Por: Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter Ilustración: Ignacio Shiefelbein Ha sido una de las pocas excepciones en estos meses de silencio. Se conocieron en la campaña presidencial, conversaron algunas veces antes de que partiera como agregado a la embajada chilena en Madrid y, cuando se difundieron las declaraciones de Carlos Caszely criticando al partido Podemos, […]

  • 17 septiembre, 2015

Por: Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter
Ilustración: Ignacio Shiefelbein

peñailillo

Ha sido una de las pocas excepciones en estos meses de silencio. Se conocieron en la campaña presidencial, conversaron algunas veces antes de que partiera como agregado a la embajada chilena en Madrid y, cuando se difundieron las declaraciones de Carlos Caszely criticando al partido Podemos, lo que le costó el puesto, tuvo palabras de agradecimiento para el goleador: “Valoramos el tremendo trabajo que ha hecho Carlos en España”, dijo el sábado 11 de abril el entonces ministro Rodrigo Peñailillo.

Un mes después de ese episodio sería Peñailillo quien se despediría de su cargo, esta vez en la cima de la administración Bachelet, iniciando cuatro meses de retiro público, en que ha reducido al mínimo sus contactos políticos y sociales. Una de las pocas excepciones a esa regla sería precisamente con el “rey del metro cuadrado”, con quien –cuentan en el entorno del ex ministro– han hablado de vez en cuando y, más aún, compartido un asado en su casa de La Reina hace pocas semanas.

Los últimos meses han sido un período duro para Rodrigo Peñailillo, en que ha masticado con amargura como es que, en un tiempo tan corto –apenas tres meses entre el estallido del caso Caval y su salida de gabinete–, pasó de integrar el “círculo de hierro” de la mandataria, donde estuvo toda la última década, a dejarlo abruptamente y sólo tener frías conversaciones con ella en su última semana en Palacio. Distanciamiento que quedó de manifiesto con el sobrio abrazo protocolar que recibió de Bachelet en el salón Montt Varas, al ser sucedido en el cargo por Jorge Burgos.

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Ha sido un tiempo en que este ingeniero comercial de 41 años, se ha refugiado en sus afectos: en su mujer Carolina Saldaña y sus hijos, además del grupo de amigos del PPD –la mayoría, como él, provenientes de regiones y, hasta hace unos meses, distribuidos por diferentes reparticiones estatales– con quienes comenzó a entablar lazos durante la campaña para la elección de Ricardo Lagos. Un grupo que, aseguran sus cercanos, él se resiste a llamar G-90, nombre que acusa fue un invento del periodista Cristián Bofill. “Por cuántos años se ha hablado de los príncipes de la DC”, dice uno de los G-90, a quien no le preocupa el tema: “Al final, esos motes los pone la prensa”.

El G-90 lo integran Flavio Candia, Ricardo Vásquez, Harold Correa, Héctor Cucumides, entre otros. Algunos de ellos son quienes hoy se encargan de mantener informado al ex ministro de la actualidad, ya que, aseguran en su entorno, por tranquilidad mental, Peñailillo ha optado por no ver ni leer noticias. Son ellos también quienes lo han visto engordar unos kilos y, en estas últimas semanas, practicar en un pequeño gimnasio que tiene en su casa, para bajarlos.

En ellos se ha apoyado Peñailillo y también en sus asesores comunicacionales y estratégicos. Fue en mayo la primera vez que el ex ministro del Interior recibió en su casa a Enrique Correa, quien en estos meses se ha transformado en un apoyo importante para el ex ministro, no sólo en el manejo de la crisis y en cómo enfrentar la arista penal, sino también en ir armando un plan con miras al futuro.

Con Correa se han reunido, además de en la casa de Peñailillo, en las oficinas de Imaginacción, pero su contacto, tanto con él como con Juan Carvajal, que trabaja en la oficina de comunicaciones y que también es un ex miembro del círculo cercano de Michelle Bachelet, es principalmente telefónico. A ellos se suma el equipo jurídico. Éste lo integran Gabriel Zaliasnik y Rodrigo González y con opiniones jurídicas, Jorge Bofill, quien ha participado presencialmente en un par de reuniones a instancias de Enrique Correa. Ellos analizan los eventuales escenarios penales para el ex ministro, tanto por los trabajos que realizó para el recaudador político Giorgio Martelli, a través de la compañía AyN, como por los vuelos que realizó a Nueva York antes de que, la hoy mandataria, volviera a Chile para iniciar su campaña presidencial y por las supuestas presiones al ex director del Servicio de Impuestos Internos, Michel Jorratt. En el entorno del ex ministro consideran improbable una formalización de cargos por parte del Ministerio Público hacia él, lo que, dicen, es un aliciente para terminar con su ostracismo y dar sus próximos pasos.

 

Operación regreso

Distintos miembros de su entorno han escuchado a Peñailillo decir en estos meses que, desde que estalló el caso Caval, comprendió que vendrían cambios importantes y que muy probablemente pasarían por un cambio de ministros. También ha dicho que salir del gabinete nunca fue un problema para él, pero que “son importantes las formas” y que en su caso hubo declaraciones desde La Moneda y en el oficialismo, donde eso no se cuidó.

Es con este núcleo con quienes ha comentado también que está listo para comenzar a volver a escena. Cuentan que, tras recibir diferentes ofertas laborales, se siente preparado para salir del aislamiento que se ha autoimpuesto durante estos meses y volver a trabajar: esta vez, entrando al espacio público desde la academia.

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Peñailillo, quien tiene un magister en Análisis Político de la Universidad Complutense de Madrid, ha confidenciado a algunos miembros de su entorno que esto se concretaría en octubre, en un centro de investigación social y política de Santiago, donde espera poder plasmar sus ideas.
Por esas mismas semanas, dicen cercanos, el ex ministro tiene previsto dar entrevistas, donde destacará lo que considera su legado: el rumbo con que partió el gobierno de Michelle Bachelet y el programa de la Nueva Mayoría que, según ha dicho, siente se ha perdido en estos meses del denominado “segundo tiempo”. Todo esto de acuerdo al plan diseñado con Enrique Correa y su equipo.

Quienes más conocen a Rodrigo Peñailillo recalcan que él ha repetido que no dirá ni hará algo que pueda dañar a la mandataria. Pero en los últimos días, también ha dicho que entiende la lealtad como un camino de dos vías: con reciprocidad.

Estos planes van en paralelo a las posibilidades que otros miembros del G-90 están barajando como alternativas para las Municipales de 2016 y Parlamentarias 2017, más allá de la figura de Peñailillo, quien comenzó su carrera como gobernador de Concepción. La idea, cuentan miembros del grupo, es no concentrar todas las fichas en el ex ministro y aprovechar el posicionamiento en regiones de algunos de sus integrantes cercanos. Dos de éstos serían el subsecretario de Servicios Sociales, Juan Eduardo Faúndez, quien por su trabajo debe reunirse con comunidades de todo el país, y Ximena Órdenes, ex intendenta regional de Aysén, la que, si bien no es estrictamente G-90, es vista como cercana por el grupo.

Éstos son los planes del G-90 y de quien fuera el ministro más importante de Bachelet, el mismo que en reuniones privadas con empresarios afirmó que como Nueva Mayoría tenían cuatro años para instalar una socialdemocracia en Chile y que, algo más sutilmente, dejaba entrever que ya había pasado el momento de los políticos de la antigua Concertación.

Todo esto, claro, hasta que cayó en desgracia con la presidenta.

 

¿Plan viable?

El ex ministro Sergio Bitar, quien es considerado uno de los padrinos de la G-90, cuenta que tiene noticias de Rodrigo Peñailillo a través de su ex jefe de gabinete, Harold Correa. Dice que “no soy padrino, lo que siempre he hecho es entusiasmar a los jóvenes capaces de dedicarse a la vida pública y ayudar a formarlos”.

Para él, lo ocurrido con Peñailillo –pese al 53% de la población que lo evaluó negativamente en la encuesta CEP, registrando la mayor caída entre los políticos incluidos en la medición–, es reparable. “Qué político no ha tenido altibajos, si no los ha tenido no es político. Él fue el ministro del Interior más joven, logró después de 25 años de democracia capitanear el cambio al sistema electoral y eso no es menor. Donde han surgido inconvenientes es con la organización de precampaña antes de que la presidenta decidiera ser candidata, y siempre yo he dicho que me pareció importante y necesaria. Uno podía criticar la forma en que se hizo, pero no el propósito”, dice, y agrega que pese a lo ocurrido, cree que el ex ministro “ha tenido bastante temple, al ser sometido a una presión como la sufrida, procesar las decepciones propias de situaciones como ésta, estar en su casa gastándose su ahorros, antes de que las cosas se despejen y pueda comenzar una vida más normal”.

El ex ministro también opina sobre las posibilidades municipales del G-90, Juan Eduardo Faúndez y Ximena Órdenes: “Él es muy bueno, trabajaba en la Cepal, trabajó como director ejecutivo de la Fundación para la Democracia y lo hizo muy bien (…) Ximena es una tremenda candidata y espero que lo sea en la Región de Aysén. Creo que es una mujer de mucho sentido público”, dice.

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Una opinión distinta tiene el analista político Max Colodro, quien dice que “en el corto plazo no le veo ninguna posibilidad de que se inserte en la política activa, porque de alguna manera salió muy cuestionado del Ministerio del Interior y tiene todavía que responder por el tema de la precampaña, de donde salieron esos recursos, sobre si la presidenta estaba al tanto o no, algo que no quiso responder cuando estuvo frente al fiscal. Todavía hay temas pendientes que lo complican en su reinstalación en la política”.

Hacia el futuro ve hipotéticas posibilidades para el ex ministro, pero dependiendo de qué ocurra con la investigación. “Eventualmente puede intentar ser candidato a diputado por su zona, sólo en la medida que logre despejar la arista judicial”, advierte.

 

El quiebre

Antes de iniciar su plan de regreso, Peñailillo se dedicó a masticar en estos cuatro meses una y otra vez cómo fue que cayó en desgracia con Michelle Bachelet. Según afirman sus cercanos, una de sus conclusiones es que la razón es sencilla: en una década se va desgastando una relación. Más allá de esto, dicen sus cercanos, el ex ministro tiene claro que el punto de inflexión en su vínculo con la mandataria fue el caso Caval.

En su entorno aseguran que él no considera que el elemento decisivo haya sido que, por ejemplo, no tomó un helicóptero para ir a buscar a la mandataria al lago Caburgua en febrero. Más bien, el punto clave, según ha dicho a sus cercanos, fue que Michelle Bachelet no habría sido capaz de hacer lo que hizo en 2005, cuando su hija Francisca Dávalos fue detenida tras chocar con un taxi, con algunos tragos demás. En esa oportunidad, a las pocas horas la mandataria dijo públicamente: “Ella es una niña mayor de 21 años, es mayor de edad y se le hicieron todos los procedimientos como cualquier chilena, como corresponde y va a asumir todas las responsabilidades que correspondan”.

En vez de un mea culpa, en el entorno de Peñailillo afirman que éste considera que el motivo principal de la bola de nieve que se generó en el caso –y que es uno de los elementos que tiene a la presidenta con un 22% de aprobación de acuerdo a la última encuesta CEP–, es que no habría tenido la misma actitud oportuna y severa con su primogénito.

A partir de allí fue aumentando el distanciamiento con la Mandataria –se revelaron los trabajos que el ex ministro realizó para AyN y los viajes a Nueva York–, hasta que la presidenta tomó la determinación de iniciar lo que se ha denominado el segundo tiempo.

Esas últimas horas suyas en Palacio son una historia que en el entorno más próximo de Rodrigo Peñailillo conocen bien. El 8 de mayo, poco antes de partir a Canal 13 para dar una entrevista a Don Francisco –en que pediría la renuncia a todos sus ministros y en que se autoimpondría un plazo de 72 horas para resolver quién se iría y quién no–, Michelle Bachelet le comentó a su hasta entonces ministro del Interior, el anuncio de que iba realizar en el programa. Éste le habría preguntado de dónde venía la idea –si de su jefa de gabinete, Ana Lya Uriarte, o de alguien más–, pero ella habría preferido no entregar detalles. Las relaciones ya estaban cortadas.

Bachelet y Peñailillo sólo habrían conversado una vez más antes de la ceremonia en el salón Montt Varas, en que dejó el cargo. En esta última cita, él le habría preguntado por la decisión que tomó con los demás secretarios de Estado –él entendía desde el primer encuentro que ya estaba fuera–, y la presidenta le habría dicho que no tomaba una determinación todavía. Fue una reafirmación del corte de la relación.

En el G-90 dicen que Peñailillo ha reiterado que hasta hoy no ha visto la entrevista que dio la mandataria a Canal 13. Más aún, sostienen que ha confidenciado su mala opinión sobre la forma en que se tomó la decisión del cambio de gabinete. “Hacer eso es de un país bananero”, aseguran estas fuentes, ha dicho quien acompañó a Bachelet durante la última década, como jefe de gabinete en su primer gobierno, período en que era considerado la voz de la mandataria, y como el ministro más poderoso del segundo piso, durante los 14 meses que permaneció en la segunda administración.

Más aún, el ex hombre fuerte de La Moneda ha asegurado en su entorno que en este segundo tiempo ha quedado de manifiesto la falta de liderazgo de Bachelet, la que antes era contenida por su círculo de confianza.

 

Meses de ostracismo

En el entorno del ex ministro aseguran que, en los primeros días tras dejar el gobierno, Peñailillo no pensó tanto en su alejamiento de La Moneda como en la muerte de su secretaria, Myriam Oyarzún. La Moneda informó el 12 de mayo que había sufrido un infarto al miocardio. “Empezó esa misma noche con dolores, fue por todo esto”, habría dicho Peñailillo a su círculo de confianza.

Tras su salida del gobierno, el ex ministro, dicen en su entorno, viajó al norte del país, pero cuando se enteró de la muerte de Oyarzún, volvió de inmediato a Santiago para participar del velorio que encabezó el sacerdote Mariano Puga. Tomando, eso sí, la precaución de ir más tarde a la ceremonia, cuando no hubiera periodistas ni camarógrafos, dando la pauta de lo que sería su comportamiento en los meses siguientes.

Entre mayo y este mes de septiembre, el ex ministro ha recibido a sus más cercanos en el condominio donde vive en La Reina, pero ha evitado circular por lugares públicos, donde pudiera ser reconocido. Sus cercanos cuentan que, por ejemplo, no fue a las fondas del colegio de sus hijos. Ocasionalmente, ha arrendado una casa en el balneario de Tunquén, pero no mucho más.

Las dificultades económicas también han sido parte de los días de Peñailillo. Su mujer no tiene trabajo remunerado, por lo que el ex ministro sopesó la posibilidad de dejar la casa que arrienda en La Reina, lo que finalmente no ocurrió. Cuentan que el ex ministro evaluó, en caso de que tuviera que buscar otra vivienda, ir a ver las alternativas de noche para evitarse la exposición.

Tras salir del gabinete, aseguran sus cercanos, cambió de celular, pese a lo cual ha recibido, en forma directa o indirecta, mensajes de distintos sectores, partiendo por comunicaciones de los presidentes de partidos: desde el senador UDI Hernán Larraín, el senador DC Jorge Pizarro, hasta del senador Jaime Quintana, de su tienda, el PPD, le han mandado señales de apoyo. A esto se suman políticos de diferentes sectores. Con pocos ha aceptado reunirse. Uno de los que sí lo ha visto, cuentan, es el hijo del timonel DC, Jorge Pizarro Cristi, amigo de Peñailillo, quien también hasta hace algunos meses trabajaba en el Gobierno como vicepresidente ejecutivo del Comité de Inversiones Extranjeras, cargo del cual renunció luego de que el Servicio de Impuestos Internos presentara una denuncia en su contra por presuntas irregularidades en boletas y facturas pagadas por SQM a su firma Ventus Consulting.

Así como él, son varios los que caídos en desgracia por los últimos acontecimientos, intentan hoy rearmarse para volver a ser una opción política. •••