La dicotomía estadística es apabullante. Películas por doquier y una avalancha de premios –que no son de consuelo– en festivales internacionales. Sin embargo, en las salas de exhibición la asistencia no es proporcional… ¿Por qué, tras superar la carrera de obstáculos que supone hacer cine en Chile y cosechar galardones, los resultados son tan contradictorios?

  • 10 diciembre, 2008

 

La dicotomía estadística es apabullante. Películas por doquier y una avalancha de premios –que no son de consuelo– en festivales internacionales. Sin embargo, en las salas de exhibición la asistencia no es proporcional… ¿Por qué, tras superar la carrera de obstáculos que supone hacer cine en Chile y cosechar galardones, los resultados son tan contradictorios? Por María Luisa Vicuña.

Este año se estrenaron 24 películas chilenas. Si bien se trata de todo un record, lo cierto es que sólo algunas lograron un buen número de espectadores. Otras, muchas, no estuvieron más que una semana en cartelera, sucumbiendo en forma fulminante ante la dura competencia de los multimillonarios largometrajes de Hollywood.

No obstante, y aunque para la mayoría este mercado es rudo y complejo, en Chile los cineastas siguen trabajando… y con proyectos. Tan inspirados andan, que en el extranjero ya se habla de una nueva generación, una que ha sido capaz de cosechar buenos resultados en los más importantes festivales de cine en el mundo.

Parece contradictorio. Las películas nacionales vuelven con importantes premios luego de circular por grandes festivales y, a pesar de eso, no logran atraer masivamente al público. ¿Qué pasa en el camino? ¿Qué rol cumplen los festivales en la creación y resultado de una película? ¿Pueden seguir creando y produciendo los cineastas chilenos sin contar con buena recepción en las salas del país? Las preguntas son muchas y las respuestas, tan variadas como películas hay. Es por eso que hablamos con sus protagonistas: los cineastas, quienes explican cuál es el circuito que sigue una película, cómo se financia y cuál es el valor de los premios en este proceso.


Redes y reconocimiento

“Ganar premios en festivales es un sello de calidad para el director”, explica Juan de Dios Larraín, productor de la galardonada película Tony Manero, que fuera elegida como la representante chilena para participar en el proceso de selección para el Oscar como mejor película extranjera. “Ser elegido para concurrir a festivales y, más aún, ganar premios te permite vender mucho afuera, porque tu producción se hace conocida en países a los cuales, si no fuera por el festival, no tienes cómo llegar”, agrega Larraín.

Matías Bize, que ya prepara su cuarto largometraje, cuenta que el buen recibimiento que ha tenido en festivales le ha permitido coproducir películas internacionalmente. Primero fue En la cama, filme que tuvo una producción conjunta con Alemania. Luego fue el turno de Lo bueno de llorar, que coprodujo con España.

Sebastián Lelio nunca pensó que con su primera película La Sagrada Familia le iría tan bien. El filme, que no costó más de 200 mil dólares, que no ganó ningún fondo público ni fue coproducida con otro país, tras participar en 110 festivales, ganó 30 premios. En Chile la vieron 40 mil personas y con su performance festivalera logró ser vendida a países como Rumania, Corea y Polonia. Además, gracias a ella, Lelio ganó la “residencia” que otorga Cannes dos veces al año para seis directores nuevos de todo el mundo: una beca que busca impulsar el trabajo de realizadores jóvenes que preparan su primera o segunda película. Tras este éxito, Lelio se encuentra en etapa de post producción de su segundo largometraje, Navidad, que sí gano el fondo audiovisual en Chile y además es una coproducción con Francia.

Circuito festivalero

En Chile se celebran tres festivales internacionales de cine: el de Santiago (SANFIC), el de Valdivia y el de Viña del Mar. Edgardo Viereck es el director de este último y, consciente de su rol como de contacto, ha potenciado en Viña las mesas de negocios y la categoría de cine en progreso donde se reúnen directores, productores y distribuidores. Ha fortalecido también la relación con otros festivales internacionales como los de Guadalajara y Los Angeles Latino. “Lo que queremos es integrarnos a un circuito de cine en progreso, lo que significa que si una película se selecciona en un festival queda automáticamente seleccionada en los otros, aumentando exponencialmente las posibilidades para el cineasta”, detalla Viereck.

Jorge Sánchez, director del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, da un ejemplo de cómo funcionan estos circuitos: “La película mexicana El Viaje de Teo fue premiada en cine en progreso en nuestro festival y ahora compitió como largometraje en Viña, donde su protagonista ganó el premio especial del jurado. Eso es un orgullo para nosotros y es justamente lo que uno quiere lograr con un festival”.

 

 

El Cielo, la Tierra y la Lluvia Tony Manero Navidad
Play Lo bueno de llorar La Sagrada Familia

{mospagebreak}

“Los festivales son como una bola de nieve. Partes en uno, te va bien, y por eso llegas a otro y así, sucesivamente”, anota Alicia Scherson, directora de la película Play. Además, explica que muchas veces los festivales son los únicos lugares donde se muestran ciertas películas, porque nunca llegan a los cines en forma masiva.

Un dato interesante a este nivel es que la mayoría de los cineastas chilenos comienza compitiendo en los festivales europeos, porque exigen que los filmes que participan no hayan sido exhibidos con anterioridad. Entre los festivales, los más importantes son los clase A, que son sólo cinco: Cannes, San Sebastián, Berlín, Venecia y Mar del Plata.

Otro festival que ha adquirido importancia para los latinos es el festival Los Angeles Latino Internacional Film Festival (LALIFF), en Estados Unidos, ya que, como es sabido, Hollywood concentra el 87% de todas las ganancias del mercado audiovisual.

Marlene Dermer, una de sus fundadoras, expone que su motivación al crear esta instancia fue no sólo ser una plataforma para que los latinos entren a la industria norteamericana, sino también crear audiencia para este cine en Estados Unidos, un mercado que en materia de producciones tiene a mirarse el ombligo.

Otros festivales destacados, y en que los chilenos han tenido buenos resultados, son Sundance, Locarno, Rotterdam, Buenos Aires (BAFICI) y Toulouse.

Billetes y tickets

Item aparte es el tema del financiamiento de una película en Chile. Sin duda la participación en festivales hace más fácil este proceso, pero de todas formas el camino es largo. Según Ursula Budnick, productora de La Sagrada Familia, para cada película se debe hacer un modelo de negocios específico.

Bruno Bettati, destacado productor audiovisual chileno, cuenta que lo principal para producir una película es contar con un director con algo de trayectoria, ya sea con corto o largometrajes, y así demostrar que conoce su ofi cio. También es crucial contar con un buen guión que, según Bettati, no demora menos de un año en alcanzarse.

Mientras se trabaja en el guión, el productor se encarga de buscar financiamiento, para lo cual puede acudir a fuentes nacionales o internacionales. La línea nacional combina por un lado los fondos estatales (Fondo de Fomento Audiovisual, CORFO y el del Consejo Nacional de Televisión) y, por otro lado, el apoyo de los privados, a través de canjes, donaciones culturales o inversiones, directamente.

Las inversiones privadas pueden ser de tres tipos: placement (producto en pantalla), branding (querer asociar una marca con la película) y costo/contacto (el monto se determina según la cantidad de espectadores).

De más está decir que la inversión en cine en Chile es de alto riesgo, ya que sólo en un 10% de los casos será un negocio rentable. Sin embargo, Bettati dice que igual se puede lograr que una compañía quiera aportar a una película, ya que hay empresarios abiertos a tomar el riesgo sin esperar que sea un éxito, ya sea como una forma de explorar en un rubro nuevo o para aprender a elegir, cuando se les presente una segunda oportunidad.

En la línea internacional está la coproducción con otros países; lo que, de paso, le da mayor prestigio a la película. Con todo, una coproducción también tiene inconvenientes, los cuales van por el lado de la gestión: doble legislación, doble tributación, distintos idiomas. Todo ello encarece el proceso, “pero no alcanza a ser un obstáculo, solamente es más complicado”, manifiesta Bettati.

La mayoría de las veces, tener un productor asociado no significa una limitación en la forma en que el director quiere realizar su película, aunque a veces el socio extranjero solicita designar a algún integrante del equipo, como el director de fotografía o algún actor.

{mospagebreak}

Otro factor importante en este proceso es el agente de ventas, quien se encarga de vender las películas a distribuidores internacionales, cobrando una comisión. La mayoría de las veces a ellos se les contacta en los festivales, a los que llegan ofreciendo mercados específicos. Y aunque es de Perogrullo, no está de más decir que la posibilidad de lograr un buen agente está determinada por los premios recibidos en los festivales. Como sea, no todos han tenido buenas experiencias con estos agentes, ya que como son extranjeros y están lejos, es difícil controlar su trabajo. A Alicia Scherson le fue mal con uno de ellos: “yo tuve un agente de ventas que vendió Play en Francia, Inglaterra y Alemania y después quebró, lo que significó que nunca vi un peso de las ganancias de esas ventas”.

Ahora, ¿es posible financiar una película que por su estilo es probable que tenga poca audiencia? Sí lo es, incluso para las llamadas películas de autor. Esto es lo que le ocurrió a José Luis Torres con su filme El cielo, la tierra y la lluvia. Ganó primero una beca de la Fundación Carolina para escribir guiones en Madrid. Luego, ganó en el Festival de Rotterdam el premio de la crítica, en México como mejor película y en Corea el premio del jurado. Logró también la coproducción con Francia y Alemania.

Bruno Bettati fue el productor de El cielo la tierra y la lluvia y explica su motivación al trabajar en un largometraje de autor: “a mí me gusta desarrollar contenido nuevos, porque puedes romper reglas, usar actores o temas no tan conocidos y filmar en locaciones más exóticas. Uno hace películas por las externalidades positivas que tienen, no necesariamente para ganar plata. Ursula Budnik, agrega a esto que hay películas que aunque no tengan mucha taquilla sí tienen muchas posibilidades de venderse en el extranjero y ser rentables.

“La verdad es que yo hago la película que me sale, la historia que quiero contar, la que quiero ver en el cine. No la pienso ni para festivales, ni para premios, ni para captar un mayor público, menos todavía si va a ser más o menos fácil encontrar financiamiento. Yo nunca he contado con inversión privada, pero he buscado otras formas y he logrado llevar al cine el proyecto que me interesa”, manifiesta, con voz segura, Matías Bize.

 

Matías Bize Marlene Deimer Alicia Scherson
Edgardo Viereck Sebastián Lelio Jorge Sánchez
El productor Bruno Bettati y el director José Luis Torres junto a los actores de El Cielo, la Tierra y la Lluvia en una de las locaciones de filmación.

 

 

Audiencia y tercer actor
Hace años que el número de espectadores está estancado en las salas nacionales, lo que tiene que ver con el pirateo, la TV por cable y el precio de las entradas, entre otras cosas.

Pero eso no es todo. El productor Sergio Gándara cree que también los propios exhibidores han ido fallando al vender sus productos, con lo cual se ha perdido la conciencia de que ver una película en el cine es muchísimo mejor que verla en la casa. “Para nosotros es mucho más fácil dejar las películas en video que pasarlas a 35mm, pero si el formato cine no se valora, de a poco se va dejar de hacer”.

Y esta baja de audiencia ha afectado especialmente al cine chileno. Todos los cineastas están de acuerdo en que cada vez hay menos tiempo en pantalla para los largometrajes chilenos. Parte de la responsabilidad la tienen las distribuidoras, ya que por un lado la inversión que realizan en marketing está siempre muy por debajo de la de las películas extranjeras, especialmente los blockbusters. Por otra parte, el distribuidor acepta comprar la película, pero es él mismo quien la reemplaza después en pantalla por otra.

Pero hay otro factor que, según Gándara, es esencial para seguir creciendo: el ingreso de la televisión como inversionista en cine. “En todos los países donde el cine ha tenido desarrollo potente, la televisión se ha involucrado en él, desde desarrollar contenidos hasta apostar al negocio. Necesitamos de la televisión para tener pantalla y existir. Necesitamos de su masividad”, explica Gándara.

Para Bruno Bettati la televisión no ha entrado al negocio cinematográfico por dos razones: por un lado, el único canal público está obligado a autofinanciarse, y en esas condiciones es muy difícil que decida tomar inversiones de alto riesgo, como el cine. Por otro, la televisión no ha ordenado su demanda con sufi ciente anticipación como para pensar una estrategia comercial para el cine. Su compra es aleatoria y caso a caso, lo que no permite a los cineastas saber qué ofrecer.