No son pocos los analistas que apuestan a que esta será la década de América Latina, tras varias oportunidades perdidas. La estabilidad de varios paises de la región, sumada al boom de las materias primas y un buen manejo frente a la crisis permiten sostener –para los más optimistas– que en 15 años la zona podría dejar atrás la pobreza… aunque hay amenazas graves que empañan el panorama. Por Marcelo Soto desde Cartagena de Indias, Colombia.

 

  • 12 julio, 2011

 

No son pocos los analistas que apuestan a que esta será la década de América Latina, tras varias oportunidades perdidas. La estabilidad de varios paises de la región, sumada al boom de las materias primas y un buen manejo frente a la crisis permiten sostener –para los más optimistas– que en 15 años la zona podría dejar atrás la pobreza… aunque hay amenazas graves que empañan el panorama. Por Marcelo Soto desde Cartagena de Indias, Colombia.

 

A fines de los 80 el mejor hotel de Cartagena de Indias era sin duda el Hilton, un inmenso armatoste de concreto con playa propia, varias piscinas y enormes jardines tropicales. Una habitación allí, en un país azotado por la violencia, podía costar 50 dólares de la época. Veinte años después, cuando el turismo empieza a ganarle la batalla al miedo, sería difícil asegurar que sigue siendo el más lujoso: le han salido decenas de competidores; no sólo grandes torres pertenecientes a cadenas extranjeras, sino también sofisticados hoteles boutique, cuyas suites no bajan de los 500 dólares.

La ciudad, rodeada de grandes bolsones de pobreza, posee un sector moderno y otro antiguo y en ambos se respira progreso, con muchos edificios en construcción, pero también con las carencias típicas del Caribe. Incluso en las tiendas de hoteles cinco estrellas venden ropa, anteojos y relojes de marca falsificados; en muchos establecimientos no dan boleta y no cuesta nada que en la calle ofrezcan droga o sexo pagado al turista desprevenido.

Cartagena, en cierta forma, resume las contradicciones de un continente que hace tiempo está buscando su oportunidad. Después de varias décadas perdidas, no son pocos los analistas que afirman que llegó la hora de América latina. Aunque aún hay graves problemas y riesgos que ensombrecen el panorama, también se observan señales alentadoras. Como pocas veces, varios países de la región combinan estabilidad política y un manejo macroeconómico prudente.

Según cifras oficiales, América latina creció a un promedio de 5,5% anual entre 2002 y 2008, y la mayoría de los países logró sobrellevar razonablemente las turbulencias provocadas por la crisis financiera internacional. Luego del temporal, el continente tuvo un crecimiento de 6% en 2010, bajando a tasas de alrededor de 4,5 % este año. No está mal, si se compara con otras regiones del planeta.

La versión optimista, por una parte, plantea que si se mantienen las tendencias actuales, para el año 2025 –o incluso antes en los países más avanzados del continente– el ingreso per cápita en la región llegaría a un promedio de 22 mil dólares al año en términos de paridad de poder de compra; casi como las naciones desarrolladas, con sociedades ya no pobres, sino mayoritariamente de clase media. ¿Un sueño o una posibilidad al alcance de la mano?

La mirada pesimista, en cambio, advierte de los problemas que enfrenta la zona, partiendo por el pobre desempeño en productividad. Aunque Chávez y su revolución bolivariana parecen en franco declive, las tentaciones populistas no son menores, sobre todo cuando las materias primas alcanzan valores históricos. El boom de las mercancías básicas (petróleo, minerales), que es una buena noticia para la región, por otro lado representa – según observadores más cautos– dificultades como la volatilidad de los precios, la escasa incidencia de este tipo de auge exportador en el empleo y el peligro de la llamada “enfermedad holandesa”, que se da cuando las exportaciones de materias primas conducen a una apreciación de la moneda a tal punto que merma la competitividad de otros sectores de la economía, llevando a un déficit de cuenta corriente y a una dependencia aún mayor sobre los commodities.

“No hay duda de que estos tiempos son buenos para gran parte de la región. Pero están aconteciendo en un contexto de mucha incertidumbre para la economía mundial”, explica Michael Reid, autor de libro El continente olvidado (un elogiado texto sobre el potencial de América latina y sus oportunidades perdidas) y actual editor de le revista The Economist. Reid es una de los principales invitados a la cumbre XV Business Future of the Americas 2011, organizada por la Cámara de Comercio Colombo Americana en Cartagena, en la que participan cancilleres, ministros, funcionarios de organismos internacionales, altos ejecutivos y empresarios.

En general, el ánimo en la cumbre es exultante: varios panelistas llevan bajo el brazo el libro Nuestra hora, del chileno Raúl Rivera, un texto que plantea que ha llegado por fin el momento para el despegue de América latina. Al mismo tiempo, hay cierta crispación entre los anfitriones, cansados de esperar por la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Por eso, cuando el subsecretario de comercio internacional de EEUU, Francisco Sánchez, asegura que el TLC “va a salir este año” la audiencia casi salta de sus asientos para aplaudir.

“Esta es la década de América latina”, afirma el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, al inaugurar la cumbre en Cartagena mediante un video grabado (a última hora se excusó por no asistir). El mandatario señala que son tres las bases de su gobierno: seguridad, cohesión social y apertura comercial. Y agrega: “a riesgo de parecer aburridos, hemos implementado la ley de sostenibilidad fiscal que garantiza el manejo serio de las arcas: no gastar ni comprometer lo que no se tiene. El año pasado Colombia creció 4,3%, a pesar de haber vivido la peor tragedia invernal de su historia. Son tiempos históricos. América latina en ventas representa hoy tres veces más que China para Estados Unidos. Y como ha dicho el presidente Obama, cuando los latinoamericanos prosperan, EEUU también”.

La sostenibilidad fiscal, una idea con orígenes claramente identificables con la regla fiscal chilena, se ha extendido por varias economías de la región, marcando otro punto relevante: la ex cuna de la deuda extranjera ahora dicta cátedra ante las endeudadas naciones europeas.

Se habla español

Dicen que las cumbres son una enfermedad latinoamericana. Pocas regiones en el mundo son tan dadas a este tipo de actividades, que en el caso de la cita en Cartagena sirve para que representantes de gobiernos o de asociaciones de comercio se saquen la corbata, anden en guayabera y tomen mojito mientras se intercambian tarjetas de contacto.

De todos modos, la cumbre en la ciudad caribeña –donde García Márquez tiene casa– es la excusa para tomar el pulso de las expectativas que genera la economía latinoamericana, que para algunos es una estrella en ascenso, aunque enfrenta riesgos nada desdeñables. El exceso de liquidez internacional, sumado al boom de las materias primas y a la apreciación de las monedas locales prenden luces de alarma sobre el peligro de sobrecalentamiento en algunos países de la región.

Según la mayoría de los analistas, el gran obstáculo para crecer más rápido es un desempeño lamentable en productividad. Ello supone reformas estructurales, que van desde la educación (la gran deuda pendiente de la zona) hasta mejor infraestructura. En definitiva, decisiones políticas.

Ligado a lo anterior, otro aspecto preo-cupante es la dependencia a las exportaciones básicas. “Las ventas al exterior de productos manufacturados de la región han crecido, pero a una velocidad menor a la deseable. Si las materias primas representaban en 2008 un 52% del total de las exportaciones, en 2000 llegaban al 40%”, dice Reid, quien destaca la buena salud de varias economías de la zona: “desde luego que a China y a India les fue mejor, pero la trayectoria de la actividad económica de América latina desde 2008 a 2010 fue semejante a la del sudeste asiático. Más fuerte que la de Europa del Este, según el Banco Mundial. Y por supuesto que tuvo un mejor desempeño que el de los países desarrollados. De tal forma que la convergencia de ingresos que empezó en los años 90 y más claramente desde el 2003 entre América latina y el mundo desarrollado ha continuado”, comenta.

Reid, sin embargo, advierte que no se puede generalizar. “Las cosas varían enormemente dependiendo de dónde estás en al región. A América del Sur, con la excepción de Venezuela, le ha ido un poco mejor que al promedio regional y a Centroamérica y El Caribe, un poco peor. Las cosas pintan mucho mejor si uno está en Santiago o en Bogotá que en Ciudad Juárez o en Caracas”.

Lo más revelante para el analista británico es que el progreso no es sólo económico sino social. “Entre 2002 y 2008 unos 40 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza. Aunque hubo algo de retroceso, especialmente en Centroamérica y México debido a la recesión y el incremento de los precios de los alimentos, la tasa de pobreza retomó su tendencia a la baja el año pasado. Eso es importante. En las recesiones anteriores, en 2001 y 1995-1996, la pobreza subió bastante o demoró más en retomar una senda decreciente”.

Otros datos: para el periodo 2002- 2010 la distribución del ingreso se hizo menos desigual en casi todos los países de la región, siendo Brasil el caso más claro. El ingreso del 10% más pobre de la población creció en una tasa anual de 8% entre 2000 y 2008, mientras que el ingreso del 10% más rico lo hizo sólo un 2,5%.

Según Reid, hay varios factores detrás de eso. “Las democracias latinoamericanas han construido redes de asistencia social mejor enfocadas, que ya cubren a 110 millones de los latinos más pobres. Estos programas son relativamente baratos. Además, el incremento paulatino pero constante en el nivel de escolaridad de los jóvenes que entran a la fuerza laboral también parece haber reducido la desigualdad de los ingresos”.

Las lecturas triunfalistas sugieren que una nueva clase media estaría, por ejemplo, consolidándose en Brasil, aunque criterios más realistas permiten clasificar a estos sectores ascendentes de la población como personas de clase media baja, cuya situación todavía es frágil. Lo que es indudable es que por primera vez los hijos de estas familias han recibido una mejor educación que la de sus padres.

{mospagebreak}
“Todo este progreso es la consecuencia de una combinación de buenas políticas y buena suerte”, sintetiza Reid. “Los cimientos del éxito reciente de América latina están en el compromiso de la mayoría de los gobiernos, no importa su tendencia política, con la estabilidad y las economías de mercado abiertas y la inversión privada, complementadas con políticas sociales más ambiciosas. Es difícil enfatizar cuán revolucionarios son los efectos de la estabilidad económica. La inflación baja permite tanto a las empresas como a las familias planificar el futuro en vez de estar condenados a pensar sólo en el día a día”.

Por otra parte, la crisis financiera sometió a la institucionalidad económica latinoamericana a una prueba de fuego. Para muchos expertos, fue una gran novedad que los sistemas bancarios locales se mantuvieran firmes, como resultado probablemente de las duras lecciones aprendidas en los años 80 y 90. “El marco económico que se usa en los países más serios de la región, con tasas de cambio flotantes, metas de inflación y una política fiscal más prudente, también se validó en la crisis. Por primera vez en la historia reciente las políticas monetarias y fiscales pudieron contrarrestar la recesión en vez de reforzarla”, dice Reid. Y antes de cantar victoria, advierte: “las cosas hubieran sido mucho peores para América Latina si hubiese sido China y no EEUU el que tambaleó. Y eso apunta al segundo factor en el éxito del continente: la buena suerte”.

Riesgos del boom

Gran parte del exitismo que se observa en la región se debe a que América latina se ha beneficiado en los últimos dos años de unas condiciones extraordinariamente favorables en la economía mundial. “Precios muy altos para las exportaciones de materias primas, combinados con una marea de dinero barato en los países desarrollados, forman lo que el FMI el mes pasado llamó fuertes vientos de popa para Latinoamérica”, señala Reid. “Bastante temprano en este ciclo el crecimiento empieza a mostrarse desequilibrado, sobre todo en América del Sur. Ha habido señales de sobrecalentamiento en algunas economías. La inflación en Brasil está un tercio por encima de la meta del Banco Central y se ha incrementado en muchos países. Hasta Cristina Kirchner se ha quejado de las presiones salariales en Argentina”, bromea.

Y agrega: “a pesar de las cotizaciones altas de las exportaciones, hay un déficit de cuenta corriente en la región… En estas circunstancias, el mayor peligro que enfrenta América latina es la complacencia. El boom de las materias primas y la inundación global de liquidez podrían durar un buen tiempo todavía. Pero hay muchos riesgos. La recuperación económica, tanto en EEUU, como en Europa, sigue siendo débil. Eso es normal después de una crisis financiera. Pero se ha debilitado aún más por las alzas en los precios del petróleo y los alimentos. El casi estancamiento en EEUU combinado con el crecimiento aún vigoroso de China e India han ayudado a crear una Latinoamérica de doble velocidad, en que partes de América del Sur están sobrecalentadas mientras que México y Centroamérica y el Caribe todavía luchan por volver al crecimiento rápido”.

De acuerdo a este análisis, el panorama para países como Chile es complejo. “Tienen que enfriar la economía y controlar la inflación sin aumentar aún más la fuerza de las monedas propias. Estas señales hablan de la necesidad de precaución. Las políticas fiscales y monetarias tienen que ser contra cíclicas durante los booms también y no sólo en las recesiones. Como dice esa famosa frase, la tarea del banco central es quitar la fuente de golosinas cuando la fiesta recién empieza”.

Según el índice de sobrecalentamiento económico publicado por The Economist, siete economías emergentes están en niveles de riesgo, encabezadas por Argentina y Brasil. Perú, Chile, Colombia y Venezuela están a las puertas. “La economía chilena debe volver cuando antes a la regla fiscal”, fue el reciente llamado de Nicolás Eyzaguirre, el ex ministro de Hacienda que ahora se desempeña como director del FMI para el hemisferio occidental.

¿China o EEUU?

Uno de los temas candentes en la cumbre de Cartagena fueron las relaciones comerciales entre América Latina y China y Estados Unidos. Sin ir más lejos, Brasil se convirtió en el mayor comprador del mundo de deuda de los Estados Unidos. Es decir, están cambiando las reglas del juego: hoy es EEUU el que le debe a Brasil y no al revés, como solían ser las cosas en el continente.

El gigante sudamericano compró en abril 13.400 millones de dólares de deuda estadounidense, más que cualquier otro país y casi el doble de las compras de China, según cifras del Tesoro de Estados Unidos. Su tenencia de deuda alcanzó un récord de 207.000 millones de dólares, mientras que China y Rusia han reducido sus existencias en los últimos seis meses.

Martín Ibarra, presidente de Araujo Ibarra, consultora de negocios internacionales, sostiene que el panorama tiene sus bemoles: “si hace 10 años China representaba para América latina un 1,8% de las exportaciones, hoy llega al 11%. Y si EEUU para nuestro comercio exterior era en 2001 un 56%, ahora llega al 45%. Dicho de otra forma, en 2000 once países latinoamericanos tenían a EEUU como su socio mayoritario, con más del 50% de las exportaciones. Hoy, sólo cuatro países del continente tienen esa relación de dependencia comercial con Washington”.

Y enfatiza: “EEUU ya no es tan importante como lo era hace seis años. China ha empezado a cobrar protagonismo. En la última década, para Chile pasó del 5,7 % al 23% de sus exportaciones y para Brasil, del 3% al 13%. Pero hay otro aspecto, que es bastante malo para nosotros: las exportaciones hacia China desde EEUU crecen cuatro veces más que las de EEUU hacia América latina. Seremos desplazados por China como socios comerciales de Norteamérica”.

En efecto, entre 2000 y 2010 los envíos de Washington a Pekín subieron un 19%, mientras que las exportaciones hacia América Latina lo hicieron un 5%. Por otro lado, si hace 10 años EEUU importaba 100 mil millones de dólares desde China, hoy llega a 364 mil millones. Y ojo, que en 2000 las importaciones latinoamericanas en EEUU doblaban a las chinas, para alcanzar el año pasado un nivel similar (358 mil millones de dólares).

“Podemos revertir esa tendencia”, dice, sin embargo, Ibarra. Sobre todo, en un mundo en que la palabra sustentabilidad se transforma en un cliché. “¿Cuánto CO2 emite un contenedor desde China a EEUU versus el gasto energético que realizaría desde México? Podemos colaborar a luchar contra el calentamiento global si favorecemos el intercambio comercial entre EEUU y América latina”.

Si el promedio de un flete aéreo de EEUU a América latina es de 1,44 dólares por kilo y el marítimo de 0,04; entre EEUU y Asia alcanza 3,08 dólares por kilo por aire y 0,17 por mar. Es decir, más del doble. La oportunidad, en ese sentido, que representa Latinoamérica para EEUU no es nada insignificante y cobra especial importancia ahora, teniendo en cuenta que el presidente Obama fijó como una de sus metas duplicar las exportaciones norteamericanas en cinco años. Más que un patio trasero, el sur del continente semeja para los gringos una tierra por descubrir.

¿Qué explica –finalmente– el desempeño tan pobre de América latina en cuanto a productividad? Hay varias razones, de acuerdo a los observadores: la informalidad del empleo, una deficiente infraestructura, sistemas impositivos y regulatorios mal diseñados, una fuerza laboral con bajos niveles de educación, un esfuerzo mediocre en innovación; escasez de crédito y falta de competencia; todo eso, sin contar el impacto negativo del crimen y de la inseguridad. Es el lastre, por cierto, que el continente quiere dejar atrás después de tantas décadas perdidas.

{mospagebreak}
Arturo Valenzuela
“Tenemos una relación muy distinta a la que había con Bush”

Antes de dejar su cargo, el subsecretario para América latina del gobierno de Barack Obama hace un análisis de los resultados de la administración demócrata en la región. Y señala que la actualidad exige una narrativa distinta a la de los años 60. “En otra época, EEUU dictaba cátedra sobre lo que se tenía que hacer. Ya no”. Por M.S.

"No tengo una fecha fija, hice una renuncia que se hace efectiva el próximo semestre, a fines de agosto, y todavía no hay claridad sobre mi sucesor”, dice Arturo Valenzuela, subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos. Este académico, nacido en Concepción en 1944, es el latino que más alto ha llegado en un cargo de gobierno en EEUU y la principal autoridad norteamericana en la Cumbre de Cartagena, pero habla en voz baja, como murmurando, sin ínfulas de poder. Y aunque le dice al canciller peruano José García Belaunde –cuando éste ha dicho que posee la enfermedad incurable de ser diplomático- que antes que nada es profesor, responde a cada pregunta como si estuviese en un campo minado. “En primer lugar, yo entré a este trabajo con un permiso de la universidad de Georgetown, de dos años, y es la tercera vez que tomo permiso de la universidad para ir al servicio público. Yo tenía toda la intención de volver ahora a la universidad”, reafirma para evitar cualquier suspicacia sobre su salida.

-¿Cumplió los objetivos que le pidió el presidente Obama?
-La verdad es que creo que los objetivos fundamentales que se había planteado la administración Obama respecto de América latina se han cumplido. Ahora tenemos una relación muy distinta a la que teníamos en la época del presidente Bush. Todos sabemos, muy especialmente después de la invasión de Irak, que hubo un distanciamiento importante de los países de América latina con EEUU. Con el presidente Obama empezamos desde un comienzo a tratar de revertirlo. Durante el gobierno anterior, los países del ALBA y en especial Venezuela tenían un discurso muy en contra de EEUU. Nosotros planteamos que la relación tenía que configurarse de otra forma, que había que buscar cómo establecer buenas relaciones con todos los países, aun si ellos mismos se identificaran con el ALBA. En ese sentido buscamos cómo tratar de ir recuperando la relación con Ecuador, con Bolivia; y en general lo que buscamos fue cómo replantear los grandes temas con América latina mirando los desafíos del siglo XXI. Y yo creo que lo hemos logrado.

“Hay cambios importantes que estan ocurriendo en Cuba. Es obvio que la crisis economica en la isla es muy, muy seria. Tambien reconocemos que han liberado algunos presos politicos, que la Iglesia Catolica juega un papel importante, que ha habido una cierta distension, buscando como inc entivar un sector privado que no existia”.

-¿Cuáles son esos grandes temas?
-Como lo planteó el presidente Obama en su último viaje, América latina es una región del mundo que está creciendo, donde se han superado muchos de los problemas del pasado, donde imperan gobiernos democráticos y ya se hicieron las reformas de primera y segunda generación, mientras que empiezan a realizarse las reformas de tercera generación, que apuntan a ir fortaleciendo programas mucho más puntuales para superar la pobreza, la desigualdad. Todo eso ha tenido frutos. EEUU ha ido acompañando el proceso con una lógica muy distinta al pasado. En otra época, EEUU dictaba cátedra sobre lo que se tenía que hacer. Ya no.

-El presidente Obama en Santiago recordó el 50o aniversario de la Alianza para el Progreso. ¿Qué tan distinto es el actual panorama?
-En efecto, cuando surgió la Alianza en los 60 se revierte un brote democrático en América latina y se pasa al autoritarismo en casi todos los países. Existían grandes desigualdades, conflictos en Centroamérica, que se agravaron en los años 70, economías que se estancan en los 80, que fue la década perdida, etc. Pero hoy, pasando a la segunda década del siglo XXI, los países están en otra perspectiva: viendo cómo exportar más, cambiando una lógica de desarrollo nacional hacia el tema de la competitividad y la productividad. Eso requiere en el fondo de tres cosas: no solamente los ajustes estructurales y de mayor disciplina macroeconómica, sino que grandes reformas de inversiones en infraestructura; inversión en capital humano y fortalecer las instituciones, muy especialmente el Estado de derecho.

-¿Cuál es el ánimo de EEUU frente al próximo presidente peruano, Ollanta Humala?
-Nosotros respetamos los resultados de la elección. Esta fue una elección transparente, muy distinta a la del año 2000. Para Humala es importante darle continuidad al progreso económico peruano, pero al mismo tiempo profundizar algunos temas que estaban pendientes. En ese sentido, le damos la bienvenida a su gobierno.

-Humala se hizo conocido por un fuerte discurso anti estadounidense.
-Pero esta vez no. En parte, porque Humala ha cambiado. Hagamos una reflexión: ese enfrentamiento que existía en América latina, esa polarización, esos discursos fuertemente antiamericanos, han desaparecido últimamente y creo que el gobierno del presidente Obama ayuda a marcar un cambio importante. No es el único factor, pero ayuda a cambiar de manera importante todo el tono de la relación interamericana en esta época. Y yo, de hecho, recibí a Ollanta Humala en mi oficina, en Washington, y tuvimos una excelente conversación.

-¿Cuándo?
-Hace algunos meses, cuando ya estaba él en su campaña. También me junté con los otros candidatos cuando hice un viaje a Perú. Con Humala tuvimos una conversación muy provechosa, y estamos muy dispuestos a seguir colaborando con él.

-¿En esa reunión se dio cuenta de que su cambio era real y no una táctica de campaña?
-El me explicó lo que iba a ser su gobierno si fuese elegido, y tenía una claridad muy grande y repitió mucho lo que ha dicho públicamente en la campaña y también en los días posteriores a su elección.

-¿No hay preocupación en EEUU de que se reflote el ánimo militarista entre Chile, Bolivia y Perú?

-Es importante que se haga un esfuerzo muy especial entre los países que tienen estos problemas históricos de ir superando esas diferencias. Los grandes desafíos son cómo crear sociedades más competitivas, donde haya oportunidades para todos. Y la cooperación es clave: eso lo sabemos hoy en día, le damos la bienvenida a la integración, porque permite que haya más comercio regional. El tema limítrofe es un tema de los países involucrados.

-¿Cómo evalúa la situación con Cuba? ¿Ha mejorado o se mantiene en punto muerto?
-Nosotros sabemos que hay cambios importantes que están ocurriendo en Cuba. Es obvio que la crisis económica en la isla es muy, muy seria, está claro que el modelo se agotó. La lógica misma del modelo se ha comprobado que no funciona en ninguna parte del mundo y los ajustes que están tratando de hacer son prueba de ello. También reconocemos que han liberado algunos presos políticos, que la Iglesia Católica juega un papel importante, que ha habido una cierta distensión al tratar de ir buscando cómo incentivar un sector privado que no existía antes. Al mismo tiempo está muy claro que reformas políticas de fondo, en la dirección de permitir un debate político amplio, con elecciones transparentes y abiertas donde todos puedan participar, todavía no están en el horizonte. Cuba sigue siendo uno de los sistemas políticos más cerrados del mundo.

-La relación con Argentina ha tenido momentos de crispación bastante inesperados, por incidentes…
-Son pequeños incidentes.

-Pero bastante comentados por la prensa argentina.
-A lo mejor la prensa magnifica cosas, eso ocurre en muchos países. Pero tenemos una relación buena con Argentina. Queremos superar los escollos que hemos tenido.

-¿Por qué Obama eligió a Chile para su discurso de las Américas?

“Hay mucha gente que dice: ‘ah, EEUU esta marginado de America Latina, ahora China tiene mayor inversion en Brasil’. Pero, ojo: ese comercio que tiene Brasil con China se debe a que se estan vendiendo materias primas. Es un poco el modelo que tenia EEU al principios del siglo XX. Hoy en dia lo que se busca es otra narrativa”.

-Este era su viaje insigne a América latina, y en ese sentido era obvio que tenía que ir a Brasil, o sea a la América portuguesa, y también a la América hispana y ahí tenía sentido escoger un país del cono sur, también un país de Centro América. Así se armó, no podía viajar a los 34 países. Se escogieron esos países en forma emblemática. En el caso de Santiago fue un reconocimiento importante a cómo Chile pudo superar un periodo de totalitarismo y volver a sus raíces democráticas, crear una sociedad pujante, una economía que ha mostrado el éxito de una política de apertura. Obvio que Chile era un buen candidato para ello, porque además no había una elección en el país entre medio.

-¿Cuáles son las mayores amenazas a la democracia en la región?
-Hoy en día la perspectiva depende mucho de los matices. Los países no son todos iguales, hay temas sub regionales que son particulares, y es muy distinto por ejemplo un proceso de redemocratización que un proceso de construcción democrática. Así que hay hacer ese alcance conceptual, porque uno no puede generalizar mucho; pero está claro que en algunos países todavía hay debilidades institucionales muy fuertes.

-Hay estados fallidos también.
-No creo que haya estados fallidos, pero hay debilidades institucionales que son importantes, como en Honduras. Lo que sigue siendo muy difícil son tres cosas: 1) el tema de la desigualdad social, de la pobreza en muchos países. 2) el tema de la criminalidad, que es también producto de la debilidad de las instituciones judiciales y policiales. 3) seguimos estando frente al problema que planteé al principio, de cómo crear sociedades con mayor capacidad de ser competitivas en el siglo XXI y eso requiere innovación, educación, mayor inversión en infraestructura, mayores contribuciones impositivas por parte de la sociedad. Hay países en América Latina donde el porcentaje del PIB que generan los impuestos es tan bajo que no llega a ser significativo y hace imposible contar con los fondos necesarios para solucionar los problemas.

-¿Usted cree que esta puede ser la década de América latina?
-Puede ser. No hemos visto todavía los grandes niveles de crecimiento que uno ve en los países asiáticos. Y tampoco se observa el esfuerzo que hicieron los países asiáticos como Corea, donde hubo una enorme inversión en temas educacionales y de investigación. No es un tema de permitir solamente que vayan más chicos a las escuelas, sino que también se trata de verdaderamente invertir en ciencia, tecnología, investigación básica. Los países más adelantados del continente todavía no lo están haciendo; entre ellos, Chile, donde no hay una tradición universitaria de punta, donde se hace docencia pero no se valora la investigación. Eso tiene que cambiar. Está muy claro que los países exitosos en el siglo XXI son aquellos que van a poder hacer uso también de los grandes avances tecnológicos de nuestra época.

-¿Hay algo que pueda definir como su gran frustración como subsecretario de Estado?
-Yo estoy muy satisfecho por lo que hemos podido hacer. A veces no es fácil, porque surgen temas imprevistos, como lo de wikileaks, un terremoto como el de Haití, el golpe en Honduras. Siempre va a haber crisis, la clave es que las crisis se tienen que manejar con una concepción teórica muy clara. En ese sentido, en el tema de Honduras estaba muy claro que no puede aceptarse un golpe de Estado. Y al mismo tiempo se tenía que buscar una solución al tema. No podía dejarse congelado.

-¿EEUU ya no tiene enemigos tan claros en la región?

-Este es un continente donde no existen grandes divergencias de fondo, donde las diferencias religiosas, que están desgarrando a muchos países en el mundo, aquí no existen. En ese sentido estamos en una situación mucho más privilegiada en este continente.

-Pero EEUU no tiene a Latinoamérica entre sus prioridades.
-Hay mucha gente que dice: ah, EEUU está marginado de América latina, ahora China tiene mayor inversión en Brasil. Pero ojo: ese comercio que tiene Brasil con China se debe a que se están vendiendo productos de materias primas. Es un poco el modelo que tenía EEUU al principios del siglo XX. Hoy en día lo que se busca es ir avanzando a otra cosa: cómo se pueden vincular los gobiernos, pero también las empresas privadas, en proyectos donde lo que prima es la tecnología. Es otra narrativa, y en ese sentido EEUU ha seguido muy interesado en América latina. Es el destino del 43% de las exportaciones de EEUU. Y todavía EEUU tiene el 37% de toda la inversión directa en Latinoamérica. Como continente, las Américas todavía tienen un gran futuro de mayor cooperación.

-¿Cómo observan el papel que está tomando Brasil como líder de la región, con pretensiones de ser una potencia mundial?

-Valoramos mucho eso. Brasil puede jugar un papel constructivo importante en el mundo. No es cierto que EEUU piense que le está haciendo competencia. No estamos en la lógica del mercantilismo de principios del siglo pasado. Lo que estamos viendo es cómo ir sumando fuerzas entre todos para ir avanzando. De hecho, EEUU con Brasil tienen una gran interlocución comercial, que ahora se está acrecentando con una interlocución científica. Creo que tanto en lo bilateral como en ámbitos internacionales vamos a estar en desacuerdo en muchas cosas, pero eso siempre ocurre entre países.