Un cambio de Gobierno va muchos más allá de un nuevo presidente de la República. Supone una revolución en el organigrama estatal, con miles de cupos por llenar. Al parecer, la principal estrategia para una eventual rotación va por calificados profesionales “sub 40” que marquen diferencia, sin dejar de lado la experiencia en gestión pública.

  • 18 febrero, 2009

 

Un cambio de Gobierno va muchos más allá de un nuevo presidente de la República. Supone una revolución en el organigrama estatal, con miles de cupos por llenar. Al parecer, la principal estrategia para una eventual rotación va por calificados profesionales “sub 40” que marquen diferencia, sin dejar de lado la experiencia en gestión pública. Por Elena Martínez.

La mayoría tiene menos de 40 años y currículos impresionantes, con doctorados o especializaciones en algunas de las mejores universidades del mundo, de preferencia en Estados Unidos.

Casi todos son anónimos. Nunca han ocupado cargos públicos o aparecido en la televisión. Están actualmente en fundaciones, organizaciones no gubernamentales, universidades tradicionales y privadas, o bien en municipalidades. Muchos también se desempeñan con éxito en el sector privado.

Suman otro factor común: les apasionan el servicio social y las políticas públicas. Por ello, quieren trabajar en el aparato estatal y aplicar sus conocimientos, aunque les signifique “harto sacrificio y pocas lucas”, como nos comentara una de las fuentes consultadas.

Ese es el perfil de los elegidos.

Muchos, ya captados, se capacitan periódicamente en “simulacros” de gobierno.

Cientos están aún por ser rastreados, en una maratónica tarea de head hunter…

Si esta vez la oposición logra su aspiración de llegar a La Moneda el año 2010, a ellos les aguardan miles de cargos de exclusiva confianza del presidente de la República, que van desde ministros de Estado hasta embajadores, intendentes o jefes de servicio. Estos representan aproximadamente unos 2 mil 500 nombramientos en ministerios y reparticiones, a los que se deben sumar todos los necesarios para las estructuras regionales (en promedio, unos 50 por región), sumando alrededor de 3 mil 300 en cifras gruesas.

Tal vez estos profesionales no ocupen todos los puestos de primera línea –ministerios, por ejemplo– porque también se necesitará la experiencia de las canas, pero constituirán la mayoritaria generación de recambio en el aparato estatal en todas aquellas tareas que son determinantes para el éxito de un gobierno.

Entusiasmada por el apoyo que hasta ahora muestran los sondeos presidenciales, la centroderecha trabaja con ahínco, intentando aprender de los errores propios y ajenos. En extrema reserva prepara sus equipos hace más de un año. Pocos hablan públicamente del tema. Hoy, la atención de los medios está concentrada en los grupos Tantauco, que convocan a más de mil 200 profesionales de todos los ámbitos que preparan el programa de gobierno del abanderado de la Alianza, Sebastián Piñera, y desde donde, cada cierto tiempo, trascienden nombres de posibles postulantes a las carteras top.

Hay, sin embargo, una tarea en la trastienda, impulsada en los niveles de máxima confianza –y donde las decisiones no pasan por la masividad de los equipos Tantauco–, que se centra en el complejo desafío de contar con el recurso humano necesario para el enorme organigrama del Estado. Disponer de los mejores y dar una señal potente de cambio no es fácil, y de eso hay una rotunda conciencia.

Un dato elocuente: el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, recibió más de 290 mil currículos de postulantes a 7 mil puestos de su administración, en su página web, durante las primeras semanas de convocatoria, estimándose en cerca de un millón los currículos al 20 de enero, día en que asumió el poder. Sometió a los interesados a estrictos cuestionarios en los que nada quedaba al azar. A pesar de tanta minuciosidad, hubo igual críticas y algunos escogidos se vieron obligados a renunciar a pocos días de asumir por pifias en sus historiales personales y profesionales.

Catastro y listas de nombres

A nivel local, ya se cuenta con una base de antecedentes de los perfiles para cada cargo. Esto, tras realizar, en una primera etapa, el catastro de necesidades, con sus características, niveles y responsabilidades.

La idea es que, por ejemplo, si se piensa en el nivel central de la subsecretaría de Desarrollo Regional, Subdere, se sepa con certeza que se tienen que resolver 14designaciones de exclusiva confianza, 197 a contrata y 433 a honorarios, además de 16 seremis a nivel regional. Se agregan los directores regionales de servicios públicos, con dos o más que son elegidos mediante la Alta Dirección Pública de primer nivel; 26 de segundo nivel, también seleccionados mediante ADP y 25 de exclusiva confianza, junto a otro ítem de 53 funcionarios. Así de detallado es el catastro que constantemente se actualiza y afina.

Hay recomendaciones también para que los niveles encargados de tomar las decisiones se aproximen al tema según diagnósticos especializados y basados en datos incuestionables, pero como política, no entrando en detalles que después las exigencias de gestión puedan impedir cumplir. Se cuestionan a puertas cerradas, por ejemplo, los compromisos iniciales de la administración Bachelet de respetar cuotas de género y de que “nadie se repitiera el plato”, ambos dejados de lado ante las necesidades coyunturales.

El criterio tajante es nombrar a los mejores, tanto en los puestos netamente técnicos como en aquellos que requieren distintos grados de confianza.

La tarea de los perfiles en detalle, ya esbozada a rasgos generales, estará terminada a mediados de este año, nos anticipó el economista Cristián Larroulet, director del Instituto Libertad y Desarrollo y quien integra los círculos más allegados al tema.

Por supuesto, a estas alturas también existen listas de nombres, tanto para los cargos de primera línea o más “glamorosos” (ministros, embajadores o directores de las principales empresas públicas) como para aquellos organismos de segunda y tercera líneas, y que suman miles de responsabilidades de distinta índole.

Los currículos se obtienen por distintas vías. Aparte de los enviados por los propios interesados, algunos llegan por sugerencia de los asesores más próximos al candidato. Otros los recopila él mismo durante sus visitas a terreno. Es más, permanentemente anota las sugerencias y nombres que recibe en cada actividad en regiones, según confirmó el propio Sebastián Piñera a Capital. Esto, explicó, en su afán de “identificar, motivar y convocar a los mejores”.

Y una tercera forma son los encargos puntuales que el abanderado realiza a su gente de confianza para contactar y sondear a determinados profesionales que le parecen adecuados según sus trayectorias; todo, por cierto, con la instrucción de absoluto hermetismo. Es un secreto a voces que personajes como Ignacio Rivadeneira, una de sus manos derechas durante la campaña pasada y quien hoy vive en Estados Unidos, ha fichado centenares de nombres factibles, reuniéndose incluso con ellos cuando ha venido a Chile. Si bien muchos lo sindican como el head hunter, hay otros allegados que han colaborado en diversas etapas.

El paso que viene –en la medida en que avanza la campaña– es afinar la estrategia de nombramientos. Se apunta a que el mérito sea el factor central, porque se aspira a marcar una diferencia. En este esquema, se ha debatido la conveniencia de establecer cargos claves, hasta dónde interviene el candidato, quién propone y quién no, etc.

En la práctica, esto se traduce, por ejemplo, en tener claro cuáles son los 30 embajadores más relevantes para Chile del total de más de 100, por ejemplo; y cuáles son los servicios públicos que están permanentemente en primer plano, tales como Impuestos Internos, la dirección de Presupuestos o la dirección del Trabajo. Dentro de este concepto entrarían también todos los intendentes.

¿Dónde encontrarlos?

El desafío es enorme. Se trata de decenas de organismos vinculados al Estado, donde trabaja cerca del 10 por ciento de las personas ocupadas en Chile. Son miles de cargos y la tarea es difícil, considerando que se piensa en profesionales nuevos, muchos actualmente insertos en el sector privado.

Subyace la ambición de modificar el esquema de los mismos rostros rotando en distintos cargos a través de los años. Y más allá de las capacidades reales de quienes hoy están en las distintas reparticiones estatales.

La oposición quiere dejar en la historia a los “operadores políticos” y pasar a contar con “una legión de verdaderos profesionales con servicio público”, según nos comentó Piñera.

Pero aquí surge el contratiempo de captarlos. El ámbito privado históricamente presenta remuneraciones más altas que las correspondientes a los cargos públicos. El punto generó inquietud, se nos confidenció. Parte de las preguntas eran dónde se podía encontrar tanta gente y si querrían salirse de sus empleos particulares considerando que, en promedio, podrían llegar a percibir, con suerte, un tercio de sus sueldos actuales. Pero han surgido sorpresas en el camino. “Hay mucha gente interesada en hacer patria”, nos dijo una fuente.

 

{mospagebreak}

 

Consultado al respecto, Cristián Larroulet indica que “en frío parece más difícil, pero vemos que hay un deseo y un convencimiento muy alto de las generaciones bajo los 40 años, producto de esta necesidad y valorización de la alternancia en el poder”.

Un dirigente político de la Alianza no duda en ratificar que mucha gente vinculada a la centroderecha y en buenas ocupaciones lo único que quiere es trabajar en el sector público, más allá de las creencias que se pudieran tener en sentido contrario.

Académicos e ingenieros

Así, el temor original ha mermado en la medida en que se abren áreas donde profesionales capaces demuestran su interés por incorporarse a futuros equipos. Un caso son los profesores formados al servicio-país en la Fundación Jaime Guzmán, quienes se han dedicado a trabajar en los municipios. Hoy se pesquisan académicos de ese perfil dedicados a temas medioambientales, financieros, de infraestructura pública y telecomunicaciones.

Supimos también que para los temas urbanos ya están identificados arquitectos con experiencia en comunidades de desarrollo urbano. En el caso de las superintendencias, profesionales con postgrados en el extranjero y que hayan trabajado en los últimos años en materias de regulación y fiscalización.

Igual sucede en puestos como las Corema y Conama, donde se aspira a contar con ingenieros civiles, con experiencia en evaluaciones de impacto ambiental y que hayan tenido contacto con la institucionalidad pública.

Para el área económica, habrá “de todo”, se nos anticipó; es decir, profesionales de experiencia pero también asesores jóvenes de alto nivel que cumplan con los requisitos de transversalidad, servicio público y excelencia.

Sin límites

La búsqueda no termina en las fronteras de la Alianza por Chile. Los profesionales de la Concertación que cumplan el perfil definido en términos de excelencia están considerados.

De hecho, hay personajes que colaboraron en el programa de gobierno de la senadora DC Soledad Alvear, antes que declinara su opción presidencial, y que hoy aportan reservadamente su experiencia a la oposición. De allí saldrían también futuras designaciones.

Pero el punto no termina sólo en los que alguna vez aspiraron a cargos, sino en los que actualmente los ocupan con eficiencia. Varias fuentes sectoriales nos confirmaron que la intención sería mantener a los bien evaluados, en caso de ganar las elecciones.

Rodrigo Hinzpeter, el estrecho asesor y ex generalísimo de Piñera, dice que “me encantaría que Sebastián Piñera invite no sólo a representantes del mundo independiente sino también que mantenga a personas del mundo de la Concertación que hoy desempeñan cargos de gobierno en forma profesional y eficiente”.

¿Y qué dice el candidato al respecto? Insiste en que a nadie se le pedirá carnet de militante sino sólo el profesional y los niveles de excelencia y servicio público…

El consenso interno apunta, en todo caso, a que cualquier convocatoria debería salir de un presidente electo y no de un candidato, tal como en su momento lo hicieran Nicolás Sarkozy en Francia y Angela Merkel en Alemania. Antes, nada.

La confianza es tal que ya se está pensando en organizar –si la candidatura progresa en solidez una vez que esté resuelta la opción presidencial de la Concertación, en los meses venideros– un equipo de transición, al más puro estilo Obama. En una frase: un grupo de “connotados” que preparen el cambio de administración. La consigna, en todo caso, es mantener silencio sobre este punto, por una lógica cautela.

Hay, sin embargo, antecedentes obvios del ritmo cómo se prepara la oposición para un posible recambio: el catastro no sólo abarca los cupos a llenar en la administración central para empezar a gobernar. A estas alturas también están identificados todos los nombramientos de otros poderes del Estado (como el judicial, por ejemplo) que el eventual mandatario tendría que resolver entre los años 2010 y 2014. O sea, una mirada a largo plazo.

Tal vez, el secreto del andamiaje echado a andar obedezca a una razón que uno de los entrevistados nos dio al pasar: “sabemos que, en caso de ganar, no podemos cometer errores, ni en personas ni en acciones, y esto vale desde el primer día”.

Y un dato adicional: también están las estructuras de acciones. Qué se hará los primeros 100 días, el primer año de gobierno, el segundo año y los siguientes; todo, con los instrumentos necesarios para su materialización y la cuantificación de los costos. Toda una tarea y un desafío para los elegidos, que –en palabras del presidenciable– tendrán que formar una suerte de “equipo de fútbol”, mezclando experiencia y, sobre todo, mucha savia nueva.

 

 

Estado con “experticia” privada

Llevar la experticia y el “know how” que en algunas áreas sólo otorga el sector privado. Atraer a los profesionales que, con méritos de sobra, jamás han aplicado sus conocimientos y sus diplomas en la administración del Estado. Esa es la “llave mágica” que la Alianza impulsa con miras a un recambio del poder presidencial.

Este punto siempre ha sido complejo. De hecho, las cifras oficiales indican que, por ejemplo, de los cargos gerenciales que escoge el sistema de Alta Dirección Pública, ADP, sólo un 16 por ciento se llena con personas provenientes del mundo privado. La “grúa” reservada que sondea a los profesionales idóneos, de acuerdo a los perfiles predefinidos, apunta a modificar sustantivamente este panorama. Algo que está por verse.

Grupos Tantauco, el “semillero”

No todos saldrán de ahí, pero es adonde primero apuntan las miradas al minuto de pensar en nombres para un posible gobierno de la Alianza por Chile. Son los 35 grupos Tantauco –el último creado es el de discapacidad–, que tienen a la directora del Instituto Libertad, María Luisa Brahm, como la macro-coordinadora global. Su norte es confeccionar los contenidos programáticos para una eventual nueva administración, pero las más de mil 200 personas de todas las edades y trayectorias conforman un innegable universo a considerar cuando se deban asignar responsabilidades públicas. Allí conviven nombres de prestigio como Juan Andrés Fontaine, Felipe Larraín, Fernando Coloma, Juan Eduardo Errázuriz, Guillermo Patillo, Salvador Valdés, Harald Beyer o Ignacio del Río, con profesionales hasta ahora anónimos, algunos menores incluso de 30 años, pero de alto nivel de excelencia académica.

Son estos últimos los que tienen en este procedimiento de trabajo la oportunidad de “probar” cómo sería ejercer un puesto en la administración central del país. Porque aquí se trabaja con datos reales de presupuesto, leyes, plazos y hechos coyunturales, para responder con medidas que solucionen los problemas en áreas tan disímiles como salud, calidad de vida, infraestructura, macroeconomía, transporte, ciencia, turismo, energía, deporte, modernización del Estado y empresas públicas, relaciones exteriores, institucionalidad política, tercera edad, seguridad ciudadana, educación y emprendimiento, entre otras.

“Trabajamos como si fuera el primer año de gobierno”, nos contó María Luisa Brahm. Y ello permitió que innumerables jóvenes se interiorizaran de las peculiaridades del aparato estatal y de hacer sus propios diagnósticos. Un informe con las propuestas concretas para los primeros 12 meses se emitirá a fines de marzo. José Miguel Izquierdo, cientista político a cargo del equipo de institucionalidad política, cuenta que “hay gente que quiere participar sin que se sepa” y que ha sido un “tremendo aporte”.

En concreto, la lógica –y según las declaraciones de allegados a la candidatura– indica que de estos grupos emergerían, aparte de factibles nombramientos para algunos ministerios, las opciones para una gran cantidad de los puestos técnicos de segunda línea, aparte de los que se están sondeando en otros ámbitos de la actividad nacional.