Hay una tensión entre los socios del Club de Golf Los Leones. Una millonaria oferta para construir un hotel y apartamentos en una ladera del cerro San Luis ha perturbado la paz entre sus conspicuos miembros. La propuesta será votada el 29 de septiembre. ¿Por qué tanta trifulca? Por Fernando Vega; fotos, Verónica Ortíz.

 

  • 20 septiembre, 2011

 

Hay una tensión entre los socios del Club de Golf Los Leones. Una millonaria oferta para construir un hotel y apartamentos en una ladera del cerro San Luis ha perturbado la paz entre sus conspicuos miembros. La propuesta será votada el 29 de septiembre. ¿Por qué tanta trifulca? Por Fernando Vega; fotos, Verónica Ortíz.

 

 

Los sólidos cimientos del Club de Golf Los Leones se han visto sometidos a un fuerte remezón. Una millonaria oferta para construir un megaproyecto inmobiliario mediante un arriendo a 99 años de una parte del cerro San Luis ha sacudido el plácido ambiente que desde hace un siglo reina en este exclusivo reducto de las familias más influyentes de Chile.

El 19 de abril pasado, el empresario Cristián Correa lanzó una atractiva oferta para levantar en la ladera norponiente de la colina un hotel de la cadena estadounidense Four Seasons y un apart hotel. Se trata de once edificios, de cinco pisos y ocho niveles de estacionamientos, que por concepto de renta generarían unos dos millones de dólares anuales a las arcas del club.

Pero en el golf –como los socios lo llaman– el ofrecimiento generó controversias, a pesar de que la idea de levantar un proyecto inmobiliario viene dando vueltas hace años. Entre sus tres mil socios hubo quienes vieron la operación como peligrosa para el futuro de la institución: si se aprueba, el club tendrá 60 apartamentos y 200 habitaciones de hotel mirando para siempre hacia sus verdes y cuidados prados.

La reacción del directorio ha sido someter la oferta a votación, dejándolo todo en manos de una asamblea, fijada para el próximo 29 de septiembre. Mientras tanto, el mal clima se ha instalado en este selecto grupo.

Según acusan de lado y lado, ha habido gestos y hechos que han enrarecido el ambiente. Para comenzar, muchos accionistas consideraron una hostilidad que en la entrada del club –en Avenida Presidente Riesco 3700– se apostaran personas a pedir poderes para llevar a la asamblea y conseguir con ello los votos necesarios para permitir la aprobación del complejo.

A eso se sumaron las, aparentemente, inusuales compras de acciones. En los dos últimos meses (ver gráfico) se han transado más papeles del club que en todo un año, lo que ha sido interpretado por los opositores al proyecto como otra jugada para desplazarlos. El precio para hacerse socio de Los Leones subió 23,81%: desde los 21 millones de pesos de marzo de este año, al record de los 26 millones de mediados de septiembre. Ni el oro, ni el IPSA ni nada ha subido tanto en tan poco tiempo.

Según comentan en bolsa, hay sobredemanda de acciones. Como se trata de un club privado, sus títulos normalmente se negocian de la misma forma: compradores y vendedores se contactan entre sí a través del mismo club o de un broker especialista. No es llegar y salir al mercado. Por mucho dinero y sangre que se ofrezcan.

Molestos con lo que consideran cuestionables maneras de proceder, algunos socios aseguran que se han visto obligados a acelerar los acercamientos entre ellos. No sólo como medida defensiva, sino también como elemento disuasorio.

Parte de la estrategia fue también que varios se ausentaran de la primera junta extraordinaria de accionistas en la que el proyecto sería votado. El pasado jueves 8 de septiembre se esperaba una reunión polémica, acalorada y larga. Pasadas las 18 horas, el directorio de la entidad –que preside el abogado Sergio Urrejola– presentó formalmente la propuesta, analizó la complicada situación que se había creado y, finalmente, pidió a los asistentes no ventilar más los problemas por la prensa. Pero más que eso no pudo pasar, pues no llegó el 75% de socios necesario para llevar adelante votación. Los que faltaron quisieron dar una señal de fuerza, demostrando su disposición de llegar hasta el final.

Debido a la falta de quórum, una segunda y última junta extraordinaria de accionistas fue convocada. Esta vez para el jueves 29 de septiembre, también a las 18 horas. En esa reunión, se definirá la respuesta definitiva a la oferta y se establecerán las pautas a seguir en el caso de que ésta siga adelante. O fracase.

Besalco y fondos, entre los inversionistas

Edificios aterrazados, con fachadas diferenciadas. Piscinas abierta y techada, spa, gimnasio, áreas verdes y una de las mejores vistas de Santiago. El proyecto, que busca atraer turistas de alto consumo, es todo lujo y comodidades.

Su autor es el arquitecto argentino Rodolfo Miani Palermo, famoso en su país porque a los 25 años, recién titulado, ganó el concurso para diseñar un mall de 30 mil metros cuadrados. A él se deben, entre otros, centros de esquí en Europa del Este, torres de departamentos en Miami, condominios de playa en Brasil y algunos aeropuertos en Argentina, Ecuador y Panamá. Además de varias iglesias, centros comerciales y hoteles en el mundo entero.

Su firma –BMA–, que formó con sus dos ex compañeros de facultad Martín Bodas y Alejandro Anger es también la autora del boulevard del Parque Arauco en Chile.

En el proyecto del Club de Golf Los Leones, Miani trabaja con el FAB Studio de Dallas, todo un emblema de la arquitectura de hoteles y edificios de lujo. Entre sus obras destacan varias de las operaciones de Four Seasons en el mundo.

Según lo que ha trascendido hasta ahora, además de Cristián Correa Searle como promotor en la sociedad inmobiliaria, entre los inversionistas que llevarán a cabo el proyecto estarían la constructora Besalco con menos del 10% –que además se interesaría en levantar el complejo hotelero–, el mismo Four Seasons con un 10%, y varios fondos de inversión y aseguradoras locales que están esperando el sí de los socios del club para sumarse al proyecto. Sin embargo, aquí hay un factor que ha alimentado los resquemores de varios miembros: durante semanas se ha hablado de la entrada de un actor argentino como inversionista principal. Pero no se ha dicho el nombre. De ahí que varios sospechen que son algunos de los socios quienes están detrás de esa figura. Y quieren saber quiénes.

El camino que abrió el negocio

“Creemos que hemos recibido una oferta económica que nos puede significar recibir año a año el equivalente a una proporción importante del total de las cuotas sociales anuales pagadas por nosotros”. Con esa frase, Urrejola anunció a los accionistas el inicio del proceso, en abril de este año.

La noticia fue recibida con sorpresa por muchos socios, aunque desde hacía varios años se conocía del interés de diversos inversionistas por los alrededores del club o parte de éste. Entre 2005 y 2008 el Banco Bice estuvo contratado para contactar inversionistas para las aproximadamente 10 hectáreas del San Luis, pero ninguna negociación prosperó, debido a que no había un buen acceso al cerro.

Sin embargo, en febrero de 2010 el Club firmó un acuerdo con el ministerio de Obras Públicas a través del cual aceptaba la construcción de un túnel bajo su subsuelo por Avenida Kennedy, entre Vespucio y la rotonda Pérez Zujovic. A cambio, el Estado le habilitaría un acceso vehicular de dos pistas entre Luz y Vitacura.

Y eso fue clave para la aprobación del anteproyecto en la municipalidad de Las Condes. Según consta en los registros del departamento de Obras de esa comuna, el 14 de octubre de 2010, bajo la resolución N° 44, se dio el visto bueno al anteproyecto de los once edificios que ahora enfrenta a los socios del Club de Golf.

Esta aprobación significa que los inversionistas tienen un año de plazo para presentar el proyecto final y aprobar el permiso de edificación. De lo contrario, no pueden iniciar las obras.

De acuerdo con la carpeta del proyecto, las tramitaciones comenzaron el 25 de junio de 2010. Tres meses después, la firma de arquitectura Bodas, Miani & Anger entregó los primeros detalles y planos.


Presión inmobiliaria

Según relatan algunos socios, la millonaria oferta se tornó incómoda. Del asombro inicial se pasó a la indignación. Muchos aseguran haber estado dispuestos en un primer momento a apoyar la entrada de un negocio que podría ayudar a mejorar las instalaciones del club, pero añaden que los más de 28 mil metros cuadrados que serán construidos sobrepasan los límites de lo tolerable. Ello, pese a que hay cientos de accionistas que están dispuestos a aceptarla.

Y es que, según explican algunos socios, existe temor de que el lugar deje de ser el mismo. Especialmente, algunas familias anticipan el eclipse de la entidad por culpa del apetito inmobiliario. Para algunos, esto es sólo el comienzo de una estrategia que terminará incorporando al club a personas ajenas a su círculo y genealogía. “Qué nos asegura que después no nos pedirán que se amplíe el número de socios o se construyan nuevos edificios”, reclama uno de ellos. Desde su oficina en Apoquindo, asegura sentirse doblemente traicionado, porque –sostiene– el directorio apoya completamente la operación.

Pero el solo hecho de que la oferta haya surgido puso a la luz algo que desde hace tiempo se venía gestando: la pugna por los cada vez más escasos terrenos de Santiago. El Club de Golf está emplazado en una de las zonas más caras del país: allí donde el metro cuadrado vale más de 200 UF en promedio y, según asegura un promotor inmobiliario, con áreas verdes de esa calidad hasta podría seguir subiendo.

Situado en el corazón de Las Condes, custodiado por el cerro, cerca del río Mapocho y con cada vez mejores conexiones viales, este seudo feudo se tornó objetivo de la presión inmobiliaria.

Dos bandos

Sin embargo, en el mismo club se da la paradoja de que varios de sus socios son a su vez accionistas de inmobiliarias, varias de las cuales han sido cuestionadas por la forma en que han comprado y vendido tierras y por el impacto de sus proyectos en determinados barrios.

Entre los opositores más activos al proyecto figura el empresario y presidente de Entel, Juan Hurtado Vicuña, quien, a sus cercanos, habría calificado el negocio de “ilegítimo”, por considerar que mediante la figura del arriendo a 99 años el directorio estaría tratando de saltarse la prohibición de enajenar parte del club.

En declaraciones a La Segunda aseguró que “me opongo a este proyecto por un tema de principios, no por ser vecino del barrio”, en respuesta a quienes han criticado su rechazo porque vive en el cerro San Luis y su firma FFV participa en varios proyectos inmobiliarios.

Sergio Urrejola Juan Hurtado

Otro de los argumentos que más se repite entre los opositores es el de la ecología. Aseguran que no se le puede seguir quitando áreas verdes a Santiago. Y aunque los 38 mil metros de terreno donde se pretende construir el proyecto de la discordia son para algunos un peladero de maleza, matorrales y piedras, para otros se trata de una zona que “tiene vida”. Y que podría resultar perjudicada.

A la pelea también salieron los antiguos documentos constitutivos del club, que señalarían que su objeto es el de fomentar los deportes, “y no los negocios”, como reclama una socia de toda la vida.

Hasta el tema tributario ha salido al ruedo. El club, como todas las áreas verdes, no paga impuestos de bienes raíces, por lo que algunos de los detractores estiman que el hotel y apart hotel se estarían beneficiando en forma gratuita de aquello, ya que se quedarían dentro del recinto.

Además, la agrupación Defendamos la Ciudad, que preside Patricio Herman, y vecinos del sector ya se declararon en alerta ante la inminente construcción del complejo.

Gala de pragmatismo

Aunque hasta ahora el club no ha querido hacer ningún comentario oficial al respecto, la sensación general que persiste es que el proyecto se va a aprobar. Y que si queda en una situación de impasse, en un futuro las ofertas volverán a producirse.

Entre los defensores del proyecto, señalan que los edificios no perjudicarán el normal desenvolvimiento de la vida de los socios y que, de hecho, las obras le vendrían muy bien al cerro, porque la ladera nororiente está sumamente deteriorada. Además, añaden, pondría más seguridad en el ingreso de extraños a la cancha de golf.

Quienes están a favor de aprobar el proyecto aseguran que con los recursos que entregue se podrán llevar adelante varias mejoras en la infraestructura, como una maestranza, estacionamientos subterráneos, un nuevo y mejor gimnasio y hasta la piscina temperada.

Además, se esgrime que con una operación de este calado existe una posibilidad cierta de que los socios puedan recibir dividendos por su inversión.

Hay también quienes dicen que el club necesita recursos. Del total de sus ingresos, más del 60% corresponde al pago de cuotas, por lo que si el proyecto se construye, ese dinero se podría destinar a modernizaciones.

Sobre todo, si se considera que en los últimos 10 años el golf ha crecido fuerte en Chile y ya hay unos 10 clubes importantes más. Todos, más baratos y con seductoras ofertas para los más jóvenes. Ninguno, eso sí, es más elegante.

Con las cosas en este punto, en las últimas semanas ha surgido un grupo no menor de accionistas que si bien apoya la operación, estima que es demasiado grande. Se trata sobre todo de ejecutivos jóvenes o hijos de empresarios que, haciendo gala del pragmatismo que los caracteriza, advierten sobre los riesgos de la crisis económica que se avecina.

Algunos de ellos sostienen que se podría propiciar un acuerdo amistoso para que se concrete un proyecto menor que se convierta en una fuente de ingresos y deje tranquilas a todas las partes.

En todo caso, fuentes cercanas al proceso aseguran que Four Seasons seguirá mirando el mercado y que el interés que siempre han mostrado los inversionistas por el cerro se mantendrá de todas formas. Aunque los añosos cimientos del club vuelvan a remecerse una vez más.

De lo más que hay
En Club de Golf están casi todas las más significativas, tradicionales, emprendedoras y ricas familias chilenas. Con su pago de cuotas, entorno y códigos propios, el club es de los más genuinos representantes de eso que se puede llamar la aristocracia.
Según su registro de accionistas, allí conviven a título personal clanes enteros de familias dueñas de empresas y representantes de la política. Hay grupos que provienen de los mismos fundadores de la institución, altos ejecutivos que reciben una acción para hacerse socios como parte de sus compensaciones y también -pero en menor medida- las nuevas fortunas.
Del total de los socios, un tercio corresponde a titulares, otro a sus cónyuges y otro a sus vástagos. Hay también un pequeño porcentaje de nietos y casos especiales.

Entre sus socios figuran desde el presidente de la República Sebastián Piñera, hasta las familias Angelini, Matte, Cousiño, Cruzat, Davis, Errázuriz, Eyzaguirre, Gálmez, Garcés, Gianoli, García Huidobro, Hurtado, Heiremans, Ibáñez, Larraín, León, Lira, Lyon, Matetic, Montes, Montt, Ovalle, Palma, Pérez, Prieto, Ross, Valdés, Valdivieso, Tagle, Vial, Vicuña, Walker y un sinfín de lustrosos apellidos. También aparecen el ministro de Educación Felipe Bulnes, el subsecretario de deportes, Gabriel Ruiz-Tagle, los dueños de El Mercurio, Consorcio, Celfin y Penta; los abogados de los estudios más importantes; varios bancos, la Coca-Cola y Endesa, entre otros.