Nació y vivió en Patronato, en la comuna de Recoleta, en Santiago, hasta que su trabajo la llevó a trasladarse a otras ciudades de Chile. Se educó en un colegio católico de su barrio y un liceo fiscal. No tuvo un padre a su lado, pero sí dos tremendas mujeres: su mamá y su abuela.  […]

  • 26 septiembre, 2018

Nació y vivió en Patronato, en la comuna de Recoleta, en Santiago, hasta que su trabajo la llevó a trasladarse a otras ciudades de Chile. Se educó en un colegio católico de su barrio y un liceo fiscal. No tuvo un padre a su lado, pero sí dos tremendas mujeres: su mamá y su abuela. 

Fueron ellas las que le inculcaron, desde niña, el valor del trabajo y el esfuerzo. “Me enseñaron que esas dos cosas abrían muchas puertas en la vida”, dice. Hoy, es una de las mujeres más encumbradas de la industria minera y la ganadora del Premio Ejecutiva del Año, que entrega Mujeres Empresarias y revista Capital.

El 2 de octubre, Katharina Johanna Jenny Arroyo cumple 40 años y es madre de unas mellizas de tres años que la tienen absolutamente enamorada. “Me siento plena, estoy haciendo lo que me gusta en una empresa que me deja crecer”, concluye.

Lleva 15 años trabajando y antes de aterrizar en Antofagasta Minerals, pasó por la australiana  BHP y la estatal Codelco. Llegó a ser la ejecutiva más joven de la División Chuquicamata. “Era mujer, tenía 30 años. No fue fácil. Llegué allá a erradicar la fatalidad de los accidentes y a mejorar las prácticas operacionales. A cambiar cómo se hacían las cosas. Fue una pega dura e intensa”, recuerda la ingeniera en minas.

-Hace 20 años, cuando entraste a estudiar Ingeniería en Minas, prácticamente no había mujeres en esa industria ¿Por qué elegiste una profesión tan de hombres?

-Tenía claro que quería ser ingeniera. Me iba bien en el colegio. Salí con promedio 6,4. Me proyectaba con casco blanco, en terreno y arriba de una camioneta. La opción era obras civiles o minería.

-¿Conocías a alguien en el mundo minero?

-A nadie. Fue una sorpresa en mi casa. Mi mamá me preguntaba si estaba segura. Lo encontraba raro. Pero me entusiasmó trabajar con recursos naturales no renovables y que eso exigiera mucha eficiencia, que hubiera que hacer las cosas bien a la primera.

 

 

Sin codazos

Jenny es un apellido suizo, como lo era su padre, que se separó de su mamá para volver a Europa y del que Katharina nunca más supo. No desconoce que algunas vez echó de menos tener un padre cerca, pero el apoyo de su madre y su abuela (que tenía 12 hijos), familia y amigos fue fundamental en su crianza.

“Me llenaba de actividades, jugaba vóleibol, fui scout, iba a la iglesia. Mi abuela era la secretaria de la parroquia Santa Filomena, así es que me moví mucho en el mundo de la catequesis y lo religioso”, cuenta desde la cafetería del piso 18 del edificio de Antofagasta Minerals, en plena calle Apoquindo. 

Desde hace dos años es la gerenta corporativa de Salud y Seguridad de la compañía minera de los Luksic y también es directora de la Mina Antucoya, del mismo holding. “Siempre me han gustado los desafíos. Soy súper hiperquinética, me concentro un rato y tengo que pararme a conversar con alguien. Soy extrovertida, me cargo de energía con la gente, y eso me apasiona del mundo minero. Hay mucho trabajo en equipo, de conseguir resultados bajo un propósito común”, revela la ejecutiva, que cuando entró a estudiar en la Universidad de Santiago en 1997, lo hizo solo con cuatro mujeres, los otros 84 de la sala eran hombres. 

De ese lote, fue la única que egresó en 2003. Dice que desde bien joven tuvo que aprender a hacerse un espacio. “Como mujer, en esta industria, tienes que estar todo el tiempo demostrando. Lo aprendí en la universidad, imagínate, 84 hombres y 4 mujeres. Faltaba a clases y el profesor se daba cuenta. En este mundo te podías destacar rápidamente para bien o para mal”, añade.

-¿Recibiste muchos codazos?

-He tenido una buena relación, sin codazos, aunque sí he escuchado a colegas a las que les ha pasado. Quizás algunas veces no recibí la ayuda que me hubiera gustado, pero también he encontrado manos amigas. Los trabajadores de las minas son súper educados y respetuosos. He estado in situ, compartiendo con operadores de perforadoras, de equipos de desarrollo, de camiones, de pala, y mi experiencia siempre ha sido muy gratificante.

Más mujeres, mejores negocios

“En la prehistoria valía la fuerza y el hombre era quien llevaba el sustento a la casa. En la era digital son otros los atributos que se requieren”, dice al analizar cómo ve el aporte de las mujeres a la minería. Agrega que incorporar a mujeres es un buen negocio y redunda en mejorar la productividad. “No es un tema de derechos ni de cuotas ni de valores. Es un buen negocio. Chile se ha concientizado de esto en los últimos tres a cinco años. Aunque recién desde el año pasado hay un empuje mucho más fuerte en esta materia”.

La receta de éxito de Katharina Jenny, además de trabajo, lleva una buena dosis de perseverancia y convicción. “Tener un propósito es súper clave para tener éxito. Cuando partí, el mío fue darme a conocer”, cuenta.

Por eso, los últimos tres veranos de la universidad los dedicó a hacer prácticas. Confiesa que fue lo único que se le ocurrió para lograr contactos. Primero fue El Teniente, en Rancagua; después Manto Verde, en Copiapó, y al final Escondida, en Antofagasta, que fue la que le abrió las puertas para su trabajo de titulación y donde se quedó los seis primeros años de su carrera.

-¿Cómo fue partir a instalarte en un campamento minero?

-Los campamentos mineros son verdaderos hoteles, con buenas comodidades, y no era la única.

En Chile, la participación laboral de la mujer en el mundo minero no supera el 9%, cifra que se replica en AMSA, explica Jenny, al anticipar que está trabajando para duplicar ese porcentaje de aquí a cinco años. “Lo estamos haciendo también en discapacidad y en perfiles globales, no podemos desconocer la migración e insertar nuevas culturas a la empresa”, añade.

-En la discusión de la incorporación de las mujeres en el mundo laboral hay al menos dos caminos, cuotas o metas, ¿tú te inclinas más por las metas entonces?

-A veces las cuotas son necesarias. Pero cuando te basas solo en eso, te puedes transformar en una puerta giratoria. Tenemos que atraer a mujeres y retenerlas. 

-¿Cuál es la receta?

-Es difícil, pero se puede. Hay que tener más flexibilidad. La tecnología está ayudando. Cada vez más equipos se pueden controlar a distancia. La era digital va a abrir muchas puertas para incorporar a las mujeres en esta industria. Pero todavía estamos en eso. Imagínate cuando tienes que amamantar, ¿cómo lo vive una mujer que tiene turno 4×3?

-¿Qué han hecho otros países, como Canadá o Australia, para mejorar la inclusión de la mujer?

-Una cosa súper importante que ha hecho Canadá, por ejemplo, es tener campamentos cercanos a las faenas, donde las mujeres puedan vivir con sus hijos.

-¿Cómo ha sido tu experiencia?

-No ha sido fácil. Es difícil retomar funciones después de la maternidad. Cuando volví de mi postnatal me habían cambiado de cargo y de área. Nunca logré acomodarme y lo que estaba haciendo no compensó lo que significaba dejar a mis niñas en la casa. Con fuero maternal y todo, tuve que renunciar.

-Bien valiente irse sin nada en la mano.

-Siempre he confiado en mis capacidades.

 

Sin accidentes

Tenía razón. No pasó mucho tiempo hasta que Antofagasta Minerals la reclutó para hacerse cargo de los temas corporativos de seguridad y sustentabilidad, que es la especialidad de Jenny: lleva 28 meses sin accidentes fatales. “Un récord impensado, el anterior habían sido 14 meses. Me llena de orgullo liderar esto”, admite.

-La sustentabilidad es un gran tema, por décadas la industria minera ha sido súper contaminante y ha tenido fuertes rencillas con las comunidades. Se ha avanzado, pero aún falta harto.

-Se ha avanzado a pasos agigantados. Hoy, la sustentabilidad es una carta de presentación de la empresa y un buen negocio. Va muy de la mano con los programas de seguridad y salud. Para todos nuestros stakeholders es importante. Para las comunidades donde estamos insertos y para los inversionistas. Cuando tienes problemas ambientales, de salud o accidentes, es porque no hiciste algo bien o dejaste de hacer algo.

-¿Cómo te ves en unos años más?

-¿Cómo me veo? Me veo como gerenta general de una compañía minera. Ojalá de Antofagasta Minerals… si no, de otra. Me gusta la sustentabilidad también. Antes o después, uno nunca sabe cómo son las cosas, me veo en una vicepresidencia de asuntos corporativos y sustentabilidad. Son roles bien distintos. Pero los dos me apasionan.

-¿Te has convertido en un modelo para otras profesionales de la industria?

-No sé si modelo, pero me siento como punta de lanza. Valoro este reconocimiento de Mujeres Empresarias y Capital, por ejemplo, porque da visibilidad a las mujeres que trabajamos en minería y estoy demostrando que se puede crecer profesional y familiarmente. Conozco a muchas mujeres en esta industria que postergaron su maternidad a tal nivel, que cuando se lo propusieron, ya no pudieron tener hijos. Este premio lo veo para todas ellas, pues demuestra que se pueden cumplir todos los sueños.