Por: María José Gutiérrez Alas 2 de la tarde del domingo 8 de mayo, el árbitro tocó el pitazo final. En el estadio Parque Municipal de Valdivia, Deportes Valdivia ganó 5-1 a La Pintana. José Gandarillas, presidente del club sureño, abrazó a los otros siete inversionistas que apostaron por el equipo a fines de 2011, […]

  • 9 junio, 2016

Por: María José Gutiérrez

golazo

Alas 2 de la tarde del domingo 8 de mayo, el árbitro tocó el pitazo final. En el estadio Parque Municipal de Valdivia, Deportes Valdivia ganó 5-1 a La Pintana. José Gandarillas, presidente del club sureño, abrazó a los otros siete inversionistas que apostaron por el equipo a fines de 2011, cuando estaba en Tercera B (quinta división) y soñaban con jugar en las ligas mayores y llegar a ser campeones de Chile.

El abrazo tuvo sentimientos encontrados. La felicidad de pasar a Primera B –y por lo tanto, ser parte del consejo de presidentes de la ANFP y tener derecho a los repartos del Canal de Fútbol (CDF)– se mezcló con preocupación. Como una forma de mostrar la solvencia de los clubes, la administración Jadue estableció a comienzos de 2012 un estatuto que establece que para subir a Primera División, el campeón de segunda deberá pagar 50 mil UF (1.300 millones de pesos), en un plazo de 30 días.

Ese 8 de mayo, Valdivia tenía los bolsillos vacíos. “Cuando entramos al club teníamos la expectativa de que iba a ser fácil levantar auspicios, pero no fue así”, asegura Gandarillas.

Tres días después de su ascenso, el dirigente llegó a la ANFP a tener la primera reunión con la nueva directiva liderada por Arturo Salah, para plantearles la difícil situación que enfrentaban. El directorio presentó a su vez una fórmula para flexibilizar el pago, que fue luego aprobada por la mayoría del consejo de presidentes. El martes 24 de mayo, la directiva comunicó a Valdivia que tendrían que pagar la mitad de la deuda al contado y, a partir de agosto de este año, desembolsar los 650 millones de pesos restantes en 18 cuotas.

Considerando que hasta fines de 2018 no habrá descenso en Primera División, debido a la desafiliación de Deportes Concepción –vinculado al ex dirigente Nibaldo Jaque, fuertemente cuestionado en el informe forense de Deloitte–, Gandarillas planteó al directorio de Valdivia dos opciones de financiamiento de la primera parte de la deuda. Plan A, a través de un crédito bancario; plan B, levantar, entre los contactos, el monto exigido y pagarles la deuda mensualmente a través de las cuotas del CDF. Esta opción implicaba descontar 25 millones de pesos al mes de los 45 que va a recibir el equipo por los dividendos del Canal del Fútbol, que sumado al pago de las 18 cuotas de 36 millones que deberá abonar Valdivia a partir de agosto a la ANFP, no daban abasto. El directorio decidió optar por el plan A y Gandarillas se abocó a conseguir el crédito.

[box num=”1″]

Sin embargo, en una jugada sorpresa, el alcalde de Valdivia, Omar Sabat, y la asociación de alcaldes de la Región de Los Ríos interpusieron una orden de no innovar ante la Corte de Apelaciones local, que fue acogida el jueves pasado, suspendiendo el cobro hasta el pronunciamiento oficial del tribunal de justicia. El escrito pide que se declare como ilegal y arbitrario el pago de los 1.300 millones de pesos, más allá de la flexibilización dada por la ANFP.

 

La idea

Si hubiera sido bueno para la pelota, José Gandarillas habría sido futbolista, dice. El ingeniero civil de la UC, ex alumno del colegio Apoquindo, trabajó tres años en LAN antes de partir a Londres a ejercer como jefe de los “football watchers”, o encargados de sacar estadísticas cualitativas en partidos de fútbol grabados y en vivo, en la compañía Football Radar. Embobado por el ambiente futbolero de Sudáfrica 2010, reunió a ocho de sus compañeros de la UC –Eduardo Rodríguez, fundador de Tyndall Group; Alfredo Alcaíno, hijo del abogado de los Penta; Cristián Varela, hijo del ex director de la ANFP; Sebastián Sánchez; Fernando Gómez; Álvaro David; Paulo Tisi y Agustín Letelier– con la idea de comprar participación en un club deportivo. Éstos, a su vez, sumaron a otros cinco –Nicolás Rodríguez; Cristóbal Mardones; Francisco Lavín, hijo del dueño de Penta; Samuel Pérez y Nicolás Henríquez– y entre los catorce juntaron 50 millones de pesos.

“Si nos metíamos a un club de primera hubiéramos sido minoritarios. En cambio, al estar en un equipo tan disminuido, si bien el riesgo era grande porque había poco apoyo, éramos nosotros los que íbamos a tomar las decisiones”, cuenta Gandarillas.

El Club Deportivo Deportes Valdivia llevaba 22 años fuera del fútbol profesional y 26 fuera de Primera División. El ex futbolista Marcelo Salas, cansado de los malos resultados, decidió entonces disolver la sociedad a través de la cual controlaba el equipo. Gandarillas se enteró de esto y con los 50 millones de pesos compró el 65% del club, quedándose así con cuatro de los siete directores a través de la sociedad Inversión y Asesorías Amigos de Valdivia. Un 25% se mantuvo en manos de la Corporación Club Deportivo Deportes Valdivia y el 10% restante en manos de un grupo de inversionistas locales.

 

Primeros pasos

Pese a que los catorce eran futboleros, no conocían la división, ni a los jugadores. Lo primero que hicieron fue contratar como DT a Cristián Muñoz, que había sido subcampeón de la Copa Chile con Deportes Ovalle. Ese año subían cinco equipos a Segunda División y, para su suerte, Valdivia salió quinto. Ya había una parte de la meta lograda. Pero todavía les quedaba harto camino por recorrer. Y con recursos limitados.

[box num=”2″]

Durante la gestión de Sergio Jadue en la ANFP se estableció que la Segunda División sería parte de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) y, por tanto, dejaría de ser una categoría amateur (ANFA). Esto implicó, en la práctica, que estos clubes debían crear divisiones inferiores y contratar doce jugadores profesionales.

Para hacer estos cambios llegó Ricardo Lunari al equipo como técnico. Ex futbolista de la UC, había sido dirigido por Manuel Pellegrini, Ignacio Prieto y Marcelo Bielsa. “Con el frío y la lluvia, nos peleábamos para ver quién agarraba ropa porque no había para todos. En la mañana llegaba una bolsa llena de ropa, ahí los chicos si tenían suerte agarraban dos medias del mismo color”, cuenta Lunari desde Argentina.

En los seis meses que estuvo a la cabeza del equipo, el DT renunció varias veces. Según él, sólo eran amagues para pedir mejores condiciones. “Cuando fuimos a jugar a Los Andes, el bus que nos llevaba a la cancha –que era el mismo donde viajábamos doce horas en asientos que no se reclinaban– se quedó en pana. Empezamos a hacer dedo, a ver si alguien nos llevaba al partido. Por suerte, un dirigente consiguió unos taxis y llegamos justo a la hora del juego y pudimos disimular esos percances”, recuerda.

No les fue bien en el campeonato. Era 2013, la caja se había acabado y el déficit tenía que ser cubierto con plata de los bolsillos de los inversionistas, cuenta Gandarillas. Ahí se produjo un quiebre en el grupo y salieron 8 de los 14 socios, mientras el equipo estaba último de la división.

Entonces aparecieron cuatro nuevos inversionistas –Ernesto Hevia, Carlos Llona, Nicolás Osnovikoff y Felipe Henríquez– que pagaron 60 millones por un tercio del club. Apostaron por Luis Lavanderos como DT (había sido parte del cuerpo técnico de Sampaoli en la Universidad de Chile), y aunque la campaña no fue tan buena, el equipo llegó a estar quinto de la serie.

Más tarde, a fines de 2014, Gerardo Reinoso, más conocido como “la Vieja” –que en los 80 había sido campeón del mundo con Independiente y había sido seleccionado nacional con Maradona–, tomó el equipo noveno de la tabla y lo dejó tercero. En la mitad del campeonato de 2015-16, “la Vieja” fue reemplazado por Hugo Balladares, quien había sido jefe técnico de fútbol joven de Colo Colo. Y del séptimo lugar de la tabla de posiciones, dejó a Deportes Valdivia primero.

 

Las dudas de fee

El Torreón, que representa a 400 mil personas en la Región de Los Ríos, ha estado sólo una vez en Primera A. Fue en 1988, el mismo año en que Universidad de Chile, dirigida por Manuel Pellegrini, descendió a Primera B.

No cuenta con estadio propio, por lo que debe arrendar por horas un estadio a la Municipalidad de Valdivia, tanto para entrenar como para jugar de local. Hoy, el equipo entrena en el Parque Municipal. Hasta hace tres años, jugaba en el Félix Gallardo, en una cancha sintética de muy mala calidad, cuenta Gandarillas, que con las lluvias que superan los 50 mm diarios, se inunda y anega. “Previo a un partido con Melipilla, la cancha estaba totalmente inundada, por lo que el árbitro iba a suspender el partido, lo que implicaba que tendríamos que viajar a esa ciudad durante la semana a jugar”, cuenta. Para que eso no ocurriera, todos los jugadores, el staff del equipo y su directiva se pusieron a barrer la cancha para sacar el agua. Y lograron que se jugara el match.

[box num=”3″]

En Primera División las cosas son distintas. Es la razón por la que la administración de Jadue determinó el pago de los 50 mil UF para acceder a ella como una manera de que los clubes muestren solvencia financiera y seriedad de sus proyectos, explican en la ANFP. Es un fee de entrada que se paga una vez en la vida, independiente de si el club desciende y vuelve a ascender. El monto –que para muchos directores actuales parece demasiado alto para la realidad de los clubes chilenos– representa una licencia que les permite tener acceso a los activos subyacentes del fútbol profesional. Esto es, propiedad del Canal del Fútbol, mayor exposición de televisión –y, por tanto, mayores flujos publicitarios y eventualmente, la venta de jugadores– y porcentaje del borderó o aforo de los partidos.

La mitad de las 50 mil UF se reparten al club que desciende a Segunda División, en este caso, Deportes Barnechea, para que tengan un “mejor aterrizaje” en la otra serie, para hacer frente a los contratos tomados desde Primera División, ya que ahí los ingresos son menores. Este monto debe ser, a su vez, devuelto por el equipo descendiente en caso de que vuelva a subir a Primera.

Lo que no establece el estatuto es cómo se van a gastar estos recursos, así como tampoco hay claridad de cómo se invierten las platas que entran por publicidad de la selección. En la ANFP aclaran que van a la “caja” de la asociación, para invertir por ejemplo, en fútbol joven. Esto porque la ANFP no tiene un presupuesto formalmente establecido.

Con la mitad ya pagada, Deportes Valdivia ahora aspira a consolidarse como equipo. “Nuestro sueño es dar pelea en campeonatos internacionales”, dice Gandarillas. El primer paso lo darán el 24 de julio, cuando debuten en Primera B y los vean miles de personas por televisión. •••