“¿Qué sabes de aviones?”, preguntó el profesor de aeronáutica Edward Greitzer a su alumno de doctorado Julio Pertuzé. “Que llegué en un avión al MIT”, respondió el ingeniero civil de la UC. Y añadió: “Pero puedo aprender”. En 2008, la NASA licitó un proyecto para diseñar una nave que pudiese cumplir distintas metas ambientales con […]

  • 2 agosto, 2018

“¿Qué sabes de aviones?”, preguntó el profesor de aeronáutica Edward Greitzer a su alumno de doctorado Julio Pertuzé.
“Que llegué en un avión al MIT”, respondió el ingeniero civil de la UC. Y añadió: “Pero puedo aprender”.
En 2008, la NASA licitó un proyecto para diseñar una nave que pudiese cumplir distintas metas ambientales con un fondo de más de dos millones de dólares. El MIT ganó el concurso en un consorcio con la start-up aeronáutica Aurora Flight Sciences y Boeing, y convocó para ello al entonces candidato a doctorado en ingeniería de sistemas. El encargo: determinar qué tecnologías serían requeridas para lograr el diseño conceptual y cuál sería el riesgo inherente a cada una.
Julio Pertuzé, quien también es máster en ciencias en tecnología y políticas públicas, vio en esa investigación no solo una oportunidad para aprender y generar contactos –en el camino, su profesora Dava Newman se convirtió en subdirectora de la NASA de Barack Obama–, sino también para financiar sus estudios de doctorado. “La necesidad tiene cara de hereje. El profesor me dijo ‘me interesa tu tema de investigación sobre relaciones universidad-empresa; no tengo ningún proyecto andando sobre esto, pero te podría pagar algo si participas en este’”, cuenta en el piso 12 del Ministerio de Economía, donde llegó en marzo para hacerse cargo de la agenda del futuro. “Ahí viví lo que es colaborar desde la industria y la universidad en un proyecto concreto, con un mandante que es el Estado, y me di cuenta de que se puede generar tecnología nueva y cómo se pueden gestionar esas relaciones”, agrega. “Y es lo que vengo a hacer acá”.

Ratones y el negocio que no fue 

Los primeros recuerdos de Julio Pertuzé (37) son en un laboratorio. Está con su mamá, Sofía Salas, médico cirujana becada en ciencias fisiológicas –y actual investigadora del Centro de Bioética de la UDD–, quien estudia el retardo del crecimiento fetal que se produce por determinadas hormonas. Intentando emular la preclamsia, Salas inyecta ratones para analizar la calicreína, que es la hormona que se genera cuando el feto de la rata está creciendo. 

Así Julio, el mayor de tres hermanos, pasó varios fines de semana. 

Por el lado de su padre, el gen científico también corría fuerte: Julio Pertuzé Rivera, médico con especialidad respiratoria, fue director de la Escuela de Medicina de la UC, y hasta el día de hoy, ya jubilado, hace clases en Casa Central. 

Siempre pensó estudiar medicina, pero finalmente optó por ingeniería civil, con la idea de dedicarse a la academia, al igual que sus padres. Al poco tiempo asumió la presidencia del centro de alumnos, acompañado de Daniel Undurraga, fundador de Cornershop. En 2004, de vuelta de un intercambio en Australia, fue elegido presidente de la FEUC –en ese entonces usaba pelo largo y la misma barba que mantiene hoy–, tomando la posta gremialista que dejaba Jaime Bellolio. 

“Julio tiene un procesador mental muy potente: siempre está ordenando en su cabeza la información, viendo que exista evidencia, estimando las oportunidades y amenazas”, asegura Bellolio. Y añade: “En la FEUC tomó lo que habíamos hecho y a continuación hizo el doble, porque le gusta poner metas ambiciosas para él y para los demás”. 

Uno de los emprendimientos que Pertuzé desarrolló en esos años fue la creación del primer sistema digital de alojamiento (housing). “Estaban esos letreros en los murales donde las personas ponían papelitos en que buscaban u ofrecían piezas. Dijimos por qué no hacemos un portal digital. Si hubiese tenido más ojo de negocio esto habría sido Airbnb”, relata. En la FEUC, en tanto, le tocó participar ante la tramitación de la ley de acreditación de las universidades y presentar por primera vez en el Senado. 

No había militado en ningún partido político hasta 2016: se inscribió en la UDI para apoyar a su amigo Jaime Bellolio en las elecciones internas del partido. Su militancia sigue activa. Sin embargo, descarta presentarse como candidato en alguna elección popular. “Hay que saber para qué uno es bueno y yo creo que puedo aportar más en otras esferas”, dice. 

Tras egresar en 2005 entró al programa Jóvenes al Servicio de Chile, de la Fundación Jaime Guzmán. Como encargado de estudios y proyectos de la Corporación de Educación y Salud de Las Condes, implementó un plan de digitalización, incorporó la ficha médica electrónica en los consultorios y sumó tecnología móvil en las aulas de los colegios de la municipalidad. Un año y medio después partió becado al MIT y regresó a Chile luego de seis años, con el mayor de sus tres hijos nacido y un doctorado bajo el brazo, directo a la escuela donde fue alumno, como profesor del Departamento de Ingeniería Industrial y de Sistemas, y codirector del Magíster de Innovación. 

El agua del grifo 

Sin que nadie lo llamara, tocó la puerta del equipo del programa de gobierno de Sebastián Piñera. Se sumó al grupo de ciencia, tecnología e innovación que lideraba Hernán Cheyre, a quien conoció en Boston.  

José Ramón Valente cuenta que cuando Piñera lo confirmó como ministro de Economía, partió muy rápido tratando de armar los equipos “porque el capital humano es escaso”. Llamó a personas en las que confiaba del mundo político y académico para que le recomendaran nombres. El CV de Pertuzé se empezó a repetir. En febrero se reunió con el ingeniero en el Parque Araucano. Ese mismo día le ofreció el puesto. “El presidente tiene una casi obsesión, que yo comparto, que es insertar a Chile en la cuarta revolución industrial”, dice el ministro. “Ese fue el mandato para Julio: la adopción de nuevas tecnologías, el big data, las criptomonedas, las brechas digitales”, asegura.

Pertuzé aceptó la propuesta con la condición de dedicar 40% de su tiempo al ministerio y 60% a la UC, donde todavía es profesor. “Eso no suma 100”, dice riendo. “En el MIT hay un dicho de que recibir una educación ahí es como recibir agua de un grifo. Estos cuatro meses en el gobierno han sido estar tomando agua de un grifo de manera constante”.

Su rol como encargado de la economía del futuro es uno de los tres pilares fundamentales del ministerio, además de la atracción de inversiones, que impulsa Juan José Obach, y la agenda de productividad, que lidera Andrés Osorio. En simple, consiste en coordinar las acciones, proponer legislaciones y fomentar la adopción de tecnologías a nivel de sector productivo. “Muchas tecnologías son muy nuevas y estamos explorando cuál puede ser su alcance a nivel de la economía, donde no existen muchos datos previos”, asegura. En el ámbito de regulación, por ejemplo, no existe un estándar claro, ni una directiva de la OCDE o del G20, explica. Ahí su labor es estar atento a las mejores prácticas, sin perjuicio de experimentar con algún tipo de tecnología o aproximación. Su trabajo está en constante interacción con las carteras de Transporte, Hacienda, la subsecretaría de Telecomunicaciones y Segpres: la modernización del Estado, la ley Uber o la regulación de Airbnb son parte de las materias que le tocaría ver.

La erupción de Chaitén

Un grupo de unas 150 personas están convocadas este viernes 3 de agosto a las oficinas de Start-Up Chile a una hackathon. De ellos, 50 programadores estarán “encerrados” por un día para armar pilotos con tecnología blockchain –un sistema que permite que mucha gente en un mismo espacio certifique una misma información en cadena– para distintos sectores productivos.                                                                                                                         El evento es el cierre de seis mesas de trabajo público-privadas que se han reunido desde el 27 de marzo para explorar distintos usos de esta tecnología y que lidera Pertuzé. Una de ellas es para sistemas registrales, es decir, el trabajo de conservadores de bienes raíces y notarios. “La idea es que no se repita lo que ocurrió en Chaitén en 2008”, dice. En ese entonces, la erupción del volcán arrasó con la mitad del pueblo, y al día siguiente, relata, el gobierno tuvo que hacer una operación comando para ir a rescatar la bóveda del Conservador y así evitar que se perdieran los títulos de dominio. “Lo que hace el blockchain es que en vez de tener esto en papel, lo distribuye en una red de cientos de computadores a lo largo del mundo, de manera que todos ellos puedan revisar lo que está ocurriendo con esos documentos, que todos puedan estar seguros de que nadie está cambiando un deslinde de una casa, porque está distribuido, en vez de centralizado”, explica. El resultado de la mesa son recomendaciones, pero que exigen un upgrade tecnológico: una vez que los conservadores se digitalicen –parte del proyecto que impulsa la modernización del Estado– se les podría aplicar blockchain. 

La segunda tarea es fomentar la innovación en las empresas chilenas. Para eso, en conjunto con la división de innovación del ministerio que lidera Benjamín Maturana, están analizando cambios a la ley de I+D. “El diagnóstico que tenemos es que hay buenas start-ups de base tecnológica, pero no hay un mercado de éxito donde llega otra compañía a comprar la empresa y toda su tecnología”, dice. Si el foco del primer gobierno de Piñera fue crear emprendimientos, el del segundo es lograr que estos despeguen. 

Por último, Pertuzé es el encargado de sentar las bases de una ley de transferencia tecnológica que permita utilizar la ciencia que se está realizando en Chile para que pueda tener no solo un impacto a nivel académico, sino también en la economía, en el nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología. Esa ley está siendo trabajada en coordinación con Corfo, Conicyt, el futuro ministerio y la Iniciativa Científica Milenio, que lidera Carolina Torrealba. 

“Estamos trabajando en generar insumos para la nueva institucionalidad”, asegura Torrealba. “El rol que ha tenido Julio, más que desde la generación misma de contenidos, es de articulador con Presidencia. Tiene una visión súper clara de los asuntos tecnológicos, es una persona abierta, dispuesta a aprender y eso se agradece cuando uno está trabajando desde las políticas públicas”, agrega. El equipo se reúne periódicamente con el subsecretario de Economía, Ignacio Guerrero, para revisar el trabajo. 

El nombre de Julio Pertuzé ha sonado como posible futuro ministro de Ciencias, algo que a él le causa risas: “Los nombres que han salido en los diarios son científicos de reconocida trayectoria, algo que yo no soy”. 

El gurú

A comienzos de julio, el ingeniero viajó a Israel a conocer el sistema de información de ese país y antes estuvo en Boston en una conferencia de innovación con las principales agencias del mundo. “EE.UU. está llevando la delantera; Nesta, en Reino Unido, está prospectando tecnologías que pueden cambiar el futuro y que estamos mirando con atención; los finlandeses también tienen una lista de 200 tecnologías que están tratando de analizar su impacto en la economía y están muy dispuestos a poder trabajar con nosotros. Mucho de esto ocurre en foros internacionales –G20, OCDE, Apec–, donde participamos activamente”, asegura. Toma agua y continúa: “No creo que exista un gurú. He visto a la gente que dice que va a predecir el futuro, pegarse los guatazos más grandes. No se trata de adivinar, sino de prepararte para algo que sabes que va a ser incierto: no tienes idea cómo esta tecnología puede evolucionar, porque una vez que se crea tiene vida propia y es utilizada para cosas que ni siquiera diseñaste. El mejor ejemplo es Facebook”, advierte.                      

Uno de los proyectos que está impulsando, y que a su juicio podría traducirse en un salto importante, es en astronomía: convertir a Chile en un país de Data Scientists. “Concentramos el 70% de la observación astronómica del mundo. Chile tiene 10% de los datos del tiempo observacional, los que están separados en distintas instituciones. ¿Qué pasa si juntamos todos esos datos en un solo observatorio digital?”, dice. “Ahí hay una oportunidad enorme, con tecnología que está mucho más avanzada y es mucho más difícil que la mayoría de los algoritmos que están utilizando en bigdata en el sector del retail”, dice.

En la cabeza de Julio Pertuzé hay cientos de ideas. Habla a mil por hora. Trata de explicarlas. Intenta contar todo lo que tiene en mente hacer. Pero no tiene tiempo. Tocan la puerta: el ministro Valente lo llama. El ingeniero desaparece de la oficina.