El primogénito del empresario homónimo lideró el negocio de la firma norteamericana Enphase Energy: en 2018 el family office compró acciones de la empresa en 84 millones de dólares y en mayo las vendió en 819 millones de dólares. La compañía Prescience acusó la millonaria transacción de información privilegiada y ayer el ingeniero comercial de 32 años salió a desmentirlo. Lee aquí su sello en los negocios.

  • 19 junio, 2020

El 22 de mayo Isidoro Quiroga Cortés (32) aterrizó desde San Francisco en Santiago. En lugar de ir a la casa de sus padres en Las Condes, se dirigió al campo que la familia tiene en la V Región, lugar donde creció junto a sus hermanos. Se quedó ahí para iniciar una cuarentena –ya que venía de Estados Unidos–, y desde entonces trabaja en ese recinto.

La pandemia no sólo cambió su residencia: tenía planeado casarse el 28 del mes pasado, pero junto a su novia decidieron postergar la ceremonia religiosa y, en su lugar, sólo oficiar el matrimonio civil. Su padre, Isidoro Quiroga Moreno, no fue: tiene 70 años y debía evitar riesgo de contagio. Eso sí, lo visitó los días posteriores y mantiene contacto diario.

En Norteamérica vivió jornadas agitadas: estuvo a cargo de la venta de un paquete de 13 millones acciones, equivalente al 11% de la compañía con base en California, Enphase Energy, que compró el family office Inversiones Benjamín (nombre en honor al abuelo de Quiroga Moreno) en 2018. El empresario entró a la propiedad de la firma, especialista en la fabricación de microinversores para paneles solares, en 2018, tras desembolsar 84 millones de dólares. Por la venta, informada a la Security Exchange Comission (SEC) de Estados Unidos el 22 de mayo, recibieron 819 millones de dólares, y una ganancia aproximada de 735 millones de dólares.

Aunque en el deal Quiroga Cortés, el mayor de los seis hijos del empresario, tuvo un rol protagónico pues fue él quien tentó al padre de comprar y quien monitoreó el negocio en California, no había querido aparecer públicamente: al igual que el patriarca lo caracteriza un bajo perfil y rehúye de la prensa. Sin embargo, ayer 18 de junio decidió romper con aquella tradición: el miércoles se hizo público un informe de la firma norteamericana Prescience Point Capital Management cuestionando la venta reciente. El escrito señala que se vendieron los títulos de manera inusualmente rápida, que los resultados de la firma estaban  manipulados, entre otras acusaciones.

Entonces, desde la V Región, Quiroga Cortés investigó a Prescience: comprobó que tiene una licencia de asesoría de inversiones en el estado de Luisiana, que tiene un solo trabajador -su fundador Eiad Asbhabi- y que no existe información ni dirección de la oficina. Conversó durante todo el día con su padre y llegó a la conclusión de que la entidad que los acusaba podría tener intereses comerciales detrás de sus palabras.

Entonces quiso hablar. “Todo lo que publica el informe relacionado con el Grupo Quiroga, es falso”, señaló a El Mercurio. En privado, además, dijo otra cosa: “Se le hizo caso a un documento que, en su letra chica, establecía que su acusación podría no ser cierta”.

A vivir a la ciudad

Isidoro Quiroga Moreno es oriundo de San Esteban, en las cercanías de Los Andes. Su padre era un agricultor de la zona, lo describen como alguien que no heredó una fortuna y lo catalogan como un “self made man”. Es ese el sello que ha inculcado en sus hijos, a quienes suele relatar sus aprendizajes en la agricultura: al egresar de la universidad fue uno de los pioneros en los cultivos de kiwis en Chile, también incursionó con éxito en el orégano y en las plantaciones en los cerros. Con el dinero que ganó entonces, se volcó hacia la actividad que lo ha hecho millonario: invertir en Bolsa.

Cuando el mayor de sus seis hijos finalizaba séptimo básico en el Colegio de Maristas, se mudaron a Santiago. Isidoro “hijo” y sus cuatro hermanos hombres entraron al Tabancura, mientras que la única mujer del clan, al Colegio Los Andes. Eso sí, aclara un cercano, no tienen vinculación con el Opus Dei pero fueron apoderados muy activos y la mayor parte de los paseos de curso, eran a Los Andes.

En esa época ya era fanático del ski, la gran pasión que comparte con su padre hasta hoy, y que lo llevó a competir en Europa y Estados Unidos y a refugiarse durante todos los inviernos en su departamento en La Parva. “Le gustan todos los deportes que se practiquen al aire libre. Pero sin duda el ski es su primera debilidad: si puede se escapa a algún lugar del mundo, incluso Japón, para practicarlo”, relatan de su entorno. El año pasado, en todo caso, sufrió una lesión que lo han hecho mantener el ejercicio en pausa.

De pocas palabras y reservado, era conocido por sus buenas notas y, en contraste, por su mala ortografía, falencia que se mantiene hasta hoy pero que él se toma con humor. Tras egresar de Ingeniería Comercial de la Universidad Católica –donde tampoco era conocido por ser el “típico” mateo de cuadernos ordenados, sino más bien todo lo contrario– entró a LarrainVial a trabajar como analista en el brazo de private equity de la firma. Los dos años que estuvo ahí su jefe fue José Antonio Jiménez. También tiene un vínculo estrecho con Manuel Bulnes, a quien conoció por ser vecino en un fundo familiar en Los Andes y por la cercanía con su padre. El empresario suele “pimponear” sus ideas de inversión en LarrainVial y fue cosechando una relación con la empresa. “Es parte de la casa. Además es muy amigo de Leonidas Vial”, relatan de la firma. Por lo mismo, parte de la tradición Quiroga, es que al titularse de la universidad todos pasen por el banco de inversión antes de entrar en el family office: así lo hizo Isidoro y sus dos hermanos, Benjamín (31) y Javier (27), ambos ingenieros civiles de la UC. Isidoro suele viajar junto a LarrainVial a rondas de inversiones en el extranjero y a reunirse con fondos internacionales: así llegó a Silicon Valley (lugar que conoció en 2017 por primera vez), a Buenos Aires y a Tel Aviv. “Participan en el fondo que creó Alejandro Weinstein para invertir en Israel”, cuentan.

Quienes trabajaron con él en LV cuentan que pese a su corta edad, ya devela una “osadía” fuera de la común en sus opciones para poner fichas sobre la mesa. “Su escuela es su casa, no es para menos”, aclara un cercano. “Uno se forma con el ejemplo que ve puertas adentro: el mío es el de un papá con un estilo bien campesino, muy trabajador y exigente”, suele decir a sus conocidos.

En 2013, y cuando recién cumplía 25 años, se inicia el proceso de aprendizaje más significativo para él: su padre le pidió que se encargue de Australis, la empresa que compró en 2003 y que se dedicaba al cultivo de salmones -en agua dulce en un principio, y luego en el mar- en la X Región.

Los peces

En el family office trabaja, además de los Quiroga, Martín Guiloff. Cuentan que el estilo que los caracteriza es buscar negocios simples y que ante todo evitan complicaciones. «Eso corre en todo sentido, es parte de su estilo de vida: si pueden tener un auto que no les traiga problemas, optarán por ello. Y, en vez de tener segunda vivienda, prefieren arrendar y evitar así mantenciones y complicaciones que se pueden derivar de ahí. Isidoro hijo, en eso es igual al padre», explica un amigo.

Otro asunto clave que el primogénito aprendió del padre, es buscar buenos socios, con relaciones de trabajo afines. En ese sentido destacan el caso de la start-up Acepta, empresa que ofrece diversas soluciones online en el ámbito de la administración y emisión de certificados, cuyo 50% les vendió Sonda en 2019 y que hoy es parte de la cartera que encabeza Benjamín Quiroga. «Todos los pasan bien ahí y tienen buena sintonía con los Navarro», indican del entorno familiar.

A su vez, dicen que que cuando el común de los inversionistas ven un problema, ellos ven una oportunidad. Eso ocurrió con Australis, incursión que se concretó en pleno virus ISA y en el que tuvieron complejidad para encontrar inversionistas. “Se hicieron rondas, pero nadie se sumó. Fue tan decepcionante como obvio”, cuenta un cercano.

El primogénito se fue a instalar a Puerto Varas, donde vivió prácticamente en un hotel. Fue su debut en los negocios familiares e hizo cambios drásticos a nivel de gerencia, en el equipo y entendió el core del negocio. Se invirtieron cerca de 120 millones en efectivo para mantener viva la empresa y, a fines del 2018, vendieron la salmonera a Joyvio, grupo chino que maneja sectores tan diversificados que van desde alimentos a la computación y que es matriz de Lenovo. El acuerdo, que se selló en más de 900 millones de dólares, se conoció como el negocio salmonero del siglo.

Entonces se rumoreó que Quiroga apuntaría a Silicon Valley. Y, de la mano del primogénito, así fue: tal como lo hizo con la pesquera en el sur de Chile, el año pasado estuvo prácticamente todo el tiempo viajando a Estados Unidos buscando una inversión. Así llegó a Enphase Energy.

Futuro

Por su estilo de vida del último tiempo, quienes lo conocen cuentan que lo del home office a él se le ha hecho relativamente simple. «Lleva cinco años viviendo entre hoteles, casas de amigos fuera de Chile, y su propia casa en Santiago. Es poco de ir a una oficina a sentarse, por lo que este nuevo hábito de trabajo a él le resulta familiar», explican de su círculo. Y, agregan, que una vez que pase la pandemia, lo más probable es que siga viajando y buscando oportunidades para invertir fuera de Chile.

“Varios creen que Australis fue el último negocio complejo en una industria desconocida para ellos. Su estilo es la inversión financiera y se mantendrán ahí. Eso sí, dónde ponen las fichas, no se sabe hasta que se concreta”, relatan de su entorno.

Y, en lo que varios coinciden, es que más allá de la responsabilidad que le cabe a Quiroga Cortés en Enphase, su padre quiso que él diera las explicaciones públicas porque lo está empoderando y porque tanto él como sus hermanos son los herederos de su fortuna. «Está claro que pese a la dimensión de sus últimas ventas, ellos están lejos de parar. Hay una camada de ‘Quirogas’ que viene en camino. Esto recién empieza», concluye un amigo.