Miles de españoles compran cada día en El Corte Inglés, una de las cadenas de tiendas más grandes del mundo, y sin embargo la controvertida historia de la familia que controla la compañía apenas se conoce. Un juicio que enfrenta a las distintas ramas que están en la propiedad ha puesto fin al misterio. […]

  • 20 abril, 2007

 

Miles de españoles compran cada día en El Corte Inglés, una de las cadenas de tiendas más grandes del mundo, y sin embargo la controvertida historia de la familia que controla la compañía apenas se conoce. Un juicio que enfrenta a las distintas ramas que están en la propiedad ha puesto fin al misterio.
Por Ricardo Leiva, desde España.

 

El Corte Ingles es “la” gran cadena comercial de España. Cada día miles de personas visitan sus tiendas de departamentos, hipermercados, agencias de viajes, peluquerías, librerías, compañías de seguros y sucursales fi nancieras. Si alguien en este país necesita cualquier tipo de producto o servicio para su casa o su ofi cina, no lo piensa dos veces: parte a una de las emblemáticas sedes plateadas de El Corte Inglés, dispersas a lo largo y ancho de la península. Lo increíble es que el presidente y gran dueño de este emporio, Isidoro Alvarez, es tan desconocido que puede pasearse a sus anchas por sus dependencias sin que ningún empleado lo reconozca. Cuenta con una fortuna valorada en más de US$ 4.000 millones, lo que lo convierte en uno de los hombres más ricos de España, pero los diarios y revistas no disponen de muchas fotos suyas. Su historia personal siempre ha sido un enigma. Hasta ahora…

Hasta ahora, porque la demanda judicial entablada por uno de sus primos, César Areces, está rompiendo la estricta discreción que siempre caracterizó a El Corte Inglés. Areces quiere vender sus acciones, equivalentes al 0,7% de la propiedad, pero los estatutos de compañía lo obligan a ofrecerlas solo a la administración. El problema es que Areces pide mucho más de lo que quieren pagarle… nada menos que el triple. El tema, como era previsible, terminó en tribunales.

Finalizadas las audiencias, existe plazo hasta mediados de junio para que se dicte la sentencia. Si la juez a cargo del caso autoriza a César Areces a vender las acciones en el mercado y obtiene por ellas un valor sustancialmente superior al que está ofreciendo la administración, es posible que otros sigan sus pasos y así la gran tienda empiece a perder su carácter familiar. Esto, creen analistas hispanos, se puede convertir en el primer paso para una apertura bursátil.

Que la jueza a cargo sea la misma que no dudó en paralizar la OPA de Gas Natural sobre Endesa, es un antecedente que explica las tremendas expectativas que existen en torno al potencial de este dictamen judicial de cambiar la historia de la gran tienda comercial. “Es la primera vez que surge la posibilidad de que el accionariado del Corte Inglés cambie de manos y es la primera vez que se valora al Corte Inglés”, resume un abogado ligado al proceso.

LA HISTORIA NO OFICIAL

La historia ofi cial dice que El Corte Inglés ha tenido dos presidentes durante su historia. Pero existe otra versión, contenida en el libro “Biografía de El Corte Inglés”, texto que misteriosamente nunca llegó a las librerías, pese a que su lanzamiento fue anunciado en 1992 con bombos y platillos.

Según la misteriosa obra, César Rodríguez González, un rico comerciante de Asturias, descendiente de la familia dueña de Galerías Preciados, otro referente del comercio español, fue en 1934 el fundador, financista y primer presidente de El Corte Inglés. Se casó dos veces pero no tuvo hijos. Cuando murió, en 1966, su sobrino Ramón Areces tomó el timón.

Ramón Areces, quien fi gura ofi cialmente como el fundador de El Corte Inglés, tampoco tuvo hijos y pasó la propiedad a Isidoro Alvarez, su sobrino, quien a sus 72 años, tampoco ha tenido prole.

Sean dos o tres los presidentes, el caso es que ninguno ha dejado herederos directos y, por tanto, la propiedad se ha diseminado en distintas ramas de la familia. Las mismas que ahora se enfrentan.

Isidoro Alvarez controla el 57% de la propiedad, el 22% en forma directa y el 35% restante a través de la Fundación Ramón Areces. Le siguen, con participaciones de alrededor de 10% cada una, tres sociedades familiares, y, en quinto lugar, una sociedad que forman los cuatro hermanos Areces Fuentes, entre ellos César, quienes suman el 2,88% de la propiedad.

En total, las distintas ramas de la familia controlan el 90% mientras que el 10% restante está en manos de más de tres mil trabajadores que se han beneficiado de una política empresarial de venta de acciones a empleados o entrega en premio a los directivos.

Las acciones que traspasan a los trabajadores son las que provienen de miembros de la familia que quieren retirarse de la propiedad o de los empleados que se jubilan. En esos casos, según los estatutos, El Corte Inglés es el único posible comprador y paga el “valor real”, al que se llega, según reza el documento ofi cial, mediante “tanteo”.

Pero el “tanteo” no ha servido con César Areces. Los 98 millones de euros (US$ 131 millones) que él pide son considerados “especulativos” por la administración. Le ofrecen 35 millones (US$ 47 millones).

Para llegar a acuerdo, tampoco sirvió la valorización de la compañía del experto externo contratado por el Consejo de Administración. Su estimación coincidió con la de Isidoro Alvarez: 5.409 millones de euros (US$ 7.225 millones), sobre los cuales un 0,7% da 37 millones de euros.

En cambio, los profesores del IESE de Barcelona contratados por César Areces, José Manuel Campa y Pablo Fernández, creen que una estimación más cercana a la realidad sería de entre 14.700 y 16.600 millones de euros (US$ 19.637 millones y US$ 22.175 millones). Bastante más.

LAS COSAS ESTAN QUE ARDEN

El 12 y 13 de marzo fueron las audiencias del juicio en que César Areces Fuentes, con el apoyo de sus hermanos María Jesús, María del Rosario y Ramón, pidieron la libre transmisión de sus acciones o que éstas fueran valoradas de acuerdo con lo establecido en los estatutos, es decir, de acuerdo con el criterio de valor real, a determinar por un experto designado por el Registro Mercantil, no por la administración.

La defensa de los Areces Fuentes argumentó que la empresa tiene valorados en libro los 60 inmuebles que posee en España en 2.600 millones de euros (US$ 3.473 millones), en condiciones que solo por el edifi cio Windsor, en el centro de Madrid, pagó 480 millones de euros en diciembre.

Los peritos del IESE consideran más cercana a la realidad una cifra en torno a 7.500 millones de euros (US$ 10.018 millones) para estos activos.

Pero es el precio de la marca lo que genera más controversia. Aunque cueste creerlo, el consejero delegado Carlos Martínez Echevarría dijo en el juicio: “La marca El Corte Inglés no vale nada. El Corte Inglés no podría vender su marca como no vendiera toda la empresa”, en alusión a un informe de Interbrand, contratado por los Fuentes Areces, que le pone un precio de 1.693 millones de euros (US$ 2.261 millones), un valor “absolutamente discutible” para el representante de la sociedad. Era que no.

Lo que está claro es que en cualquier caso César Areces recibirá una fortuna, lo que no es nada de malo para alguien que nunca ha trabajado en la gran tienda, pero tuvo la suerte de heredar acciones gracias a los intrincados traspasos de propiedad de una empresa muy peculiar. Isidoro Alvarez, en cambio, bajo cuyo liderazgo El Corte Inglés pasó a facturar más de US$ 21.000 millones anuales y se ha expandido a otros mercados europeos, con utilidades que ya superan los US$ 1.800 millones, podría quedar como el gran derrotado de esta crisis familiar.