Por: Marily Lüders, directora de Diario Financiero y revista Capital.

  • 20 abril, 2020
Por: Marily Lüders, directora de Diario Financiero y revista Capital.

Resulta lamentable que en una sociedad democrática como la nuestra, un ministro de Estado califique públicamente la labor periodística en los términos en que lo hizo el domingo el titular de Salud, a propósito de una entrevista del diario La Tercera al embajador chino: «El trabajo de la prensa es (…) vender cosas en base a inventar mentiras». El juicio del ministro fue poco responsable, pues justamente cuando a nivel mundial se enfatiza el rol clave de la prensa como fuente de información confiable frente a la pandemia, él cuestiona sin hacer distinciones ni matices no sólo el trabajo de un medio, sino la razón de ser del periodismo profesional.

No se trata de rasgar vestiduras, sino de señalar la importancia de que los actores públicos —y las autoridades de gobierno en primer lugar— sean conscientes de las funciones que cumplen, y de cómo deben desempeñarlas ante la ciudadanía. Cuestionar al mensajero no sólo es la práctica esperable de gobiernos autoritarios, sino además de sistemas políticos poco sofisticados, lo que no es el caso aquí.

Lo expresado luego por la vocera del gobierno fue un claro desmentido a su colega de gabinete: «Todos y cada uno de los medios de comunicación están entregando información validada y responsable, y eso incluye a La Tercera (…) Nosotros creemos que son fundamentales y su rol es trascendental. Nos están ayudando a enfrentar esta situación tan difícil con información oportuna y veraz».

Es difícil de entender que, al escribirse estas líneas, el titular de Salud —cuya gestión de esta crisis sanitaria ha sido eficiente y es reconocida por la opinión pública— no se haya disculpado por sus desafortunadas palabras, que además contradicen tan radicalmente la opinión de su propio gobierno.