Es una actividad económica cada vez más importante. Sus alcances merecen cada vez mayor reconocimiento. En la reutilización de materias no renovables hay un negocio y un desafío. También, un imperativo de contornos históricos y morales.

  • 13 julio, 2007

Es una actividad económica cada vez más importante. Sus alcances merecen cada vez mayor reconocimiento. En la reutilización de materias no renovables hay un negocio y un desafío. También, un imperativo de contornos históricos y morales. Por Franco Vera M.; fotos, Verónica Ortíz.

 

Es una actividad bastante nueva en el país. Según Conama, en 1997 en Chile se reciclaba solo el 1% de los desechos sólidos domiciliarios. Menos de diez años después, en el período 2005/2006, este porcentaje ya había subido a 12% y nadie duda que debería seguir en aumento en los años que vienen.

 

Pese a que las cifras suenan alentadoras, es una tarea que pocos chilenos están dispuestos a emprender, ya que implica donar parte del tiempo propio por una actividad que no es remunerada (pero sí muy gratificante). Al reciclar, estamos ayudando a formar una actividad económica en torno a los residuos sólidos domiciliarios. Según un estudio que realizó en 2005 la Universidad de Chile, por encargo de Gerdau AZA –empresa que depende en forma absoluta del reciclaje para su producción de acero– el número de trabajos que se generan solo en torno a la recolección de la chatarra, alcanza a los 178 mil puestos. Pero en su mayoría son trabajos informales que, sin embargo, dan sustento a miles de familias.

 

Lo concreto es que son millones las toneladas de desechos que en pocos años se evitaría mandar a los vertederos con un mínimo esfuerzo de segregación de desechos de nuestra parte. Esto significa: menor contaminación para los suelos y el aire, ahorro para los municipios por el menor peso en los camiones que van a los vertederos –los que cobran por kilo–, mayor vida útil para los rellenos sanitarios y, por supuesto, un futuro bastante menos tóxico para todos.

 

 

 

Reciclando mentalidades

 

 

Más allá de algunas estadísticas y proyectos en papel, la Conama no es precisamente la entidad que más sabe sobre el tema. En el mundo privado hay más masa crítica, estudios y material de análisis del reciclaje como negocio. La propia Conama lo entiende así, porque son buenos partners.

 

Son varias las empresas ambientalmente limpias que, además de cumplir con las normas medioambientales, están preocupadas de reducir sus emisiones contaminantes y desechos tóxicos. Cristalerías Chile partió en 1994 con la primera campaña de marketing del reciclaje, de la mano de Coaniquem. ¿La ubica? Sí, son esas campanas verdes que vemos en supermercados para recuperar botellas y vidrios.

 

“Lo que queríamos era lograr un cambio cultural en la gente. Un cambio en el comportamiento frente al cuidado del medioambiente. Por eso desde que partió la campaña comenzamos dando charlas en colegios. Del reciclaje en general y, obviamente, destacando nuestra campaña. Y ya van más de 700 mil niños favorecidos”, cuenta orgulloso Juan José Edwards, gerente comercial de Cristalerías Chile, conectado con la iniciativa desde los comienzos. “Queremos sembrar en los niños para que en el futuro haya una cultura de reciclaje y cuidado al medio ambiente, porque en los más grandes es difícil lograr conciencia. No se trata solo de reciclar, también hay una labor educacional importante”, explica el ejecutivo.

 

El mensaje ha caído en suelo abonado. Los niños son entusiastas colaboradores. Como si supieran que de ellos mismos depende su futuro. Por eso la educación es parte fundamental para que la sociedad empiece a entender que debe reciclar los desechos que ella misma genera. Es una responsabilidad, no pura buena onda. Con los adultos el asunto se pone cuesta arriba. ¿Qué gano con reciclar? Es un tema casi moral.

 

Pero tiene dimensiones muy concretas. Por de pronto, el reciclaje significa un gigantesco ahorro de energía. En Gerdau AZA calculan que con el reciclaje de chatarra realizado en la empresa se ahorra el equivalente al consumo eléctrico de toda la I Región. Efectivamente es muy inferior el gasto energético de fabricar barras de acero a partir de la fundición de chatarra que producirlas a partir de la extracción del hierro en las minas y su posterior conversión en acero.

 

Las plantas de cemento son otro buen ejemplo. El uso de neumáticos como insumo alternativo al carbón en la producción de cemento permite reducciones de costo de hasta un 20%.

 

Además se eliminan los neumáticos en desuso, gran problema para vertederos, ya que éstos no se hunden ni se descomponen con el resto de la basura; “flotan” y van quedando siempre en la superficie, generando focos de infección.

 

 

 

Galería de recicladores


 

 

420 mil toneladas de chatarra

 

Tres estadios nacionales llenos hasta el tope. Ese es el equivalente de la chatarra que recicla al año Gerdau AZA. Y prepárese, porque tiene planes de duplicar su capacidad de producción de aquí al 2010.

 

Gerdau AZA vive de la chatarra. “Si no la tuviéramos, no tendríamos materia prima”, explica Alex Ramos, ingeniero del área de RSE de la empresa. Esta funciona en un 100% en torno a la recuperación de estos desechos que, luego de procesarlos, reincorpora a la economía en un nuevo ciclo de vida. La empresa procesa 420 mil toneladas de chatarra y el acero resultante se destina en su totalidad al mercado chileno. Si hubiera que obtener el mismo volumen de acero por la vía tradicional –la minera– habría que explotar recursos naturales no renovables. Con ventajas adicionales, porque los procesos a partir de material reciclado son más eficientes: consumen menos energía y generan menos emisiones. En términos ambientales el reciclaje es amigable.

 

Gerdau AZA no tiene inconvenientes en trabajar sus procesos industriales en la Región Metropolitana. “Estamos muy por debajo de la norma –dice Alex Ramos– y, aun así, tenemos nuevos planes de reducción de emisiones. Incluso el material particulado del proceso de fundición es recuperado y reutilizado en la cadena de producción. Lo que es metálico se recupera, y lo que no, se almacena. Esto gracias a un captador de polvo que se instaló hace dos años, y en el que se invirtió alrededor de tres millones de dólares. Hay que aclarar que por entonces la empresa ya cumplía los estándares exigidos”.

 

Uno de los mitos más persistentes del reciclaje es que no sería un negocio rentable. Pero en Gerdau AZA están resueltos a combatirlo. El año 2004 la empresa se propuso llevar la planta a su máxima capacidad productiva, salió a comprar chatarra al mercado, incrementó su capacidad recolectora y en poco tiempo amplió en 35% el volumen de chatarra procesada. “Tenemos una cantidad adicional de proveedores que han invertido en este negocio, y que hoy son prósperos empresarios”, señala Alex Ramos.

 

¿Cuáles son las consideraciones especiales que hay que tener para hacer de este un negocio rentable? En simple, el reciclaje de chatarra debe complementarse con el de otros materiales: papel, cartón, vidrio y plástico. Así el negocio se diversifica, aumentan los clientes y se neutraliza la dependencia de una industria en particular.

 

 

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Un envase por segundo

 

35 millones de envases reciclados al año. Uno por segundo las 24 horas del día, los 365 días del año. Cristalerías Chile inició este trabajo pionero en 1994 junto a Coaniquem y hoy ya cuenta con más de 1.300 puntos de recolección en todo el país.

 

Son muchas las empresas que han seguido su ejemplo. Y se agradece. Cristalerías Chile introdujo el concepto del reciclaje permanente. Les costó años convencer a los supermercados y municipios que esta era una campaña seria y sistemática, y no un tiro al aire ni una cruzada de un par de meses. Pero había un reto más difícil: convencer a la gente de la responsabilidad asociada a la compra y uso de botellas y envases de vidrio.

 

“Yo tengo una responsabilidad con el medioambiente, así que llevo la botella al contenedor ¿Por qué? Porque el medioambiente es mío y es algo que me concierne. Y esta responsabilidad se complementa con la de las empresas que producen los envases y que los van a retirar”, explica Juan José Edwards, gerente comercial de Cristalerías Chile.

 

La empresa no busca generar utilidades con la recolección de botellas. Es solo un modo de obtener materia prima. Además, la campaña cuesta cara. Por los camiones que transportan el material, y por los contenedores que son traídos desde Italia con tecnología de punta. Son los mismos que se pueden encontrar en gran parte de Europa. Acá la gente los raya, les pega papeles, los quema… y,como hay que tenerlos en perfecto estado, se va mucho dinero en mantenerlos.

 

“Nos cuesta plata la campaña. Lo hacemos porque creemos que tenemos una responsabilidad al ser el principal productor de envases de vidrio del país. Una responsabilidad con el medioambiente y con la sociedad. Y, adicionalmente, también tenemos una labor social. Es por eso que nos hemos asociado con Coaniquem, de manera que todo el vidrio que se recicla vaya en directo beneficio para esta obra”, confiesa Edwards.

 

Cristalerías produce al año unos 800 millones de envases de vidrio. Se podrían reciclar todos ellos, pues el vidrio es 100% reutilizable. Sin embargo, hay varios factores que impiden que ello sea así. La primera merma está en que la gente no toma la iniciativa de llevar sus envases a los contenedores. La segunda se asocia a los altos volúmenes de exportación de vino embotellado que sale de Chile, en envases que pasan a ser irrecuperables. Sin embargo, los ejecutivos de Cristalerías estiman que perfectamente podrían llegar a reciclar 100 millones de envases por año.

 

El sílice es la materia prima del vidrio. Este se obtiene de la arena, y Cristalerías cuenta con sus propias minas de extracción. Sin embargo, el vidrio reciclado representa un 35% de su materia prima, sumando los retornos de la campaña de Coaniquem, lo que la empresa compra a otros recolectores y lo que sus mismas plantas desechan. Aquí también hay ahorro de energía puesto que se necesita menos para fundir vidrio que para fundir arena.

 

 

 

Los bosques urbanos

 

Sorepa es la filial de CMPC especializada en la recolección y compra de papeles y cartones. Recolecta 24 mil toneladas mensuales de papel para reciclaje en todo Chile.

 

Gonzalo García, secretario general de Empresas CMPC, dice que el reciclaje es una actividad tan importante que internamente hablan de las calles como de “nuestros bosques de papel reciclado”. En efecto, varios de los productos de la empresa incorporan altas proporciones de papel reciclado: algunos papeles tissue, el papel café para producir cajas de cartón (técnicamente conocido como papel liner y onda), las cajas de huevos, las bandejas para manzanas de exportación. “En otros países, dada la estructura de los mercados y disponibilidad relativa de los insumos, también se usa para hacer papeles blancos, papel de diario, entre otros”, señala Gonzalo García.

 

Son 70 los camiones de Sorepa que recorren las calles dedicados exclusivamente a la recolección de papeles y cartones para el reciclaje. Se trata de una empresa moderna, con alta tecnología, que cuenta con máquinas detectoras de humedad que operan por contacto. Un 10% de humedad es el promedio aceptado. Cuando el estándar es mayor se descuenta del peso del papel o cartón comprado.

 

Sorepa tiene una red de compra que cubre todo el territorio nacional. En Santiago cuenta con tres plantas y dos centros de compra a minoristas. En regiones son siete sucursales y 27 agencias, desde Arica a Punta Arenas. Solo al centro de recolección de San Joaquín –el de las fotos– entran unas 250 a 300 toneladas diarias de papel. En marzo, septiembre y diciembre se llega a más de 350 toneladas al día.

 

El papel reciclado a nivel mundial representa aproximadamente un 40% de las fibras utilizadas para la fabricación de papel. Incluso hay flujos comerciales interesantes de destacar, como la exportación desde EE.UU. a China de más de 10 millones de toneladas anuales de papel reciclado. “Para poner en perspectiva esta cifra, representa aproximadamente un 20% de la celulosa virgen que se transa mundialmente en un año”, dice Gonzalo García.

 

 

 

El cobre, presente

 

No es que falte el cobre en Chile. De hecho, casi la totalidad de este reciclaje se exporta. El beneficio acá está en reciclar un producto no renovable y cuya disponibilidad no es infinita.

 

“Tener cobre hoy día es como tener oro”, dice Aldo Raglianti, ingeniero metalúrgico y presidente de la Asociación de Recicladores de Cobre. Ha dedicado su vida laboral a esta actividad, la que lamentablemente ha sufrido un importante merma en los últimos años. ¿La razón? El precio del cobre.

 

Parece contradictorio, pero son los altos precios mundiales del metal rojo los que le han traído fuertes problemas a quienes trabajan en el reciclaje de este metal. Como el precio anda por las nubes, han aumentado exponencialmente los robos de cable telefónico y eléctrico, poniendo en peligro una actividad que ha existido desde hace décadas. Empresas como Comec –la más grande del país con cerca del 40% del mercado– y Expromet –en fotos– reciclan todo tipo de metales no ferrosos, entre los que destaca el cobre. Pero también se encargan del bronce, latón, aluminio, acero inoxidable y plásticos. En la diversificación está el negocio.

 

“Todo lo que reciclamos son materiales no renovables. En particular el cobre, que es un producto que tiene una vida limitada sobre la tierra. El aluminio es el producto más masivo que existe, pero igual se puede reciclar infinitamente. El 40% del consumo de los metales, en general, en el mundo, proviene del reciclaje”, explica Raglianti, ejecutivo de Expromet.

 

En Chile se generan más o menos 20 mil toneladas de cobre reciclado. Madeco consumía (hasta que dejó de comprar) más o menos siete mil. Por lo tanto en Chile se exportaban 13 mil toneladas. Esas siete mil que nadie compra van en su totalidad a la exportación. El cobre representa más o menos un 40% del reciclaje de los metales no ferrosos, considerando el volumen. Considerando el precio, hoy equivale a cerca del 70%. “Hasta hace dos años el cobre tenía un valor de 90 centavos la libra –casi un dólar 80 el kilo– y nadie se atrevía a robar cable ni a electrocutarse por tan poco. Pero ahora estamos hablando de 3.500 pesos el kilo de cobre”, dice Raglianti. El problema aumentó en esa misma proporción.

 

 

 

Madera plástica

 

Madera plástica es una de las novedades para la próxima temporada. De plástico reciclado y aserrín. Más resistente y duradera. Un verdadero lujo.

 

El plástico es uno de los materiales menos biodegradables. Por lo mismo es altamente contaminante en el planeta. Además, por su ductibilidad, su uso está cada día más extendido en todo tipo de productos. Pero no todo son malas noticias, ya que el 90% de los plásticos es reciclable. Parte de este trabajo en Chile lo lleva a cabo Green Plast, empresa recicladora de plástico, filial de Wenco.

 

Tambores de basura, bidones y todo tipo de plástico reciclado de densidad media es usado para la fabricación de la madera plástica. Los insumos son 50% plástico reciclado (procesado enforma de pellets) y 50% de aserrín. Fifty-fifty. Es la novedad que está fabricando por estos días Green Plast. Esta madera tiene varias ventajas: no se deforma, resquebraja, astilla, ni descascara. No se pudre y no es atacada por insectos como termitas. Es resistente al agua y a la humedad. Ni siquiera es necesario pintarla. Pero no solo a la madera se dedica Green Plast. La empresa además fabrica pellets de polietileno y polipropileno, reciclado en distintos colores según la necesidad del comprador. Este se convierte luego en la materia prima para distintos productos plásticos, como bases para escobas, perfiles y por supuesto, materia prima para los productos de Wenco. Cajas, baldes, bidones y sillas también se pueden fabricar a partir de este material. Como en el caso de varios otros productos, el plástico de cualquier tipo se puede reciclar pero dentro de un mismo estándar de densidad. Cada tipo de plástico implica un proceso de recuperación por separado. No es lo mismo una bolsa que una caja sólida. Por esto cada producto lleva un número y una sigla junto al símbolo del reciclaje. Y en países en que se han tomado el tema en serio, como Alemania o España, los plásticos se botan diferenciados. Vaya que nos falta.

 

Como fabricar materiales plásticos a partir de plástico “virgen” es muchísimo más caro que utilizar insumos reciclados, el negocio es bueno. En Green Plast la materia prima se le compra a unas 40 familias, las que a su vez tienen a otros sub-recolectores trabajando para ellos. Como en todo, aquí también las redes son fundamentales.