Con la llegada de la Presidenta Bachelet a Chile a fines de marzo, se abre el año político más intenso y decisivo desde 1988. Como en aquella época, fuertes movilizaciones de protesta preceden al año electoral. Pero llegadas las elecciones, los actores van tomando sus posiciones. Los resultados electorales de 1988 determinaron la política chilena […]

Michelle Bachelet

Michelle Bachelet

Con la llegada de la Presidenta Bachelet a Chile a fines de marzo, se abre el año político más intenso y decisivo desde 1988. Como en aquella época, fuertes movilizaciones de protesta preceden al año electoral. Pero llegadas las elecciones, los actores van tomando sus posiciones. Los resultados electorales de 1988 determinaron la política chilena por dos décadas. ¿Pasará lo mismo esta vez? Es difícil pronosticarlo. Lo que sí es un hecho, es que se tratarán éstos –los 9 meses que vienen entre abril y noviembre– de los meses más movidos de la historia chilena reciente.

En materia parlamentaria, durante el mes de abril los partidos se sumergirán en la elaboración de una plantilla que esta vez tiene la novedad de que algunos distritos –no todos– van a primarias legales el 30 de junio. Pero para saber qué distritos van a primarias, se debe tener un panorama muy afinado sobre aquellos que no van a primarias. Es decir, la negociación puede quedar pendiente en espera de la definición del nombre específico del candidato o candidata, pero la decisión sobre el cupo, o si el cupo va en definitiva a primarias, se debe tomar durante abril, según la nueva ley de primarias.

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¿Cuántas primarias parlamentarias se realizarán en el país? No se sabe todavía. En la Alianza, sólo se realizarán un puñado de primarias de partido, mas ninguna de pacto. Iván Moreira contra Ena von Baer, algún desafiante de Evopoli contra un RN, alguna otra senatorial entre candidatos UDI, pero no mucho más. La Alianza sabe que cada partido se lleva uno de los dos cupos del pacto, por lo que las primarias se limitan a ser primarias de partido.

En la oposición, en cambio, probablemente se realicen varias primarias de pacto y muy pocas de partido. En general, los partidos ya están arribando a candidaturas únicas partidarias en cada distrito –salvo el PS en Coquimbo, Los Ríos y Los Lagos, que aun no definen-. Es a nivel de pacto donde surgen los problemas, puesto que en varios distritos hay más de dos aspirantes de distintos partidos. Por lo mismo, es en la oposición donde el deadline de abril para inscribir primarias de pacto se hace más apremiante.

En la presidencial, con el retorno de la Presidenta Bachelet se termina de completar el cuadro de candidatos para la primaria de la oposición. Orrego, Velasco, Gómez y Bachelet parecen ser los candidatos definitivos, a menos que alguno de los tres primeros desistiera antes de tiempo –lo que no se ve probable–. Ni MEO, ni Jocelyn-Holt, ni Parisi, ni algún candidato de izquierda (como Claude) participarán de la primaria de la oposición. Si consiguen las firmas, probablemente lleguen a noviembre.

El caso de MEO es digno de analizar. Abril es el mes donde se deciden las primarias parlamentarias. Sus candidatos se mueren de ganas de participar de ellas, porque al menos en un par de distritos, tienen una buena chance de salir elegidos y maximizar su chance en noviembre. Sin embargo, primaria abajo (parlamento) y no primaria arriba (presidencial) es una fórmula que la oposición no va a aceptar. Los candidatos al parlamento pro MEO arriesgan ser devorados por el binominal, a pesar de su buena votación. ¿Soportará MEO la presión de sus partidarios?

La campaña chica

Mayo y junio serán meses de campaña presidencial primaria. En esos meses, los candidatos competirán al interior de sus coaliciones, con un ojo puesto en noviembre. Intentarán posicionarse como candidatos viables para la elección final, pero sabiendo que primero deben pasar esta valla.

¿Persistirá la duda en la UDI y RN sobre cambiar la dupla de candidatos, Golborne y Allamand? ¿Le hará daño o fortalecerá a Bachelet la competencia con sus aliados? Parte importante de este proceso se dará en la disputa pública que tengan los candidatos. Los debates serán esperados con ansiedad por los retadores. Allamand espera golpear a Golborne una y otra vez. Orrego, Velasco y Gómez intentarán mostrar sus cartas frente a la favorita Bachelet.

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30 de junio es la elección y lo que se abre es un doble proceso: por un lado, el proceso donde los candidatos y partidos perdedores se suman al ganador, con todas las tensiones que eso generalmente ocasiona. Por otro lado, en junio se termina de negociar la plantilla parlamentaria, ya no con cupos, sino que con nombre y apellido (salvo en los casos donde esos nombres ya han sido definidos en primarias).

Como paréntesis al ánimo electoral, en julio puede caer el fallo de La Haya acerca del diferendo limítrofe con Perú. ¿Cómo reaccionarán los candidatos a ese fallo? ¿Sería Allamand más duro que Golborne? Dado que Piñera decidió tomar personalmente la causa en diciembre –cosechando aplausos por su buena gestión–ahora no podrá criticar a Michelle Bachelet en caso de fallo adverso, lo que descomprime el desenlace.

La recta final

Luego de la inscripción final de candidatos en agosto, viene la campaña propiamente tal. La disputa, esta vez, será triple: en primer lugar, quién gana la presidencial. Bachelet indudablemente lleva la delantera, pero en la confianza está el peligro. Deberá hacer una muy buena campaña.

En segundo lugar, esta vez adquiere crucial relevancia la campaña parlamentaria. En 1989, la derecha tenía tres cerrojos para impedir cambios profundos: sistema binominal, senadores designados y quórums supramayoritarios. De acuerdo a las cifras de la municipal, ahora el binominal puede jugar en contra de la Alianza (hay que recordar que si con 33% se obtiene el 50%, con 32% se obtiene cero); a la vez que los senadores designados ya no existen. Solo queda por despejar si la oposición logrará acercarse al quórum de supramayoría, para, desde ahí, intentar las reformas postergadas. No es descartable, por tanto, que la derecha concentre esfuerzos en la parlamentaria más que en la presidencial.

En tercer lugar, esta elección puede ser un momento refundacional desde el punto de vista del electorado. Producto del voto voluntario y la inscripción automática, esta elección puede determinar el voto de toda una generación. Puede ser un nuevo parte aguas político, como fue el plebiscito de 1988, y determinar, de esa manera, la suerte de varias elecciones hacia adelante. ¿Se mantendrá la sorpresa de las municipales de 2012, donde la derecha fue duramente castigada? ¿O volverán las cosas a la tendencia general que existió entre 1988 y 2010?

En definitiva, el año político que se abre con la llegada de la Presidenta Bachelet puede ser un año refundacional. Como en 1988, lo que se determina este año es mucho más que un(a) presidente(a) y un parlamento. Lo que se decide es el derrotero de la política chilena por varias elecciones. También está en juego la credibilidad de las instituciones. Y las reformas pendientes. Y no afectar el crecimiento económico del que hemos gozado.
No es poco. Todo en menos de 9 meses. •••