En un movimiento acotado donde le da un fuerte espaldarazo a su ministro de Salud, Jaime Mañalich, el presidente instala en la SEGPRES al mejor negociador de la derecha en el Congreso, Claudio Alvarado, mientras intenta calmar a RN con la entrada de Cristián Monckeberg al comité político

Por: Rocío Montes

  • 5 junio, 2020
  1. Alvarado: de las sombras a la primera línea

En un cambio de su equipo de gobierno que se esperaba para marzo –la renuncia de Marcela Cubillos parece haber trastocado los planes del presidente–, el mandatario optó por ajustar su gabinete en medio de las negociaciones con la oposición para alcanzar en 10 días un plan de emergencia transversal para enfrentar las consecuencias de la pandemia en el país. Es la principal razón que explica el momento de este cambio de piezas. En las relaciones del Ejecutivo con el Congreso, por lo tanto, instala al que probablemente es el mejor negociador de su sector, Claudio Alvarado, que asume como ministro de la SEGPRES. Subsecretario de la misma cartera durante todo el primer mandato de Piñera y entre marzo de 2018 a noviembre pasado –cuando pasó a subsecretario de desarrollo regional, dependiente de Interior–, es la primera vez que Alvarado estará en la primera línea, porque siempre trabajó desde las sombras. Militante UDI, como su antecesor, Felipe Ward, tiene 16 años de experiencia como parlamentario y, junto con conocer perfectamente el Congreso y, en general, el Estado, Alvarado es un político a la antigua que tiene un reconocido talento para encontrar votos en el Poder Legislativo, donde el oficialismo es minoría en ambas cámaras. Tiene lazos en todo el arco político.

  1. El gesto a RN

La llegada de un ex presidente de RN al comité político (Cristián Monckeberg, que pasa de Vivienda a Desarrollo Social) también tiene relación a la necesidad del gobierno de cerrar en breve el acuerdo económico-social. Desde el cambio de gabinete de octubre pasado, en las semanas complejas de las revueltas, RN no tenía a un militante en el comité político de La Moneda, con el cambio de Cecilia Pérez desde la vocería a Deportes. Fue un hecho que RN resintió desde el primer día porque en la colectividad, finalmente, nunca sintieron que su ex militante, la vocera Karla Rubilar, haya sido su representante en el equipo que toma las decisiones centrales en el Ejecutivo. La llegada de Monckeberg a Desarrollo Social, por lo tanto, apuesta a calmar las aguas en un partido cuyo presidente, el diputado Mario Desbordes, no siempre se muestra abierto a ejercer de oficialista. Por el contrario: ejemplos existen decenas, pero uno de los últimos episodios que tensaron las relaciones entre el partido y el gobierno fue la propuesta del líder de RN de incluir en el acuerdo la condonación de la deuda del CAE. Cuando Hacienda se negó a abrir esa puerta, Desbordes le contestó duramente a Briones: “No es el ministro el que decide qué se discute y qué no, es la mesa de trabajo”. Con RN en el centro de las decisiones políticas – Monckeberg y Desbordes se conocen muy bien, son aliados–, el partido debería ordenarse y facilitar las negociaciones en el Congreso, no complicarlas.

  1. Piñera se refugia en los partidos

En su ajuste, el presidente realizó una clara señal a favor de los partidos de Chile Vamos. Por una parte, instaló al ex presidente de RN Cristián Monckeberg en el comité político a través de Desarrollo Social, desde donde sacó a Sebastián Sichel, su ministro mejor valorado del gabinete, pero que no tiene militancia. Con esto, a Sichel se le corta su proyección política.

  1. La sorpresiva salida de Sichel

Desde junio de 2019, cuando llegó al gobierno, el abogado Sebastián Sichel logró sacarle brillo a ministerio de Desarrollo Social y se convirtió en un año en el ministro mejor evaluado. Entró con un estilo distinto a sus antecesores. De partida, a través de una minuta titulada “Entrando al living de la casa”, llegó con el diagnóstico de que nadie en el gobierno le estaba hablando a los estratos C3 y D, que son los que necesitan justamente conocer y entender las políticas sociales. Ex DC y ex Ciudadanos –el partido de Andrés Velasco–, el independiente en sus primeras horas en el gobierno declaró a revista Capital: “Quiero que este ministerio cambie los zapatos por bototos”.

Su estrategia tenía dos puntales: recuperar el protagonismo del ministerio en la focalización del gasto público –tiene la información socioeconómica de cerca de 13 millones de ciudadanos–, y lo comunicacional. En el marco de los “Diálogos ciudadanos” –la iniciativa del gobierno para reconstruir las confianzas luego de las revueltas de octubre–, Sichel recorrió entero el país y dio decenas de entrevistas en medios regionales, sobre todo en radios locales. Una vez desatada la pandemia comenzó a frecuentar los matinales, donde llegaba con una pizarra, logrando gran exposición y proyección pública.

Para La Moneda, sin embargo, se trata de la hora de la política y pesó mayormente la necesidad de abrochar el acuerdo nacional calmando a RN con el ingreso de Monckeberg. No ayudaron a Sichel dos traspiés importantes de los últimos días, como cuando dijo que las cajas de alimentos llegarían al 70% del 40% de mayor pobreza. Fue un error grave, porque le dio municiones a la oposición y porque las canastas estaban destinadas realmente al 70% de la población en cuarentena. La segunda equivocación –quizás el tiro de gracia– fue que ayer dijera que no hay temas “vetados” respecto de la petición de Desbordes de condonar el CAE, cuando Briones había dicho no. La salida de Sichel es, por lo tanto, también un blindaje del presidente al titular de Hacienda.

  1. Espaldarazo a Mañalich.

Este ajuste representó un fuerte espaldarazo de Piñera a Mañalich y a la estrategia del gobierno frente a la pandemia. Pese a que era evidente que lloverían las críticas, el presidente decidió respaldar a su ministro clave en estos momentos. Cambiarlo hubiera sido acrecentar la sensación de crisis y reconocer, de paso, errores en el manejo de la pandemia. Aunque los números del virus no son los que habría esperado el Ejecutivo para estas fechas –1.353 fallecidos y 118.292 contagiados– las últimas declaraciones de Mañalich no fueron suficientes como para que el presidente decidiera sacar a su colaborador de mayor confianza e influencia en su equipo. La semana pasada, Mañalich indicó que las fórmulas de proyección y los ejercicios epidemiológicos con los que trabajaban las autoridades del Ejecutivo desde enero pasado “se han derrumbado como castillo de naipes”. La autoridad sanitaria, además, en una entrevista reconoció: “Hay un nivel de pobreza y hacinamiento del cual yo no tenía conciencia de la magnitud que tenía”, en referencia a un sector de la capital.

  1. Ward a una cartera social

Felipe Ward pasó de la SEGPRES a Vivienda, dejando en comité político. Aunque en octubre había aterrizado con cierta dificultad al ministerio crucial en la relación del gobierno con el Poder Legislativo –en un momento de especial polarización–, con el tiempo había logrado sacar adelante importantes proyectos. Pero tuvo altibajos y en ocasiones era criticado. Ward, por lo tanto, pasa a una cartera social. En el gobierno se apuesta a que, como tuvo un buen desempeño en un ministerio de poca visibilidad como el de Bienes Nacionales (desde marzo de 2018 a octubre de 2019), debería hacer volar un ministerio importante y expuesto como Vivienda.

  1. Se impone un estilo peligroso

Con este ajuste de gabinete, casi en la mitad del mandato, se valida un estilo complicado para La Moneda: el premio a los díscolos. RN había pedido a Monckeberg en la mesa del acuerdo y se les negó, por lo que Desbordes, presidente de la colectividad, instaló la petición de la condonación del CAE y se enfrentó a Briones, mientras que Paulina Núñez, vicepresidenta del partido, se sumó a la petición de la extensión del posnatal mientras dure el estado de emergencia, lo que complica al gobierno. Finalmente, Piñera apostó por intentar que las aguas se calmen abriendo un cupo en La Moneda para Monckeberg, lo que podría sentar un precedente en la relación de los partidos oficialistas con el Ejecutivo.