Se salieron de la ecuación. Rompieron con todo y se han convertido en una nueva casta, en un nuevo referente en el mundo de los negocios. Habían hecho cumbre con sus carreras, paladeado el éxito pero un buen día -de esos que se marcan en el calendario- decidieron dejar sus sólidas posiciones para convertirse en sus propios jefes. Ellos son los ejecutivos independientes. 

  • 18 marzo, 2008

 

Se salieron de la ecuación. Rompieron con todo y se han convertido en una nueva casta, en un nuevo referente en el mundo de los negocios. Habían hecho cumbre con sus carreras, paladeado el éxito pero un buen día -de esos que se marcan en el calendario- decidieron dejar sus sólidas posiciones para convertirse en sus propios jefes. Ellos son los ejecutivos independientes. Por Sandra Burgos; fotos, Julio Donoso.

 

A fines de los 90 muchos jóvenes sorprendían con su audazia al rechazar atractivas propuestas de grandes conglomerados que les ofrecían potentes cargos y el inicio de auspiciosas carreras profesionales. Eso no era para ellos. Preferían arriesgarse y tocar puertas en busca de inversionistas que financiaran sus sueños. Fue la era de los emprendedores.

 

Ahora el fenómeno es otro, pero muy similar en su esencia. Porque muchos consideran que atravesamos de lleno por la era de los “independientes”: ejecutivos de entre 40 y 55 años que llegaron a la cúspide de sus carreras y que, motivados por un afán de independencia, dejaron sus cómodas posiciones y se lanzaron a la vida con proyectos propios.

 

¿Moda o tendencia? Sin duda, una mezcla, en la cual no pocas veces la opción surge a la luz de lo que está pasando a nivel global en el mundo de la empresa. “Muchos ejecutivos toman la decisión de independizarse cuando de la noche a la mañana se ven enfrentados o ven que en la empresa de al lado se está dando un proceso de desvinculación, ya sea por una fusión, venta o reestructuración. Ante este escenario, se plantean la alternativa de seguir empleados en otra empresa, o bien tomar las riendas y transformarse en sus propios jefes”, explica Janet Sprönhle, directora ejecutiva de la firma de outplacement People&Partners.

 

Ya sea por circunstancias externas o por una peregrinación de orden interno y personal, lo cierto es que ejemplos de este fenómeno de independencia hay muchos y su notoriedad ha crecido en los últimos años, fruto de la “salida del mercado” de varios ejecutivos de renombre.

 

Uno conocido es Pablo Turner, con amplios pergaminos en el mundo del retail (recordado es su paso de Falabella a Paris y su retiro del rubro luego de que Luksic vendiera la multitienda a Cencosud), cambió a fines de 2007 la gerencia general de la Viña San Pedro –tras cerca de dos años en el cargo por las asesorías, negocios personales y directorios de empresas.

 

El mismo camino que un año antes había tomado Luis Ernesto Videla, quien se desempeñara por años como gerente general de Lan Chile. Hoy está embalado con la Universidad San Sebastián, proyecto que compró junto a Alejandro Pérez (ex Celulosa Arauco) y que busca convertir en uno de los referentes de esta industria.

 

 

Comentada fue también la decisión de Carlos Ingham que, tras 19 años en JP Morgan, dejó de ser el responsable de las actividades del banco en Argentina, Chile, Perú y Uruguay para independizarse y formar, junto a Tim Purcell, la firma de inversiones Linzor Capital Partners. Tampoco dejó indiferente al mercado la decisión de Francisco Gana de renunciar a la gerencia general de Soprole para convertirse en consultor y director de empresas. O la determinación de Eduardo Novoa, de dejar PSEG y la gerencia general de Saesa, para dedicarse de lleno a sus negocios personales y convertirse en un flamante director de empresas.

Un caso similar es el de Domingo Cruzat quien, tras ocupar importantes gerencias generales en Watt’s, Bellsouth y la subgerencia general de la Compañía Sudamericana de Vapores, optó por seguir un camino propio y dedicarse 100% a la creación de un fondo que ya ha invertido en varios proyectos.

 

Varios de ellos aceptaron la invitación de Capital para conversar respecto a lo que los llevó a tomar la decisión de dejar sus importantes cargos y dedicarse por entero a nuevos emprendimientos. Sus revelaciones nos dejaron una cosa clara: además de coraje, para independizarse es clave el respaldo de la familia.

 

 

 

¿Por qué se independizan?

 

 

Las razones que llevan a un ejecutivo que ha alcanzado una posición de liderazgo a dejar todo para tomar el camino de la independencia son variadas. Janet Sprönhle explica que, de acuerdo a las estadísticas que manejan en People&Partners, en alrededor del 40% de los casos la decisión se toma luego de haber pasado un proceso de desvinculación por reestructuración en la empresa.

 

Sin embargo, cada vez son más los ejecutivos que se independizan por una decisión personal, tras varios años de madurar la idea y de tomar los resguardos del caso.

 

Eduardo Novoa (43) es un claro ejemplo. En el café Starbucks de Alonso de Córdova –su “oficina transitoria” mientras le entregan sus nuevas dependencias–, se reunió con Capital para contarnos cómo fue su decisión: No ocurrió de un momento a otro. Era una inquietud que tuve por años, al punto que siempre tuve algún tipo de actividad de negocio paralela a mi trabajo (junto a Gonzalo Cubillos y Domingo Castaño, hace cuatro años trajeron Starbucks a Chile). Esta decisión la tomé tras un proceso de maduración, motivado por los afanes de independencia que todo el mundo tiene, comenta.

 

Fue así como a fines de 2006 optó por tomar un “semi año sabático”, como él lo denomina. “Quería parar un poco y darme tiempo para una serie de otras cosas distintas y evaluar con calma si es que, después de eso, volvía a asumir posiciones ejecutivas o me dedicaba a negocios personales. En marzo de ese año decidí dejar la gerencia general de Saesa”.

 

Y es que la gerencia general de la empresa eléctrica le implicaba pasarse la semana en el sur alejado de su familia, que permanecía en Santiago: “tenía que estar viajando todas las semanas y un par de años a ese ritmo, en lo personal y en lo familiar, te pasa la cuenta. Por lo tanto, fue una decisión gatillada principalmente por el tema familiar. Tomar una gerencia general a mil kilómetros me significó cero actividad personal y decir adiós a Amcham, a Endeavor, a distintas cosas, amistades, deportes. Hoy puedo decir OK, misión cumplida, ahora quiero estar tranquilo, con mi tiempo bastante más disponible.

 

Algo parecido le sucedió a Luis Ernesto Videla, quien llevaba 21 años lidiando con el negocio del transporte aéreo cuando se dio cuenta de que en los próximos 21 años quería hacer algo distinto, que le implicara nuevos desafíos, aprender otros temas y conocer nuevas personas. Pero, por sobre todo, le interesaba explorar áreas en que pudiera entregar un valor agregado para la sociedad: “para mí, era importante buscar un área en que pudiera ser emprendedor y no sólo empleado”, confidencia.

 

La idea de independencia de Domingo Cruzat surgió por dos motivos. Como ejecutivo, dice que había cumplido un ciclo, a lo que se añadía su convicción de “uno tiene la obligación de tratar de hacer cosas y eso no lo vas a hacer a los 65 años ni a los 30. Por lo tanto, a esta edad mediana era el momento de probarse. Era como un desafío personal e intelectual que se avalaba con una cierta cantidad de ahorros”.

 

La decisión de independizarse la tomó Cruzat entre 2005 y 2006, cuando vendió la empresa de energías alternativas CONADE al grupo francés Dalkia. El monto que recibió por la compañía, que había formado hace años junto a Luis Felipe Mujica –un amigo de la Escuela Naval–, fue el respaldo necesario para lanzarse a la piscina.

 

Revisemos otro caso: sus 14 años en la gerencia general de Soprole habrían convertido a Francisco Gana en un ejecutivo emblemático de la compañía láctea. Pero hace un año tomó una decisión radical: dejar atrás los 26 años que estuvo vinculado a la empresa y asumir el riesgo de la independencia. La decisión se fue dando naturalmente “desde el momento en que sientes que la vida va pasando y quieres nuevos desafíos. Mi labor en Soprole me dejó un sentimiento profundo de logro. Hoy Soprole es una empresa con un equipo ejecutivo de alto nivel, con la mejor imagen de marca, con un ambiente de trabajo destacable, con una rentabilidad cercana al benchmark del sector, etc. Eso te hace replantear tu futuro y buscar nuevos objetivos”.

 

 

 

Por Juan Izquierdo
Calcular la Aventura

La independencia exige hoy planificar y prepararse.

En Estados Unidos, nueve de cada diez emprendimientos fracasan durante los tres primeros años. Así de duro, así de aterrador. Sin embargo, ese 10% exitoso genera tantos empleos, avances y creación de riqueza que su atractivo lleva a muchos a atreverse.

Creo que independizarse en Chile es igual o más difícil que en Estados Unidos, sin capitales “ángeles”, con alto costo de despido y un mercado pequeño estrujado por la competencia. Por lo tanto, para ser exitoso, debe hacerse de una manera mucho más profesional que antaño… el aventurero ahora tiene que calcular.

 

Esa imagen me lleva a pensar en esa “tercera vía” que toma cada vez más fuerza en Chile: emprender dentro de la empresa (intrapreneur), un camino intermedio que refleja el hecho de que el conocimiento tiene hoy cada vez más poder en relación al capital.

 

A lo largo de los 15 años que llevo en reclutamiento de ejecutivos para empresas, he visto crecer la avidez de éstas por candidatos emprendedores y propositivos, y he visto con alegría que han sido capaces de agilizarse para darle espacio a estos motores de búsqueda y creatividad en los negocios, lo que les ha llevado a dejar un abismo entre este tipo de empresas, versus aquellas que siguen asfixiando a los más inquietos, los cuales terminan abandonando ese barco sin potencia.

 

Este camino une lo mejor de ambos mundos, al emprendedor, con el respaldo y trayectoria de la empresa. Pero este camino sólo es posible si la empresa es capaz de atraer ese talento creativo, premiando sustancialmente los buenos resultados y asumiendo que ello significa tomar más riesgos y romper sus propios esquemas.

 

Juan Izquierdo U. es socio fundador de Hemisferio Izquierdo Executive Search Worldwide.

 

 

Esa experiencia, añade, le hizo darse cuenta de que podía agregar mucho valor en distintas organizaciones. “Es por eso que mi decisión fue convertirme en director profesional independiente de empresas. Además, siempre quise dedicar una parte de mi tiempo a temas sociales y eso ayudó en la toma de la decisión de independizarme y no volver al área ejecutiva”. Sus aspiraciones se han ido concretando, ya que hoy, además de ser miembro del directorio de D&S, lo es de la Fundación Rostros Nuevos del Hogar de Cristo.

 

 

 

Dudas de hombre grande

 

 

Las ganas de independizarse no son suficientes para dar el paso. En el proceso van apareciendo fantasmas que pueden causar pánico y, muchas veces, echar por la borda las intenciones. Además, aparecen “tentaciones”, como los llamados telefónicos de head hunters o empresas que ofrecen un nuevo cargo gerencial.

Janet Sprönhle, de People&Partners, explica que los ejecutivos que toman la decisión tras ser desvinculados o porque consideran impresentable seguir postergando la idea, son muy permeables a una llamada atractiva. Si no están 100% convencidos y jugados, “cuando reciben una oferta de trabajo, la toman. Incluso, los que perseveran y siguen adelante también les pasa que descubren que en lo que están haciendo se sienten solos, que ya no tienen alrededor gente de su nivel, ni jefes que los inspiren”.

 
{mospagebreak}

Gran parte de estos cuestionamientos los han vivido los ejecutivos con quienes conversamos. Domingo Cruzat relata que cuando se toma la decisión de independizarse, “estás más sólo, con bastante más incertidumbre, porque te puede ir mal, las cosas pueden fallar y te tientas con algunas pegas. Aparece el susto al fracaso profesional y económico, que son dos riesgos distintos. Además, hay todo un tema familiar: a la mujer le gusta que uno esté empleado, que reciba un sueldo todos los meses”, asevera.

Eduardo Novoa comenta que también le llegaron varias ofertas gerenciales que tuvo que desechar. “Eso, por un lado, te da la tranquilidad de que uno sigue en el mercado, pero al mismo tiempo te hace reevaluar varias veces la decisión de seguir o no en el camino de la independencia”.

 

Agrega que los grandes cuestionamientos le vinieron por el tema de la estabilidad. “Llevaba trabajando 20 años en el mundo de las grandes empresas y uno ya sabe moverse allí. Entonces, tienes por un lado la natural estabilidad que sientes cuando estás contratado, versus dedicarte a algo que estás creando. Cuando partes en el tema del emprendimiento a los 23 años es más fácil que hacerlo a los cuarenta y tantos, cuando ya tienes un nivel de gastos y estás acostumbrado a un estándar de vida. Por otro lado, vocacionalmente te cuestionas si no será simplemente un interés pasajero por independizarte, pero que en realidad tu tema va por seguir haciendo lo que sabes hacer”.

 

La decisión no fue tan fácil para Luis Ernesto Videla y sus palabras lo dejan en claro: “Tenía un buen puesto, la confianza absoluta de los dueños; estaba en una extraordinaria compañía, con grandes desafíos, y poseía un conocimiento muy amplio de la industria. Cambiar ese desarrollo por un futuro desconocido, donde tenía que empezar de nuevo, hacía que la decisión no fuera fácil. Sin embargo, el tema que me cuestioné más fue dejar de ser un ejecutivo y pasar a convertirme en un emprendedor- ejecutivo. Rechacé varios ofrecimientos de empresas importantes por el desarrollo de algo propio. Siempre pensé que si seguía trabajando como empleado no había otra empresa mejor que Lan”.

 

Para Francisco Gana el tema fue diferente. “Para mí fue un proceso muy positivo, en el cual la colaboración cercana de mi mujer fue determinante. No hubo grandes cuestionamientos, ya que estaba seguro de que por la labor realizada en Soprole, siempre habría puertas que se nos abrirían”.

 

 

 

La familia y los pares

 

 

Muchos ejecutivos quedan en el camino en su determinación de independizarse, presionados en gran grado por sus familias. Sprönhle explica que “la mujer en esta decisión no es precisamente una buena socia, porque normalmente hay una costumbre de un esquema más estable y conocido.

 

Cuando un ejecutivo decide armar su propia empresa, cuando se la juega por su proyecto, hay que considerar que en dos meses no lo tiene armando, sino que puede tardar dos años. Por tanto, sólo en contadísimas excepciones, la mujer es “socia” del proyecto”.

 

Pero esas excepciones existen. Es el caso de Francisco Gana, quien relata que su familia jugó un papel preponderante. “La Margarita y los niños me ayudaron, me hicieron más agradable el paso que iba a dar y siempre estuvieron cerca, preocupados, pero no menos tristes. Ellos sabían lo que esto significaba”.

 

Para Luis Ernesto Videla, el apoyo de su familia fue fundamental: “Todos estos cambios radicales son muy fuertes en lo emocional y la incertidumbre afecta de todas maneras al grupo familiar. Si no hubiera tenido el apoyo completo de mi mujer y mis hijos, pasar de la decisión a la acción hubiera sido muy difícil”.

 

Y es complejo porque, como explica Cruzat, “los hijos demandan ciertos bienes, gastos y estándares; entonces, si hablas con ellos, les da susto. Pero si tienes una buena mujer y un buen matrimonio, siempre te apoyarán”.

 

Pero la familia no es lo único a tener en cuenta al tomar la decisión. Otra de las cosas que debe enfrentar el ejecutivo es la opinión de sus pares. En la mayoría de los casos, una decisión así les toma por sorpresa, tras lo cual vienen enervantes frases como “invítame a tu proyecto, pero cuando ya esté caminando”.

 

Esto lo pudo comprobar en carne propia Eduardo Novoa cuando anunció su decisión de independizarse. “Primero, hay una razonable y sana envidia. Te dicen, qué rico poder hacer eso, porque creo que es una aspiración generalizada. Pero, al mismo tiempo, no son muchos los que se atreven a dar el paso y terminan diciéndote invítame al negocio”.

 

La experiencia de Francisco Gana fue muy gratificante. Cuenta que su renuncia a Soprole se desarrolló de una manera muy simple y planificada. La comunicó a todos sus colaboradores directos, a los ejecutivos y a los sindicatos. “La reacción de mis reportes directos fue impresionante, mas allá de lo que yo imaginaba. Mi carácter serio, de decisiones firmes, un gerente siempre presente e involucrado, me hacían pensar que estaba en un ambiente duro, pero ahí quedó demostrado que había cercanía con las personas”.

 

Domingo Cruzat explica que en ese proceso le pasó de todo. “Algunos te dicen: ¡pero cómo se te ocurre, por qué no te quedas con el mismo sueldo, las mismas condiciones, para qué te pasas rollos! No es que la gente sea tan materialista, pero se preocupa. También está la gente que te dice: yo me independicé, no me arrepiento. Vivo más apretado, pero tengo otros beneficios espectaculares… te lo recomiendo 100%”.

 

 

 

Por Leslie Cooper

Cambio de vida


Más que un nuevo giro, estos ejecutivos buscan cumplir un sueño.

Consolidarse en una carrera no es fácil. Alcanzar un nombre y adquirir prestigio cobran cada vez más valor para los ejecutivos. Entonces, ¿cómo se entiende que una persona que logró consolidarse, que alcanzó el nombre que siempre quiso y que tiene toda una carrera por delante y varios años de éxitos por conseguir, decida desvincularse de todo el camino recorrido para dar un vuelco en su vida y dedicarse a algo totalmente distinto?


Algo pasa en la mente de estos ejecutivos que, de un minuto a otro, cambian la percepción de su futuro y toman una decisión radical, para dedicarse a lo que siempre quisieron hacer: formar una empresa familiar, trabajar en rubrosopuestos, ayudar a los más pobres, irse a vivir fuera, en fin…
¿Por qué repentinamente entregan su vida así, o más bien su carrera? Nadie podrá saber qué es realmente lo que cruza por sus mentes, pero sí se pueden dilucidar sus perfiles y algunos motivos. Son personas que no le temen a los riesgos y para quienes la libertad y el autogobierno son importantes. Si bien no tienen miedo a los desafíos, estos cambios vienen cuando ya tienen una familia consolidada y un colchón en el cuál pueden mantener el estatus. De esta forma, cambian de trabajo pero no alteran a su entorno más cercano. Buscan satisfacciones más allá de lo monetario. Es el minuto en el que hacen un pare la rueda para pensar en lo que realmente quieren ser. Es el momento de proyectarse y trascender. No se trata sólo de un cambio de rubro o de trabajo: conlleva un sinnúmero de decisiones relacionadas con su esencia. Es la decisión de hacer realmente lo que siempre quisieron; de hacer realidad sus sueños.

Leslie Cooper es directora de HK Human Capital

 

{mospagebreak}

 

Una experiencia similar tuvo Luis Ernesto Videla cuando concretó el anuncio. “Fue una mezcla de sorpresa, pena y alegría. Sorpresa, porque nadie pensaba que yo podía dejar el equipo. Pena, porque tenía una relación de amistad con muchas personas de Lan. Alegría, porque el cariño que me tenían los hizo comprender que la decisión era muy bien meditada y positiva para mí”.

 

 

 

El fin de los privilegios…

 

 

Los beneficios inherentes al cargo que se pierden cuando el ejecutivo se independiza son varios y atractivos. Les preguntamos cuáles eran las cosas de las que más cuesta desapegarse y, sorprendentemente, todos coincidieron: no contar con un equipo de trabajo y apoyo es una de las cosas que más se extrañan.

“Cuesta despegarse de todo el equipo que has formado, del ambiente ejecutivo y profesional. Cuesta despegarse de las facilidades que uno tiene en un cargo de gerente general, en el que no conoces de trámites, garage, bancos, cuentas, etc. Ahora todo lo debes hacer tú. Es una prueba a la humildad el dejar de contar con ese poder que tienes como gerente general de una empresa de la importancia de Soprole”, explica Francisco Gana.

 

“Hay algunos cargos que tienen mucho poder y si hay alguien a quien le gusta vestirse con el poder, en estas posiciones ejecutivas puede hacerlo. La parte buena del poder es que te permite hacer cosas, construir, contar con un grupo económico de respaldo, con recursos; te permite hacer mucho bien, construir país y esa cuestión es muy encachada. Ahora, al contrario de lo que se cree, el dinero no es lo más importante, sino el desafío, la adrenalina de hacer cosas”, sostiene Cruzat.

 

 

 

… y el inicio de una nueva vida

 

 

Definitivamente, la decisión de independizarse cambió la vida a este grupo de ejecutivos. Aunque ya no cuentan con los beneficios que implica un alto cargo, disfrutan cada momento y cada nueva conquista. Eduardo Novoa explica en forma muy gráfica lo que esto significa: “armar cosas, crear, desarrollar nuevos negocios, es una inyección de energía. Para mí es un tremendo factor motivador, porque la toma de decisiones depende de uno y de la gente con que estás trabajando. No hay macro procesos, ni macro estructuras. Es tremendamente flexible, con una sensación de libertad muy grande, lo cual no significa que no termines igual trabajando de lunes a domingo”.

 

El gran beneficio de esta nueva aventura, según Luis Ernesto Videla, es sentirse más dueño de las decisiones y del tiempo. “Se tiende a pensar que el emprendedor se desliga de la ejecución, pero en mi caso estoy absolutamente vinculado con el quehacer diario de la universidad, lo cual me llena de satisfacción, porque puedo contribuir en forma personal al buen funcionamiento organizacional de la Universidad San Sebastián en cada campus. Desde esta perspectiva, mi cambio no ha sido tan radical”.

 

Francisco Gana sólo ve beneficios en esta nueva etapa de su vida: “Mi experiencia ha sido muy buena, mi vida ha cambiado y aunque puedo tener muchas horas ocupadas, los temas son más diversos y tienes más tiempo para ti y tu familia”. En todo caso, advierte que ha rechazado ofrecimientos que lo pueden distraer de su objetivo de ser un buen director profesional independiente.

 

El manejo de la agenda y esa sensación de libertad parece ser el gran motivador de esta nueva etapa. “Manejar tu agenda, manejar tus tiempos, es una cuestión súper rica. Por ejemplo, tengo un amigo marino que me convidó a visitarlo a su zona naval y el poder decirle a tu señora un día martes nos vamos, no tener que pedir permiso y no tener cargo de conciencia es exquisito. ¡Es súper valioso!”.

 

 

 

(Los independientes a continuación…)

 

{mospagebreak}

 


Domingo Cruzat
Con rostro de empresario

 

No puede decir que está aburrido. Desde que decidió dar un giro y convertirse en empresario, Domingo Cruzat no ha parado. Con los recursos que recibió por la venta de CONADE, armó la sociedad de inversiones ADS, que él mismo administra y con la cual está ingresando a nuevos negocios junto a Luis Felipe Mujica. “Nos compramos una empresa de servicios eléctricos que se llama Teknica Chile y que se dedica a vender energía de calidad a las clínicas, a los data center; es decir, a todos aquellos que no pueden permitirse problemas de energía ante un racionamiento. Lo otro que hacemos es respaldo de energía, cosa que puede estar muy de moda este año. Es una empresa mediana, a la que le va muy bien”, explica.


Hoy también participa en el proceso de due diligence para la compra de una empresa de alimentos preparados, que abastece a supermercados, hoteles, casinos y restaurantes, y cuya compra piensan cerrar en las próximas semanas. También evalúa ingresar al negocio de las energías renovables. “Estamos estudiando un proyecto, específicamente en la distribución de pellets de madera para combustible de calderas y estufas”.


Adicionalmente, Cruzat participa en dos directorios: uno, de una fábrica de pinturas industriales que se llama Creíste, y otro, de una compañía llamada Alto, que se dedica al tema de seguridad en cadenas de retail. “Eso me quita la mitad del tiempo. La otra mitad la dedico a armar una consultora –llamada Insight– en lo que más me apasiona, que es ayudar a empresas en el ámbito de servicio al cliente, marketing y políticas comerciales, que creo es lo que más aprendí en Bellsouth”. Si bien en esto de las asesorías partió recién, ya tiene como clientes a una constructora y a un empresario en la compra de una automotora.


Su incursión en el mundo de los negocios también incluye al sector inmobiliario. Cuenta que se juntó con un grupo de amigos e hicieron un aporte financiero para construir un edificio habitacional de 25 pisos en Santo Domingo con Morandé, en pleno centro de Santiago. “Esa cuestión es encachada, porque pasas al frente del edificio y piensas: yo contribuí a esto. Hasta ahora les ha ido bien con la venta; tanto, que piensa seguir apostando a este negocio. En el proyecto está asociado a José Luis Herrera, socio de Ciudad Empresarial y dueño de la constructora Patio Mayor.


Pero su tiempo no ha estado dedicado exclusivamente a la búsqueda de negocios. Reconoce que este nuevo status le ha permitido retomar antiguos hobbies. “Yo siempre he sido filatélico y ahora me dedico más a ello. Troto más, hago más deporte, me encanta la vida social, almuerzo con gente con la que antes no lo hacía, he conocido parientes que no conocía. Puedes viajar más”.


Sin embargo, su gran sueño va por otro lado… quiere dedicarse al servicio público. “Soy director de la Casa de Acogida La Esperanza. Pero tengo que encontrar algo donde me sienta más partícipe. No me gustaría ser concejal ni diputado, pero si cambiara el gobierno, no tendría problemas en ser empleado público, aunque sé que las remuneraciones son pésimas y las condiciones son malas”, asevera.




Francisco Gana
Siga su promesa

Francisco Gana ha cumplido al pie de la letra la promesa que se hizo cuando tomó la determinación de dejar la gerencia de Soprole: dedicarse por entero a ser un buen director profesional independiente. “Ahora el tiempo lo puedo organizar mejor, tengo tranquilidad para estudiar, para prepararme para los directorios con tiempo, dedicación y responsabilidad”, explica.


Cuando se conoció su determinación de dejar Soprole, a Gana le llovieron las propuestas: “me siguen llamando, pero como mi objetivo es ser un buen director profesional independiente, he sido fiel a ello”. En eso ha estado. Es director de D&S, de la Fundación Rostros Nuevos del Hogar de Cristo y de Laboratorios FE, dedicado a los productos de cosmética.


En el rubro de las consultorías, Gana asesora en la gestión de los colegios del Arzobispado de Santiago (Fundación Notre Dame) y en la gestión de Maqsur, que entrega servicios a empresas salmoneras.

 

-¿Qué significa ser buen director profesional independiente?
-Tener capacidad para aportar siempre una visión autónoma y objetiva de la compañía. Conocimiento sobre otras industrias y mercados, importantes contactos comerciales y manejo imparcial de conflictos de interés. Asistir a todos los directorios de las filiales relevantes (derecho legal) en caso de haberlas, para entender a fondo el negocio. Siempre tener como norte los intereses de todos los accionistas; administrar y minimizar los conflictos de interés, informando a las instancias correspondientes; mantener siempre la independencia con el grupo controlador, crear valor para el largo plazo y promover políticas de información de hechos relevantes con la mayor prontitud y profundidad. Así es el nuevo decálogo de Francisco Gana.


 

 


Eduardo Novoa
A la caza de emprendedores

En las próximas semanas Eduardo Novoa estrenará oficina. Buscó en varios lugares y finalmente se quedó con una ubicación que considera envidiable: Alonso de Córdova. Está feliz y ansioso con el futuro cambio, pese a que ha tenido que hacer todo solo.


“Sigo trabajando igual que antes, pero con gran flexibilidad. Eso de sentirse con la libertad de espíritu para no tener que explicarle nada a nadie es buenísimo. Hoy tengo más tiempo para deportes, para amistades, para mi familia y flexibilidad, porque trabajo en distintas partes con distintos horarios. Es un trabajo mucho más individual, así que tengo menos reuniones ampliadas”, explica.


Dice que cuando volvió de su semi-sabático recibió el llamado de varias empresas que le ofrecieron cargos directivos o ejecutivos. Algunos los tomó. De hecho, hoy forma parte del directorio de Esval, con el apoyo de las AFP y otros minoritarios. También ha asumido asesorías en proyectos grandes de algunas empresas. “El resto del tiempo lo he dedicado a nuevos proyectos, a posibles nuevos negocios y a explorar cosas. A veces, la gente asume que para independizarse hay que tener un proyecto listo y que uno se sale de la pega al proyecto. En mi caso fue distinto, me retiré y me tomé un tiempo porque no necesitaba tener inmediatamente definido lo que haría”.


Novoa se embarcó en iniciativas que se traducen en proyectos asociados con emprendedores. Es así como en noviembre del año pasado se sumó al proyecto de Rodrigo Larenas y Fernando Araya, quienes crearon Industek, una empresa de temas eléctricos, iluminación y eficiencia energética. Otro proyecto que mantiene en reserva y que verá la luz en las próximas semanas, es una alianza “con un emprendedor muy potente”.


También penetró en el negocio inmobiliario. Junto a su amigo Gonzalo Cubillos y los socios de la constructora Serinco, Eduardo Effa, Sergio Ramírez y Juan Pablo Simian, están trabajando para levantar un proyecto inmobiliario en pleno barrio Lastarria, al cual bautizaron Edificio Paseo Barrio Lastarria, que -además de departamentos- incluye una plaza central donde se ubicarán restaurantes y locales comerciales.


“Espero ir tomando otros directorios. Vamos a ver qué pasa en abril, aunque me interesa en forma complementaria, ya que estoy dedicado a armar negocios”. De hecho, está formando un fondo de inversión privado, llamado Patagonia, con varios inversionistas y que próximamente podría dar novedades. Su objetivo son empresas que tengan un fuerte componente de innovación (en tecnología o modelo de negocios), con emprendedores de primera categoría.




Luís Ernesto Videla
Enfocado en la educación

 

Antes de optar por independizarse, Luis Ernesto Videla vivía arriba de aviones y en hoteles… Y aunque su rutina no ha cambiado tanto, hoy lo hace en su calidad de vicerrector académico de la Universidad San Sebastián, casa de estudios con presencia en seis ciudades. “Sin embargo, mis viajes son bastante más cortos y duermo la mayoría de las noches en mi casa. Este es un cambio muy radical y que me tiene muy contento”, asegura.


Al igual que sus colegas, cuando salió de Lan recibió el llamado de varias empresas invitándolo a participar en proyectos. “Sin embargo, nunca estuve en el mercado. Yo no tenía intenciones de emplearme. Recuerdo que conversando con Jorge Awad (presidente de Lan), me recomendó que si quería partir en el mundo del emprendimiento, debía quemar las naves. Fue un consejo que siempre le agradeceré”, comenta.


Hoy está abocado a un ambicioso proyecto: convertir a la Universidad San Sebastián en líder del rubro. “Considerando los cambios que ocurren en este ámbito y las demandas del país, mi apuesta es contribuir con educación de calidad y trabajar con las competencias y habilidades de los alumnos, para aportar a la sociedad con mayores oportunidades para todos y así generar una verdadera movilidad social. Yo ingresé como socio a la Universidad San Sebastián junto a Alejandro Pérez, invitado por los antiguos socios. Estamos concentrados en la tercera etapa de esta universidad, que partió en Concepción, tiene 18 años, más de 14.000 alumnos y 6 sedes”. Eso, más los planes de crecimiento de la universidad, lo tienen más que ocupado.