Tras sufrir pérdidas millonarias y remezones ejecutivos, la estatal busca rediseñar procesos comerciales y financieros para salir del pozo

  • 14 abril, 2009

 

La firma enfrenta días difíciles. Esta semana comenzó a ser investigada por la Cámara Baja para aclarar las pérdidas de 2008, mientras que la administración –encabezada desde hace tres meses por Rodrigo Azocar- se la juega por mejorar la gestión y lograr números azules este año. Por Cristán Rivas N.

El 15 de enero pasado la Empresa Nacional del Petróleo, Enap, salió por última vez al mercado a emitir deuda pública. Se trató de una operación a nivel local en la cual consiguió poco más de 300 millones de dólares –vitales para refinanciar su abultada cartera de pasivos de corto plazo, que alcanzaban al 60% de su deuda total a diciembre– y que fue muy bien evaluada por el mercado, alcanzando las menores tasas de colocación entre todas las operaciones de este tipo en el año. Pero no todos supieron que tras el éxito de esa transacción hubo un trabajo de relojería para levantar la alicaída imagen de la firma.

Por esos días ya circulaba el rumor entre los principales ejecutivos del mercado financiero de que la compañía reportaría en 2008 uno de los peores resultados de su historia (en torno a los 1.000 millones de dólares), lo que –sumado al deterioro en el sistema financiero producto de la crisis económica– no alentaba la participación de los potenciales inversionistas.

Por eso, recién instalado en la gerencia general, el DC Rodrigo Azócar no la tuvo fácil. Aunque en el mercado era visto como un ejecutivo “de los menos políticos al interior de la Concertación” y con un perfil más bien tecnócrata, tuvo que esforzarse bastante para –literalmente– vender los aspectos más positivos de la empresa y atraer a los esquivos inversionistas.

El mismo reconoció a algunos de sus más cercanos, que estaba “un poco asustado” por el éxito o fracaso de esa operación, porque de ello dependía incluso el buen funcionamiento de la firma en el corto plazo. Eso lo llevó, a pesar de llevar menos de dos semanas en el cargo, a involucrarse activamente en el road show, aprovechando la experiencia financiera que traía de sus puestos anteriores, como la gerencia general de Metro.

Su primera acción consistió en instruir al entonces gerente de Finanzas de la corporación, Sergio Galán, para que organizara una reunión con Juan Andrés Camus, socio de Celfin, la firma que actuaba como articuladora del bono, y los ejecutivos de primera línea de las AFP, principales inversionistas de la plaza local. Azócar centró sus esfuerzos en trazar un perfil de empresa orientado a mostrar que contaba con el apoyo del ministerio de Hacienda y la misma Moneda para acometer los cambios necesarios. También les habló detalladamente sobre el comportamiento del mercado del crudo, que ya comenzaba a estabilizarse respecto a los últimos meses del año previo, cuando la firma compró una gran cantidad de petróleo en un valor cercano a los 130 dólares el barril, para luego sufrir su desplome a menos de 50 en sólo tres meses.

Precisamente, esa jugada explica buena parte de las pérdidas de 2008, pero al interior de la estatal añaden otras causas, como errores en la política comercial, barreras administrativas y dificultades en el manejo financiero.

Altos costos y deudas

Además de las elevadas pérdidas, el balance de la estatal a 2008 dejó en evidencia una gestión marcada por el alto gasto y un elevado endeudamiento. Los costos de explotación superaron considerablemente sus ingresos: mientras le ingresaron 12.185 millones de dólares en el ejercicio, los costos superaron los 13 mil millones de dólares.

Sin duda, una carga difícil de sobrellevar, lo que llevó a Azócar a revisar peso a peso cada uno de los ítems que registraban mayor gasto y ver la manera de disminuirlos. La orden fue que las dos filiales de la compañía –Refinerías y Sipetrol– redujeran al máximo sus costos fijos y variables, principalmente en las áreas de logística y de consumo de energía. Azócar es ambicioso en esto y estaría concentrado en rebajar unos 300 millones de dólares por esta vía.

Enap cerró 2008 con pasivos que superaron los 4.600 millones de dólares, de los cuales el 60% está clasificado como de corto plazo; es decir, obligaciones que deberían enfrentarse este año. Claro, en ese monto también están los créditos de proveedores, que normalmente se van saldando mes a mes una vez que se materializan las entregas de petróleo desde el exterior y que funciona con líneas de crédito y flujo de caja. Pero en ambas opciones se enfrentaron dificultades el año pasado. Primero, por el cierre de las líneas de crédito a raíz de la crisis económica y segundo, por el sobrestock de productos refinados a un precio sustancialmente mayor al que existía en el mercado y que había bajado bruscamente en pocas semanas.

Para hacerse una idea de qué tan altos son los compromisos de la compañía, basta mirar la razón entre endeudamiento y patrimonio –muy utilizada para analizar el concepto a nivel financiero–, que arroja un resultado de 17 veces al término de 2008.


Remezón para enviar señales

Tanto a su círculo íntimo como a varios ejecutivos del sector financiero, Azócar ha transmitido la idea de que Enap es una empresa que está enferma y sus síntomas dan para pensar que puede ser más que un simple malestar. Por eso, su visión es que hay que actuar rápidamente para superar lo que considera varias décadas de mala gestión. Así, se entiende su necesidad en impulsar cambios importantes en la línea ejecutiva. Su idea básicamente es lograr que en el lapso de este año la estructura de mando enfrente modificaciones que se mantengan en el tiempo y que permitan que la toma de decisiones sea más rápida. Por ejemplo, para operar en el mercado del petróleo con agilidad y aprovechar las variaciones de precios, sin esperar el visto bueno de una gerencia y otra.

El último de los cambios importantes impulsado por Azócar se concretó hace sólo unos días, cuando anunció la reincorporación de David Jana a la gerencia corporativa de Finanzas. A Jana no lo conocía y llegó a su nombre por la recomendación de otros amigos del sector financiero. En la empresa reconocen que su regreso es uno de los principales indicadores de que Azócar quiere rodearse de buenos ejecutivos, más que de camaradas del mundo político, reforzando con ello su visión tecnócrata en cuanto al manejo de las empresas públicas.

Hasta marzo, Jana estaba desempeñando un alto cargo en la filial del Banco Calyon en Brasil, a donde se había marchado desde la misma petrolera en 2006. Su misión ahora es hacer cuadrar las piezas en el complicado rompecabezas financiero de la estatal. Para eso, las opciones son varias. Por un lado, renegociar parte importante de los pasivos de corto plazo con instituciones bancarias, que hoy suman unos 600 millones de dólares repartidos en casi todos los bancos de la plaza más algunos internacionales como el Societé Generale, BN Paribas y Calyon.

Al interior de una de estas instituciones explican que, además de renegociar parte de estos pasivos, se está sugiriendo a la firma la contratación de líneas de crédito adicionales que le permitan enfrentar de mejor forma una estrechez como la vivida el año pasado. En todo caso, Enap tiene aprobadas algunas líneas de bonos, por lo que también podría echar mano otra vez a esa opción.

Antes de la vuelta de Jana, Azócar había implementado otros cambios importantes. Removió a la gerente comercial, Paula Hidalgo, y al gerente de Enap Refinerías, Sergio Arévalo, colocando en su reemplazo a Gastón Ramos y Carlos Cabezas, respectivamente, quienes se desempeñaban en otras áreas de la firma. También hubo otros movimientos en cargos ejecutivos de segunda línea en la filial Refinerías, que fue precisamente la que registró las mayores pérdidas el año pasado.

Estas decisiones no estuvieron exentas de inconvenientes y discusiones. Un episodio que fue muy comentado internamente fue la oposición que despertó en los sindicatos de Refinerías la salida del DC Sergio Arévalo. Tanto, que incluso hubo amenazas de huelga en de la misma semana en que se produjeron los cambios, además de un llamado de la DC a La Moneda para interferir en esta jugada, dejando en evidencia una vez más el interés de los partidos políticos por estar presentes detrás del poder estratégico que implica la compañía.

En el ojo del Congreso

El camino para la firma no se viene nada liviano este año. Aunque ahora se comenta que las cifras al primer semestre se anuncian azules, gracias al menor valor del petróleo y a la venta de algunos activos en Egipto, la compañía tendrá que enfrentar la investigación de la Cámara de Diputados, que hace unos días conformó una comisión para indagar el porqué de los malos resultados del año pasado. Para esta semana estaba prevista la primera sesión, a la que serían citados Azócar y el presidente del directorio, el ministro de Minería Santiago González.

El diputado Alejandro García Huidobro, que integra la instancia investigadora, explicó que la idea no es sólo conformarse con escudriñar un poco en las razones detrás de las pérdidas, sino que a partir de esa información generar propuestas de cambio al gobierno corporativo de Enap, muy en la línea de lo que se está tramitando por estos días para Codelco y que involucra, por ejemplo, cambios importantes en el modo en que se designan los directores.

“La idea a priori es proponer que la gestión de Enap sea de una empresa del Estado y no del gobierno de turno, con una alta capacidad técnica y profesional, con experiencia y visión de futuro respecto a su función en el rubro que le compete”, comentó.

La comisión también se concentrará en indagar en las distintas áreas de negocio en que ha incursionado Enap en el último tiempo. Por eso, en la firma se está trabajado al dedillo el informe que se presentará y que incluye aspectos como el GNL. Para julio está previsto el término de la construcción en Quintero, lo que incidirá de manera inmediata en una menor refinación de petróleo en la planta de Aconcagua, ya que el GNL reemplazará al diésel como insumo. Eso, de paso, relajará los costos de la compañía.

Para el próximo año la firma espera llegar con el GNL a la Octava Región, mediante una licitación abierta para proveer el sistema de transporte, que será realizado con camiones. Entre otras ideas, lo que se busca con esto es disminuir un poco la presión sobre el trabajo de exploración de gas en Magallanes, donde ahora se está evidenciando que el potencial que alguna vez se especuló que había en la zona de Lago Mercedes es notoriamente inferior a lo que realmente existe.

 

 

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