Lo que fue parte del camino inca hoy aspira a convertirse en un referente de los parques nacionales en Chile. Detrás de este ambicioso proyecto está Latitud 90, empresa que, en base a un modelo de sustentabilidad importado desde otros paises, planea instalar desde zonas de picnic hasta un lujoso campamento de montaña. ¿Qué tal? Por Carla Sánchez M.; Fotos, Gabriel Pérez.

 

  • 24 febrero, 2011

 

Lo que fue parte del camino inca hoy aspira a convertirse en un referente de los parques nacionales en Chile. Detrás de este ambicioso proyecto está Latitud 90, empresa que, en base a un modelo de sustentabilidad importado desde otros paises, planea instalar desde zonas de picnic hasta un lujoso campamento de montaña. ¿Qué tal? Por Carla Sánchez M.; Fotos, Gabriel Pérez.

 

No se escuchan ruidos de bocinas. Tampoco hay smog. La señal del teléfono a ratos se corta. Lo único que se oye es el silencio absoluto.

Acompañada por un perro boyero de Berna, Lisa recibe en la entrada. En un español bastante fluido, invita a pasar al que ha sido su hogar por los últimos tres meses. Podríamos estar en Alemania, su país de origen, pero estamos en Chile. A 30 minutos de Santiago, para ser exactos.

Lisa es uno de los tres alemanes que decidieron pasar una temporada trabajando como voluntarios en el Santuario Yerba Loca, un parque nacional situado a tan sólo 33 kilómetros del centro de la ciudad. “Me encantaría quedarme más tiempo, pero tengo que volver. Este lugar es fascinante”, comenta. Pero Lisa no es la única enamorada de Yerba Loca. Felipe Howard y Alberto Gana, socios de Latitud 90, también vivieron una experiencia similar, pero mucho antes que ella… No tenían más de 10 años cuando en el típico paseo de scouts les tocó venir aquí. Alojaron en el refugio de la familia Von Kisling –que hoy está quemado– en medio del bosque. Y quedaron alucinando.

Diez años después, Gana y compañía decidieron estrenar sus nuevas bicicletas de montaña, que recién comenzaban a causar furor en Chile, en un paseo hacia el glaciar La Paloma. “Nos dimos cuenta de que el lugar estaba más dañado. Volvimos otra vez a los 25 años y daban ganas de llorar. Estaba cercado por alambres de púa y había dos guardaparques para las 14 mil hectáreas”, recuerda Gana.

Como empresa dedicada a la educación al aire libre, Latitud 90 consideró que era hora de actuar. “No puede ser que exista este santuario a media hora de Santiago y que esté destruido. Pensamos que si tenemos la capacidad y el conocimiento para recuperar este parque, es un deber hacerlo”. El paso siguiente fue acercarse a la municipalidad de Lo Barnechea, a cargo del terreno, para plantearle sus ideas: transformar al parque Cordillera Yerba Loca en un referente de los parques nacionales en Chile. Después de postular a una licitación, se adjudicaron la concesión del recinto, en un proyecto desarrollado en conjunto con el municipio. El modelo de sustentabilidad, que ya están aplicando en las 30 hectáreas que subarriendan, pretende recuperar un área destruida y generar un modelo de negocios a futuro que sea capaz de mantenerlo.

En terreno

Es lunes en la mañana y todavía se siente el olor de las parrillas que se prendieron el fin de semana. En el suelo hay colillas de cigarrillos y una que otra tapa de botella. “La gente tiene poca conciencia. Sin embargo, el equipo de 8 guardaparques de Yerba Loca trabaja duro para limpiar el lugar, crear conciencia en los visitantes y demarcar los senderos. De hecho, una vez al día llega un camión lleno de chips de madera para esparcirlos en los caminos y así disminuir el polvo”, anota Gonzalo Izquierdo, gerente del parque. El plan contempla delimitar las zonas de picnic y camping. Para ello, se están instalando varias terrazas, algunas destinadas a carpas y otras con domos listos para estirar el saco de dormir. La idea es suspenderlas en el aire, para evitar la erosión. “Así, tienes una plataforma horizontal para acampar y además permites que la capa vegetal vuelva a crecer bajo ellas”, explica Gana.

La recuperación del parque Cordillera Yerba Loca contempla una inversión de 3 millones de dólares, aportados por la empresa y la municipalidad. El corazón del lugar será el Centro de Educación Ambiental (CEA), un galpón que se recuperará para transformarlo en un centro de exposiciones e información, y que contará con una mini sala de clases con capacidad para 40 personas. “Con el CEA queremos hacer algo interesante. Este lugar tuvo una presencia indígena importante. De hecho, en el cerro El Plomo se encontró la famosa momia. Yerba Loca debiera ser un lugar donde los colegios pudieran aprender de la flora y fauna de la cordillera central y del mundo cultural”, agrega. Pero eso no es todo. Latitud 90 también instalará un Centro de Desafíos, donde los colegios desarrollen liderazgo y formación de valores, y las empresas puedan concretar sus planes de trabajo en equipo.

Desde este centro neurálgico saldrán los senderos para recorrer el lugar. Y las alternativas para pasear son miles. Desde ir al glaciar La Paloma o escalar muros de hielo –hay más de 8 cumbres sobre los 4 mil metros–, hasta observar la increíble fauna: cóndores, águilas, zorros y pumas son sólo algunas de las especies que se pasean por aquí.

Si lo que busca es algo más lujoso, el proyecto contempla una cafetería con cordero al palo incluido, además de levantar el Cordillera Camp, que tendrá camas y calefacción. La idea es replicar el Patagonia Camp, el primer campamento de lujo en Sudamérica, que tienen en conjunto con la familia Matetic –socia de Latitud 90– en las Torres del Paine y que hoy vende más de un millón de dólares al año.

“La idea es instalar yurts de lujo con baño privado y climatización. También contará con un mini spa y una sala multiuso para actividades indoor”, plantea Gana. Así como Patagonia Camp está enfocado en la comida y artesanía del sur, Cordillera Camp hará lo propio con el mundo de la montaña.

El primer objetivo de Latitud 90 es recuperar el santuario. Por eso, hoy se enfoca a la limpieza y la demarcación del lugar. “En este proyecto mueve más que nada el altruismo. Cuando hicimos los números nos dimos cuenta de que este no es un negocio ni grande ni mediano. Si nos va bien es uno pequeño, y si nos va mal, vamos a perder plata”, explica Gana. Pero es un negocio, a fin de cuentas. “Lógicamente no todo es altruismo, porque si lo hacemos bien podemos disponer de un lugar para todos nuestros clientes al lado de Santiago”, reconoce. De hecho, actualmente hay 22 mil visitas anuales y la idea es alcanzar las 60 mil de aquí a 5 años.

Para desarrollar el sistema de administración de Yerba Loca, tomaron como ejemplo modelos de Australia, Nueva Zelanda, EEUU y Europa. Un buen reflejo de ello es el parque de Yellowstone, el mismo del célebre oso Yogi. En ese lugar, la conservación está en manos del Estado, pero las concesiones al interior –por ejemplo, el servicio de helicópteros o la tienda– las administran privados. “Ha sido clave el apoyo de la municipalidad de Lo Barnechea. Que se junte un organismo estatal con un privado es un modelo súper interesante que se debiera replicar”, creen los socios de esta empresa, que tiene más de 13 años de vida y que ha sido reconocida con el galardón Avonni 2009 y el Premio Nacional de Sustentabilidad 2010.

Negocio sustentable
– Muchos ecologistas temen que la intervención marcará el fin del santuario…

– Me parece que es al revés. Si el santuario seguía como estaba, iba a morir. Las altas tasas de depredación y la falta de manejo eran evidentes. Además consideramos que el hecho de que sólo 30 hectáreas de un total de 14 mil tengan la infraestructura para que la gente puede visitarlo es lo mínimo para que un área protegida de ese tamaño no se destruya. La historia de estos últimos 40 años nos ha dado la razón: un parque que era casi intocado hoy está bastante destruido.

– Pero si les va bien, ¿quién garantiza que no sigan construyendo más servicios?

– Hay un contrato de marco con la municipalidad de Lo Barnechea que establece lo que se puede y lo que no se puede hacer. En esas 30 hectáreas no podemos ni queremos hacer un hotel; tampoco, cabañas u otras intervenciones mayores.

– Pero el Cordillera Camp es una especie de hotel…

– Sí, pero es un hotel de tela y 100% sustentable que funciona sobre un sistema de pasarelas para no intervenir el suelo. Además contará con tecnología de punta ecoamigable para tratar aguas y residuos.

– ¿Latitud 90 pretende postular a la licitación de otros parques en Chile?

– Lo tenemos en carpeta. Queremos ir generando lugares en distintos puntos con la infraestructura adecuada para desarrollar actividades al aire libre, enfocado para toda la población interesada en visitar áreas protegidas. Hemos pensado en otros parques nacionales, pero queremos que Yerba Loca este funcionando en todo su potencial para poder convencer al Estado de desarrollar proyectos de vocación publico-privada.

– Los trabajos en Yerba Loca están detenidos. ¿Están entrampados con los permisos?

– Tras el cambio en la legislación medioambiental se han producido vacíos, por lo que ha costado echar a andar el proyecto. No está creado el nuevo organismo que tendrá la tuición de los santuarios de naturaleza y, por ende, ha sido muy difícil la obtención de los permisos. Hoy, la dirección de Obras de Lo Barnechea tiene paralizado el proyecto. Este verano debería haber estado operando la zona de camping remodelada, pero llevamos un año de atraso. Ha costado, yo creo que porque es primera vez que los privados participan en la administración de concesiones de áreas protegidas que pertenecen o al fisco o a las municipalidades. El sistema no está preparado para ello y a nosotros nos interesa abrir camino. Este lugar se lo merece.