En sus primeros 100 días al mando del ministerio del Interior, Gonzalo Blumel ha puesto sus energías en establecer una hoja de ruta para sellar la gran reforma a las policías y el control del orden público. Dentro de Chile Vamos sus acciones apuntan a contener y mantener unido al conglomerado hasta el plebiscito de abril. “Es el ministro más influyente sin duda, pero también el más expuesto”, aseguran desde La Moneda.
Por: Josefina Ríos y María Isabel Ovalle
Fotos: Verónica Ortíz

  • 14 febrero, 2020

El 5 de febrero pasado, el presidente Sebastián Piñera salió de vacaciones. A cargo del Palacio de La Moneda quedó su ministro de Interior, Gonzalo Blumel, quien tras aceptar el cargo el 28 de octubre de 2019, se ha convertido en el secretario de Estado más influyente del gabinete, según consignó la encuesta Cadem a comienzos de febrero. La Casa de Gobierno por estos días aparece casi vacía y el silencio es evidente al transitar por sus patios y pasillos. Sin embargo, en las oficinas que ocupa Blumel y su equipo, ubicadas en la esquina suroriente del patio de Los Cañones, se cuenta una historia diferente.

Allí, el trabajo es intenso y las reuniones entre el ministro y diversas autoridades y colaboradores se han sucedido sin tregua durante los calurosos días de febrero. “Llega cerca de las 8 AM y no se va antes de las nueve de la noche. Al comienzo de su gestión, el ritmo era incluso más intenso y las jornadas duraban hasta 16 horas sin descanso”, revela uno de sus asesores. En la actualidad, tiene en promedio nueve reuniones diarias: este lunes, por ejemplo, en su despacho se realizó un acotado comité político, donde participaron el ministro Segpres, Felipe Ward, y los subsecretarios de Segob y Hacienda, Emardo Hantelmann y Francisco Moreno, respectivamente.

A estas conversaciones se suman sus actividades en terreno, las cuales combinan sus responsabilidades como jefe político y las tareas en seguridad pública. Así, su agenda de este mes incluyó desde la presentación de los avances tras la implementación de las cámaras corporales para las fuerzas policiales en una comisaría de la comuna de San Joaquín, hasta el intenso viaje a Valparaíso, el pasado 4 de febrero, para acompañar en el Senado al intendente de Santiago, Felipe Guevara, durante la votación de la acusación constitucional.

La intensidad con que vive Blumel este febrero no es arbitraria, según observan algunos personeros de gobierno, la sombra de marzo está ad portas y todo indica que el control de la violencia y el orden público podría complicarse durante ese mes con la llegada de fechas emblemáticas, como el Día de la Mujer (8M), el inicio de clases en colegios y universidades y la conmemoración del Día del Joven Combatiente (29M). A ello podría sumarse, además, el descontento ciudadano producto del alza en el número de desempleados. Y como recta final se asoma el plebiscito para la nueva Constitución el próximo 26 de abril, considerado un hito clave para este gobierno. Es prioridad para La Moneda controlar los niveles de violencia para impedir que el proceso se deslegitime.

Cansado, pero motivado

En el entorno del ministro aseguran que él está tranquilo y que marzo no le quita el sueño más que otros meses. Aunque tiene claridad que será un período con varias manifestaciones, Blumel, dicen sus cercanos, tiene la convicción de que se están haciendo bien las cosas y que se ha logrado diseñar una hoja de ruta que permitirá prever situaciones complicadas y generar respuestas adecuadas para contener los desbordes de violencia.

En ese sentido, el secretario de Estado ha establecido una agenda de contención para el corto plazo y una estrategia con mirada a largo plazo. La primera, tiene relación con la agenda legislativa y la aprobación de la ley antisaqueos y antibarricadas, que fue promulgada en enero y ya está en funcionamiento, y en marzo, la posible aprobación de la legislación que permite la protección de infraestructura crítica por parte de las FF.AA. En segundo término, están apostando por la dotación tecnológica para Carabineros, ahí se encuentra la adquisición e implementación de cámaras corporales; la compra de carros lanza aguas; nuevos equipos y drones.

Asimismo, Blumel ha planteado que marzo es el mes clave para llegar a acuerdos en el Congreso en materias sociales, como la reforma de pensiones y de Fonasa e ingreso mínimo garantizado, las que darán respiro a la clase media.

El titular de Interior está visiblemente cansado, pero quienes están cerca de él aseguran que su voluntad y espíritu de servicio público están intactos. “Puede que esté algo desgastado, pero nunca desganado o desmotivado. Él está haciendo su mejor esfuerzo y no veo que le tenga especial miedo a marzo. En esto el presidente Piñera ha sido clave, porque está mucho más empoderado”, complementa Jacqueline Van Rysselberghe, timonel de la UDI.

Los orejeros

El 28 de octubre pasado, y en medio de la peor crisis social que ha vivido Chile desde el regreso a la democracia en 1990, Gonzalo Blumel (41) asumió la cartera de Interior y Seguridad Pública. No era la carta que Sebastián Piñera manejaba para el cargo. En un principio había contemplado el nombre de la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei. Malogrado ese intento, puso sus fichas en el entonces titular de Bienes Nacionales, el UDI Felipe Ward. Minutos antes de concretar el cambio de gabinete, la prensa reveló antiguas declaraciones de Ward sobre derechos humanos que sin duda causarían problemas en su gestión como jefe de Interior.

No había espacio para polémica, así que a último minuto, el mandatario echó mano para encomendar la difícil tarea a su hombre de mayor confianza: Gonzalo Blumel, hasta entonces ministro Segpres y el único sobreviviente del comité político que había asumido junto con él en marzo de 2018. En estos poco más de 100 días, Blumel ha debido aprender con urgencia sobre un mundo que no le era tan familiar. “Sin duda le faltaba carrete político para un cargo tan importante. Sin embargo, tiene habilidades blandas que le permiten sortear estas debilidades: se mueve bien en ambientes complejos y su capacidad dialogante impresiona”, dice un parlamentario oficialista.

Su aproximación más cercana a temas relacionados con las policías y la seguridad se dio en el pasado desde un punto de vista más teórico. Como redactor del programa de gobierno de Sebastián Piñera, fue Blumel quien desarrolló la reforma a las policías que planteó el mandatario en su campaña presidencial. Asimismo, como ministro Segpres, tramitó desde un inicio ese proyecto de ley en el Congreso.

Con todo, y consciente de sus debilidades en la materia, Blumel optó por estudiar y asesorarse. “Es común que lea al respecto durante los fines de semanas. Además se apoyó mucho en una primera etapa en el ex subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, quien pese a que presentó su renuncia el mismo día que Chadwick dejó el ministerio, decidió alargar un poco su estadía a solicitud de Blumel”, cuenta un asesor de confianza. Además, consultó con sus antecesores. Por teléfono o en reuniones privadas conversó con José Miguel Insulza, Jorge Burgos y Andrés Chadwick. También se acercó a los ex subsecretarios Jorge Correa Sutil, Cristóbal Lira y Felipe Harboe.

Concretada la salida de Ubilla, Blumel pidió expresamente al presidente que nombrara en su reemplazo a Juan Francisco Galli, quien asumió el 1 de enero pasado. Con el abogado RN el ministro juega de memoria, desde los tiempos en que compartían funciones en la Fundación Avanza Chile, creada por el mandatario luego de su primer gobierno. “Galli sabe mucho de administración pública y el trabajo en Interior, donde participó durante la primera administración Piñera. Además, está muy a caballo en temas relacionados con seguridad pública”, comentan en el ministerio.

Galli se ha transformado en una pieza clave en el engranaje de Blumel, así como el subdere Claudio Alvarado, quien fue también su subsecretario mientras ejerció como Segpres. La subsecretaria de Prevención del Delito, Katherine Martorell, también funciona en este esquema, aunque a mayor distancia. De esta forma, Galli cubre los procesos operativos sobre todo en la agenda de seguridad y orden público, mientras Alvarado lo asiste en sus relaciones más políticas: es el encargado de llevar la relación cotidiana con alcaldes, intendentes y los partidos políticos.

Muñeca política

Para los eventos importantes, sin embargo, el ministro del Interior no evade el protagonismo. En el oficialismo comentan que su acción y oficios negociadores fueron vitales para defender al intendente Guevara de la acusación constitucional en su contra en el Senado, el 4 de febrero pasado. “Era imprescindible ‘salvar’ a Guevara, de otra manera se abría la puerta para acusar a cualquier intendente y transformar esta herramienta en una mordaza para evitar que las autoridades locales hagan uso de sus atribuciones para controlar el orden público”, aseguran desde La Moneda y agregan que sin duda este es uno de los hitos políticos más importantes en la gestión de Blumel en esa cartera.

La primera vez que como ministro del Interior logró un importante punto político fue la noche del 14 de noviembre pasado, cuando convenció al presidente Piñera de decidir por el camino de un proceso constituyente por sobre la opción de declarar un nuevo estado de emergencia. En la actualidad la usa para interactuar con los partidos de Chile Vamos. Pese a los vaivenes en las relaciones al interior del oficialismo, Blumel ha logrado mantener ciertos niveles de calma a través de las reuniones del comité político ampliado los lunes en la mañana y algunas citas más privadas realizadas durante diciembre en su casa con los líderes políticos del sector y los ministros del comité político. Aseguran que la intención del ministro es reeditar estos encuentros a partir de marzo.

Durante febrero, y con el Parlamento cerrado por vacaciones, las relaciones del día a día entre el jefe político del gobierno y los parlamentarios están reducidas a su mínima expresión. No obstante, Blumel ha estado atento a las contingencias políticas estivales: tras la denuncia por cohecho en contra del ex diputado UDI Gustavo Hasbún y que involucran al ministro de Economía, Lucas Palacios, fue enfático en decir que la información era delicada y se debía investigar. Luego destacó la actitud seria y proactiva que ha tenido Palacios frente a las denuncias.

De la misma forma, días antes, monitoreó de cerca la reunión de Mario Desbordes con los líderes de los partidos de la ex Concertación. Quienes conocieron su postura al respecto sostienen que no evaluó bien la conducta del timonel RN, pues en diciembre pasado se acordó en la casa de Piñera que se debían privilegiar los acuerdos dentro de la coalición y luego con otros sectores.

Lo importante para el ministro es mantener contenidas las fuerzas pulsantes dentro del oficialismo hasta el 26 de abril. “El plebiscito para una nueva Constitución divide a Chile Vamos. Sin embargo, en materia de contenidos y reformas que requiere la Carta Magna la visión es bastante común en el conglomerado. Así, Blumel ha centrado sus fuerzas en este período para tratar de mantener la unidad en el sector hasta ese día”, explican. Una decisión que algunos en el gobierno resienten y querrían más acción de su parte. No son pocos los que creen que Blumel sería la persona ideal para liderar desde ahora el proceso constitucional, por su nivel de conocimientos y por su sintonía con los cambios.

La agenda “festivalera”

El martes 28 de enero, un vehículo policial que trasladaba caballos atropelló a un hincha colocolino en medio de una manifestación a las afueras del Estadio Monumental. El carro era manejado por un carabinero que al parecer no se detuvo luego del impacto. El barrista murió en el Hospital de La Florida y los hechos están siendo investigados por la fiscalía. Este episodio se tradujo en un rebrote de violencia, protagonizado en su mayoría por las barras bravas. El miedo a que se reprodujeran los hechos violentos vividos en octubre y noviembre rápidamente se esparcieron en algunos sectores de la población.

Pero ese temor comenzó antes: a comienzos de enero, un grupo enorme de manifestantes impidieron –incluso en algunos locales con mucha violencia– que se pudiera rendir la PSU con normalidad. De hecho, la prueba se debió realizar en tres fechas distintas. “Es indudable que en enero y a comienzos de febrero hubo un rebrote de violencia, luego de un diciembre en general tranquilo. Pero es importante aclarar que se trata de hechos puntuales y no de una situación de violencia desatada y sostenida como se vivió desde el 18 de octubre y hasta mediados de noviembre. Aquí no hay un retroceso hacia esos días”, alega un personero de gobierno, quien agrega que a la fecha lo que se observa son grupos violentistas mucho más aislados.

El proceso vivido con la PSU marcó un punto de aprendizaje importante para las autoridades. “La primera rendición fue un desastre. Nos involucramos poco, ingenuamente confiamos en la organización y recomendaciones que hacía el Demre. Sabemos cómo terminó. Pero luego, Interior y Carabineros tomaron el control, se crearon estrategias coordinadas y se establecieron protocolos para enfrentar la segunda y tercera fecha”, destaca un funcionario.

A ese aprendizaje se ha recurrido, por ejemplo, para crear estrategias de prevención en torno a los festivales de verano. La prueba de fuego vendrá el próximo 23 de febrero, cuando comience el Festival de Viña del Mar. Allí, cuentan personas ligadas a la organización, se espera que opere un esquema parecido al usado en el Festival de Olmué, durante el 16 y 19 de enero. En esa oportunidad las fuerzas de Carabineros permanecieron en el perímetro exterior del Patagual, mientras que en el interior del recinto se desplegaron varios miembros de la Policía de Investigaciones vestidos de civil.

Para Viña, además, se realizarán procesos de inteligencia previos: debido a que las entradas para el evento se venden por internet –donde quedan registrados los datos– es posible verificar, identificar y hacer seguimiento a personas que podrían afectar el orden público. Lo que no se puede prevenir ni evitar son las manifestaciones políticas de los artistas. “Creemos en la libertad de expresión y ahí no nos metemos. Pero sí podemos anteponernos y evitar situaciones violentas”, dice el mismo funcionario.

Otro punto crítico es la entrada de los estudiantes a clases, tanto universitarios como escolares. Hay sectores del gobierno que ponen el foco en esas fechas, pues según todos los estudios, el apoyo a los actos violentos se  concentra en la población entre 18 y 35 años. Durante 2019, además, varios colegios debieron cerrar antes sus años académicos por hechos de violencia. “Es importante hacer un trabajo de inteligencia para identificar los posibles grupos organizados que pueda haber detrás de actos delictuales. Sin embargo, existe una mirada ingenua por parte de Interior en este sentido”, enfatizan.

Las grandes reformas

“El tiempo ha endurecido a Blumel. Sin perder sus aptitudes negociadoras, hoy su capacidad de decisión es mucho más clara”, sostiene un parlamentario, quien destaca su valentía al momento de defender al director general de Carabinero, Mario Rozas, pese a las amenazas de sectores del Frente Amplio de acusarlo constitucionalmente si no le pide la renuncia.

Firme en su rol, Blumel quiere sacar adelante dos grandes reformas. La primera, apunta a la gran modernización de Carabineros para dejarla acorde con las necesidades de orden público y a tono con el respeto irrestricto a los derechos humanos. Se espera que a fines de febrero el ministro presente la propuesta del gobierno, documento que trabaja un consejo y que toma como base las recomendaciones de Human Rights Watch. Blumel apuntó a fines del año pasado que se iban a enfocar en revisar todo lo que venían haciendo en la modernización de Carabineros para ver si estaba a la altura de lo requerido. Luego se abordaría el tema de orden público, que estaba ausente en el proyecto incial. La idea de Interior es fusionar esta propuesta con el trabajo que entregó Felipe Harboe y que reúne la labor realizada por una comisión transversal.

La otra gran reforma busca separar las funciones políticas de las de orden público y seguridad que hoy concentra Interior. En su propuesta, las relaciones con el Congreso y el rol de jefe de gabinete se concentrarían en una persona, mientras que las funciones de seguridad funcionarían en un ministerio independiente. La recepción de la idea por parte de Piñera ha sido más bien fría. Quienes han sabido de esas conversaciones dicen que el mandatario ha dicho que hay que concentrarse primero en salir de la crisis, promover la agenda social y reestablecer el orden público.

Los críticos de Blumel apuntan que con esta propuesta el ministro quiere desligarse de los temas de seguridad y abocarse a la negociación política, terreno donde funciona con más comodidad. Quienes lo defienden dicen que eso es “no entender nada”, porque una reforma de esa envergadura nunca estaría lista tan pronto y no sería Blumel el llamado a implementarla.

El ministro del Interior vive días claves. Sabe que si las cosas no resultan como las ha planeado, podría convertirse en el primer fusible en un posible cambio de gabinete. Una decisión que, en general, lamentarían sus pares. “Gonzalo se ha convertido en una pieza esencial del equipo, que brinda apoyo y logra coordinar con eficiencia las labores ministeriales”, cuenta un miembro del gabinete. Y desde La Moneda agregan: “Es el ministro más influyente, sin duda, pero también el más expuesto”.