El destacado economista y premio Nobel de la especialidad fue el invitado estrella al reciente encuentro empresarial de Enade. Desde esa tribuna llamó a poner el foco en el capital humano, un área que le apasiona y que ahora comparte con otra gran cruzada: la legalización de las drogas.

  • 14 diciembre, 2007

El destacado economista y premio Nobel de la especialidad fue el invitado estrella al reciente encuentro empresarial de Enade. Desde esa tribuna llamó a poner el foco en el capital humano, un área que le apasiona y que ahora comparte con otra gran cruzada: la legalización de las drogas. Por M.Angélica Zegers y Javiera Moraga.

 

Los defensores de la prohibición y los sheriff de la droga podrán darse el gusto de decir –igual que en la publicidad de la cerveza– que Becker está en Becker. Simplemente en otra. Pero este economista de 77 años y uno de los académicos más respetados en Estados Unidos y el mundo, está muy consciente de cada cosa que dice. Cuando analiza el tema feroz del crimen asociado a la droga, no tiene reparos en afirmar que la única salida posible es la legalización y si llegó a esa conclusión no es por “tincada”, sino por la misma capacidad de análisis, estudio, creatividad e inteligencia que le valió el premio Nobel de Economía en 1992. Aunque dicho sea de paso, también puede influir el vivir en Chicago, ciudad fuertemente marcada por la prohibición del licor en los años 30 y que produjo las feroces mafias que se recuerdan hasta hoy, además obviamente, de que no puede negar el alma mater libertaria de la Universidad de Chicago, donde fue alumno de profesores de la talla de Milton Friedman y Theodore Schulz mientras hacía el doctorado en economía y donde hace clases hasta hoy.

 

En sus comienzos, el trabajo de Becker sufrió la resistencia de los economistas más tradicionales, ya que abordaba temas que hasta entonces eran propios de la psicología y la sociología. De hecho, él mismo llegó a decir que “durante treinta años no fui percibido como un verdadero economista”. Sin embargo, con el tiempo –y principalmente gracias a los economistas más jóvenes– sus análisis comenzaron a entusiasmar a muchos. El tema del capital humano, resumido en un libro con ese nombre que se publicó en 1964 y que es un clásico absoluto en economía, apela a que una fuerza de trabajo bien entrenada es un importante activo para un país, puesto que la capacitación de los trabajadores aumenta la capacidad productiva de la fuerza laboral. Asimismo, recomendó la eliminación del salario mínimo para incentivar la contratación de un mayor número de desempleados.

 

Lo que busca mostrar Becker es que la racionalidad económica se aplica a todos los comportamientos de las personas y de ahí que muchas de sus investigaciones causen polémica. Su trabajo sobre la legalización de las drogas, o su propuesta de vender el derecho a inmigrar mediante la subasta de visas o permisos de trabajo, son ejemplos de una mirada absolutamente libre de prejuicios a la hora de aplicar el mercado.

 

Sin egos de por medio, en esta entrevista con Capital habló del modelo, de la desigualdad, de la educación y también de cómo las recetas de hace treinta años aún están vigentes.

 

Desigualdad y educación

 

-¿Qué es más grave: la brecha entre ricos y pobres, o que los pobres no tengan lo suficiente para vivir con dignidad?

-Creo que lo más importante es el nivel de ingreso de la gente más pobre. Los intelectuales siempre se preocupan más por el tema de la brecha, pero a los necesitados les inquieta mucho más saber de cuánto dinero dispondrán para comprar comida y realizar otras actividades. Por eso el desafío es proyectar un aumento en el ingreso de las personas que menos ganan. Sin embargo, pienso que dentro de una política de largo plazo lo más importante es entregar mayores recursos destinados a mejorar la calidad de educación de esas personas, porque esa es la fórmula para aumentar sus ingresos.

 

-El tema de la desigualdad se ha instalado muy fuerte en Chile y también en el resto de América latina. ¿Cree que tiene que ver con un mayor desarrollo o hay también factores políticos que inciden?

-Si las diferencias entre ricos y pobres aumentan porque hay más personas que están siendo educadas, o incluso porque ellos han logrado desarrollar mayores habilidades y destrezas de las que disponían anteriormente, eso tiene un buen efecto general en la reducción de la brecha. Las personas que reciben más y mejor educación entregan un retorno mucho más alto dentro de esa inversión. El problema es cuando hay mucha demanda en educación y no hay manera de satisfacerla y aquí entra también el tema de la calidad. Es obvio que este tipo de discusiones son propias de países que aspiran al desarrollo.

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-¿En países en vías de desarrollo y con porcentajes todavía altos de pobreza, es aconsejable renunciar a ciertos derechos y obligaciones, por ejemplo en materias laborales o de protección al medio ambiente, hasta alcanzar un mayor crecimiento?

-En general los países más pobres son los que menos han podido desarrollar las regulaciones en este tipo de temas, ya que por lógica no pueden aspirar a proteger el medio ambiente como lo haría un país rico. Mientras más regulaciones se imponen a los países pobres, sobre todo en restricciones relativas al mercado laboral, más se perjudica a los que menos tienen.


-¿Cree que la educación es el tema más importante para el desarrollo de los países?

-Está dentro de los temas más importantes, pero no es la única cuestión clave, porque también pesa mucho lo que los gobiernos hacen o dejan de hacer, el tipo de políticas que implementan en sus programas. Dicho eso, está claro que la educación es crucial y no cualquier educación, es decir, ya no basta con que todos se eduquen algo, sino que hay que subir el nivel. No es bueno para un país tener un pequeño número de personas accediendo a una buena educación, porque si el objetivo es el desarrollo económico del país en general, la meta debería ser dar una buena educación de base para todos y esto es algo totalmente alcanzable.


-¿Cuánto tiempo le lleva a un país ver resultados concretos del cambio en educación?

-La realidad es que se pueden ver algunos resultados entre los cinco y los diez años. La educación es una inversión de largo plazo, es como construir una represa para retener agua y luego empezar un proyecto energético. Además, hay que invertir en educación desde los primeros años y no se trata de un plan inalterable, ya que hay que ir readecuándolo y mejorándolo constantemente.


-¿Qué opina sobre la discusión entre educación pública versus la privada?

-Sólo el 10% de los estudiantes de Estados Unidos asisten a escuelas privadas, el resto estudia en las escuelas públicas y creo que no hay que centrar la discusión en si unas son mejores que las otras. El hecho es que las necesitamos a ambas, principalmente porque la competencia entre la educación pública y la privada mejora la calidad de todos los colegios, pero sobre todo la de los públicos, que es donde se educa la mayoría de la población. La gente rica siempre va a encontrar buenos colegios, y eso está perfecto. Pero cuando se habla de políticas educacionales se debe pensar en ayudar más a la gente pobre.

 

Bendito modelo

 

-¿Cree que el modelo de libre mercado es a estas alturas una verdad instalada en el mundo?

-He viajado por casi todo el mundo y no veo ningún cuestionamiento sobre el modelo. Por cerca de 40 años, el 40% de la población mundial intentó otros modelos, y estos claramente no funcionaron, cosa que los propios socialistas y comunistas reconocieron. Los países que vienen de otras matrices fracasadas se están moviendo hacia el libre mercado, puede que con cierta oposición de algunos sectores, pero con una gran presión general por ir hacia delante. En China, por ejemplo, en algunas materias existe un mercado laboral mucho más libre que el de Estados Unidos. Lógicamente se debe adaptar a la cultura de cada sociedad, pero básicamente el modelo del libre mercado ha funcionado en casi todos los países.

 

-¿Cuánto Estado es tolerable en un sistema de libre mercado?

-No es fácil determinar una regla y decir cuánto, pero si hablamos de economías donde el Estado regula el mercado y aplica control de precios, no se puede hablar de un modelo de libre mercado. Tanto el World Economic Forum, como algunas fundaciones en Estados Unidos hacen análisis sobre el grado de competitividad de las economías de libre mercado en el mundo y destacan hacia dónde está inclinada la balanza, no se trata del todo o nada. En la cima están países como Estados Unidos, Hong Kong, Suiza o Singapur, y Chile está muy bien. Mientras que otros países están en la parte inferior de la lista, como Afganistán, Egipto, la mayoría de Africa, e incluso China.

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-¿Cómo define el modelo chino?

-China se está moviendo hacia el modelo de libre mercado, pero aún no está ahí. Está también el tema político, porque se trata de un partido-nación, pero está bastante más democrático que cuando lo visité en 1981. La gente tiene hoy mucho menos temor de hablar.

-¿Cree que China reemplazará la hegemonía económica de Estados Unidos en la economía global?

-Hace 15 años se hablaba de que Japón reemplazaría a Estados Unidos, pero eso no sucedió. Es mucho más fácil para un país realmente pobre y con malas políticas crecer rápidamente, y China aún no es un país rico, sino un país pobre. Cuando un país se transforma en rico es cuando viene lo duro, ahí los detalles del sistema son los que afloran. Es difícil emitir este juicio.

 

-¿Cree que la receta económica de Chicago que se aplicó en Chile en los 70 sigue estando vigente?

-Claro, es la misma receta: libre mercado. Chile es un ejemplo absoluto de su éxito.

 

-¿Cómo ve a Chile hoy y dónde se necesita avanzar más urgentemente?

-Desde mi última visita en 1995 creo que Chile ha hecho un enorme progreso. La economía ha seguido mejorando y el crecimiento se ha seguido expandiendo. He visto muchos edificios y mayor prosperidad de la gente. El país ha seguido muy bien el modelo. Además, durante los últimos tres años Chile se ha visto beneficiado por el aumento del precio de los commodities a nivel internacional. Este país es una gran potencia exportadora y lo ha hecho muy bien en esa materia. Creo eso sí, que se debe mejorar en la calidad de la educación, sobre todo en los sectores más populares, donde no es suficientemente buena. La mayoría está de acuerdo con este diagnóstico, pero nadie se la juega por qué tipo de política educacional adoptar. Pienso que se debería liberalizar mucho más el mercado laboral, porque eso permite que la economía sea más flexible y que se pueda afrontar de mejor forma los tiempos malos.

 

Crimen y droga

 

Oír a Gary Becker hablando a favor de la legalización de las drogas es toda una experiencia. Con matrices y modelos matemáticos, cuadros explicativos y un acabado análisis económico, Becker explicó a un reducido número de invitados a un taller privado en Libertad y Desarrollo, que la única manera de combatir las drogas es legalizándolas y fijando un alto impuesto a su consumo y a los productores. Esta política, a su juicio, es mucho más eficiente que continuar prohibiendo su uso.

 

Becker parte estableciendo el hecho de que el 40 por ciento de los presos en cárceles federales de Estados Unidos están ahí bajo un cargo relacionado con drogas, a lo que hay que agregar la contundente y casi inapelable realidad entre la estrecha relación entre crimen y drogas. Para el Nobel de economía casi todas las drogas ilegales siguen siendo populares y siguen estando disponibles independientemente de sus precios. Legalizar el consumo eliminaría el grueso de las ganancias y la corrupción del narcotráfico.

 

Prueba de ello, dice Becker, es que cuando se revocó la Ley Seca en Chicago, en poco tiempo se limpió la industria licorera. La droga legalizada inhibe el narcotráfico y si bien se podría producir una disminución en el precio, se puede controlar la venta a menores a través de duros castigos, y limitando el número de locales donde se pueda comprar. El planteamiento central de Becker se basa en el hecho que desde el presidente Nixon en adelante, todos los mandatarios de Estados Unidos han anunciado una batalla frontal contra las drogas, con castigos enormes y cifras millonarias destinadas a atacar el tráfico y el consumo. Sin embargo, nadie ha logrado terminar con el flagelo, ni siquiera disminuir el consumo, aun cuando en ese país se gastan 40 mil millones de dólares al año en el combate a la droga.

 

-¿Si se aplica la lógica económica de los incentivos, cómo se combate el hecho de que una persona pobre puede ganar cien veces más en el mercado de la droga que con cualquier trabajo honesto poco calificado?

-Es muy difícil y por eso digo que el problema está en el tipo de políticas que se aplican en general respecto al tema. Por un lado se puede legalizar la droga y quitarle así a los productores y a los traficantes la enorme recompensa que obtienen con su venta, que es la postura que me identifica. Lo otro es seguir insistiendo con la prohibición y los castigos duros a los narcotraficantes, que no ha probado ser efectivo.