La UEFA puso en marcha el Financial Fair Play, programa que busca nivelar la competencia entre grandes y chicos en el fútbol del Viejo Continente y, de paso, sincerar los balances de históricos clubes manejados por magnates de billetera rápida.

  • 16 agosto, 2012

La UEFA puso en marcha el Financial Fair Play, programa que busca nivelar la competencia entre grandes y chicos en el fútbol del Viejo Continente y, de paso, sincerar los balances de históricos clubes manejados por magnates de billetera rápida. Por Michael Boys

Abdullah ben Nasser Al-Thani logró lo mismo que algunos antepasados suyos hicieron doce siglos antes: conquistar Málaga. En el siglo VIII, Qatar era una parte insignificante del gran califato musulmán, el petróleo seguía fosilizado y Doha, la actual capital, no era más que desierto; ahora, el emirato está gobernado por la familia de Al-Thani y éste, petrodólares de por medio, optó por la nueva forma de colonización árabe de Europa: la compra de clubes de fútbol.

El jeque adquirió el Málaga Club de Fútbol, un modesto equipo ascensorista de España, cuando estaba hundido por las deudas y relegado por los aficionados. Pagó 36 millones de euros, el vuelto de alguno de sus negocios, y entró en el selecto club de los millonarios que se entretienen jugando al fútbol de oficina.

La auditoría que hizo la UEFA en 2010 reveló que de los 650 clubes inscritos en las primeras divisiones de sus 53 países miembros, sólo un 44% tenía balances en azul.

En su proyecto deportivo, Al-Thani embarcó a Manuel Pellegrini, que poco antes había tenido una agridulce temporada en el Real Madrid. El entrenador chileno vio la oportunidad de repetir su exitosa experiencia en el Villarreal y, por cierto, suficientes ceros en su contrato. Detrás de Pellegrini se subieron muchos futbolistas, provenientes de los mejores equipos del mundo, seducidos por las mismas odaliscas verdes: Ruud van Nistelrooy, Jeremy Toulalan, Julio Baptista, Santi Cazorla y varios más. Dirigida por un técnico capaz, la millonaria plantilla terminó cuarta en la campaña 2011-2012 y clasificó para la próxima Liga de Campeones de Europa.

Hoy todos deberían estar enfervorizados en el balneario andaluz. Por el contrario, los que van quedando (Pellegrini entre ellos) se rascan la cabeza para ver cómo salen del entuerto en que los metieron los billetazos del jeque. El Málaga Club de Fútbol está peor que en 2010, las cuentas y sueldos impagos se acumulan, y no hay nada que parezca salvarlo de la quiebra y el relego a las categorías inferiores.

Platini al rescate
La crisis del modelo de los clubes de fútbol no es exclusiva de Europa. Es cosa de darse una vuelta por el barrio nomás. Pero los volúmenes del endeudamiento y la sorpresa que generan las cuentas carmesí de las instituciones más veneradas del mundo hicieron saltar los fusibles en la Unión Europea de Asociaciones de Fútbol (UEFA, por sus siglas en francés).

Comandada por el ex internacional galo Michel Platini, la organización detectó que mientras las distancias aumentaban entre los 15 clubes más grandes del continente y el resto, la inflación en el costo de los pases de futbolistas amenazaba con tornar insostenibles las finanzas generales del fútbol europeo. La conversión en sociedades anónimas no había detenido el desangre y se producía una peligrosa brecha entre las bases de aficionados y los propietarios, en su gran mayoría, provenientes de Rusia, Medio Oriente y Estados Unidos.

La auditoría que hizo la UEFA en 2010 reveló que de los 650 clubes inscritos en las primeras divisiones de sus 53 países miembros, sólo un 44% tenía balances en azul. La deuda estimada de los clubes europeos era de 18.700 millones de euros. Y eso, antes de la actual crisis…

Platini, el más probable futuro presidente de la FIFA, negoció arduamente con federaciones, clubes e incluso la Comisión Europea hasta sacar a la luz su proyecto más emblemático: el Financial Fair Play (FFP). Tomando prestado uno de sus conceptos más venerados del fútbol, el “juego limpio”, el programa busca nivelar la cancha para todos y regularizar las finanzas de los clubes del continente.

El FFP aplica un criterio básico de la economía, habitualmente olvidado en el deporte profesional: no gastar más de lo que se produce. Y el gran incentivo para cumplir con el precepto es represivo: el que no pueda hacerlo, será sancionado hasta con su exclusión de la Liga de Campeones y de la Europa League, las competencias de clubes que reparten más dinero en el mundo.

Como efecto inmediato, la auscultación de los libros contables ya ha provocado que varias instituciones señeras, como los ingleses Leeds United y Portsmouth, el escocés Glasgow Rangers y el español Mallorca, hayan sido liquidados, relegados y/o sancionados por su inviabilidad o mal manejo económico.

Las normas del FFP
¿Cómo regular las finanzas de los clubes deportivos sin interceder en la libertad del emprendimiento ni alterar la competición deportiva? El Financial Fair Play de UEFA es el primer intento serio fuera de Estados Unidos, que tiene una paradojal estructura “comunista” en sus principales ligas deportivas profesionales: fuertes entidades reguladoras, topes salariales, negociaciones sindicales colectivas y fórmulas redistributivas de los ingresos.

UEFA definió que sus clubes asociados tenían tres años para revertir las pérdidas, entre 2011 y 2013. Al inicio de la campaña 2014-2015, cuando la sanción de la exclusión de las competiciones europeas sea implementada, la máxima pérdida permitida en el ejercicio anual de 2013 será de unos 50,4 millones de euros. La vara subirá para el trienio siguiente, llegando al tope de 33,6 millones en 2017.

Las reglas implementadas por el Financial Fair Play prometen pisar la cola de los clubes más emperifollados. En la liga más poderosa del mundo, la Premier League inglesa, sólo uno de los cinco “grandes”, Arsenal, está hoy en condiciones de cumplir con los requerimientos del plan.

¿Cómo garantizar que el ordenamiento financiero sea estructural? Los magnates que se sientan tentados de cubrir las deudas con petrodólares deberán guardar la billetera, pues el programa establece máximos anuales que los propietarios pueden poner en la contabilidad de las instituciones para paliar los déficit. El objetivo esperado es, finalmente, controlar el gasto que hacen estos millonarios en los sueldos de los futbolistas y en lo que la industria llama “pases” o transferencias (sumas que se pagan entre clubes cuando los jugadores tienen contratos vigentes). Estas últimas se impactarán en los balances según la duración de los contratos, para evitar distorsiones.
El FFP también se ha preocupado de evitar la tentación de que los clubes corten programas de desarrollo para controlar sus gastos: inversiones en infraestructura, divisiones menores, educación, caridad y relación con la comunidad no serán contabilizados, pues se entiende que éstas favorecen la autosostenibilidad de las organizaciones. Un panel independiente, presidido por el ex primer ministro belga Jean-Luc Dehaene, velará por las distorsiones que puedan generarse entre países -devenidas de distintas estructuras impositivas, por ejemplo- y evitará otra trampa habitual (también existente en Chile): que los dueños cubran las deudas comprando a precios inflados paquetes de auspicios de sus propios clubes.

Amenazados por gastadores
El castigo de UEFA a los clubes irresponsables no es nuevo. A más de 30 instituciones se les ha negado su licencia internacional, la que les permite participar en las competiciones europeas, hasta la temporada 2011-2012.

Sin embargo, las reglas implementadas por el Financial Fair Play prometen pisar la cola de los clubes más emperifollados. En la liga más poderosa del mundo, la Premier League inglesa, sólo uno de los cinco “grandes”, Arsenal, está hoy en condiciones de cumplir con los requerimientos del plan; Manchester United, Liverpool, Chelsea y Manchester City están lejos de lograrlo.

Los administradores de estos últimos esgrimen en su defensa cómo las millonarias compras de futbolistas han incrementado las ventas globales de las instituciones, lo que tenderá a nivelar las cuentas una vez amortizada la inversión inicial. El City, por ejemplo, reportó una pérdida de 155 millones de euros en 2010, poco después de pasar a ser controlada por un grupo de los Emiratos Árabes Unidos, pero su ingreso comercial aumentó a más del doble en el ejercicio y cimentó un plantel que lo llevó al título en el último torneo.

La situación más compleja la viven los clubes con altos niveles de endeudamiento. El Man-U, signado por Forbes como el club más valioso del mundo (avaluado en 1.815 millones de euros), arrastra una deuda de 540 millones de euros. Intentó paliarla hace unos días al poner 8,3 millones de acciones a la venta en la Bolsa de Nueva York, con una expectativa de precio entre los 13 y los 16 euros el título, pero no captaron el interés esperado y cayeron por debajo de los 11,4 euros. Una tarjeta amarilla para el club más popular del mundo, con 659 millones de hinchas.

Los dos que le siguen en el escalafón de Forbes, Real Madrid y Barcelona, no lo hacen mejor: el equipo blanco sostiene un pasivo de 589 millones de euros, mientras que el cuadro catalán llega a 578 millones. Sólo en materia de deuda tributaria con el fisco, los equipos españoles de primera y segunda división acumulan 752 millones de euros.

El problema, se ve, no es sólo del Málaga. Entonces se entiende por qué Pellegrini está tan preocupado por tener sus ahorros en una AFP chilena…