El presidente de Viña Montes –que en 2011 facturó 53 millones de dólares- está de vuelta. Luego de pasar seis meses estudiando cultura e historia en Berkeley, se embarca en nuevos proyectos en Estados Unidos, Chile y Argentina. No sólo lanzará un pinot noir de la misma zona de la película Entre copas, sino que se sumará a un selecto grupo de estrellas de la enología mundial para hacer un carménère en Washington. ¿Quién habló de descanso?

  • 11 abril, 2012

 

El presidente de Viña Montes –que en 2011 facturó 53 millones de dólares- está de vuelta. Luego de pasar seis meses estudiando cultura e historia en Berkeley, se embarca en nuevos proyectos en Estados Unidos, Chile y Argentina. No sólo lanzará un pinot noir de la misma zona de la película Entre copas, sino que se sumará a un selecto grupo de estrellas de la enología mundial para hacer un carménère en Washington. ¿Quién habló de descanso?
Por Marcelo Soto; fotos, verónica ortíz.

Cuando uno piensa en tomarse un periodo sabático, piensa en desconectarse, en cerrar el negocio, apagar el móvil y quizá pasar los días pescando en un apartado lago del sur. Pero no Aurelio Montes.

Hablamos de Aurelio padre, claro, el hombre que creó Viña Montes, el primero en lanzar vinos chilenos de 100 dólares la botella; el tipo que se atrevió a ir a Argentina y conquistarla; el mismo que luego se fue a Zapallar a descubrir un nuevo terruño y partió a Napa, Estados Unidos, para hacer vinos en la tierra dorada de California. Y siempre a su pinta, en su estilo, que ya es una marca.

Montes viene llegando de medio año en que quiso hacer un break. Dejó su oficina, se fue a San Francisco e ingresó a la Universidad de Berkeley. Allí, entre chicos de 20 años, tomó ramos de historia, cultura y economía. Lo invitaban a carretear pero él educadamente se excusaba.

Se sentaba en la parte de atrás para no molestar. Hacía las tareas, estudiaba para las pruebas y llevaba una vida casi típica de estudiante. El “casi” es porque Montes no sabe quedarse quieto y necesita hacer muchas cosas. Entonces, no sólo estudiaba en Berkeley sino que realizó un exigente curso de piloto de avión en Estados Unidos y al mismo tiempo seguía de cerca los nuevos proyectos de su viña. Recorrió el país norteamericano presentando sus vinos californianos; viajó a Corea a potenciar la marca; fue elegido para participar en un proyecto que involucra a grandes estrellas de la enología mundial. No fue un descanso, como queda claro.

“La palabra no es descanso”, insiste. “Yo estimé que seis meses era un periodo suficiente para vivir en el extranjero, conocer otra realidad, sin desvincularse mucho de la empresa”, me dice, en su cava, un lunes por la mañana. Se le ve distinto. No sólo porque parece tener las pilas recargadas, sino porque lleva el pelo corto estilo militar y aparenta varios años menos (“estoy haciendo un curso en la Marina”, confidencia).

Volver al colegio

-¿No habías vivido antes en el extranjero?
-No. La verdad es que era un sueño juvenil que nunca pude cumplir. Recién casado me saqué una beca para hacer un posgrado de enología en Francia, pero tuve la segunda niñita, que nació con un problema delicado al corazón. El doctor me dijo yo no te recomiendo que te vayas porque vamos a tener que operarla en algún minuto y el clima europeo no te conviene. Decidí devolver la beca, que con mucho esfuerzo me había ganado, que otorgaba la embajada de Francia. Yo en ese momento era enólogo de Undurraga y la empresa me iba a mantener el sueldo en dólares allá, a condición de que volviera a trabajar con ellos. Como ves, la beca era muy buena, en la Universidad de Bordeaux. Por lo mismo me quedé un poco con el saborcillo ingrato de haber querido hacer un posgrado y no haber podido por motivos familiares. Me quedé en Chile y empezó mi vida profesional con todo el torbellino de trabajo en Undurraga, después en San Pedro y después con la viña Montes. Entonces, nunca pude realizar el sueño de estudiar afuera. Y coincidió ahora con que yo casé el año pasado al último de mis cinco hijos. El menor, Matías, se casó y se fue de la casa, y se nos vació el nido.

-¿Ahí deciden irse a Estados Unidos?
-Claro, pensamos que era el momento de cumplir este sueño inconcluso, y decidimos EEUU porque yo estudié en un colegio norteamericano, entiendo bastante la filosofía de esa nación y me gusta mucho como país. Yo estudié en el Saint George, en la época en que se enseñaba inglés profundo, en que tenías que hablar inglés en los recreos. Recuerdo que había inspectores por todas partes, si te pillaban hablando castellano tenías castigo hasta las cuatro de la tarde. Eso sirvió mucho, porque salimos con un nivel muy bueno de inglés. Y volviendo a la historia, opté por la costa Oeste, porque en Viña Montes tenemos una operación en California y porque tiene un clima y una condición natural muy parecida a Chile. O sea, tú te sientes como en tu casa al estar en California. Distinto a Nueva York, Boston o Chicago, que son mundos muy distintos. Entonces decidimos con mi señora hacer esto y nos embarcamos en esta aventura.

-¿Ella también fue a estudiar?
-Sí, ella fue a estudiar y mejorar su inglés. La idea era hacer algo distinto, cambiar un poco el esquema. Arrendé una casa en lo que

“Lo que a mí me da mucho temor es que el subir los impuestos no necesariamente va a gravar solamente al empresariado. Las empresas ese mayor costo lo van a traspasar al consumidor”.

se llama los Berkeley Hills, en unos cerros con una vista muy linda a la bahía y a San Francisco. De noche, lo tenía iluminado frente a mi casa. Entré a la Universidad de Berkeley como oyente a dos cursos de historia y uno de economía. Tomé un ramo que se llamaba Historia del Medio Oriente, después tomé uno de economía que se llamaba Las raíces de la actual crisis, dado por un profesor que era el ayudante del secretario del Tesoro, Brad DeLong, un tremendo profesor. Y después tomé una clase muy entretenida, como de cultura general, que se llamaba Historia de los judíos y musulmanes, desde la época de Abraham hasta las Torres Gemelas. Fue muy entretenido y vigorizante esto de volver un poco al colegio, porque tenía que ir de mochila y correr de una a sala a otra junto con todos los alumnos. Yo podría haber sido el abuelo de todos, porque eran todos cabritos.

-¿Cómo te recibieron?
-Muy bien. Los americanos, y probablemente haya una cosa muy especial en la costa oeste, son tremendamente abiertos de mente, no les extraña nada. Ver a una persona de más edad en clases para ellos es normal y yo podría haber ido con un moño tomado y con aros y tatuado, y no les importa nada, son muy acogedores. De hecho en la casa nuestra los vecinos se nos acercaron a ofrecernos ayuda, si necesitábamos que nos cuidaran la casa cuando fuéramos a salir por un fin de semana… una solidaridad que, conociendo ya bastante bien a los norteamericanos, me extrañó positivamente.

-¿Y este contacto con la juventud te sorprendió también? ¿Observaste muchos cambios?
-Es una juventud bastante más abierta de mente que la juventud de mi época. Nosotros teníamos parámetros muy rígidos y una universidad con cursos predeterminados: aquí tienes los cursos que quieres, mucho incentivo a cultivar tus dotes personales, de arte, de música, de literatura, de libre pensador, en fin. Una juventud de primer nivel. La Universidad de Berkeley es una de las buenas universidades del mundo, entonces para ingresar a la universidad hay que tener un promedio cercano a siete y no es seguro que entres, porque evalúan tus capacidades, tus compromisos con la sociedad, morales. Es apremiante. Mis compañeros de curso tenían 20 años o menos, tú veías que eran los muchachos del futuro.

– ¿Eras el único adulto?
-No, éramos cuatro que estábamos más o menos en la misma parada. Nos sentábamos atrás para no molestar y tomábamos notas y hacíamos las tareas tranquilitos. Fue una experiencia tremenda y yo además aproveché de hacer otras cosas: estaba medio día en la universidad, muy involucrado en el ambiente universitario, y luego retomaba una de mis pasiones, que es volar. Yo soy piloto civil y tomé el curso de instrumentos, que es una licencia mucho más profesional que la que yo tengo. Yo vuelo lo que se llama visual. O sea puedo volar de día y con clima razonablemente bueno. Con la licencia que saqué y aprobé en EEUU, que es súper difícil aprobarla, puedo ahora volar día y noche incluso con climas más complicados. No es que lo vaya a hacer, pero si el día de mañana me encuentro con una situación difícil, tengo todas las armas para poder volar con instrumentos.

Los negocios en EEUU

-Imagino que desde allá seguiste ligado a la viña, ¿no?
-Aparte de estudiar, lo que hice bastante fue apoyar a la viña. No me desvinculé, me comunicaba con los gerentes acá, viajé harto por EEUU apoyando a la marca, haciendo degustaciones, promociones, lo típico. Apoyé mucho a Canadá, e incluso me arranqué a Corea. Todo esto me configuró una agenda súper copada, que era lo que yo buscaba. Me daba miedo no hacer nada. Yo no quería un sabático para sentarme en una silla en el jardín, lo que yo quería justamente era tener una agenda provechosa y un poco distinta, renovadora, refrescante, y la gama de cosas que hice fue una experiencia muy grata, conocí mucha gente, muy cariñosos todos, así es que… misión cumplida y muy bien redondeado todo.

– ¿Cómo va el proyecto de Montes en California?
-No ha sido fácil, es un proyecto que lo largamos al mercado el día que quebró Lehman Brothers; o sea que el mismo día en que se inició la crisis yo estaba presentando el vino en un restaurante de San Francisco, California. Entonces el timing fue complicado, no fue el más feliz. Entramos en un momento difícil, pero hemos sido muy austeros, que es el estilo nuestro. Nosotros no hemos hecho mayores inversiones de capital, nosotros lo que hacemos es comprar uva y tenemos en arriendo una bodega muy buena en la zona de Carneros, de tal manera que no tenemos ni compras ni grandes inversiones en bodegas ni en tierras, que son carísimas allá por lo demás. Hemos ido avanzando bien; probablemente, más lento de lo que hubiéramos querido. Partimos con Napa, que es el Napa Angel, en 2006, después nos pasamos en 2007 a Paso Roble, que está un poquito más al sur, donde nuestro vino es una mezcla tinta con syrah, recién salido este año. Además, en 2011 me moví más al sur de California y me fui a Santa Rita Hills, que es donde se hizo la película Entre copas, que fue tan vista y tan famosa.

-Esa zona es conocida por el pinot noir.
-Claro. Hace seis meses hicimos la vendimia, hicimos un pinot noir que tenemos en barriles y lo vamos a largar al mercado en 2013, en un año. Estamos apuntando en lo posible a estar debajo de los 50 dólares la botella; si fuese más cerca de 40 sería mejor, para que el mercado lo reciba realmente con un aplauso. Se ríen mucho los americanos cuando les digo que les invadí California:

“Nuestro estilo no es usar la marca Montes, no la hemos usado en Argentina ni en EEUU. Hemos generado marcas, lo que es una manera de dar mayor valor, aunque el proceso sea traumático”.

en el norte Napa, en el centro con Paso Roble, y este pinot noir del sur de Santa Rita Hills, cerquita de Los Ángeles.

-¿Cambió mucho ese sector con la película?
-Fue bien curioso lo que pasó. Se puso muy de moda, la uva de pinot noir en Santa Rita se fue a niveles estratosféricos. Yo diría que esa zona normalmente es de dos dólares y medio el kilo y se fue como a siete dólares. Y lo que pasó es que hubo un entusiasmo, una euforia loca, y vino la crisis, entonces se deprimió, de tal manera que hoy día los precios de las materias primas están otra vez al nivel del histórico. Hoy es posible invertir en Santa Rita.

-Sumando y restando, ¿fue una buena idea invertir en EEUU?
-Nuestro proyecto en Estados Unidos está revitalizado, la crisis ya empieza a pasar. China (y en general Asia) ha sido un gran cliente de nuestros vinos norteamericanos. Diría que está caminando razonablemente bien. Tenemos todos los elementos para que este proyecto que partió en un momento difícil vaya agarrando velocidad y sea un proyecto exitoso. No va a ser nunca de gran volumen, porque en EEUU, a los valores que tienes que vender el vino, la producción es un poquito limitada. Pero para nosotros es importante mostrarnos al mundo como creativos, como creadores, como que a nosotros no nos da miedo ir a hacer vinos a cualquier parte. Este año vamos a estar cerca de las 10 mil cajas, o sea 120 mil botellas en EEUU. Para los estándares que nosotros tenemos es un proyecto chiquitito, pero queremos quedarnos ahí: estos vinos van de 50 a 100 dólares la botella a público, son vinos relativamente caros.

-¿El curso que tomaste sobre la crisis cambió tu visión?
-No me cambió mucho, era un curso en el que más que las razones de la crisis se analizaba el futuro. Lo que queda claro es que fue una gran irresponsabilidad de las regulaciones o una laxitud; se dejaron estar con las mínimas regulaciones del sistema bancario e inmobiliario y se fue de las manos. Los bancos fueron demasiado aperturistas, dieron créditos a personas insolventes que no tenían capacidad de pago, muchos ejecutivos inescrupulosos querían lograr bonos y colocaban dinero sin importar mucho todo el tema, y yo diría que eso trajo el espiral de la crisis. Cuando estuve allá los indicadores iban mejor y la semana pasada subió otro poquito la producción industrial y bajó un puntito el desempleo. Sin haber cambios violentos, tú ves que hay un camino hacia la normalidad.

-Aparte de eso, ¿tienes otros proyectos en EEUU?
-Mira, te voy a tirar toda la carne a la parrilla: te cuento que hay un proyecto en el estado de Washington, en el valle de Walla Walla, que se llama Long Shadows. El dueño es Allen Shoup. Este caballero tiene una importante producción de uvas en la zona Premium de Walla Walla, que está pegado a Canadá, bien al norte de EEUU. En vez de desgastarse en generar una marca propia, que es muy engorroso, decidió invitar a enólogos prominentes del mundo a hacer vino con él y generar marcas distintas. En ese proyecto está Michel Roland con un merlot, están Agustín Huneeus y Philippe Melka con un cabernet, está John Duvall que era el enólogo de Penfolds (el tinto más famoso de Australia)…

-Conozco el proyecto, pero no vi tu nombre en la página web…
-Sucede que Allen me convidó este año a hacer un carménère, nada menos. Así que yo este verano aproveché e hice el vino en Long Shadows y dejamos las mezclas listas en barricas. Es un proyecto que puede terminar bien, pero si el vino no me gusta como evoluciona, puedo decidir no hacerlo. Para mí fue un gran honor haber sido invitado.

Al otro lado de los Andes

-Igual que en Estados Unidos (donde tienen Napa Angel y Star Angel), en Argentina han apostado a generar una marca nueva, en este caso Kaiken. ¿Es un proceso difícil lograr que la marca se instale?
– Nuestro estilo no es usar la marca Montes, no la hemos usado en Argentina ni en EEUU. Hemos generado marcas, lo que es una manera de dar mayor valor, aunque el proceso sea traumático. Yo creo que nos ha ido bastante bien con Kaiken en Argentina. Kaiken es una marca que ya se conoce allá. Y con Napa Angel y Star Angel queremos generar también una identidad propia. La etiqueta dice by Montes, pero todo el formato es una presentación y una cosa distinta. En Argentina hemos seguido avanzando. Argentina ha sido un gran éxito: vimos la ola que venía probablemente antes que muchos y surfeamos como esos surfistas de Pichilemu y agarramos la ola justo en el minuto; una ola bonita, de buen tamaño, de buena velocidad, y vamos en la tabla surfeando junto con el éxito que está teniendo Argentina. Para nosotros era un proyecto entretenido, una cosa paralela a Montes, y yo diría que ahora el objetivo a futuro es convertir a Argentina en un Montes 2, tan importante como Montes. Ese es nuestro objetivo. Hoy día hemos ido ampliando nuestra gama de productos, estamos con un ícono, que es Mai, estamos con los Ultra, generamos una línea que se llama El Corte. Y ya lanzamos al mercado el espumoso Kaiken.

-¿Cuánto les falta por crecer?
-Kaiken está dentro de las 15 top de Argentina. Nosotros cerramos el año con cerca de 150 mil cajas y con 8 millones de dólares de

 “Muy lentamente, sin dejar las riendas por ningún motivo, quiero darle mayor importancia a la generación nueva, donde está Aurelio, que para mí es una persona clave como continuador”.

facturación. Ya tiene fuerza propia, y para darle un mayor peso se fue a vivir allá Aurelio, mi hijo. Este año estamos apuntando a subir un 20%. A esa tasa de crecimiento podemos pillar a Chile en siete años. Es un proyecto que va a buen galope; estamos ya con tres propiedades agrícolas nuestras, en Vistalba, Uco y Agrelo, que suman alrededor de 300 hectáreas. Pero seguimos siendo compradores de uva, porque la producción propia todavía no basta. Partimos hace 10 años, ya estamos insertos y sabemos dónde está la fruta buena; tenemos un grupito de proveedores, muy leales a la marca, así es que estamos muy tranquilos. Como novedad tenemos un chardonnay que vamos a tirar al mercado este año. Viene de Gualtallary, una zona que me gusta mucho. Va a costar unos 20 dólares la botella. Y Aurelio viene llegando la semana pasada de Salta, porque partimos con un torrontés.

-O sea, estás apostando también por los blancos argentinos…
-Quise hacer un salto. Me convencí el año pasado, porque el mercado me estaba pidiendo hacía mucho tiempo que hiciera algo, y yo dije: mira, los blancos argentinos no destacan, yo creo que los blancos chilenos son mucho mejores…

-Algunos piensan que es un prejuicio de los chilenos, un aire de superioridad.
-No, yo lo conversé mucho en mis viajes al extranjero, lo hablé con Oz Clarke, por ejemplo, el famoso crítico. Y me dijo Argentina es básicamente tinto, los blancos son respetables, pero hoy día Nueva Zelanda, Sudáfrica, Chile son mucho mejores. Porque tenemos el clima marítimo que Mendoza no tiene. Pero Torrontés es muy Argentina, y me entusiasmé con la cepa el año pasado. Con Agustín Huneeus somos muy amigos y tenemos un avión que compartimos y cuando viene a Chile nos gusta salir a volar juntos. Fuimos a Río Negro el año anterior y este año fuimos a Salta. Y me encantó Salta. La ciudad la encontré muy linda desde el punto de vista arquitectónico, tiene un sabor, una cosa que me encantó. Entonces ahí quedé medio prendido y ya este año decidimos hacer un torrontés, en un volumen chico, unas dos mil cajas a 15 dólares la botella. Yo estuve muy tentado y no he descartado todavía de irme a Río Negro a hacer un pinot noir. Estuve con Agustín el año pasado y quedamos bien impresionados con la zona, que tiene un potencial bien interesante. La idea es buscarle a Argentina sus potencialidades reales, la diversidad, con un torrontés de Salta, un pinot de Río Negro, además de los tintos tradicionales de Mendoza. Yo creo que es un buen abanico.

Y no olvidemos a Chile

-En Chile se da la disyuntiva de optar por el volumen o por el aumento de precios. Ustedes claramente han apostado por lo segundo.
-Montes Chile, en precio creció alrededor de 10%. Tuvimos facturaciones por 44 millones de dólares contra 42 millones del año anterior. En volumen caímos un 5%, estamos en 650 mil cajas. O sea, hablamos de ocho millones de botellas. Los proyectos vitivinícolas hay que llevarlos con calma, no hay que llevarlos a mayor velocidad de lo que los pies te dan: el cuerpo tiene que ir a la velocidad de los pies.

-¿Crees que la industria del vino necesita pensar más a largo plazo?
-Sí, nosotros no traicionamos el concepto de calidad por ir buscando desesperadamente negocios de volumen. Hay viñas que han tomado esa decisión, yo las respeto mucho. Hay viñas que han crecido muchísimo en volumen pero tú ves los precios promedio, 24 o 25 dólares por caja de 12 botellas. Es muy poco. Nosotros, junto con Lapostolle, somos los precios más altos de Chile; nosotros cerramos el año pasado con 63 dólares, o sea, estamos más del doble de la media chilena, que está en 27. Para nosotros ese concepto de calidad es intransable, y que el proyecto vaya lento no nos importa. Lo que nos importa es mantener el mercado vivo, interesado, seguir demostrando que somos creativos, que no nos asusta ir al extranjero. Como dijo Steve Jobs, cuando tú llegas a cierto nivel ya la venta pasa a un segundo plano, porque tú ya estás en el mercado, podrás vender un 5% más o un 5% menos. Lo que no hay que descuidar es el producto, y tú ves que Apple todos los años saca un nuevo iPhone, un nuevo iPad… o sea la creatividad en el producto es algo que no se puede perder.

-¿En Chile también tienen proyectos de innovación?
-Sí, en Chile lanzamos Outer Limits, que es nuestra línea más innovadora. Queríamos demostrar que también nos atrevemos a ser casi irreverentes de alguna manera, ser alternativos, no estar siempre en la cosa tradicional. Así lanzamos un sauvignon blanc y un pinot noir de Zapallar más una mezcla tinta que nace en los cerros más altos de Apalta.

Otra novedad que estamos sacando este año es Twins, una mezcla de cabernet con malbec del año 2010. Es un poco revolucionaria la etiqueta:viene con tapa rosca. Es un vino que tiene poquita madera, pero es un vino de estructura, juvenil, de

“Yo no quería un sabático para sentarme en una silla en el jardín, lo que yo quería justamente era tener una agenda provechosa y un poco distinta, renovadora, refrescante, y la gama de cosas que hice fue una experiencia muy grata. Así es que… misión cumplida”.

taninos ricos, sedoso, invitador. Así que yo creo que eso va a ser un éxito. Al Twins le tenemos puestas muchas esperanzas.

-¿Y vas a lanzar un espumoso nacional?
– Partí con un proyecto, que espero termine bien. Yo creo que el espumoso ha ido tomando fuerza en el mundo y en Chile, lo veo en mi familia: aquí vienen mis hijos el día domingo a almorzar y no aceptan otra cosa que no sea un espumoso o un champagne francés de aperitivo. Y en los restaurantes es normal ver a la gente pidiendo una copa de champaña en vez de un pisco sour. Entonces, creemos que es un buen momento de aparecer con un espumoso y vamos a hacer una pequeña innovación: lo vamos a hacer con fruta de Zapallar. Estamos viendo si va a ser un espumoso Montes o un espumoso Outer Limits. De salir, estamos hablando de 2014. Lo otro es que estamos al borde lanzar el Montes Alpha Malbec. El malbec en Chile se ha estado dando muy bien, lo interesante es que es un estilo distinto al argentino, pero igualmente potente. Te diría que el chileno, por ser más marítimo, va en la línea un poquito más especiada, un poquito más austera. El argentino es todo voluptuosidad.

-¿Y están invirtiendo en bodegas?
-En términos de inversión lo más importante es la ampliación de nuestra bodega de Chimbarongo. En Chimbarongo nosotros compramos una bodega hace tres o cuatro años, muy tecnológica y de muy buen nivel, y decidimos concentrar nuestras operaciones completamente en Chimbarongo, usando Apalta como la bodega de los vinos ícono y los vinos Alpha, y todo el resto se procesa en Chimbarongo. Hemos hecho un upgrade en tecnología importante y es una inversión de 16 millones de dólares. Y nos jugamos por las cubas de cemento, que son mucho más sustentables.

-¿Cómo evalúas el momento en el que estás, luego de la muerte de socios fundadores como Alfredo Vidaurre y Douglas Murray?
-Sin duda que todos estos hechos que mencionas han sido muy importantes para mí. Quedé un poco más solo, pero quiero ser bien claro en un tema. Yo tengo socios que son tremendamente buenos: la familia Garcés Silva, la familia Barros Freire. Echo mucho de menos a Douglas y a Alfredo, pero en este minuto me siento muy acompañado. Muy lentamente, sin dejar las riendas por ningún motivo, quiero darle mayor importancia a la generación nueva, donde está Aurelio, que para mí es una persona clave como continuador. Hay un equipo humano que es muy potente y eso es lo más importante en cualquier industria. Las máquinas se compran, los edificios se compran, pero formar un equipo humano es la habilidad de un empresario de poder proyectar una empresa a futuro, y yo estoy un poco en eso. El grupo Montes creció en su facturación de 49 millones a 53 millones de dólares: subimos un 7%. O sea, está sano, creciendo bien. Yo creo que estamos disfrutando esto de no tener todos los huevos en el mismo canasto, sino tener esta diversidad con Argentina, con EEUU. Eso está rindiendo sus frutos.

 

El dólar, los impuestos y Cristina K
-¿Cómo ves es el ambiente de negocios en Chile? El dólar, la discusión tributaria.
-En el tema del dólar, yo desgraciadamente pienso que mientras los commodities estén altos, sobre todo en el caso de Chile con el cobre. No le veo mucha opción de mejora al tipo de cambio. Yo creo que tiene que haber una voluntad del gobierno de cuidar a su sector exportador. No soy la persona adecuada para dar la fórmula, pero sea por vía de la intervención del Banco Central, que no creo que sea lo mejor, o sea por vías de potenciar la imagen país, pienso que es un deber del gobierno buscar técnicamente una solución. Ciertamente, hay temas como la educación, la salud, que hay que cuidar mucho. Pero quiero ser bien enfático en que nos falta potenciar la imagen país. Si hay una forma de gastarse los dólares en este país en forma rentable es potenciando la imagen país. Chile todavía en el contexto internacional está muy alejado, lo conocen muy poco y no saben de las virtudes que tiene Chile en aspectos turísticos, en su probidad. Yo diría que por ahí me gustaría que el gobierno le pusiera mucho más énfasis a eso.

-Y una posible alza de impuestos, ¿te preocupa?
-En términos tributarios, tenemos los empresarios un deber con nuestro país, y si la forma de sacar adelante una mejor educación, que es donde se van a generar el futuro y el progreso de nuestro país, si para eso se requieren recursos, yo creo que las empresas tenemos el deber de apoyar la medida. Lo que a mí me da mucho temor es que el subir los impuestos no necesariamente va a gravar solamente al empresariado; yo creo que de alguna manera las empresas, como buscan formas de subsistir y de navegar y de tener utilidades para poder seguir existiendo, de alguna manera ese mayor costo lo traspasan al consumidor. El menor precio del dólar debe ser compensado por un mayor precio final, lo que nos resta competitividad pero nos permite seguir viviendo. Nosotros tenemos un deber social con los trabajadores de Chile de mantener nuestras empresas vivas, trabajando y con ciertos niveles de beneficios para poder dar trabajo. De lo contrario, vamos a desaparecer.

-En Argentina el panorama no parece muy auspicioso.
-En Argentina hay un escenario  político súper difícil: la inflación es importante, el aumento de costos salariales también y está pasando un poco lo que pasa en Chile, con un dólar absolutamente estancado. Los beneficios del sector empresarial se han ido comprimiendo, con un aumento de costos mayor y un dólar prácticamente fijo. No queda otra solución que subir más los precios, para hacer flotar a las empresas. Ahora, estas cosas son puntuales, son ciclos, vendrán ciclos mejores cuando el precio del dólar se mejore o que el mercado acepte que Chile y Argentina tienen que ir a competir con mayores precios para poder sobrevivir en el tiempo.