Acostumbrado a viajar, puesto que desde el mar el salmón se interna a los ríos para desovar, ahora, con los nuevos desarrollos de esta industria, la especie comienza a criarse en pisciculturas en tierra para neutralizar riesgos ambientales. La nueva tecnología, eso sí, plantea retos importantes de inversión para las empresas que tienen instalaciones más antiguas. 

  • 13 julio, 2007

 

Acostumbrado a viajar, puesto que desde el mar el salmón se interna a los ríos para desovar, ahora, con los nuevos desarrollos de esta industria, la especie comienza a criarse en pisciculturas en tierra para neutralizar riesgos ambientales. La nueva tecnología, eso sí, plantea retos importantes de inversión para las empresas que tienen instalaciones más antiguas. Por Franco Vera M.

 

La industria chilena del salmón es uno de los iconos de dinamismo económico, de nuestras ventajas comparativas y de competitividad a escala global. En tan solo dos décadas pasó de cero a ser una de las estrellas de la economía chilena, con más de 2.300 millones de dólares en exportaciones el año pasado. Hoy, Chile es el segundo productor mundial, y está a un paso de ocupar el primer lugar por sobre Noruega. ¿Qué otra industria puede jactarse de tal avance? Quizás ninguna.

Este desarrollo se ha traducido tanto en protagonismo como en visibilidad. Eso explica que la industria esté siendo mirada con lupa en muchos círculos. Para bien y para mal. Un reciente informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) identificó en la salmonicultura chilena problemas que podrían estar afectando al ecosistema de algunos lagos del sur de Chile, debido a los sistemas utilizados para la crianza del smolt, como se le llama al pez en su primera etapa de vida.

 

Básicamente, el estudio plantea que la actividad salmonícola ejerce una presión ambiental peligrosa para los lagos del sur de Chile por sus efectos contaminantes. Sin embargo, también destaca el alto desarrollo tecnológico que ha tenido la industria y que está generando alternativas más amigables en términos ambientales. La principal es la utilización de pisciculturas terrestres, que desplazan las jaulas instaladas en lagos a piscinas en tierra dotadas de un sistema de recirculación de las aguas para la crianza de smolts. Según la WWF, la implementación de estos sistemas tendría costos cercanos a los 45 millones de dólares, equivalentes al 2% de los retornos de 2006.

 

Marine Harvest, la salmonera más grande a nivel mundial, fue la primera empresa en anunciar la implementación de este sistema en Chile. “Ellos tienen toda la información necesaria para concluir que, económicamente, ésta es la mejor decisión que se puede tomar. Tal es el sustento que está detrás de su decisión. Multiexport y Camanchaca también tendrían avances en este tema, pero en la fase anterior de producción de smolt”, cuenta David Tecklin, coordinador en Chile de la WWF.

 

A su juicio, estos sistemas de recirculación no solo eliminan el impacto ambiental asociado a las primeras etapas de cultivo. También ofrecen ventajas técnicas y económicas para la industria que se traducirían en mayores estándares de eficiencia, productividad y retornos. Dada la magnitud que ha adquirido la industria, lo que está en juego no es poca cosa. Tecklin, por ejemplo, dice que solo en el lago chilote Natri la producción de smolts equivaldría a alrededor del 50% del total de lo que Escocia (tercer productor mundial) produce en todos sus lagos, ríos y estuarios. “La producción de smolts es alrededor de diez veces mayor en Chile que en Escocia. Para ejemplificar, el promedio de smolts en los últimos años en el lago Llanquihue, fue de 32 millones, mientras que la producción total en agua dulce de Escocia el año pasado, fue de 36 millones. Es una intensidad de producción muy singular la chilena”, comenta. Pese a las estadísticas, Tecklindice que no se puede cuantificar el impacto real en lagos como el Llanquihue, Ranco o Rupanco, debido a que no existe aquí suficiente masa crítica en el plano científico para hacer evaluaciones rigurosas.

 

Este punto es el que genera toda clase de dudas en torno a la real impacto del problema. ¿Cómo determinar si ha existido daño ambiental existiendo poca bibliografía científica al respecto? César Barros, presidente de Salmón Chile, entidad que agrupa a todas las empresas productoras de salmón del país, cree que muchas de las críticas formuladas se están haciendo sin base científica y a partir de rumores. Alejandro Buschmann, miembro de la Academia Chilena de Ciencias, doctor en Biología y biólogo marino, también opina que la bibliografía científica sobre este tema en Chile es mínima para poder comprobar los impactos de esta actividad sobre las aguas.

 

A continuación ambos exponen sus puntos de vista.

 

 

 

César Barros


 

El presidente de Salmón Chile reconoce que en Chile se están comenzando a hacer estudios científicos serios sobre el efecto de la salmonicultura en los lagos. Pero reclama que son pocos y no de jerarquía mundial. En la búsqueda de estos datos, Salmón Chile incluso se ha hecho parte del “Diálogo internacional para la salmonicultura” que lleva a cabo la WWF, en la búsqueda de un estándar ambiental y social para la salmonicultura. “Respetamos a la WWF y estamos trabajando con ellos. Pero la verdad es que los datos, incluso en ese nivel, son escasos”, explica.

 

Los salmoneros no se cierran a la posibilidad de eventuales problemas localizados. Pero toman distancia de las posiciones radicalizadas de muchos ecologistas, ONG e incluso de algunos parlamentarios. “Claro que hay problemas. Quizás haya contaminación de algunos factores imputable a nuestras actividades en dos lagos de Chiloé. Pero claramente los lagos iconos de Chile, el Villarrica, el Ranco, el Caburga, tienen mayor contaminación por el efecto del turismo que de la salmonicultura”, destaca.

 

 

-Pero al menos respecto de los dos lagos de Chiloé habría impacto adverso.

-Es posible. Por lo mismo, una tendencia general en nuestra industria es ir abandonando los lagos para concentrarnos en pisciculturas bajo techo y en tierra. Sin embargo, la inversión para salirse completamente de los lagos está subestimada por la WWF. Nosotros la estimamos en 300 millones de dólares. Si bien es cierto que el camino va para allá, nos va a tomar algún tiempo.

 

 

-¿A qué atribuye los llamados de atención de ecologistas no solo en Chile sino también en el exterior?

-Creo que hay varios tipos de ecologistas. Están los que tienen una visión equilibrada, como la WWF, y están los extremistas que quisieran que Chile, de Puerto Montt al sur, se despoblara y volviéramos a la época pastoril con una naturaleza intacta. Es muy difícil hacer salmonicultura si se pretende que el ser humano no toque la naturaleza. El desafío para la salmonicultura hoy es cómo instalamos en forma razonable mucho más gente de la que hay en el sector.

 

 

-Usted cree que de momento no hay una contaminación importante.

-Sí, creemos que no la hay. No podemos perder el sentido de las proporciones. Nosotros operamos sobre una base de unas 30 mil hectáreas, superficie que apenas se compara con la de una hacienda grande. Hay bastantes mitos aquí. Lo que pasa es que es fácil lanzarle acusaciones a una industria que es próspera, nueva y que recién está instalándose en una región donde antes no había nada.

 

 

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-Por el peso de esta industria, ¿no debería ser Chile un ejemplo mundial?

-Queremos serlo. El problema es que esta industria es muy nueva y se ha levantado por sí sola y muy a pulso. Chile, como país, gasta en 9 dólares de cada 100 que exporta en productos agrícolas y los resultados no han sido ejemplares. Pero en la salmonicultura el país gasta apenas 80 centavos de dólar por cada 100 exportados. Entonces, claramente la institucionalidad y el gasto público orientado al sector están muy por debajo del estándar.

 

 

-¿El gobierno está apoyando a los salmoneros como lo esperan?


-Claramente no. Y estamos de acuerdo en eso con el ministro Ferreiro. Por lo mismo, él tiene preparado aumentar el presupuesto para la Subsecretaría de Pesca en forma muy, muy importante, porque está conciente de lo que opinamos. La infraestructura disponible para nosotros es muy frágil. Hay una subdotación de profesionales, de recursos, de actividades y estudios. ¡Y aquí lloran estudios! Para ver de verdad cuál es la realidad.

 

 

 


Alejandro Buschmann


 

Alejandro Buschmann es una eminencia en el tema salmonícola. Doctor en Biología de la Universidad Católica, profesor del tema desde hace 21 años, director del Instituto I-Mar de la Universidad de Los Lagos y miembro de la Academia Chilena de Ciencias, hoy trabaja junto a un grupo de investigadores de Canadá, Suecia e Israel para enfrentar científicamente el desarrollo de la acuicultura y los problemas ambientales que puede generar.

 

Al igual que César Barros, Buschmann cree que la investigación y el material científico serio en publicaciones importantes a este respecto es pobre e insuficiente para rebatir o desestimar las acusaciones de daño ambiental que pesan sobre la actividad. Con todo, para él éste no es un tema privativo del ecologismo. A su juicio hay aquí una tendencia mundial de los mercados, que cada día exigen más regulaciones respecto para los fines de la producción limpia.

 

 

-¿Cuáles son los efectos que podría estar causando la cría de salmones?


-Hay varios tipos de efectos y son complejos de medir. Si se revisa la literatura científica mundial –no los reportes de grupos ecologistas ni nada de eso– hay una gran cantidad de trabajos que plantean que el cultivo en aguas marinas o lacustres de organismos carnívoros produce sedimentación en los fondos, disminución del oxígeno, cambios en la biodiversidad de los fondos marinos e ingreso de nutrientes. Eso es incuestionable. En Chile no existen más allá de cinco buenos trabajos publicados en revistas científicas sobre el tema, pese a que somos líderes mundiales. Los noruegos producen rumas de literatura y datos científicos.

 

 

-¿Por qué razón acá no se hacen más estudios serios?

-Primero, porque somos un país de pobre desarrollo y de alguna manera tenemos la presión de generar riqueza y empleo. Eso se ha priorizado por sobre el problema del medioambiente. Ahora, el problema con el cultivo de organismos carnívoros es a nivel mundial, y Chile comienza a recibir las presiones. Los norteamericanos están poniendo un montón de trabas y también los japoneses, que en verdad se preocupan solo de su propio entorno. Los europeos también se están fijando muchísimo en este asunto. La manera de abordar esto es dando un giro y generar los espacios para que exista la información.

 


-¿Qué pasa con la información que genera la Subsecretaría de Pesca en sus controles?

-Bueno o malo, ahí hay un set de informaciones. Se sabe que muchos de esos datos no sirven de mucho porque están tomados por consultores que no tienen las capacidades para hacer un buen trabajo. El punto es que uno podría dudar de la capacidad que hoy tiene la Subsecretaría de Pesca. No por la capacidad de las personas, sino por el tamaño y por las restricciones con que opera.

 

 

-¿Ha habido daño al ecosistema?

-Hay un trabajo del año 2004 de la profesora Doris Soto, hoy funcionaria de la FAO en Italia, que constata que bajo las balsas-jaulas la biodiversidad se va al piso, muere. Desaparece una gran cantidad de organismos que viven ahí. Ella no es ambientalista. La misma Doris Soto, en 2001, señaló que cuando hay muchos salmones que se escapan en zonas costeras, la fauna de peces nativos tiende a desaparecer. Ahora bien, yo pongo en duda un estudio hecho en un período de tiempo restringido y extrapolado a todo nuestro entorno. Y si fuera salmonero lo pondría más en duda. Pero si fuera gobierno diría que acá hay un trabajo serio, financiado por el Fondo de Investigación Pesquera, que dice que a esto hay que darle una mirada seria e independiente.

 

 

-De ser ese el efecto, sería la propia industria la afectada.

-Exactamente. Si los salmones se ven afectados, lo que debería suceder es que los mecanismos de regulación de mercado deberían generar las soluciones. Esa respuesta daría un empresario bajo el prisma de las reglas del mercado. Sin embargo, en ninguna parte del mundo estas cosas se han solucionado por esa vía y el mercado tiene imperfecciones. Y las imperfecciones hay que regularlas.