El ex gobernante está convencido de que si no se actúa rápido, Chile puede perder su oportunidad de dar un salto al progreso. Cuestiona la falta de decisiones oportunas en temas básicos y el tiempo perdido. Crecer al 3% ó 4% anual es “ser mediocres”, afirma. Y de paso ratifica que sólo tras las elecciones municipales resolverá si es candidato presidencial para 2009. Por Elena Martínez C; fotos, Verónica Ortíz.

  • 25 junio, 2008

 

El ex gobernante está convencido de que si no se actúa rápido, Chile puede perder su oportunidad de dar un salto al progreso. Cuestiona la falta de decisiones oportunas en temas básicos y el tiempo perdido. Crecer al 3% ó 4% anual es “ser mediocres”, afirma. Y de paso ratifica que sólo tras las elecciones municipales resolverá si es candidato presidencial para 2009. Por Elena Martínez C; fotos, Verónica Ortíz.

 

Está distinto, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Notoriamente más relajado, ríe en varias ocasiones durante la entrevista. Un cambio obvio en el ex presidente de la República, que aparece en su oficina del Senado con una hermosa corbata color naranja que llama de inmediato la atención.

Su nueva actitud –bastante lejana a la parquedad que se le atribuía en sus tiempos de gobernante en La Moneda– se refleja también en sus palabras. Aunque afirma que nunca ha sido un “francotirador” porque siempre sus críticas han ido junto con las respectivas soluciones, no duda en cuestionar frontalmente lo que le parece que se está haciendo mal. Y así, en los últimos meses ha disparado apasionadamente contra el financiamiento del Transantiago; los conflictos internos de su partido de toda la vida, la Democracia Cristiana, y las medidas del gobierno para deponer el paro de los camioneros, entre otras materias.

Lo que se mantiene inalterable es su orgullo por pertenecer a una de las familias con más tradición política de este país. Y este sentimiento aflora cuando nos lleva hasta la sala de lectura de la Cámara alta en Santiago y nos muestra el retrato de su padre, el fallecido presidente Eduardo Frei Montalva, en la galería de los jefes de Estado, al que pronto se sumará el suyo.

Hoy dice estar abocado a apoyar a los candidatos de la Concertación en su zona, la Región de Los Ríos, para las próximas elecciones municipales. No sólo ayudará a los democratacristianos, sino a aquellos que hayan hecho bien su trabajo. Sí le tiene inquieto que todavía no esté definida la totalidad de los postulantes: “Estamos atrasados. Todavía no están todos los candidatos proclamados, y estamos a fines de junio…”.

Otra de sus tareas es lo que él califica como “pensar el Chile del futuro”. El pasado 9 de junio reunió en la fundación que encabeza a un grupo de conspicuos DC, entre ellos el ex ministro del Interior, Belisario Velasco; el ex intendente Alex Figueroa; el ex ministro de Educación, Martín Zilic; y el actual subsecretario de Salud Ricardo Fábrega. Se volverán a reunir para presentar un documento con propuestas políticas y económicas en la junta nacional del partido, durante los primeros días del próximo mes.

Es en esta senda donde pareciera estar concentrado. Está convencido de que Chile tiene que aspirar a tener una renta per cápita de 30 mil dólares en el mediano plazo, y que para eso “hay que hacer cosas que no estamos haciendo”. Ese es el punto, enfatiza. “Podría parecer que estoy un poco negativo, pero uno mira las cifras…”.

Y es que, en su opinión, las ventajosas condiciones que presenta el país están siendo desaprovechadas: “Chile es un país potentísimo, tiene una situación como nunca antes en su historia, y vamos a crecer este año al 3% ó 4%. ¿Cómo va a ser posible?… Con unas reservas internacionales guardadas que nunca habíamos tenido. Entonces la idea es que cuidemos la plata, no la gastemos. Estamos de acuerdo ahí pero pensemos: ¿tenemos 4 ó 5 proyectos país en energía, educación, ciencia y tecnología, para mencionar unos cuantos? Esos son los debates que hacen falta”.

Y agrega: “la gente busca la excelencia y no quiere ser mediocre. Espero que como país no nos pase eso. Tenemos más de 30 mil millones de dólares de reservas. De mantenerse los precios mineros, el próximo año podríamos tener más de 35 mil millones (sonríe). ¿Y vamos a crecer al 3% ó 4%? ¡Eso es ser mediocres!”

Aquí, dice, hay una clara responsabilidad de la clase dirigente y también del empresariado. Porque a los análisis que se dilatan se suma la falta de inversión en ámbitos que los países que registran avances sustantivos tienen como claves, siendo la ciencia y la tecnología uno de ellos. Y menciona con algo de nostalgia los increíbles parques tecnológicos, financiados con aportes públicos y privados, que ha visitado en China o en Canadá.

Evita, sí, responsabilizar directamente a la presidenta Bachelet cuando se le pregunta si es a la mandataria a quien le exige mayor claridad y rapidez en las decisiones. Responde que apunta “al gobierno en general y a las autoridades del país”.

Y a renglón seguido comenta que es muy fácil echarle la culpa a alguien y que en Chile es la actitud más común. “Pero hagamos nuestro ‘mea culpa’ cada uno, con su rol en donde esté, en el sector público, privado, en el Parlamento… Porque siempre somos ‘macanudos’ y ‘buenazos’ para echarle la culpa al otro”, argumenta.

Tal vez, reflexiona, influya también el rápido crecimiento nacional de los últimos 20 años, que generó una suerte de autocomplacencia, lo que, a la larga, causa que “no nos pongamos más firmes en lo que es la gobernabilidad y en los consensos para dar el salto al desarrollo”.

 

Energía, años sin decisiones

Es la mirada cortoplacista lo que le tiene algo molesto. Y no lo disimula. Comenta que todavía está sorprendido por las reacciones que generó el encuentro en la fundación y que ello le ratifica que actualmente “pensar en el país parece ridículo, porque estamos todos los días peleando en la coyuntura y en el paro del día”.

El sector energético es el mejor ejemplo de que las cosas no se han hecho bien. Así lo indicó al entregar en mayo pasado, en su calidad de presidente de la comisión de Hacienda del Senado, un conjunto de 36 medidas al ministerio de Hacienda y al Banco Central para hacer frente al bajo crecimiento, la alta inflación y la disminución del tipo de cambio.

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Esta convicción la ratifica durante la entrevista y recalca que hoy los chilenos están pagando la energía más cara no sólo de América latina, sino que quizás del mundo. Todo, por no tomar las decisiones adecuadas, en circunstancias que existen las condiciones para continuar ampliando la matriz energética. “Hemos llegado a precios de más de 350 dólares el mega, lo dijo el ministro Marcelo Tokman, de costo marginal –expone–. Eso significa que las empresas no pueden subsistir. Con eso, las compañías cierran en todos lados”.

Tener una estrategia energética que sustente el desarrollo económico es fundamental, según el ex presidente. En Chile, históricamente, ha estado basada en los recursos hídricos. Y si no hay apoyo para esta opción, “vamos a la energía nuclear”, enfatiza.

-En su gobierno se privilegió la hidroelectricidad.

-Todas. En mi gobierno llegó el gas, se usó el recurso agua… ¡Poco menos que me colgaron en la plaza pública porque hacía centrales hidroeléctricas! Hicimos centrales de gas, de ciclo combinado, o sea, diversificamos. Me preocupa que hoy nos estemos yendo al carbón ¡Y ahí no se escucha a nadie reclamar! Y resulta que además del carbón se está usando petcoke, que es lo más contaminante. Felizmente, las plantas de gas natural empiezan a funcionar, que van a ser claves. Y, ojo, no se puede discriminar el precio del gas natural. Logramos un acuerdo en la comisión de Hacienda para que dentro de 60 días se resuelva ese tema porque, si no, vamos a tener las plantas y no vamos a tener el gas natural.

Cuestiona que por 5 ó 6 años no se hayan tomado decisiones sobre el punto. “Felizmente, hoy de nuevo tenemos un ministro de Energía que está preocupado y encima del tema”, comenta. Y agrega que a esto se suma otro desafío que no puede quedar estancando: cómo resguardar el agua de que dispone el país. Porque está pronosticado por los especialistas que en los próximos años será el recurso más escaso y hay que construir embalses. Y la lógica indica entonces, señala, que en el norte se deberían usar la energía nuclear para desalinizar el agua del mar, “que va a ser el gran tema del futuro”.

Lealtades y carrera presidencial

Al ahondar en la dificultad para alcanzar consensos mínimos en materias de interés nacional, para el ex presidente Frei el problema está en que “después de cuatro gobiernos no hay la suficiente cohesión para entender que lo más importante es apoyar los proyectos del gobierno y buscar los grandes acuerdos”.

Y se necesita no sólo claridad y decisión, sino abordar el eje de la crisis que, según él, reside en “una falta de liderazgo a todo nivel”.

“Hay un tema de liderazgo mucho más fuerte a todo nivel –indica–. Necesitamos que la elite de este país, política, empresarial, de todos los sectores, sea capaz de entender en qué estamos y tomar las medidas para atender eso”.


-¿Y en este escenario de los acuerdos, no ve medio sola a la presidenta Bachelet? Para aprobar la Ley General de Educación tuvo que llamar a sus propios parlamentarios a apoyar el proyecto y tenía el respaldo de la oposición.

-Mire, como ex presidente no me gusta mucho meterme o estar calificando las cosas de gobierno. Yo siempre dije que iba a respetar a la presidenta porque entiendo que la gobernabilidad se da cuando uno apoya a la coalición, y creo que una de las grandes fortalezas de este país ha sido su gobernabilidad. Y eso hay que seguir cuidándolo. Hay algunos pensadores y analistas que dicen que cada vez que hay un problema sacamos la palabra gobernabilidad como un escudo. Pero no. Los países que la tienen son los que avanzan y funcionan. Y en ese sentido, lo que tiene que asegurar la coalición es el respaldo al gobierno, produciéndose todos los debates internos que correspondan, todas las definiciones… pero al final, cuando se toma una decisión, hay que respaldar. Y esa es la manera de mantener la gobernabilidad.

Y enfatiza que él ha estado siempre en esa postura respecto de la actual administración. Reconoce que ha tenido posturas disímiles, pero recuerda que siempre las ha dado a conocer.


-Justamente porque ha cuestionado políticas gubernamentales hay quienes han dicho que usted forma parte, en los últimos meses, de los “díscolos” de la Concertación.

-Yo he apoyado a la presidenta en su gobierno, he apoyado a la coalición, he sido de los más concertacionistas siempre, no sólo de la boca para afuera sino que en los hechos. En mi gobierno teníamos un comité político absolutamente representativo de todas las corrientes. Nunca tuvimos ni segundos pisos ni terceros pisos. Mi compromiso concertacionista ha sido siempre y sigo trabajando igual. Siempre aportando. Eso no significa que no hable. Nunca planteé críticas sin dar soluciones, como lo hice en el Transantiago. Y la responsabilidad política indica que hay que dar opiniones donde corresponda, con respeto. Y si me ponen ese título de “díscolo” me da lo mismo, al final. Pero yo creo que he sido muy consecuente.

El senador Frei rechaza las interpretaciones de un gradual distanciamiento de la jefa de Estado. Como ejemplo, recuerda que a sólo dos meses de que Michelle Bachelet asumiera la presidencia de la República él planteó sus puntos de vista en el llamado encuentro de San Jorge. “Algunos pensaron que eran críticas y no les gustó pero, en definitiva, en una reunión de reflexión interna era poner los temas sobre la mesa… y gran parte de esos temas hoy se siguen dilatando”, sostiene.

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-¿Cómo entender, senador, el encuentro DC en su fundación y los anuncios de propuestas políticas y económicas? Muchos dicen que derechamente es una plataforma presidencial.

-Cada uno analiza y ve las reuniones con la mirada que quiere. Yo la veo como la continuación de un trabajo que tenía. Desafío a cualquiera a que lea mi discurso de la pasada junta nacional. Podría ir a la próxima junta y leer el mismo discurso, cambiarle alguna frase y sería cien por ciento válido. Y ahí hablé de la desunión del partido, pedí a Soledad Alvear y a Adolfo Zaldívar, con nombre, y apellido que no nos siguieran destruyendo, planteé el tema Transantiago. Es la misma línea. Lo que pasa es que están todos muy nerviosos. Uno comienza a reunirse y se ponen todos muy intranquilos… Pero yo estoy muy tranquilo…”

Y con la misma serenidad agrega que toda decisión política debe aguardar qua pasen las elecciones de alcaldes y concejales: “después se verá… veamos los resultados de las municipales y después, este otro año, veremos las presidenciales”.

En lo personal, afirma estar satisfecho con la decisión partidaria de postergar las primarias para designar al abanderado de la DC después de octubre.

Rechaza evaluar las opciones de Ricardo Lagos o Sebastián Piñera, pero no duda en indicar que para Chile es mejor que gobierne la Concertación. Y ello, enfatiza, “por los resultados que ha tenido, porque da más gobernabilidad y porque tiene una visión más progresista y participativa”.

-¿No cree que la rotación en el poder fortalece también la democracia?

-Bueno, pero eso lo definen los ciudadanos… ¿Y por qué no hubo rotación el 94, ni el 2000, ni el 2006? Porque los ciudadanos escogieron otra cosa. ¡Hasta la UDI va a hacer elecciones ahora, que no había hecho nunca en su historia!

-¿Va a ser candidato presidencial?

-2009.

-¿Ahí lo va a definir?

-Ahí vamos a conversar. No estoy en campaña presidencial. Estoy trabajando por mi país, comprometido con los grandes temas, buscando la mirada de futuro. No estoy en campaña.

 

 

Una mejor educación

El ex presidente Frei reconoce que lo que llama “la agria discusión” sobre cómo mejorar la calidad de la educación chilena le ha llenado de un sentimiento de “desesperanza”. En particular, porque –recalca– fue en su gobierno cuando el tema fue una auténtica prioridad con la partida de la reforma educacional, la Jornada Escolar Completa (JEC), el aumento de las remuneraciones de los profesores y la creación de planes de capacitación para los docentes en el extranjero.

“Es uno de los asuntos en que, a mi juicio, está fallando el gran acuerdo nacional de dar un salto cualitativo: la enseñanza básica y media… porque si uno ve el nivel de las universidades chilenas, es absolutamente compatible con cualquier universidad internacional”, plantea.

Tras recordar las cuantiosas inversiones que el país ha hecho en el ámbito educacional, sostiene que las soluciones no pueden quedar estancadas por debates estériles o amenazas de algunos gremios. Hay que avanzar hacia la calidad, sostiene, y para ello es necesario que los acuerdos vayan más allá de las leyes, que se eleven hacia una mirada unitaria respecto de lo que se busca a futuro, como ocurrió con la puesta en marcha de la reforma judicial.

Para él, la Ley General de Educación, LGE, “es un avance sustancial respecto de lo que teníamos”. Y aunque sabe que algunos considerarán que no es suficiente, es el punto de partida, sostiene.

“Si en educación no tenemos claros consensos, vamos a seguir con el problema de la baja calidad. Todos están de acuerdo en que el sistema tiene que ser mixto, porque es la realidad y siempre ha sido así”, afirma. Y cuenta enseguida que cuando recorre su región las peticiones más numerosas de las familias que se le acercan apuntan a que alguno de los hijos pueda conseguir una beca para ingresar a un colegio privado. “Todos quieren irse de la educación pública”, indica.

El gran cambio debe ser terminar con las desigualdades en esta área, expresa. “Hoy, quien tiene ingresos puede llevar a su hijo a un liceo de calidad, tiene asegurado un buen puntaje, una buena universidad… y esto es un cambio de vida total. Bueno, eso debe ser para todos los estudiantes y no sólo para quienes provienen de un hogar con recursos”.

Igual sus dardos apuntan a alguno de sus colegas políticos, porque comenta que la discusión previa al acuerdo zanjado por la presidenta Bachelet respecto de la LGE –y que pasó por lobby de ministros y fervientes llamados a los parlamentarios de la propia coalición de gobierno a respaldar el proyecto– evidenció ante el país la incapacidad de ponerse de acuerdo en materias básicas, “y ahí se desprestigia toda la clase política”.

También cree necesario afrontar otro tema pendiente: exigir una evaluación de los profesores. “Hoy, en pleno siglo XXI, ¿qué sector o persona en ningún rubro no tiene evaluaciones? Hay capacitación continua, cambios laborales, y eso significa evaluación permanente. Entonces pretender que no se pueda hacer una evaluación obligatoria de los profesores me parece condenar a los niños y jóvenes de Chile a cualquier cosa, no más”.