y mi experiencia para hacer cosas. Apoyar a Telefónica en el patrocinio de su fondo es una de ellas y habrá muchas más. Por eso, no descarto volver a emplearme o apoyar al sector público, o un curso de cocina (lanza una carcajada).

-¿En serio te gustaría hacer un curso de cocina?

-Sí, me encantaría hacer un curso de cocina. En realidad creo que mientras más cosas distintas haga una persona, mejor. Tengo también ganas de tocar un instrumento, de aprender chino, pero no por el chino, sino por los pictogramas, por ver cómo es eso, porque es inimaginable que haya una parte del mundo que tiene una visión de la vida que no es A, B o C. Además, es súper importante que las personas sean más creativas, porque el mundo es cambiante. Ya esto de estudiar la tradicional carrera en la tradicional universidad y emplearse en la tradicional empresa durante los tradicionales no sé cuántos años va a ser cada vez menos. Yo por ahora me decantaré por un curso de cocina.

-¿Tienes emprendimientos personales nuevos?

-La verdad es que tengo muchísimos proyectos, pero ninguno en una fase de ejecución. Sigo siendo socio de una cadena de lavasecos, que es un emprendimiento familiar. Ahora que tengo un poco más de tiempo, quiero ver cómo transformar el negocio y convertirlo en una cadena de gestión de tiendas más que de lavasecos.

-¿No has pensado en crear una nueva empresa?

-Capaz que un día de estos los sorprenda con una nueva pyme.

Los hitos de Oliver Flögel en Telefónica
• Llega a Chile a comienzos de 2003 y asume la gerencia general de Telefónica Móvil, operadora posicionada en el segundo lugar en tamaño después de Entel.

• En dos años empuja un fuerte crecimiento en la cartera de clientes de la compañía, de la mano de un cambio tecnológico relevante para la época, con el despliegue de la red GSM y una nueva gama de servicios y equipos celulares.

• Para fines de 2004 la compañía había alcanzado 3 millones de clientes y pasaba a liderar en tamaño el mercado móvil.

• Ese logro se vería rápidamente acompañado a comienzos de 2005 con un desafío aún mayor: la integración de las operaciones de Telefónica Móvil y Bellsouth. Flögel estuvo a la cabeza de la planificación e implementación de esa fusión, que significó la consolidación de la firma así como el lanzamiento de una nueva marca: Movistar.

• Su carrera también ha demostrado el liderazgo interno de este ejecutivo, quien cree firmemente que el único elemento diferenciador de una compañía es el equipo humano. Por eso, es destacable que, a un año de realizada la integración de operaciones, en 2006, Movistar se registró entre las 35 mejores empresas para trabajar (GPT W). Con los años esto se haría una constante.

• A comienzos de 2009 decide tomar un nuevo desafío y se instala en la torre de plaza Italia como gerente general de las operaciones fijas de Telefónica. Dejaba una Movistar con 7 millones de clientes.

• A fines de ese año ya estaba tomando nuevas oportunidades y se puso a la cabeza, junto al ex presidente de Telefónica en Chile, Emilio Gilolmo, para concretar un reordenamiento completo del grupo, que unificó el uso de la marca Movistar y permitió fijar una estructura de holding y un staff compartido para las dos operaciones, encabezando él la gerencia general del grupo.

• En su último año como gerente general, en 2010, logró evolucionar la red fija hacia la fibra óptica con un proyecto ambicioso de tres años, para alcanzar a 700 mil hogares pasados a nivel nacional y que potencialmente podrían acceder a todos los desarrollos futuros en televisión, acceso y aplicaciones de datos, etc.

• Por último, el mismo día que decidió renunciar a su cargo levantó una copa de champaña -junto al presidente de Telefónica, Claudio Muñoz- para celebrar un ansiada meta: la compañía había alcanzado 10 millones de clientes con servicios de voz (fija y móvil) , la mayor comunidad de clientes de Chile.