Hace dos semanas salió de la administración de Entel y ya todos se preguntan qué estará planeando Richard Büchi. El tercero de los hermanos Büchi Buc, y el más “chascón” y bohemio del clan, es un hombre de espíritu inquieto y visionario, dueño de un talento innato para la música y el arte, aptitudes que ahora tendrá más tiempo para desarrollar. Aquí contamos su historia y mostramos sus otras facetas. Por Antonieta de la Fuente y Sandra Burgos.

  • 8 mayo, 2012

Hace dos semanas salió de la administración de Entel y ya todos se preguntan qué estará planeando Richard Büchi. El tercero de los hermanos Büchi Buc, y el más “chascón” y bohemio del clan, es un hombre de espíritu inquieto y visionario, dueño de un talento innato para la música y el arte, aptitudes que ahora tendrá más tiempo para desarrollar. Aquí contamos su historia y mostramos sus otras facetas. Por Antonieta de la Fuente y Sandra Burgos.

 

 

El mismo jueves 26 de abril pasado, día en que se anunció su salida de la administración de Entel, Richard Büchi Buc (59 años, casado, tres hijos) empezó a disfrutar de la que será su nueva vida.

Luego de 18 años al mando de una de las principales empresas de telecomunicaciones del país y tras una trayectoria non stop por áreas tan diversas como la minería, la energía y el sector público, ahora tendrá tiempo para sus otras pasiones. Por eso, ese mismo día armó maletas y partió al que es su refugio secreto desde hace cuatro años: Calbuco. Se trata de un lugar al que llegó luego de una intensa búsqueda y en el que levantó una casa en la que puso a trabajar todas sus dotes de arquitecto frustrado.

El resultado fue una vivienda moderna, de madera, en la que predominan los materiales autóctonos de la zona y que se inserta perfectamente con el paisaje.

“Él estuvo a cargo de todo, buscó el terreno y fue planeando todo para su descanso”, recuerda su amigo Rafael Le-Bert, con quien compartió las clases en el Instituto Nacional y del cual también fue compañero en la escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile.

 

 

 

 

El tercero de los hermanos Büchi Buc es un hombre tímido, sencillo y de amigos entrañables. No son muchos los que entran en su círculo más íntimo. De hecho, los más cercanos vienen de la época del colegio y la universidad. Y aunque de lejos pueda parecer que es un hombre sociable, sus cercanos dicen que eso sólo se debe a que por sus cargos debía tener un perfil social, pero que en verdad es más bien retraído e incluso a veces esquivo con los desconocidos.

Lo que sí destacan es que sus amistades son diversas. Entre sus cercanos figuran hombres de negocios como Juan Hurtado; ejecutivos como Rafael Le-Bert, quien fue gerente de recursos humanos de Entel; Camilo Concha, gerente de Banca Corporativa y de Grandes Empresas de BancoEstado; empresarios como Luis Ángel Gilo, de Compresores Gilo, y Patricio Sudy y Javier López, secretario y presidente del Sindicato Nº 1 de Entel. Con estos últimos comparte varias anécdotas; entre ellas, las fiestas de fin de año de la empresa, en las que Richard Büchi era el último en apagar las luces junto a estos dos amigos.

“Es un hombre de amistades diversas, muy llano, muy abierto, no tiene fijaciones de tipo económico o social para hacer amigos”, comenta un miembro de su círculo íntimo.

Pese a su carácter reservado, destacan que hacia las personas con que trabaja siempre tuvo un trato cálido. “Ve al resto como a un igual, nunca fue paternalista”. De hecho, el primero en enterarse de su partida de la administración de Entel el día de su despedida fue su chofer Miguel, quien participó de la junta en primera fila para presenciar el homenaje de despedida a Büchi.

Richard, el bohemio

En el colegio y en la universidad no era el más estudioso, pero ganó todos los galardones. El Premio Angel Faivovich al mejor alumno de la especialidad Matemáticas de su generación del Instituto Nacional; el Premio Juan Brüggen al mejor alumno de Ingenería Civil en Minas de la Universidad de Chile; y hasta cuando estudió en Wharton, en Estados Unidos, su inteligencia no pasó desapercibida: egresó con magna cum laude.

Uno de sus amigos de esos años recuerda que era malo para levantarse temprano, pero que siempre se las arreglaba para que le fuera bien. “No era de los que pasaban estudiando, pero tiene una capacidad infinita. Llegaba a última hora, era medio sonámbulo, nunca llegaba a clases antes de las diez de la mañana, averiguaba de qué se trataba, leía el cuaderno de un compañero y le iba excelente”, revela un compañero de la universidad.

Proveniente de una familia de cinco hermanos –Richard es el tercero, después de Hernán y Maruja; tras él vienen Marcos y Antonio, el menor– en la que todos eran brillantes, desde chico se vio en la obligación de buscar otra manera de sobresalir.
“A diferencia de sus hermanos fue más bohemio, le gustaban la música, la literatura; lee bastante de filosofía y últimamente mucho de biología evolutiva influenciado por Álvaro Fischer, que también era compañero de la universidad”, cuenta uno de sus amigos.

Entre sus libros favoritos están Así habló Zaratustra, de Friedrich Nietzsche y Moby Dick, de Herman Melville. Quizás por esto último, también le gusta la vela. Tiene un pequeño velero en el que navega desde Algarrobo hasta Calbuco.

También es un férreo admirador de Nicanor Parra. Cuando hace varios años el poeta realizó una exposición en el Museo de Bellas Artes, Büchi no dudó en asistir. Fue tal su fanatismo que hizo una fila de más de media hora para saludar a Parra en persona y pedirle que le autografiara una de sus obras.

La pintura es otra de sus grandes pasiones. Cuando era joven hizo una pequeña incursión en la acuarela. Lo suyo eran los paisajes. Pero los ajetreados horarios de la vida empresarial no le dejaron espacio para continuar con su hobby. Su hijo Richard, eso sí, heredó el gen artístico. Estudió arte y después animación digital en Canadá, lo cual ha llenado de orgullo al padre.

Otra de las facetas de Büchi es la música. Es fanático del jazz y del blues y posee una importante colección de discos.Hace algunos años incursionó en el saxofón, al que logró sacarle buenas notas. La trova es otro de sus gustos, desde Silvio Rodríguez hasta Sabina, pasando por Pablo Milanés y Serrat. El disco En Tránsito de este último, considerado uno de los más políticos del cantautor catalán, es su favorito.

Quien comparte sus gustos musicales es su amigo Luis Ángel Gilo, con quien además también los une la pasión por la arquitectura. “La inteligencia pasa por la humildad, y Richard es un gallo tremendamente modesto porque es tremendamente inteligente. Es una de las cosas que más estimo en él”, comenta Gilo.

 

 

 

 

Richard, el ejecutivo

Trabajar en una minera era el paso más obvio para un recién egresado de ingeniería en minas. Y Büchi no fue la excepción. Así conoció a Juan Hurtado, que en esos años era socio de Minera Tambillos, de la cual Büchi llegó a ser gerente general. “Richard es el mejor gerente que uno puede tener, un ejecutivo brillante con el que somos amigos hace más de 25 años. Sabe mantener la moral y el entusiasmo de la gente que trabaja con él. Es brillante y modesto: tomó una compañía que tenía un cliente y un producto que era la larga distancia y la transformó en lo que es Entel hoy”, resalta Hurtado al ser consultado por Capital.

Richard Büchi también tuvo su paso por el servicio público, aunque el primero en entrar en esas lides fue su hermano Hernán, como Superintendente de Valores y Seguros. En 1985 Richard se le unió y asumió como intendente de Valores, cargo que ejerció hasta 1987. Quienes presenciaron su paso por esa repartición destacan que su rol fue muy importante en el impulso al mercado de valores chileno como alternativa de financiamiento a la gran empresa. Por esos años, se llevaron a cabo iniciativas de regulación y las conocidas como capitalismo popular para hacer crecer la participación del mercado de valores.

En 1987 migró al sector eléctrico como gerente general de Chilquinta. En ese cargo, Büchi enfrentó enormes desafíos: consolidó la operación y calidad del servicio de Chilquinta a nivel regional, pero también convirtió a la empresa en un holding que comenzó a diversificar sus inversiones no sólo en Chile, sino también en Perú y Argentina. Fueron años intensos para Büchi, pero ese trabajo calzaba perfecto con su espíritu inquieto y visionario. De hecho, durante un road show de Chilquinta, un inversionista cuestionó las ansias de la empresa por diversificar su negocio. Büchi respondió molesto: “diversificamos para evitar el aburrimiento”. La frase –en inglés, eso sí, We diversify to avoid boredom– quedó inmortalizada en una portada apócrifa de Fortune que uno de sus amigos le regaló y que hasta el día de hoy cuelga de su -ahora ex- oficina.

Parte de esa fiebre diversificadora llevó al grupo a comprar el 20% de Entel. Así Büchi desembarcó en las telecomunicaciones. Asumió como gerente general de la empresa en 1994 y en 2005 fue nombrado gerente general corporativo.

 

Richard, el conectado

Para un hombre visionario y con inquietudes sociales como Büchi, entrar en telecomunicaciones fue casi una bendición. Quedó fascinado con la idea de la conectividad y enfocó su trabajo para convertir a Entel en una empresa que conectara al país. “Entel siempre tuvo un rol social de unir al país y Richard siempre se sintió muy interpretado con este rol. Impulsó proyectos de conectividad, porque él sentía que era un tema país”, comenta un colaborador. Por eso, cada vez que Entel llegaba a una nueva ciudad, un nuevo pueblo o localidad, Büchi iba en persona para ver en vivo y en directo cómo la telefonía e Internet le estaban cambiando la vida a los habitantes.

“Aumentó el tamaño de la empresa en 20 veces en 17 años y pasó de lo que eran las telecomunicaciones monopólicas y estatales a una situación de competencia brutal, que fue el multicarrier. Transformó la empresa varias veces, porque la tecnología cambia todos los años”, comenta Le-Bert.

En su rol de gerente tuvo que pelear varias batallas. Se la jugó, por ejemplo, en las licitaciones de espectro para telefonía móvil. Tuvo que convencer al directorio y a los dueños, y luego lideró el crecimiento de la telefonía móvil con PCS.

Uno de los episodios más complejos que le tocó enfrentar fueron los últimos años de los italianos en Entel. “La empresa estaba a la deriva. Richard no tenía problemas de relación con los italianos, ellos confiaban mucho en él, pero sí estaban las cosas enredadas porque no había claridad en las decisiones”, recuerda un cercano.

El liderazgo de Büchi nunca estuvo en cuestión en la empresa. Quienes trabajaron con él destacan que fue de esos gerentes que dejan hacer, que confían en la gente. “Te daba mucha confianza trabajar con él, te respeta mucho, deja espacios, sabe dónde hay que ir, pero te permite equivocarte”, dice un colaborador.

El nuevo Richard

Desde Calbuco, Büchi planea sus nuevos pasos. No ha dado muchas señales de qué va a hacer ahora, aunque sí está claro que seguirá ligado a Entel como miembro del directorio.

Por ahora, está dedicado a disfrutar de su familia y de sus nietos, acompañado de su señora Marta Sagredo, con quien se casó muy joven y que es toda una maestra de cocina: es dueña de una página web con diferentes recetas –martita.cl– que ya registra más de 80 millones de visitas.

A sus amigos algo ha adelantado sobre su futuro. “Hemos comentado cosas, como que hay que gozar de la vida, pero él siempre ha gozado la vida, ha sufrido las cosas típicas del trabajo y el estrés, pero creo que va a seguir activo. Va a dedicarse a descansar un poquito, pero le va a durar poco”, comenta Le-Bert.

Todo indica que en algo va a aparecer. La academia puede ser una de las opciones, pero tampoco sería raro verle participando en alguna comisión o en temas urbanísticos, que es otra de sus pasiones. En definitiva, en cosas que le permitan “pensar en temas país”, donde pueda aportar su visión.