Capital congregó a un conjunto de destacados expertos de la economía y los mercados para analizar el devenir de la crisis. La conclusión: aunque el enfermo está volviendo a comer, no parece prudente sacarlo de la UCI.

 

  • 28 abril, 2009

 

¿Repunte bursátil? ¿Cifras mejores a las proyectadas? ¿Luz al final del túnel? Después de tantos meses de crisis y caídas, las señales de optimismo no terminan de convencer a los escépticos. ¿Será que ya estamos vacunados contra los diagnósticos erróneos o que los datos no dan para levantar la orden de cautela que por estos días domina las decisiones financieras? Consultamos a expertos, recorrimos las calles de Nueva York y tomamos la temperatura al enfermo. Vea los resultados. Por Roberto Sapag y Guillermo Turner; fotos, Veronica Ortiz.

La frase de Guillermo Le Fort deja a los contertulios en silencio. “Estamos viviendo el fin del principio”, sentenció. Tras cerca de una hora de mesa redonda para descubrir en qué minuto del partido nos encontramos (en este verdadero clásico en que se ha convertido la crisis), su sentencia parece resumir el estado de ánimo promedio: cada día que pasa es uno menos de angustias, pero nada indica que estemos cerca del término.

Tanto se habla de los “brotes verdes”, de la “luz al final del túnel”, del “punto de inflexión”, que quisimos ponerle el termómetro al planeta para ver si su salud está repuntando o si lo que ocurre es que la enfermedad sólo está mostrando síntomas psicopatológicos, de esos del tipo maniaco depresivo.

En conjunto con la Universidad Finis Terrae, Capital congregó en torno a una mesa a Francisco Garcés, Patricio Rojas, Guillermo Le Fort, Juan Andrés Camus, Ernesto Illanes y Andrés Bianchi, quienes hicieron un chequeo integral del paciente, concluyendo que si bien el enfermo está volviendo a comer (y todos sabemos que enfermo que come no muere…), no parece prudente sacarlo de la unidad de cuidados intensivos.

A pisar con cuidado, entonces. Porque si bien es alentador que el pulso cardiaco de la bolsa esté subiendo y que la presión arterial del pánico vaya bajando, no hay que sobreexcitarse, porque en una de esas se trata del típico repunte del enfermo que se produce el día antes de que pase a mejor vida.

Dias de esquizofrenia

¿Por qué llegamos a formularnos la pregunta? Sencillo: porque por un lado varios commodities han repuntado, algunos índices financieros se han estabilizado o comenzado a subir y la gente anda menos neura. Sin embargo, mientras eso ocurre, por otra parte el desempleo asuela, las quiebras amenazan y el proteccionismo ronda por más de un gabinete ministerial en el mundo desarrollado.

Inquirido sobre este estado de ánimo un tanto disociado, Patricio Rojas dispara primero: “es cierto que las cifras han dejado de ser tan negativas, pero igual estamos viendo caídas en distintos indicadores de dos dígitos. Así que más allá de las expresiones de deseo, yo sigo siendo cauto”. Agrega, como para reforzar su cautela, que Europa es hoy por hoy una incógnita demasiado grande, con bancos muy comprometidos; que el desempleo sigue en aumento y que eso mellará algunos ánimos. Y que si bien suena rimbombante que un país crezca al 7%, ese guarismo en el caso de China es de preocupación.

“En suma, mi percepción es que hay señales de que la economía ha dejado de caer con la velocidad que venía haciéndolo, pero de ahí a concluir que empieza una situación distinta, yo diría que es demasiado temprano”.

Desde la vereda de la bolsa, Juan Andrés Camus, de Celfin, también invita a la prudencia. “Es verdad que está ocurriendo un cambio de tendencia –o sea, que las caídas están siendo menos severas–, pero todavía seguimos cayendo. (…) Es más, yo creo que la recuperación va a ser relativamente lenta en el mundo, entre otras cosas porque ha habido una destrucción de riquezas tremenda que se estima en 50 trillones de dólares, lo que tiene un efecto potente en el consumo”.

Para Guillermo Le Fort, una explicación para la cierta sensación de alivio que se observa en ciertos círculos “se debe a un cambio de expectativas de quienes eran extremadamente pesimistas y pensaban virtualmente que la recuperación, más que lenta, no iba a existir. Pero ese cambio de expectativas es muy distinto a señalar que estemos llegando al fin de la recesión. Creo que estamos en medio de ella, más allá de algunas indicaciones de que el ritmo de caída es menor”. Todos concuerdan en que de alguna manera las informaciones disponibles hablan de distintas dimensiones de la realidad. Francisco Garcés dice que una cosa es lo que ocurre en el plano financiero, donde hay síntomas optimistas (con tasas bajísimas, potentes inyecciones de liquidez y repunte de las bolsas), y otra muy distinta lo que sucede en el plano real. Acá, cuestiones tan concretas como las ventas, el empleo y la producción están y seguirán cayendo por un buen rato.

De ahí, que estos sean días de esquizofrenia.

Ahora si a usted eso le parece poco, tenemos más ingredientes para ponerle a la sopa. Uno de ellos es la forma en que se miden las cosas. Si usted usa variaciones en 12 meses, sin duda que se encontrará con caídas brutales, de esas que paran los pelos. Pero si hace el mismo ejercicio contra meses o trimestres inmediatamente anteriores, podría ver otra película, una donde las cosas no se ven verticales, sino que diagonales.

Añada a eso un punto que anota a pie de página el ex presidente del Banco Central, Andrés Bianchi: “creo que en este asunto hay que tener una enorme humildad intelectual, porque si uno analiza todos los pronósticos, la conclusión es clara: esta fue una crisis que muy pocos previeron y su magnitud fue mayor de lo que se podía pensar. De hecho, ha habido confesiones tan importantes como la de Greenspan, que reconoció que estuvo equivocado”. O sea, acá nadie tiene la bola de cristal.

Ligado a lo anterior, añade Bianchi, está el que esta es una crisis sin precedentes, por la región desde donde semana, porque es realmente global y porque a décadas de la Gran Depresión el mundo es distinto y no sólo están Estados Unidos y Europa, sino que hay un “resto” no menor, que incluye por cierto a China. “Y otro elemento clave es el rol que cumple el nivel de confianza de los agentes económicos, y que está muy relacionado con la velocidad con que se transmite la información. Hoy la información es instantánea y eso potencia la importancia de la confianza”.

A proposito de confianza

Ahora bien, y retomando eso de los estados de ánimo maniaco depresivos, ¿qué rol le cabe a las expectativas en todo esto? Si por meses los agentes económicos se dejaron llevar por la histeria y corrieron desaforados por los parquets de las bolsas con ojos llorosos, ¿podría una vez que pase lo peor invertirse la situación con una potente euforia de signo positivo?

Tiramos la pelota y Le Fort la toma de entrada: “creo que el elemento de expectativa más importante está relacionado con el mercado financiero, porque se ha conseguido evitar que el deterioro se generalice como amenazaba hacerlo a fines del año pasado (…) Sin embargo, en materia de ingresos reales, creo que no estamos libres de problemas. En Estados Unidos, a pesar de que dicen que hay una recuperación en algunos ámbitos de consumo, es algo marginal. Los consumidores están con una situación de ingreso bastante complicada que hace pensar que se avecina un periodo más o menos largo de crecimiento lento para el consumo. Los americanos tienen todavía que reconstruir su patrimonio destruido”.

Pero a no deprimirse, porque Le Fort añade a renglón seguido que a nivel global hay una diferencia importante con crisis anteriores: “la economía norteamericana, la japonesa, la europea, todas las economías desarrolladas representan menos del 50% del PIB mundial, y hay otro 40% o 50% que lo representan las economías emergentes en desarrollo o economías avanzadas más pequeñas que no están tan afectadas por la crisis, las cuales pueden ser un factor de recuperación. Reconocer esa situación podría explicar que los mercados sean menos pesimistas”.

 

 

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Es más, Garcés cree que el cambio en las expectativas va a favorecer a aquellos países que estén mejor preparados. “La recuperación no va a ser homogénea, habrá países que van a poder salir más rápido; por ejemplo Singapur, porque está pensando en políticas de integración económica y competitividad que le van a favorecer mucho”.

Otra variable clave para analizar el factor expectativas tiene que ver con los billetes. “Hay que tener en cuenta que este es un mundo en el que hay una gran liquidez –dice Patricio Rojas–, una gran cantidad de dinero que, cuando cambie el signo, va a salir buscar retornos mayores. Este es un elemento que se ve: la sensación de oportunidad. Pero ojo, que así como es posible que buscando expectativas podamos salir de esto más rápido, también eso puede llevarnos a tener partidas falsas, lo que es un elemento que no es fácil de manejar”, advierte.

“Yo añadiría otra nota de cautela –agrega Garcés–. Es cierto que hay una gran riqueza que se ha acumulado todos estos años y que hay una gran liquidez escondida que va a aparecer (no gradualmente, sino bruscamente, cuando cambien las expectativas), pero el impacto de esa liquidez acumulada junto a la que se ha creado puede producir un shock muy fuerte si no hay una capacidad para retirarla”.

Y aunque esta abundancia se está manifestando en ciertos mercados, Juan Andrés Camus dice que hay que esperar los resultados de las empresas del primer trimestre para ver si realmente las acciones están caras o baratas, porque ahora el principal impulso del mercado tiene que ver más con la caída brutal de la tasa de interés que con otras cosas. “Ha habido un cambio. Hubo mucha gente que se fue a activos menos riesgosos el último trimestre del año pasado y que ahora está de vuelta al ver que las rentabilidades nominales y reales de los instrumentos de renta fija son significativamente más bajos”.

A su juicio, las bolsas rebotaron en forma bastante insólita, porque se ha transmitido en el mundo la idea de que habríamos tocado fondo, “pero eso todavía está por verse. Es más, si me preguntan más bien diría que las tasas de crecimiento hacia adelante van a ser mucho más bajas (…) Así que al mercado bursátil hay que mirarlo con cautela, aunque es cierto que hay oportunidades y que hay gente que ha sabido hacer bien el timing de salir y de entrar”.

En el caso de los commodities, el desempeño que han mostrado los precios requiere un análisis distinto, dice Rojas. “Claramente hay algunos que están asociados al proceso de urbanización en China y que quizás se han movido por algo de especulación por lo sucedido con los inventarios y la poca claridad de si China va a crecer al 7% o al 8% (en este grupo está el cobre) y hay otros, algunos alimentos en general e insumos para bienes durables, que han continuado con precios relativamente bajos”.

Respecto del petróleo, añade, los precios de 20-30 dólares de hace unos años probablemente ya no son de equilibrio, porque hay más claridad de su escasez y del aumento de la demanda. “Como sea, mi percepción es que en los commodities en general viene un periodo bastante flaco en términos de precios, porque los próximos años van a ser de crecimientos muy bajos”, concluye.

Tropiezo alfabetico

Hasta ahora se ha hablado de ciclos en forma de V, de L y de U cuando se trata de describir la performance deesta crisis. Sin embargo, el abecedario es bastante más extenso. Sin echarlo para la chacota, ¿qué probabilidad hay de que vivamos un proceso distinto a los tres mencionados?

Difícil saberlo. “Entre otras cosas diría que es prematuro sacar conclusiones, porque incluso el precedente de la Gran Depresión nos muestra que hubo un periodo en que la bolsa creció fuertemente y después volvió a caer, y que la crisis que el año 33 aparecía como que había terminado… resurgió”, dice Bianchi.

Y añade: “si uno mira el escenario internacional, por un lado está China, en donde aparentemente la evolución no va a ser tan espectacular aunque continuaría siendo positiva y, por otro, está Estados Unidos, donde también los últimos indicadores muestran algunos sectores donde el ritmo de caída está empezando a disminuir; lo que, como todos sabemos, es el primer paso para la recuperación. Sin embargo, por otro lado están Japón, donde todas las cifras muestran que la situación es verdaderamentedesastrosa y Europa que, como ya se ha dicho, no sólo tiene economías más rígidas sino que también tiene una dependencia y una exposición muy grande a la situación de oriental”. Lo que pase, concuerdan nuestros panelistas, dependerá de cómo se dé el ajuste en la economía mundial. “Es cierto que EEUU tiene que contraer su gasto, porque estaba con un tremendo déficit de cuenta corriente, pero esa no puede ser la única forma como se ajuste la economía si queremos evitar que esta recesión se prolongue. Si solamente el ajuste se va a hacer sobre la base de una contracción en los países deficitarios, tenemos una tremenda asimetría que determinará que la economía global se achica como forma de solución. Necesitamos una complementación, lo que supone una expansión en aquellas economías superavitarias que están al otro lado del déficit de Estados Unidos. Y necesitamos organismos internacionales que estén dispuestos a apoyar esa expansión de las economías emergentes”, apunta Le Fort.

A este nivel, el debate se centra en el rol que le cabe a China. Mientras Bianchi dice que al coloso de oriente le corresponde un papel fundamental, Camus recuerda que en los países asiáticos hay aspectos culturales difíciles de vencer en cuanto a su preferencia por el ahorro. Aunque, claro está, en el caso de China la cuestión puede ser distinta porque si se les apaga el motor del crecimiento, las autoridades encenderán el otro, ya que no se pueden dar el lujo de crecer menos que 8%, por razones políticas y sociales.

Otra variable crítica que incidirá sobre la forma que tome el ciclo tiene que ver con Europa Oriental y la exposición de los bancos europeos, particularmente de Austria, Italia, Suiza, Inglaterra y Alemania. “Este es un riesgo latente que hay que mirar cuidadosamente, pero que puede ser compensado con los acuerdos del G20 y el aumento de los recursos del FMI. Con todo, es importante que la disponibilidad de estos recursos sea expedita, porque hay aspectos institucionales que puedan demorarlos”, previene Francisco Garcés.

Como sea que se dé el abecedario de la crisis, Illanes invita a mirar las cosas con perspectiva histórica: “el mundo enfrenta esta crisis desde una posición de riqueza muy distinta a la del año 30. Así que por grave que sea la crisis, las consecuencias humanas van a ser mucho menores. Es cierto que ha habido una destrucción de riqueza, pero hoy partimos de un punto inicial de riqueza infinitamente superior. El mundo hoy es tremendamente rico y puede absorber y ayudar a muchos sectores de la población que en ese momento quizás no pudieron ser ayudados en la misma forma. Además, hay todo un aprendizaje de los errores y creo que hoy las políticas están mucho mejor enfocadas”. Buen punto.

Chile, tan lejos tan cerca

No, Chile no es invulnerable, pero todo indica que el grado en que nos ha afectado la actual crisis ha sido y será menor en comparación con los efectos que tuvieron otras turbulencias en el pasado. “Eso se explica, de manera muy importante, por la capacidad de desarrollar instituciones para enfrentar el ciclo apropiadamente. Mientras la economía internacional va a tener una contracción importante este año, Chile puede colocarse en torno a cero o con una caída relativamente moderada, lo que dependerá de la capacidad de la política monetaria de continuar poniendo un impulso, de la política fiscal de generar alguna expansión de gasto y alguna reducción tributaria en el transcurso de este año que afirme en algo el consumo, que se ve muy debilitado”, dice Le Fort.

Se suma a eso, añade Garcés, que nuestro país exhibe una canasta de exportaciones menos vulnerables que países como Corea o Japón, y acaba de confirmar que cuenta con acceso a recursos, como quedó refrendado con el reciente upgrade del riesgo país.

Para Andrés Bianchi, esta situación debe ser ponderada en forma superlativa, como lo han hecho por ejemplo “entidades que no son exactamente pro chilenas como The Economist o The Financial Times cuando afirman que the West has a lot to learn about Chile”.

Y a riesgo de ser un poco auto referente (ya que preside el Consejo Asesor Financiero del ministerio de Hacienda), el economista destaca la política fiscal anti cíclica a través de los fondos soberanos. “Y lo digo no sólo porque existen, sino porque esas políticas han sido manejadas con cautela. De hecho, cuando empezó esta crisis y vimos lo que estaba sucediendo en el mundo el Consejo sugirió al ministro suspender el proceso de diversificación, a pesar de que se había avanzado mucho en contratar empresas administradoras de acciones y bonos. Eso nos salvó de situaciones como las que han enfrentado los fondos soberanos de los países más respetables del mundo, empezando por Singapur o Noruega”.

 

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Ernesto Illanes pide ir más allá, porque en “Chile no sólo tenemos buenas instituciones, sino que también buena gente. Le ponemos demasiado énfasis, por ejemplo, a la independencia del Banco Central, pero esa independencia con malos técnicos sería un desastre. Este cierto consenso que hay en distintos ámbitos respecto de los fundamentos de las políticas económicas no es una cosa gratuita, se ha construido gracias a que existe un grupo vasto, que se reparte en todas partes de gente muy bien preparada”.

Y esto no es un punto secundario, porque “cómo se sale de la crisis también es clave. De la del año 30 no salimos bien y el país se estancó por décadas. En cambio, ahora creo que Chile no necesita grandes reformas estructurales, porque tenemos una economía sana y diversificada”, remata Illanes.

 

 


Desde Icare

Quisimos conocer qué se está pensando en el “sector real”. Para eso, acudimos al Círculo de Negocios y Finanzas de Icare, desde donde nos aportaron su visión un ejecutivo de la industria de las AFP y un empresario.


Un asunto de tiempo
Por Pablo Wagner, Vicepresidente AFP Cuprum

Al mirar la situación de Estado Unidos se revela que los datos negativos y las caídas pronunciadas podrían tender a moderarse y estabilizarse. En efecto, las ventas de viviendas, que habían caído casi 44% en enero, crecieron 17% en febrero y en marzo se registra un 5% de aumento en la solicitud de hipotecas. Todo lo anterior, fuertemente impulsado por el bajo precio de los inmuebles en el país del norte.

Por otra parte, a nivel bursátil, después de caídas estrepitosas en enero y febrero, se observan aumentos significativos del S&P 500 y Dow Jones. Si bien la volatilidad es alta, el índice VIX está en torno a los 37 puntos, lejos de los casi 90 de octubre del año pasado. Todavía es muy prematuro aventurar retornos esperados de las acciones americanas, pero la menor volatilidad, aunque alta, es una mejor señal. En línea con lo anterior, los resultados de algunos bancos y empresas importantes americanas, cercanos a lo proyectado por los analistas, traen cierta tranquilidad a los mercados y, asimismo, el hecho de que la inflación anualizada a febrero sea positiva aleja los fantasmas de una depresión.

Sin embargo, en Chile estimo que lo peor está por venir. Como buen tsunami, esta crisis nos está llegando con retraso. La caída de la producción industrial seguirá generando desempleo, el primer trimestre registraría una caída del PIB en torno a 2,5% y el segundo será aún peor. Todavía la curva tiene pendiente negativa. Hacia fin de año, por los paquetes fiscales, bajas tasas de interés y mayor cantidad de días hábiles, deberían registrarse mejores cifras de crecimiento.

Aunque lleguemos al fondo de la crisis, no sabemos su profundidad ni cuánto demorará la recuperación. Si ésta tiene forma de V, U o L, todavía está por verse.

 

 

De agraz, pero también de dulce
Por Heriberto Urzúa, Presidente Patagonia Inversiones

Las caídas de los mercados accionarios generalmente anticipan las crisis, cuestión que precede una posterior caída del sector real, que es cuando se ven los efectos en las empresas junto con el sector financiero, que es afectado por la debilidad de pago de aquél.

Hoy el diagnóstico está: los mercados han caído y los efectos en el sector real y bancario existen, aunque aún no se ven en su total magnitud; entre otras cosas, porque el consumo no ha disminuido en la medida esperada.

Con todo, algunas cosas están mejorando en el mundo y en Chile: la demanda y los precios de los commodities se han estabilizado; está cayendo la volatilidad de las bolsas y los mercados financieros; y las bajas en el costo del dinero para incentivar el consumo y la inversión harán que muchos proyectos pasen a ser rentables, aun con menos demanda.

Aunque las perspectivas para el sector real posiblemente seguirán golpeadas todo el año y probablemente se agravará la situación, general del mercado del consumo y el empleo, las autoridades están jugando un rol vital, dándole realismo a la situación junto con medidas pragmáticas que generan un foco de confianza, que es un pilar fundamental en todo este escenario.

En el caso de Chile, en tanto, se ven señales positivas en la forma de enfrentar esta crisis. En gran medida eso se debe a la austeridad pasada, que era criticada por sectores políticos, incluso de gobierno.

En síntesis, creo que a fines de este año las correcciones definitivas estarán realizadas y se verá un 2010 con mayor optimismo y realismo, para dar paso a un 2011 de gran desarrollo.


Cheap is cool

Cuando le pregunto a mi amigo Adam, ex consultor de la bolsa online, de qué manera este “reajuste” lo afecta, me dice que, lo crea o no, positivamente. “Estoy aprendiendo a ahorrar”, responde. Por María José Viera Gallo, desde Nueva York.


En Nueva York la crisis ya no pareciera entenderse con números, sino con palabras. Para muchos neoyorkinos, más que recesión al seco lo que está ocurriendo en sus vidas es un curioso trance que denominan rebalancing. Cuando le pregunto a mi amigo Adam, ex consultor de la bolsa online, de qué manera este “reajuste” lo afecta, me dice que lo crea o no, positivamente. “Estoy aprendiendo a ahorrar, a vivir con una base diaria más barata, a organizar mis prioridades de consumo. De cierta manera me estoy volviendo más responsable”.

Adam es uno de los tantos chicos que gozó de los años dorados de la bolsa, en los 90, y cuyos profits se expandieron a toda una gama de profesionales que con cierta ironía se reía de estar overpaid. Adam no es el único que acepta la crisis con buenos ojos. Nadie llora en Nueva York. La crisis tiene su propia versión en esta isla y está cambiando –tal vez por un largo período– la mente de sus habitantes: ya no importa cuánto ganas sino cómo vives; da lo mismo lo que gastas, sino en qué lo gastas. Los muy ricos siguen siendo muy ricos, los pobres están protegidos por el Estado, los inmigrantes ilegales son pagados al negro y la clase media está aprendiendo la receta del abuelito: ahorrar. Los jóvenes trabajan más duro, al menos mentalmente, y no rotan de trabajo según sus antojos. Vivir en Brooklyn parece más saludable que nunca y ningún veinteañero se horroriza si tiene que compartir un loft con más de tres personas. En una movida digna de los protagonistas de la serie Mad Men, la publicidad ya ha lanzado la nueva tendencia del 2009: ahorro y sobriedad, cenas a la luz de la velas en los Taco Bell, viajes familiares en las cercanías y no tickets al Caribe. Cheap is cool. Obama apela al espíritu de solidaridad de los americanos, tan olvidado en la sombría era Bush y sus restricciones le saca bronca a Wall Street. Oprah entrevista doctores que declaman que trabajar menos, o incluso estar cesante, es beneficioso para la salud.

Pero la publicidad y la política son una cosa. La realidad, otra.

Las primeras imágenes de esta recesión empiezan a brotar junto a la primavera: tiendas cerradas, taxis libres en las horas pick, desconocidos pidiéndote un cigarro, yuppis en el metro, filas en la entrada de los supermercados más baratos de la ciudad (como el muy trendy y orgánico Trader Joe), homeless, paranoia de criminalidad fuera de las fronteras de la segura Manhattan. Los turistas, especialmente los dotados de euros, están felices de comprar poleras Gap a 4 dólares mientras las neoyorkinas se entristecen por no poder abastecerse de lo que quisieran en la recién inaugurada Topshop de Kate Moss, en pleno Soho.

Unos meses atrás parecía impensable ver rejas abajo con letreros “todo tiene que partir hoy”, “cerrado temporalmente”, “superventa final”, “Sale 50%, 60%, 80%” o leer la carta de los menús de restaurantes y bares y sus especiales “almuerzo recesión”, “donde come uno comen dos”, “happy hour tiempos difíciles”. El humor americano salva el panorama, pero unos días atrás nadie se rió cuando anunciaron el cierre definitivo de la tienda de música Virgin Megastore.

En su última editorial en el New York Times Paul Krugman echaba para abajo el optimismo de una pronta recuperación con una particular teoría: las cosas no es que hayan dejado de empeorar, sino que están empeorando menos rápido.

Pero a Nueva York siempre le ha gustado regirse por su propio ADN. Acá todo cambia rápido y nunca para peor. Este no es el final de nada, sino el comienzo de algo, me dice Adam.