Fácil vino, fácil se fue. El viaje de Jerry Yang al mando de Yahoo! llegó a su fin. No hay llantos, ni pena, sólo la urgencia de la empresa de ser capaz de elegir un sucesor a la altura del cargo. La empresa está mal, las acciones en el suelo y se perdió toda la mística. Definitivamente, el asunto no se ve fácil. Pero es quizás ese el mayor consuelo: no importa quién sea el ejecutivo que llegue, porque dicen que no lo va hacer peor que el que se va.

  • 27 noviembre, 2008

Fácil vino, fácil se fue. El viaje de Jerry Yang al mando de Yahoo! llegó a su fin. No hay llantos, ni pena, sólo la urgencia de la empresa de ser capaz de elegir un sucesor a la altura del cargo. La empresa está mal, las acciones en el suelo y se perdió toda la mística. Definitivamente, el asunto no se ve fácil. Pero es quizás ese el mayor consuelo: no importa quién sea el ejecutivo que llegue, porque dicen que no lo va hacer peor que el que se va. Por Federico Willoughby Olivos.

La buena noticia es que Jerry Yang no es más CEO de Yahoo!, la mala, es que Barack Obama, él único que los podía salvar, ya consiguió trabajo”, ha sido el chiste de moda en Silicon Valley durante las últimas dos semanas.

Increíble pero cierto, la salida del fundador de la puntocom fue recibida casi unánimemente como la primera buena noticia que da la empresa de Internet en años. Lo que no es poco decir si consideramos que el sitio mantiene la mayor cantidad de tráfico del mundo (con más de 600 millones de visitas únicas), que su web de noticias logró el día de las elecciones norteamericanas la mayor cantidad de audiencia en línea de la historia (7,6 millones de visitantes únicos), que en septiembre Yahoo! Video superó a MySpace como el segundo favorito a la hora de buscar videos (todos siempre después de YouTube, claro está) y que Barack Obama eligió el sitio de fotos de Yahoo!, Flickr, para publicar el primer set de imágenes familiares/íntimas después de haber sido electo.

A eso hay que sumarle que son una de las marcas más prestigiosas de Internet, favoritos de las agencias de publicidad norteamericanas a la hora de realizar campañas, tienen una presencia sólida en los siempre apetecidos mercados de Asia y, entre otras cosas, son dueños de Twitter, una aplicaciones web 2.0 con un potencial sólo comparable al de Facebook.

Entonces, ¿por qué tantas ganas de que se fuera el jefe?

Pasa que Yang, padre fundador de la puntocom, llegó al puesto de CEO el año pasado prometiendo salvar, de una vez por todas, la empresa. Y ganas tenía. “Soy el que más entiendo a Yahoo! y estoy seguro de que puedo cerrar la brecha entre lo que somos y lo que tenemos que ser. No van a existir vacas sagradas, se va a revisar toda la operación y la idea es movernos rápido para volver a ser líderes”, señaló con decisión al momento de asumir.

Yang, llegaba a sustituir a Terry Semel –un ex director de los estudios Warner de la vieja escuela– que durante 6 años llevó a Yahoo! por un agresivo modelo de negocios que tuvo como principal norte el aumentar el tráfico de visitas, con el fin de atraer al creciente mercado de la publicidad en línea. Para eso, convirtió el otrora sitio de búsqueda en una suerte de nirvana de los servicios, donde hay de todo y para todos (mail, conexiones a Internet, información financiera, trailers de películas, ofertas de trabajo, noticias, juegos…)

Y si bien su estrategia funcionó, Semel (que dicen no tenía ni e-mail cuando llego a Yahoo!) cometió el gravísimo error de subestimar a Google.

La aplicación se diferenció de Yahoo! en cuanto a que su modelo de negocios se basó en agregar, a la respuesta de la búsqueda consultada, unos pequeños avisos relacionados (una tecnología que ha sido denominada como el invento más importante de la era Internet después del e-mail y que actualmente es una industria que mueve más de 15 mil millones de dólares al año).

Ese fue el primer error de Semel. No ver que el negocio también pasaba por juntar, de una manera dinámica, la búsqueda con la publicidad, y no descansar en los banners como “la” forma de capitalizar el sitio. Su segundo error, y el que más dolió a los inversionistas, fue el no comprar Google cuando pudo (se lo ofrecieron barato); y el tercero, el que lo sepultó de una vez por todas, fue cuando a último minuto ofreció 800 millones de dólares en vez de los mil millones que había prometido originalmente por Facebook y que habían sido aceptados. Su desacierto hizo que Facebook se levantara de la mesa para nunca más negociar con Yahoo!. Todo mal.

Con esos antecedentes, la confianza de los accionistas bajó y a Semel no le quedó otra que partir. Después de 6 años a cargo se iba, y más que extrañarlo, la empresa vio en su partida una oportunidad. Era la posibilidad de, finalmente, contratar un ejecutivo que los llevara al siguiente nivel, alguien que entendiera la industria, que entendiera Yahoo! y que no tuviera dudas a la hora de ordenar una organización que ya nadie sabía muy bien a qué se dedicaba. Era el momento de Jerry Yang, pero… ¿era el momento de Jerry Yang?

El hombre de la casa

Cuando Yang, en 1994, fundó Yahoo! tuvo como gran inspiración a Steve Jobs. Devoto usuario de Mac –siempre se jactó de no usar nada que tuviera Microsoft en la pantalla–, siempre miró al inventor del iPod como el tipo de persona a la cual más le gustaría parecerse. Por lo mismo, cuando hace 17 meses se presentó como el nuevo CEO de Yahoo! más de uno comparó el momento con la vuelta de Jobs a Apple. Se repetía la historia. El creador, la mente innovadora detrás del nacimiento de la empresa, el tipo que se había mantenido al margen de los periodos turbulentos y confusos, se ponía al frente, listo para aportar la visión que necesitaban para salir de la crisis.

 
Hacia el 2000 los fundadores de Yahoo
David Filo y Jerry Yang bregaban por acuñarse
como un ícono

 

De hecho, una de las primeras sorpresas que dio Yang ocurrió al mes de haber asumido. Sin avisar el motivo, reunió en los cuarteles generales de la empresa en Sunnyvale, a los 300 sueldos más altos para lo que sería un intenso día de trabajo. Pero en vez de revisar estrategias o números, la reunión partió con un tipo de anteojos delgados, relativamente alto y con un beattle negro que se dirigió a los presentes y les dijo: “hola, probablemente me conocen, soy Steve Jobs y les quiero hablar de cómo una empresa puede salir de una crisis”.

Fue un buen inicio. Si Yang era capaz de hacer la mitad de lo que Jobs había hecho por Apple, Yahoo! seguro que sobreviviría. Pero, desafortunadamente, Yang no es Jobs. Mientras el fundador de Yahoo! es conocido por ser un buen tipo, amigo de todos y profundamente preocupado de las personas y su ambiente, Jobs en cambio tiene un ego más grande que la vida, entiende por visión de empresa lo que él diga y no ve el consenso como algo positivo. Tres características, que nos guste o no, han sido claves en su éxito a cargo de la empresa de la manzanita.

Y si Yang no es Jobs, era bien difícil que pudiera hacer lo que hizo Jobs. Es más, era probable que su paso a cargo de la empresa se terminase estudiando como todo lo que un CEO no debe hacer. Y así nomás parece que será.

De partida, prometió una reestructuración total, un enfoque nuevo en el negocio y, sobre todo, otorgar la capacidad de moverse a la velocidad que la crisis lo exigía. Pero nada de eso sucedió. Silicon Valley esperó pacientemente anuncios que nunca llegaron y muchos de sus mejores ejecutivos se fueron a otras empresas. Peor: en todos sus meses a cargo, Yang no fue capaz de tomar el toro por las astas y señalar el nuevo camino. Y curiosamente, el único momento en que mostró carácter fue el que terminó precipitando su salida. Ocurrió el el de febrero de este año cuando Microsoft hizo una oferta no solicitada por Yahoo! proponiendo comprar cada acción en 31 dólares (un 62% más del precio al que habían cerrado a fines de enero). La idea era potenciar ambas compañías y hacer frente al liderazgo de Google en el negocio de los buscadores. Pese a que la idea tuvo bastante aceptación (las acciones de Yahoo! subieron al día siguiente del anuncio un 48%), el negocio encontró un pequeño gran problema: el propio Jerry.

El entonces CEO, que nunca ha podido soportar a Microsoft, se negó a la posibilidad de que su empresa terminara en las manos de Gates. Pero Microsoft insistió y en mayo ofreció 33 dólares por acción (algo así como 48 mil millones de dólares, el triple de lo que vale ahora). En respuesta Yahoo! hizo una contraoferta pidiendo 37 dólares por acción. Suma que Microsoft no estuvo dispuesta a pagar y tras 3 meses de negociaciones simplemente se llevó su ofrecimiento y dejó a Yahoo! con los mismos problemas de antes, más la presión extra de muchos accionistas y empleados que sí consideraban generosos los números de Microsoft y que, pese a las largas explicaciones del directorio, no se pudieron quitar de la boca el gusto amargo de que, a la larga, más que los números, el negocio no había prosperado porque a Yang no le gusta ocupar Windows.

Así las cosas, la última jugada de Yang fue acercarse a Google. Entre ambas empresas firmaron una asociación en la cual potenciaban mutuamente la presencia de avisaje. La idea no era mala y hubiera significado para Yahoo! Un aumento estimado de 800 millones de dólares en ganancias y una inyección, en los primeros 12 meses, de 250 a 450 millones de dólares en liquidez. El único problema es que apenas se oficializó, las autoridades antimonopolio norteamericanas anunciaron que bloquearían la medida. Google ni siquiera preparó una defensa y simplemente se alejó de la sociedad y de paso, dejó a Yahoo! mal y a Yang, mucho peor.

 

 


Empresa líder en Internet busca CEO

Tras el traspié con Google, era cosa de días para que el CEO renunciara. Sin cambios de estructura, sin nuevas sociedades ni nuevos negocios, con una acción que cada vez valía menos, ya nada podía impedir que a Yang lo reemplazaran. Y así fue. Hace unos días, en un memo que no tenía ninguna sola mayúscula (un excéntrico hasta el final), Yang anunció sus empleados que dejaba su cargo. No hubo desazón ni cundió el pánico, ese día en las oficinas de Sunnyvale hubo calma y hasta cierta esperanza sobre el futuro. En tanto, en la bolsa celebraron con un aumento de 8,7% en el valor de la acción de Yahoo!, una inequívoca señal de que a Yang ya nadie lo quería dirigiendo la empresa.

En los días posteriores, Microsoft ya anunció que estaba dispuesto a volver a sentarse a la mesa a negociar. Eso sí, aclaró que esta vez no quieren comprar la empresa entera (como era la oferta anterior) sino que está más interesado en adquirir exclusivamente el negocio de la herramienta de búsqueda.

No hay claridad sobre lo que suceda en adelante. Por ahora sólo sabemos que están buscando un nuevo CEO, alguien ejecutivo, inspirador, acostumbrado a dar vuelta los malos resultados, que no sea de la empresa pero que trasmita mística… En fin, mala suerte para ellos que no ganó McCain.