Está viviendo un gran momento. Sus inversiones en Corpgroup y la Clínica Indisa marchan como avión; después de muchos años tiene tiempo para dedicarse abiertamente a la cosa pública y académica y su patrimonio personal excede con creces cualquier monto que hubiera imaginado en sus inicios. A los 56 años Jorge Selume está invirtiendo, por fin, en las dos grandes pasiones que tenía postergadas: el campo y el fútbol.

  • 7 septiembre, 2007

Está viviendo un gran momento. Sus inversiones en Corpgroup y la Clínica Indisa marchan como avión; después de muchos años tiene tiempo para dedicarse abiertamente a la cosa pública y académica y su patrimonio personal excede con creces cualquier monto que hubiera imaginado en sus inicios. A los 56 años Jorge Selume está invirtiendo, por fin, en las dos grandes pasiones que tenía postergadas: el campo y el fútbol. Por Lorena Medel; foto, Gabriel Pérez.

 

Siempre se le ha conocido como gran aliado de Alvaro Saieh. Algo así como su sombra, el hombre clave en sus inversiones, el mejor amigo, el ejecutivo ponderado y de bajo perfil que sacó adelante a Corpbanca, el que lo entusiasmó con la idea de armar un proyecto privado para competir en educación superior, el que lo asesoró en sus primeros años en Copesa y el que lo ha acompañado en todas y cada una de sus aventuras empresariales. En buenas cuentas, casi su hermano siamés. Por eso, quizás, a más de alguien ha sorprendido que después de 30 años, Jorge Selume Zaror (56) haya decidido cortar esta suerte de “cordón umbilical” y haya empezado a forjar su propio camino empresarial.

 

Algunos dicen que eso responde únicamente al tremendo patrimonio que este economista de profesión ha logrado reunir en todos estos años. Y que dado que tiene tres hijos (Carolina, Jorge y Nicolás), era importante diversificar y no tener todos los huevos en una sola canasta. Otros, en cambio, aseguran que se cansó de ser copiloto de Alvaro Saieh y decidió darle rienda suelta a sus grandes pasiones: el campo y el fútbol.

 

Como sea, lo cierto es que de un tiempo a esta parte el hombre no ha parado de hacer noticia. Primero se compró una viña, luego levantó de la nada un haras de caballos árabes, entró a la propiedad de Blanco y Negro, armó una empresa inmobiliaria estilo real estate, y, para rematar, ingresó al negocio del aceite de oliva, plantando más de 340 hectáreas en los alrededores de su campo en Talca… Sus más cercanos calculan que en los últimos tres años Selume ha invertido más de 50 millones de dólares en negocios personales y que, conociendo al personaje, lo más probable es que de aquí al 2010 esa inversión se duplique.

 

-Jorge es un tipo brillante –señala Christian Samsing, ex gerente general de Corpbanca–. Es un gran estratega, un profesional muy analítico y de inteligencia superior. Siempre detecta oportunidades en lugares donde otros pasan de largo y no me cabe duda que le va a ir estupendo en todo lo que está haciendo. Además, es de los hombres más correctos que he conocido en mi vida. Debo decir que me parece estupendo que esté cortando el cordón umbilical.

 

Selume debe ser de los personajes más queridos en la tribu de los negocios. Lo decimos con conocimiento de causa. Todos los que llamamos para que nos contaran de su vida, su historia y sus intereses, solo tuvieron buenas palabras para referirse a él. Es más, siendo quizás infidentes, podríamos decir que a diferencia de otros personajes que hemos intentado perfilar, en esta ocasión nadie pidió aparecer en off o se restó de hablar. Al contrario. Casi como si se tratara de un asunto de justicia, de “Jorgito” o del “Negrito”, como le llaman, todos querían decir algo.

 

 

 

Espíritu público

 

 

Hace 30 años, todos hubieran dicho que Jorge Selume iba a ser un servidor público. Fue de los que no dudó en elegir Economía cuando tuvo que optar por una de las dos líneas en ingeniería comercial de la Universidad de Chile. Y cuando se tituló, prefirió aceptar un cargo en Odeplán, con un sueldo miserable, en vez hacer carrera en el Banco Español.

 

Más tarde, motivado por hombres como Sergio de Castro, Miguel Kast, Jorge Cauas y Carlos Massad, postuló a una beca para irse a perfeccionar a la Universidad de Chicago y, a su regreso, en vez de enlistarse en el negocio textil de su padre, se convirtió en jefe del departamento de Economía de la Universidad de Chile y muy poco tiempo después en el decano más joven que haya tenido esa facultad.

 

Paralelamente a su rol académico, participó en diversos directorios de empresas del Estado: en el de Chilectra, entre 1983 y 1984, antes de la privatización; en Entel, entre 1981 y 1985; y en la Compañía de Teléfonos de Chile, CTC, entre 1983 y 1985. Tenía módicos 28 años cuando Pinochet lo llamó para ofrecerle la Dirección de Presupuestos. Hernán Büchi había dado su nombre y, luego de revisar su corta trayectoria, ninguno de los cercanos al general dudó que el muchacho tuviera dedos para el piano. En 1985 fue nombrado en el cargo, cuando Hernán Büchi era ministro de Hacienda y el coronel Manuel Concha Martínez el subsecretario.

 

-En Presupuestos hizo un trabajo extraordinario –cuenta Juan Antonio Guzmán, quien por esos años ofició de ministro de Educación y se considera uno de sus grandes amigos–. El orden de los recursos públicos fue notable. Llegó a ser mucho más que la mano derecha de Hernán Büchi. Pero más allá de todo, quizás lo más relevante es que siempre fue un hombre muy correcto, muy ponderado y con un gran sentido de lo social.

 

Al término del gobierno de Pinochet, participó activamente en la campaña presidencial de Hernán Büchi. Armó casi toda la estructura económica para un eventual gobierno, hizo campaña puerta a puerta, visitó poblaciones, atrajo talentos de su universidad, motivó a mucha gente… Dicen que la derrota lo dejó en el suelo. La sola idea de revivir los años de la Unidad Popular, donde él y su familia lo habían pasado muy mal, lo hicieron cortar de raíz con el mundo público.

 

Sin embargo, hasta el día de hoy sigue siendo gran simpatizante de la UDI y un activo colaborador en los comités y estudios de Libertad y Desarrollo.

 

-Hace un par de años lo convidamos a la UDI a integrar grupos de estudios sobre temas técnicos –señala Julio Dittborn, uno de los amigos más antiguos de Selume, compañero de banco en el Colegio Alemán desde kinder, “socio” de grandes pichangas futboleras en la plaza de la calle Matilde Salamanca, en Providencia, y cómplice de intensos carretes y mochileos por Europa–. Armamos un grupo con Hernán Büchi para discutir temas de actualidad, como la reforma previsional, y él ha sido un gran aporte. Pero no participa en actividades netamente políticas. Jamás sería candidato a nada. Se moriría como diputado o alcalde… Y si lo hiciera, la Marta, su señora, lo mataría.

 

También lo ha mantenido atado al debate público Cristián Larroulet, otro de sus grandes amigos de los tiempos de Chicago, padrino de una de sus hijas y favorito a la hora de elegir un compañero de viaje.

 

-Jorge es uno de los colaboradores más activos que tenemos en Libertad y Desarrollo –señala Larroulet, director ejecutivo del organismo–. Lleva un año y medio trabajando con nosotros. Fue director de los Talleres Bicentenario y nos colabora activamente en temas relacionados con economía de la Defensa. De hecho, ante un eventual gobierno de Lavín, su nombre sonó para ministro del ramo… Y lo hubiera hecho extraordinariamente bien. Jorge es una persona muy sencilla, muy cerebrada. Nunca se sale de sus casillas. Tiene mucha intuición económica y un gran apego por la cosa pública.

 

Claro que no todo ha sido miel sobre hojuelas en su contacto con el mundo público. Hace poco tuvo que ir a declarar por el tema de los gastos reservados, situación que, según dicen sus amigos, lo tuvo “bajoneado”. Pero salió airoso. En un acto de mucha seriedad, se ofreció para elaborar un informe con los posibles paraderos de los dineros y un análisis financiero del período 1985-1988. Eso, con la firme convicción –dicen sus amigos– de que el que nada hace, nada teme.

 

-Pese a todo lo que le dolió conocer los detalles de los dineros en el Banco Riggs, Jorge sigue siendo un gran defensor del gobierno de Pinochet –sostiene Alfonso Mujica, uno de sus buenos amigos de los tiempos de Chicago–. Lo conozco y sé que fue a declarar con la frente en alto.

 

 

 

El encanto privatizador

 

 

Mucho antes de la derrota presidencial de Hernán Büchi, en 1989, Selume ya se había privatizado. Invitado por Alvaro Saieh, se las arregló para poner un millón de dólares, junto con otros diez inversionistas, para adquirir el entonces intervenido Banco Osorno. La inversión le permitió sentarse en el directorio del banco y otras compañías financieras, como Banco Osorno Leasing, Banco Osorno Fondos Mutuos y Masseguros.

 

-La historia es más o menos conocida –señala Héctor Valdés, asesor del directorio de Corpbanca–. Carlos Abumohor, a nombre del grupo “Las diez mezquitas”, le pidió a Alvaro Saieh que evaluara cuál de los bancos intervenidos por el gobierno militar era el mejor para comprar. Saieh les recomendó el Osorno y lo licitaron en 10 millones de dólares. Cada uno aportó un millón, entre los que estaban el propio Saieh, Abumohor y la familia de Jorge Selume. Desde la gerencia general, Saieh transformó ese banco, que estaba virtualmente quebrado, en la joyita del mundo financiero. Y cuando vendieron al Banco Santander, diez años después, todos quedaron bastante ricos.

 

El precio de esa operación fue de 495 millones de dólares y fue la mayor transacción de la historia del sistema financiero chileno hasta entonces.

 

Meses después, varios del mismo grupo iniciaron las negociaciones para adquirirle a la Sociedad Nacional de Minería el Banco de Concepción, que por esos años se encontraba en deteriorada situación financiera. De esa operación surgió más tarde el actual Corpbanca.

 

-Este grupo venía con una velocidad y unas ganas de hacer negocios tremenda. La venta del Osorno y el éxito que había tenido esa gestión los tenía por las nubes –recuerda Valdés–. Pero se encontraron con un banco que estaba peor de lo que esperaban. El Concepción era un desastre desde el punto de vista operativo y de riesgo de crédito. Para colmo, vino la crisis asiática. Al final, les costó mucho más de lo que pusieron inicialmente. Y a Selume, que estuvo a cargo de la gerencia general, lisa y llanamente le tocó bailar con la fea. Me saco el sombrero por el trabajo que hizo.

 

-Yo trabajé con Selume siete años, siendo él mi jefe y después otros tres más siendo él director y yo gerente general de Corpbanca –recuerda Christian Samsing–. Lo que más rescato de él es que siempre mantuvo la calma. Cuando el banco perdía plata a manos llenas, los años 97, 98, 99, él supo ordenar la casa y manejarse estupendamente en tiempos de tormenta. Jorge habla poco, pero cuando lo hace sus comentarios son siempre inteligentes. Como dice la gente de su colonia, sabe usar una boca y dos orejas.

 

Entremedio, Selume, junto con Alvaro Saieh, Juan Antonio Guzmán, Miguel Angel Poduje, Luis Cordero y Andrés Navarro, entre otros, levantaron la Universidad Andrés Bello, que vendieron, no sin polémica, a Laureate Educations el 2003. Paralelamente, adquirieron la Clínica Indisa, la misma que hoy tienen convertida en una de las mejores en salud privada en Chile.

 

 

 

En primera persona

 

 

Ya nos habíamos resignado a que Jorge Selume no iba a hablar con Capital, cuando recibimos un llamado invitándonos a conversar a su oficina. La sorpresa fue enorme, sobre todo porque varios de sus amigos nos habían dicho que era imposible que “Jorgito” recibiera a la prensa. “Entre salir y no salir, preferiría no hacerlo –nos dijo al teléfono–. Pero ya que estás haciendo esto y que va a salir sí o sí, prefiero hablar, para que la historia quede completa”.

 

 

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La razón de este repentino cambio se la debemos a Renato Peñafiel, “su hermano”, quien no quiso hablar sin antes pedirle permiso. Y bueno, qué mejor que tener a la primera fuente para completar las lagunas de su historia que sus más cercanos tenían confundidas.

 

 

-Con toda honestidad ¿hubo ruptura con Alvaro Saieh?


-No. Somos muy amigos. Somos socios en Corpgroup y en la Clínica Indisa. Tenemos una relación de más de 30 años. Nos conocemos desde los tiempos de la universidad. Yo soy padrino de una de sus hijas, hemos viajado… ¡mil cosas! Esta separación de aguas, de la que todo el mundo habla, responde únicamente a que tenemos intereses distintos. La vida también lleva a emprender caminos propios. El está en Copesa y en cientos de otras cosas. Y yo estoy en el campo y en el fútbol.

 

 

-Dicen que usted es de las pocas personas que lo lleva bien a él…

-¿En serio dicen eso? No, Alvaro se entiende bien con mucha gente. Lo que pasa es que él es una persona muy autoexigente y para muchos eso es sinónimo de odioso. Pero no. En la medida que las cosas sean francas, directas y abiertas, con Alvaro nunca vas a tener problemas.

 

 

-¿De dónde viene su interés por la cosa agrícola?

-Siempre me ha gustado el campo y me encantan los negocios agrícolas. No es de los mejores, eso lo tengo claro, pero despierta mis pasiones. Mi señora es de Talca y siempre he tenido un gran apego por esa región. Allá tengo una casa, una viña con 180 hectáreas plantadas y ahora estoy plantando olivos en otro campo que me compré. Tengo más de las 500 hectáreas que salió en el diario, y estoy plantando 340 de olivos.

 

 

-¿Tiene viña o viñedos?

-He embotellado, pero solo para regalarle a los amigos. He hecho botellas con los nombres de mis abuelos, bien simpáticas. Pero el verdadero negocio es la venta de vino a granel y uva.

 

 

-¿Y es negocio tener un haras de caballos árabes?

-En el extranjero los caballos tienen un muy buen precio. Estoy armando el haras Santa Marta, también en Talca. Mi idea es producir un caballo de muy buena calidad y venderlo afuera. Los ejemplares árabes son los que van a concursos, esos donde se premia al más bonito. Hoy tengo cerca de 20.

 

 

-¿Y en el fútbol? ¿Invirtió en Colo Colo por amor o por un asunto de negocios?

-Yo soy colocolino de corazón, pero mi mayor motivación fueron las ganas de aportar, con mis conocimientos empresariales, a una industria que me parece es un desastre. Además, conozco mucho a Gabriel Ruiz-Tagle y a Cristián Varela y me parecen personas muy serias.

 

 

-Usted fue el único que siguió ligado a la Universidad Andrés Bello después de la venta. ¿Tiene alguna relación de propiedad con Laureate?

-No. Cuando nosotros vendimos la Universidad, me tocó ser la contraparte de ellos. Fui la cara visible. Ellos se quedaron con una buena impresión mía y me pidieron que siguiera ayudándolos. Además, siempre me atrajo el proyecto universitario y me sentía muy comprometido con la Andrés Bello. Hoy ya no solo me encargo de la operación de Laureate en Chile, sino que soy el presidente de la región andina, que incluye Colombia, Ecuador y Perú, además de Chile.

 

 

-En algún minuto se dijo que usted se había resistido a traspasar la universidad a un grupo del que poco y nada se conocía en Chile.


-No, eso no es real. Es cierto que me dolió vender la Andrés Bello. Después de todo, yo tengo una gran pasión por el tema de la educación superior. Sin embargo, creo que los tipos de Laureate hacen muy bien su trabajo. Yo me siento cómodo con ellos y están haciendo un trabajo muy interesante. En Centroamérica ya tienen 180 mil alumnos, además de una buena universidad en España, una buena universidad de nicho en Francia y Suiza y muy buenas escuelas de negocios en Francia. Partieron con una universidad online en Estados Unidos y mira dónde están hoy. Han comprado muchas entidades en América latina y Europa.

 

 

-¿Y en qué está José Pedro Undurraga?

-En la vicepresidencia del Cono Sur. Es mi brazo derecho.

 

 

 

Con Pinochet

 

 

-Usted siempre fue uno de los grandes defensores del gobierno de Augusto Pinochet. Participó en él, de hecho. Pero no solo eso. También aportó dinero cuando estuvo detenido en Londres. ¿Se sintió traicionado cuando aparecieron las cuentas del Banco Riggs?

-No diría que traicionado. ¡Quién soy yo para eso! Pero no me agradó saberlo. Estuve varios días muy mal. Ahora, sigo creyendo que Pinochet hizo un gran gobierno. Y me enorgullece haber colaborado con esa administración.

 

 

-¿Fue ingrato tener que ir a declarar por el tema de los gastos reservados?

-El hecho en sí es ingrato. Ahora, la audiencia misma con la jueza ha sido un agrado… Ella me entregó cifras que a mí no me cuadraron. Por lo menos no eran las que yo tenía en la cabeza. Entonces me pidió si podía ver eso y mandarle mi versión. Y lo hice. Todo con mucho respeto.

 

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-¿Pondría las manos al fuego porque no se pagaron sobresueldos en el gobierno de Pinochet?

-Te puedo asegurar que no existían los sobresueldos. Me consta que Hernán no tenía sobresueldo. Me consta que yo no tenía. Y nunca vi que nadie los tuviera.

 

 

-¿Fue cercano a Pinochet en el tiempo posterior a su mandato?


-Nunca fuimos muy cercanos. Nuestra relación siempre fue de trabajo. Pero concluido su gobierno, varias veces me invitó a almorzar a la comandancia en jefe. Pero siempre en un ámbito muy formal. Jamás me involucré con su familia y conocí muy poco a sus hijos.

 

 

-¿Nunca le han dado ganas de emprender una carrera política?

-En algún minuto lo evalué. Lo conversé con mucha gente, pero al final decidí que no. Es cierto que tengo espíritu público y me encantaría trabajar en ese sector, pero no tengo vocación electoral. Participé activamente en la campaña de Hernán Büchi. Pero cuando él no salió tomé la decisión de alejarme y he sido consecuente. Sin embargo, como me pica el bichito de lo público, hace unos años formé una empresa que se llama Opina, que hace encuestas de opinión pública, entre ellas, las que publica El Mercurio. Para mí tener esa empresa es una alternativa para conocer la opinión de la gente.

 

 

-¿Y Saieh no se enoja porque hace cosas para El Mercurio?


-No, al contrario. La gente nos relaciona tanto, que mis estudios no tendrían credibilidad en La Tercera.

 

 

-Entiendo que también sigue en el mundo público a través de la UDI y de colaboraciones con Libertad y Desarrollo.

-Sí. Con Cristián Larroulet somos muy amigos, de los tiempos de Chicago, y creo que hace una gran labor. Por lo tanto, siempre en la medida de mis posibilidades, lo he ayudado cuando me lo ha pedido. Participo en reuniones y en su minuto coordiné el sector Defensa para el programa bicentenario.

 

 

-¿Sabe de Defensa por su cercanía con las fuerzas armadas?


-Quizás. En Chile se sabe muy poco del tema y a mí me apasiona. Pero lo mío no tiene que ver con las armas, ni con los F16, es algo mucho más conceptual. Tiene que ver con cómo abordar los temas de defensa desde el punto de vista estratégico, con cómo se asignan las platas dentro del presupuesto.

 

 

-¿Es cierto que en un eventual gobierno de Lavín usted habría sido ministro de Defensa?


-Eso se comentaba. Yo apoyé a Joaquín por amistad y si me lo hubiera pedido, de seguro lo hubiera aceptado.

 

 

-¿Y si hubiera salido Piñera?

-No me gusta hablar de cosas hipotéticas.

 

 

-¿Le parece que es incompatible la política con los negocios?


-No si se separan adecuadamente. Yo creo que la política no debiera estar vetada para los empresarios, pero hay que hacer bien las cosas. Yo creo que Sebastián es muy capaz. Creo que tiene posibilidades de llegar a la presidencia y que lo haría muy bien.

 

 

-¿Ganará la derecha las próximas elecciones presidenciales?

-No sé si en las próximas, pero tengo claro que la derecha va a volver a gobernar algún día. Más allá de las preferencias políticas que yo pueda tener, creo que es muy sano que exista alternancia. De hecho, si hoy tuviéramos a la Alianza con 17 años en el poder, te aseguro que estaría diciendo lo mismo. Alternancia es sinónimo de competencia. Y creo que después de tantos años se acaban las ideas y los gérmenes de la corrupción florecen.

 

 

-¿Cuál es el gran problema de la derecha?

-¡Ay!, no me hagas opinar de ese tema. Quiero mantener a mis amigos.



-Ampliemos la pregunta, entonces. ¿Qué le pasa a Chile? ¿Por qué no podemos despegar?

-Creo que nosotros tenemos un problema serio en definir políticas públicas. El gran mérito del período del gobierno militar fue apuntar justamente a eso. Las políticas públicas correctas son las que hacen crecer a un país. Desgraciadamente, en Chile siempre se tiende a volver a las prácticas protectoras. Y al fi nal lo único que se termina haciendo es frenando el desarrollo y perjudicando a los más débiles y a los más pobres. Eso, hoy, está volviendo con más fuerza que nunca. Tenemos políticas redistributivas que no redistribuyen y que más encima frenan el crecimiento. Y nos enfrascamos en discusiones absurdas.

 

 

-¿Cómo cuáles?

-¡Uf, miles! En si la educación debiera o no tener fines de lucro, por ejemplo. Si uno le pregunta a la gente si prefiere tener a sus hijos en un colegio privado o en uno público, independiente de si lo pueden pagar, todos dirían que lo tendrían en uno privado. Eso es así. Y sin embargo estamos contra el lucro en la educación. En el tema salud, lo mismo. Hace unos meses, un hospital nos pidió ayuda porque estaban colapsados. Nosotros readecuamos rápidamente la antigua sala de urgencia de la Indisa y los ayudamos. El médico de la zona poniente estaba feliz, te mueres cómo nos agradeció. Nosotros le cobramos al hospital probablemente más de lo que ellos le cobran a su gente, pero no nuestras tarifas, sino mucho más bajo que eso. Y para nosotros tuvo sentido hacerlo. No solo por un acto solidario, sino también por una cosa económica. ¿Te imaginas cómo cambiaría la salud en este país si de verdad se dejara entrar al sector privado? Yo no sé qué pasa en Chile. Hay una aversión contra lo privado que complica mucho las cosas.

 

 

-Y la discusión del sueldo ético ha traído más aversión todavía. ¿Qué opinión tiene sobre ese tema?


-Partamos de la base que en todo hay cosas buenas y cosas malas. Y aquí en Chile hay empleadores buenos y malos, que son una franca minoría. El problema es que no se debe legislar en base a la minoría que hace mal las cosas. El nivel del sueldo no es un asunto de ética. Lo poco ético sería que uno no quisiera que los demás ganaran más. Y eso no es el punto. Se trata de cómo ser más productivos para que los salarios puedan ser más altos. Si solo se sube el salario mínimo los más perjudicados serían los trabajadores menos calificados, los más pobres.

 

 

-¿Qué opinión tiene de la presidenta?

-Creo que es una buena persona, pero muy mala gobernante. Se le está poniendo complicada la cosa.

 

 

 

Ser, tener y disfrutar


Selume es un hombre de pocas palabras. Pero cuando se le conoce un poco más en profundidad, uno entiende por qué sus amigos lo quieren tanto.


A diferencia de muchos hombres de negocios, es un gozador con todas sus letras. Disfruta lo que tiene, se da gustos, es amigo de sus amigos y tiene obsesiones que apasionan a cualquiera.


Tiene una bonita casa en la subida El Cóndor, ahí mismo donde viven Saieh, Abumohor, Rishmagüe. Y aunque la suya no se ve desde cualquier edificio de la zona oriente, dicen que es de todo gusto, con grandes jardines y una vista de Santiago extraordinaria.


Se acaba de comprar un terreno en Cachagua y tiene un cómodo refugio en El Colorado, donde se arranca a esquiar junto a sus hijos y su señora cada vez que el tiempo se lo permite. También tiene varias hectáreas en Talca, la ciudad natal de su mujer, Marta Aguirre, donde ha levantado una viña, un haras de caballos árabes y hace poco una plantación de olivos. Los que han tenido ocasión de conocerla cuentan que su casa en el campo es de película y que está habilitada para invitar a más de cincuenta personas de una vez, con cómodas piezas y baños privados. De hecho, vive armando “carretes” con sus amigos de Chicago –entre los que se cuenta a Alfonso Mujica, Félix Bacigalupo, Renato Peñafiel, Alvaro Vial, Julio Dittborn, Joaquín Lavín y otros de Argentina, Perú y México.


-Con Jorge es imposible pasarlo mal –dice Félix Bacigalupo, otro de sus tantos correligionarios de los tiempos de Chicago–. Le encanta invitar a su casa, es un estupendo anfitrión y su señora es un encanto. De todos los que fuimos a Chicago, es el que más promueve que nos sigamos viendo. Y cada vez que sabe que algunos de los Chicago “no chilenos” anda por estos lados, arma unos encuentros inolvidables.


De espíritu obsesivo, Selume es de los que no descansa hasta conseguir lo que quiere. Y no solo en materia de negocios. Dicen que es un gran coleccionista y que en su casa tiene un salón que ya se lo quisiera cualquiera de los museos históricos de este país. Tiene, por ejemplo, una carta original que Arturo Prat le mandó al almirante Latorre, un manifiesto fechado el 4 de septiembre de 1811 suscrito por Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera y mil documentos más que causarían envidia en cualquier coleccionista o historiador. También tiene mapas de piratas, rutas de supuestos tesoros y libros de varios siglos atrás conservados en forma intacta… Sus amigos cuentan que cada vez que viaja se las ingenia para recorrer las tiendas de antigüedades y asistir a remates, y así es como ha llegado a tener más de 38 ejemplares del Quijote de la Mancha, desde 1680 en adelante, en varios idiomas.


También ama la pintura. Es fanático de la generación de pintores del 13. Tiene cuadros originales de Arturo Gordon, Pedro Luna, Camilo Mori, Benito Rebolledo, Ulises Vásquez y Nicanor Vergara. Y enloquece con Matta, de quien posee una de las colecciones más importantes de Chile.