Las cifras del último censo fueron lapidarias. Menos matrimonios y menos hijos conforman una tendencia que atenta contra la institución que los chilenos ven como su mayor fuente de felicidad. Pero hay un dato alentador: en los últimos 3 años el descenso de enlaces legales y niños parece revertirse. Los expertos en mercados y marketing siguen de cerca estos movimientos, porque para ellos conocer a sus clientes es crítico.

  • 6 agosto, 2008


Las cifras del último censo fueron lapidarias. Menos matrimonios y menos hijos conforman una tendencia que atenta contra la institución que los chilenos ven como su mayor fuente de felicidad. Pero hay un dato alentador: en los últimos 3 años el descenso de enlaces legales y niños parece revertirse. Los expertos en mercados y marketing siguen de cerca estos movimientos, porque para ellos conocer a sus clientes es crítico.

Las cifras del último censo fueron lapidarias. Menos matrimonios y menos hijos conforman una tendencia que atenta contra la institución que los chilenos ven como su mayor fuente de felicidad. Pero hay un dato alentador: en los últimos 3 años el descenso de enlaces legales y niños parece revertirse. Los expertos en mercados y marketing siguen de cerca estos movimientos, porque para ellos conocer a sus clientes es crítico. Por Elena Martínez C.

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Fue una auténtica sorpresa constatar que ni siquiera los estudiosos que representan a los sectores más tradicionales hablan actualmente de “la” familia chilena, sino que de “las familias chilenas” o de “las formas de constituir familia en Chile”…Un verdadero balde de agua fría si está en la mente la imagen clásica del matrimonio constituido por un padre y una madre, que concretan su vínculo en varios hijos.

Es importante recalcar sí que, aunque ha perdido presencia, el hogar biparental con hijos sigue siendo mayoritario. Un 61% de los hogares está liderado por un padre y una madre. Este esquema sigue siendo fuerte en todos los segmentos socioeconómicos, con un alto reconocimiento social, y los chilenos lo califican como la mayor fuente de felicidad en sus vidas.

Esta convicción emerge en todos los análisis de tendencias. Un ejemplo es el estudio anual Visión Humana de Chilescopio, que ratifica la importancia del núcleo familiar para hombres y mujeres. Un 72% califica a la familia como “un valor extremadamente importante y esencial” en sus vidas, por sobre la salud y el amor. (Ver gráfico). También la destacan como un elemento de estabilidad personal. Los hijos aparecen como el grupo más importante y que lidera todas las motivaciones de logro.

Los estudios de mercado y sus resultados son coherentes incluso con enfoques más desarrollistas, que plantean a la familia como fundamental en la formación del capital humano y en los futuros logros económicos sociales de la persona. Una visión que, aunque escandalice a algunos sociólogos y filósofos, entiende al ser humano no sólo en términos de riqueza económica, sino de valores, explica Eugenio Cáceres, investigador del Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad de los Andes y profesor de la Universidad San Sebastián.

Más allá de debates clásicos como si la familia está o no en crisis, todos los datos disponibles –del Instituto Nacional de Estadísticas, del Registro Civil, de los censos, de centros especializados y hasta del sentido común– evidencian que la familia experimenta una profunda revolución, que pasa por una reestructuración de sus formas tradicionales.

Así, al matrimonio con hijos se suman los grupos familiares liderados por mujeres jefas de hogar con descendencia, o bien aquellos reconstituidos, en que padres separados se vuelven a casar incorporando a sus respectivos hijos, en que lo que expertos llaman la “familia patchwork”. Hay también los hogares con padres que no están casados y que tiene a Chile con el 62% de los niños nacidos fuera del matrimonio, cifra más alta que las de Suecia (56%), Estados Unidos (33%) y España (23%).

Una tendencia que ya asoma en estudios es la de padres solos –separados o solteros– que se hacen cargo de sus hijos. En términos estadísticos, aún es mínima. Es probable que este tipo de núcleo –ya detectado por Sernam– aparezca en el próximo censo 2012.

Otro ejemplo del impacto que ha sufrido en los últimos años el modelo de familia es la reducción del número de los hogares extensos biparentales, que se generaban cuando al núcleo tradicional se agregaba algún otro pariente, como los abuelos.

Esta evolución ha tenido impacto incluso en las estrategias de marketing, que se han hecho cargo de las tendencias de consumo de las nuevas modalidades de configurar familia. Si bien el modelo mayoritario es la familia biparental con hijos, las opciones no excluyen, en términos de oferta de productos y servicios, a otras formas de núcleos.

 

 

Cifras de una transición

 

Los investigadores coinciden.La antropóloga Isabel Espinosa, del Departamento de Demografía del INE, sostiene que “actualmente, la familia adquiere diversas formas, puesto que en ellas influye una multiplicidad de factores de tipo social, cultural, económico y valórico”. Y por este motivo, añade, “ya no es posible referirse a ‘la familia’ como a una estructura inmutable, sino a ‘las familias’ como conjunto de formas de estructurar la vida entre personas próximas”.

Esta conformación responde a un proceso de evolución, fenómeno dado en otros países, argumenta la investigadora Rosa Camhi, del Instituto Libertad y Desarrollo.

El actual panorama es lo que técnicamente se llama una transición demográfica.

La primera fue la evolución en el comportamiento poblacional causado por la combinación de las tasas de fecundidad y mortalidad. Así, en los últimos años Chile tiene cada vez menos niños y más adultos mayores (población de 60 años o más).

La tasa de fecundidad por mujer ha pasado de 6 niños en 1960 a 2,6 en 1992 y a 1,9 en 2003, cifra que está bajo el mínimo para reponer la población, que es de 2,1. Han incidido aquí la incorporación de la mujer al mundo laboral, su maternidad más tardía y la decisión de tener menos hijos, dado el esfuerzo para compatibilizar el cuidado del niño y las responsabilidades laborales. Serán cada vez más comunes los hijos únicos o los niños con un solo hermano.

En paralelo, la mejor calidad de vida tiene a los chilenos cada vez más longevos, siendo los ancianos más del 12% de la población. Al 2015 superarán el 15%.

El segundo factor demográfico relevante está en la modificación de los patrones de reproducción, nupcialidad, divorcio, vínculos de pareja y organización familiar.

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¿En qué se traduce esto? Por ejemplo, en que los hogares chilenos son más pequeños, con menos de 4 personas promedio. O sea, se ha registrado una disminución de una persona por hogar en 20 años, lo que representa más de un 20% en el tamaño promedio. Aparte de los menos hijos que tienen las parejas, está la creciente tendencia a la vida en solitario. Los hogares unipersonales aumentaron más de 3% en 10 años. Un hecho que tienen más que claro, por ejemplo, las inmobiliarias.

Otro dato ilustrativo de los cambios registrados: los matrimonios han pasado de 104.740 en 1990 a prácticamente la mitad el año pasado, con 59.134.

En cuanto a los divorcios, tras la puesta en vigencia de la ley hace 3 años, han subido de 1.191 en 2005 a 16.043 el año pasado. En lo que va del año, suman 10.224.

Los hijos reconocidos y frutos de un matrimonio totalizan 46.154 a junio de 2008. El año pasado alcanzaron los 94.603. Una cifra muy lejana de los 251.708 de 1990.

Respecto de los niños nacidos fuera del vínculo matrimonial y reconocidos por ambos padres, totalizan 67.278 hasta fines de junio. El año pasado fueron 127.193, unos 20 mil más que los contabilizados en 1990. Si a estos últimos se agregan los hijos reconocidos sólo por la madre –28.450 el año pasado y 14.000 en el primer semestre de este año–, la tendencia es elocuente.

 

 

Moderado optimismo

En el INE pronostican que estas tendencias se profundizarán en los próximos años. No obstante, para algunos el que la familia sea un tema en la agenda pública y que se investigue en centros especializados es motivo de optimismo.

María Paz Lagos, directora del Programa de Políticas Públicas y Familia de la Universidad del Desarrollo y de la consultora Concilia, indica que gran parte de la situación actual surge del gran anhelo de familia que existe en la sociedad chilena. “Los chilenos consideran que la familia es su fuente de felicidad y hay serios problemas, basados fundamentalmente en las grandes expectativas que tienen en este núcleo afectivo”, expresa. Es relevante, agrega, que el tema haya salido del ámbito privado al público, convirtiéndose en “un desafío para todos los actores de la sociedad”.

Eugenio Cáceres también se declara optimista respecto de la evolución de la familia. “El tema se analiza y la gente está respondiendo –plantea–. Es una oportunidad para repensarse y fortalecerse, y su proyección cultural y social va a ser mayor”.

Las cifras del Servicio de Registro Civil e Identificación también alientan un moderado optimismo. Según su director, Luis Fuentes, los matrimonios muestran una leve tendencia al alza, a contar de 2005. Son cifras pequeñas (1,11% el 2005; 8,4% el 2006) pero rompen con la sostenida tendencia a la baja. Y es más: para este año, Fuentes aventura un incremento, porque hay 32.140 matrimonios hasta fines de junio.

La misma situación se registra en los nacimientos que, si bien muy lejos de los 387.084 niños de 1990, experimentan un aumento respecto de años anteriores a contar de 2005, con 0,23%; 0,88% en 2006; y 3,77% en 2007.

“Esta cifra también debería crecer en 2008. Hasta junio hay 128.371 nacimientos. Serán el doble si se mantiene el ritmo del primer semestre”, vaticina.

Más allá de posibles y graduales mejoramientos en cifras, y que es un proceso de largo aliento, los expertos instan a no dilatar la acción. El problema ya está aquí y las soluciones no son fáciles. Pero existen, recalcan. Y aquí están algunas de sus principales propuestas para fortalecer a la familia y revertir las tendencias con políticas públicas.

Niños

En lo inmediato, menos niños supone trabajar áreas como la educación. Que haya menos estudiantes en enseñanza básica quita prioridad a la cobertura y pone como tarea la calidad. Para revertir la baja de nacimientos, se sugiere crear políticas de fomento de la natalidad y promover las familias numerosas con ajustes tributarios o subsidios directos. También, ayudas fiscales para el empleo de los responsables de familias grandes y del cuidado de parientes ancianos, de manera de reforzar a los núcleos biparentales extensos. El problema, además, tiene connotaciones culturales. En los países nórdicos se han aplicado incentivos para tener hijos, sin grandes cambios. Se aconseja reforzar con campañas nacionales el rol clave de la familia.

Matrimonios

Según los consultados, llegó el momento de pensar en políticas como incentivos económicos y tributarios que promuevan familias estables y que estimulen a las parejas a casarse. Se plantea una reforma tributaria para quienes tengan hijos. También, rebajar de la carga imponible los gastos que vayan en beneficio familiar como el dividendo, escolaridad de los hijos (matrícula y mensualidades) o gastos médicos elevados en que incurran los padres. Se plantea que a la larga es un ahorro para el Estado, porque previene problemas sociales. Para proteger el matrimonio, formalización matrimonial de las uniones de hecho y de modalidades de seguro social familiar, como ahorros provisionales matrimoniales.

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Rol de los padres

Otra línea de trabajo es fortalecer la familia con políticas sustentadas en un marco subsidiario del Estado que potencie el rol familiar, tales como el derecho y deber preferente de los padres a educar a sus hijos y la promoción de la libertad de enseñanza. Esto último, permitiendo que el padre decida a qué establecimiento manda a su hijo. El Estado no puede reemplazar a los padres y debe tener un papel subsidiario. Hay que fortalecer a los padres involucrados, dicen los expertos. Añaden que se sienten cuestionados y que se está criando niños sin tolerancia a la frustración. Hay que respetar y promover la autoridad de los padres y capacitarlos para su tarea.

Madres que trabajan

Aquí se manifiesta la necesidad de mayor flexibilidad laboral, con jornadas parciales, para conciliar trabajo y cuidado de los hijos. En el caso de los hogares con jefa de hogar no debe haber subsidios diferenciados. El criterio debe ser la pobreza. En otras palabras, que la ayuda sea igual para la madre pobre casada que para la madre pobre soltera. Hay que promover la capacitación para el trabajo independiente y en el hogar; sobre todo, para las más pobres. También, abrir microcréditos para que trabajen en sus casas y subsidios especiales para la mujer que cuida a sus hijos. La posible remuneración se compensa por menos gastos en guarderías y prevención de delincuencia juvenil y adicciones. Promover la valoración del trabajo doméstico, incorporándolo en las cuentas nacionales y en el cálculo del PGB.

Viviendas

Las políticas deben considerar casas dignas para la vida familiar, propiciando la mantención y ampliación de éstas. Fomentar la investigación sobre diseños idóneos. Además, ante el aumento de adultos mayores, pensar en hogares para familias extensas. Un ejemplo a seguir son las casas sociales españolas.

Tiempo libre

Los espacios públicos y en la comunidad deben facilitar la convivencia de la familia, con fomento de la actividad cultural y deportiva. También, incrementar los lugares de recreación de calidad y premiar a las empresas que propicien la actividad deportiva de los trabajadores y sus hijos.

Trabajo

Aumentar la flexibilidad laboral y crear formas para conciliar el trabajo con la familia. Diseñar sistema de empresas “familiarmente responsables”, con políticas que fomenten la vida familiar.

Adultos mayores

Hacia 2015, la población económica activa deberá asumir una mayor población pasiva. Las consecuencias económicas pueden ser profundas; sobre todo, porque no se ha avanzado en una mayor productividad. Otra propuesta es crear trabajos flexibles de media jornada para este segmento. También, aplicar políticas de vivienda que consideren quiénes los cuidarán y diseñar hogares sociales más amplios.

Otro nivel de desarrollo

En general, tras estas propuestas para fortalecer la familia como eje social está la certeza de que su organización y funcionamiento es de creciente interés para la sociedad chilena, sostienen los entrevistados, quienes afirman que, más allá de la prioridad dada hasta ahora el desarrollo económico y político, emergen también como esenciales la calidad de vida y las relaciones entre las personas. Se pasa de este modo a otro tipo de desarrollo, que va del nivel al modo de vida.

El desafío es, en este contexto, integrar los esfuerzos privados y estatales, porque hasta hoy las políticas han estado centradas en la igualdad de género y la mujer. Falta pensar en la familia, en lo que los sociólogos definen como una dimensión cualitativa de las relaciones sociales, y donde la interrogante es definir qué sociedad se quiere tener.