En el año y medio que lleva en la gerencia de AquaChile, la tercera salmonera del mundo, le ha tocado de todo. Junto a Víctor Hugo Puchi, en este lapso Márquez de la Plata ha participado de vistosas negociaciones de compra y venta, y tuvo que enfrentar una dura huelga. Como buen corredor de fondo […]

  • 9 marzo, 2007

En el año y medio que lleva en la gerencia de AquaChile, la tercera salmonera del mundo, le ha tocado de todo. Junto a Víctor Hugo Puchi, en este lapso Márquez de la Plata ha participado de vistosas negociaciones de compra y venta, y tuvo que enfrentar una dura huelga. Como buen corredor de fondo que es, hasta ahora ha salido airoso.

Por Soledad Pérez R.

En los mismos días en que partía la maratón de Buenos Aires, y mientras trotaba mezclado entre más de 3.500 atletas, Alfonso Márquez de la Plata Cortés empezaba la que sería una de las carreras más intensas del año y medio que lleva como gerente general de AquaChile: el proceso de venta (finalmente frustrado) de la salmonera a la noruega Cermaq, la segunda más grande del planeta tras Pan Fish.

En ese entonces, fines de octubre, el tema estaba en verde. Las declaraciones de la operadora europea sobre su interés por una alianza en Chile habían desatado una ola de especulaciones. Pero más allá del ruido, no había mucho más que hablar. Sin embargo, para Márquez de la Plata, a quien la lluvia acompañó en todo el trayecto entre el centro de Buenos Aires y el estadio Monumental de River Plate, se venían tiempos bravos.

Y así no más fue. A comienzos de enero, la noticia de contactos informales entre los dueños de AquaChile –las familias Puchi y Fisher– y Cermaq –en un 43,5% del estado noruego– revolucionó a los operadores de todo el mundo. De resultar, se decía, la unión daría origen a un coloso de casi 210 mil toneladas métricas de producción anual, equivalentes al 13% del volumen mundial.

Quienes estuvieron cerca del proceso, congelado a mediados de febrero, dicen que el rol de Márquez de la Plata fue esencial, que estuvo a full trabajando en las evaluaciones que se le pedían y que demostró no solo una gran capacidad profesional, sino también afianzó su cercanía a Víctor Hugo Puchi, presidente y accionista mayoritario de la firma. Con él forma una de las duplas más agresivas del mercado salmonero, sintonía que en el proceso de negociaciones con Noruega se reflejó de principio a fin.

No es poco decir, considerando el fuerte tranco con que Puchi y sus socios han dirigido la empresa. Desde sus orígenes en 1988 la firma se ha multiplicado tanto, que hoy es la tercera operadora mundial, con exportaciones sobre 180 millones de dólares anuales y una masa laboral que se acerca a 2.000 personas.

¿La receta? Compras, compras y más compras. Solo el 2005, AquaChile tomó el 99,9% de Aguas Claras, el 69% de Salmones Chiloé, el 99% de Salmones Australes y el 60% de Robinson Crusoe. Poco después, tiró redes a nivel internacional con su ingreso a Rain Forest, productora de tilapia (un tipo de pez) en Costa Rica. En cifras de hoy, la empresa produce sobre 100 mil toneladas métricas por año y su valor estimado se empina a 1.000 millones de dólares.

No cualquiera lleva tamaña carga en sus hombros. Por eso se dice que Márquez de la Plata (39 años, casado, 4 hijos) es the right man in the right place. Para la gerencia general de AquaChile, apunta una alta fuente de la productora, “se necesitaba alguien como él, con el dinamismo y la energía para aceptar una carga tan demandante como para dirigir la compañía y participar a la vez en las evaluaciones de compras de empresas”. Un hombre resistente y de largo aliento. Un maratonista hecho y derecho.

BUENA ESTRELLA

Alfonso Márquez de la Plata califica perfecto en el grupo de los mateos. Inteligente, de muy buen trato, ordenado y con sentido social, fue uno de los mejores alumnos de su generación en ingeniería comercial en la Universidad Católica, a comienzos de los 90. Compañero de Juan Guillermo Agüero –uno de sus mejores amigos hasta hoy– y de la economista Andrea Repetto entre otros, poco tiempo después de egresar partió en el área de finanzas corporativas de Citicorp y a poco andar emprendió viaje a la Universidad de Kellogg a cursar un MBA, con una beca Fulbright. Por su training académico, dice un cercano, a su vuelta a Chile pudo ser estrella del sistema financiero. Pero no fue así, simplemente porque no quiso.

Hijo de Alfonso Márquez de la Plata y de Luz Cortés, creció en un ambiente marcadamente católico y cruzado por el poder y el servicio público, en particular porque su padre fue un destacado hombre del período de Pinochet, donde ocupó las carteras de Agricultura, Secretaría General de Gobierno, Trabajo e Interior, además de un asiento en la comisión legislativa de la junta militar.

En un sentido contrario, a este ex alumno del Verbo Divino y estudiante de piano desde muy pequeño, nunca le gustó eso de ser conocido ni de tener figuración. Por eso, apenas regresó de Norteamérica recomenzó una carrera impecable que lo llevó a la gerencia general de AquaChile. De todos sus trabajos previos, el que desarrolló en Compass Group lo acercó más al mundo real, que era el que definitivamente le gustaba más. Como dice Juan Guillermo Agüero, “siempre tuvo el bichito de trabajar en una compañía con fierros”.

Ahí en Compass, donde colaboró muy de cerca con Canio Corbo, quedó a cargo del private equity, invirtiendo para el fondo en empresas cerradas y buscando día a día la mejor oportunidad.

A comienzos de esta década, los Puchi se fijaron en él. Lo conocían de antes, porque en algunos trabajos hechos desde Price Waterhouse en los 90 había tomado contacto con Víctor Hugo Puchi, a quien causó una muy buena impresión. La oferta, cuenta un cercano, era inmejorable. Aun así, Márquez de la Plata lo pensó un tiempo y pidió consejos a sus cercanos. Uno de ellos, Gonzalo Martino, empresario y ex hombre fuerte de Parmalat, a quien conoció en IM Trust antes de llegar a Compass, le recomendó aceptar. Conocía a los Puchi –incluso había participado con Víctor Hugo en la propiedad de la naciente universidad de Puerto Varas– y sabía que Márquez de la Plata daría la talla. Así, en el año 2004, entró a AquaChile, con la misión de tomar la gerencia comercial.

Martino no se equivocó, como tampoco lo hizo cuando lo invitó a participar en el grupo que en el 2000 entró a la propiedad de Cerámicas Batuco, de los Basaure, en una fórmula que dejó a Martino con el 30% y a Márquez de la Plata –muy amigo de Ignacio Basaure, hijo de la familia fundadora– con el 10% del capital.

Por sus características profesionales, Márquez de la Plata no duró mucho tiempo en la gerencia comercial. En el invierno del 2005, cuando la operadora estaba en un frenético proceso de compras, Polentzi Errazquin, entonces gerente general, renunció por motivos personales. Los Puchi y los Fischer no tuvieron que buscar muy lejos y así, en agosto de ese año, Alfonso Márquez de la Plata tomó el mando.

Su gestión, dicen en la compañía, ha estado marcada por varios hitos, donde la compra de Geomar, hace unas semanas, es apenas un ejemplo.

En todo este tiempo, su cercanía a Víctor Hugo Puchi le ha impreso a la firma un ritmo no apto para cardíacos. La empatía mutua con que funcionan ha dejado huella. La huelga sindical de julio pasado, que involucró a cerca de 120 trabajadores de planta, fue una dura prueba para ambos. “Por esos días Alfonso andaba muy estresado”, dice un amigo. En todo el proceso de negociaciones y de acercamiento –que fue monitoreado de cerca por el gobierno– Márquez de la Plata y Puchi actuaron en forma conjunta. Fue un trago amargo, confiesa un cercano a ambos, que el conflicto incluyera tomas, incidentes e incluso un inicio de huelga de hambre, que se zanjó en buenos términos al fin y al cabo.

De ahí a las negociaciones con Cermaq pasaron apenas unos meses. Márquez de la Plata, sin embargo, se ha manejado con nervios de acero.

Está entusiasmado, cuentan cercanos, en la conducción de AquaChile, una empresa que lo obligó a cambiar el switch y dejar Santiago para radicarse en Puerto Varas, un centro de operaciones en el que está menos de lo que quisiera, porque se lo pasa viajando. De todas maneras se las ha arreglado para insertarse a nivel local. El deporte ha sido una de sus estrategias. La maratón, cuentan, lo tiene tan cautivado, que fue uno de los más entusiastas en participar en la última corrida que se hizo en la ciudad. Al fin y al cabo, está claro que el hombre es de carreras de largo aliento.